Antoneros celebran con fe y tradición la solemnidad del Santo Cristo de Esquipulas

Al ritmo del tambor y el almirez, los antoneros ofrecieron desde los primeros destellos del alba serenatas típicas a su patrono, el Santo Cristo de Esquipulas, marcando el inicio de una de las expresiones de fe más significativas del país.
La Eucaristía Solemne fue presidida por Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, y concelebrada por Mons. Edgardo Cedeño, obispo de la Diócesis de Penonomé, junto al clero diocesano. Cada año, durante el mes de enero, esta celebración congrega a miles de devotos nacionales y extranjeros que llegan a Antón movidos por la fe y la devoción al Cristo de Esquipulas.
Durante su homilía, monseñor Ulloa Mendieta, expresó que “detrás de cada peregrino existe una historia, una enfermedad, una gratitud, una súplica, una promesa, una esperanza. Nadie llega por curiosidad”. Asimismo, recordó que el Evangelio de esta fecha, nos recuerda que creer y amar al Santo Cristo de Esquipulas, no es solo peregrinar una vez al año ni una emoción, sino una llamada permanente que debe convertirse en vida renovada, en decisiones concretas y en valores vividos cotidianamente.
“Mirar al Cristo de Esquipulas, es dejarnos sanar por su mirada, es salir más reconciliado consigo mismo, más confiado en Dios y más dispuesto a vivir desde el amor recibido”, subrayó el Arzobispo. Añadió que contemplarle, implica creer que ninguna herida es definitiva cuando se pone bajo su mirada misericordiosa.
Esta fe destacó, se manifiesta claramente: en los pies cansados del peregrino que ha caminado no solo con el cuerpo, sino con el alma cargada de intenciones; se nota, en el silencio orante donde ya no hacen falta palabras porque el corazón habla directamente con Dios; en la súplica confiada, en la súplica confiada, en el “gracias” humilde y en el “ayúdame” sincero.
Monseñor Ulloa recalcó que el antonero, sabe que no camina solo, dejando claro, en que hay un Cristo que vela por el enfermo, que no se olvida del anciano, que acompaña al joven confundido, que protege al niño, que sostiene a la madre cansada, que anima al trabajador y no abandona al que busca empleo.
Al concluir la celebración, exhortó a los fieles a salir con el compromiso de que la fe se refleje en la manera de tratar a los demás, en el lenguaje, en las acciones y en la educación de los hijos, con la certeza de que el Cristo de Esquipulas camina con su pueblo en cada regreso a casa, al trabajo, en la escuela, durante la enfermedad, en la preocupación y en las luchas diarias. “El Cristo de Esquipulas no se queda en el templo, se va con su pueblo”, afirmó.
Finalizada la Misa Solemne, la imagen del Santo Cristo de Esquipulas salió del templo acompañado por sus fieles devotos, entre cantos y alabanzas, en una multitudinaria procesión, que recorrió las diversas avenidas del distrito de Antón.
Devoción popular y tradiciones centenarias
Esta festividad abre su telón, cada 5 de enero, con las tradicionales ‘remembranzas’ que recrean la llegada milagrosa del Cristo a la playa de Boca Nueva. En una caminata escénica la imagen es llevada desde la comunidad de Los Pantanos hasta la parroquia San Juan Bautista.
Los antoneros arrancan el primer día de novena, a las 12:00 mediodía, del 6 de enero, con una Eucaristía especial, donde el Santo Cristo, es bajado del altar, le realizan el tradicional lavatorio de los pies a la imagen, el cambio de la cabellera, la corona y el paño del sudario. Este sudario cada año, es donado por una familia de la comunidad como muestra de agradecimiento por un milagro recibido, especialmente por favores de salud; una tradición que supera los 200 años de fe ininterrumpida.
Durante toda la Madrugada y la noche del 14 de enero, comienzan a llegar las pequeñas andas de las Esquipulistas, bellamente adornadas, tras haber recorrido cientos de hogares en la provincia de Coclé, reafirmando así ese profundo arraigo de esta devoción.
Panamá, 15 de enero de 2026.





