Monseñor Dagoberto Campos Salas se despide de Panamá con gratitud y confianza en la oración de este noble pueblo

Monseñor Dagoberto Campos Salas se despide de Panamá con gratitud y confianza en la oración de este noble pueblo

La Iglesia en Panamá, celebró este sábado 6 de junio, la solemne Eucaristía de acción de gracias y despedida en honor a monseñor Dagoberto Campos Salas, al concluir su misión como Nuncio Apostólico de Su Santidad en nuestro país. La celebración, realizada en la Catedral Basílica Santa María la Antigua fue concelebrada por los obispos de la Conferencia Episcopal Panameña y contó con la participación del clero de la Arquidiócesis, religiosos, religiosas, seminaristas, autoridades Diplomáticas y el pueblo de Dios.

Al presidir la Eucaristía, monseñor Campos Salas, expresó su profundo agradecimiento por la acogida recibida durante los cuatro años de servicio pastoral y diplomático en Panamá. «Me voy con profunda alegría, porque me acogieron bien, me hicieron sentir en casa. Verdaderamente me llevo la alegría, la paz y también la tristeza humana propia de las despedidas, que es normal y que algunas veces se expresan incluso con lágrimas», manifestó.

El representante pontificio agradeció especialmente las palabras dirigidas por el arzobispo de Panamá durante la homilía las cuales le conmovieron y destacó que despedirse de un país en el contexto de la Eucaristía tiene un profundo significado para quienes ejercen la misión de representar al Santo Padre.


Expresó su gratitud a los obispos panameños, sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles con quienes compartió durante estos años de servicio. Recordó con especial afecto y que antes de partir se despedirá del Centro de Orientación y Atención Integral San Juan Pablo II, que atiende a personas en situación de calle, a quienes acompañó particularmente durante las celebraciones de navideñas y momentos significativos».

Con humildad, pidió perdón por las posibles faltas cometidas durante su misión, «si les he fallado en algo, les pido perdón porque no soy perfecto».

Solicitó las oraciones del pueblo panameño para la nueva etapa de su ministerio y para quién será su sucesor en la Nunciatura Apostólica. «No dejen de orar por mí y el nuevo nuncio. Sin la fuerza espiritual de la oración, nuestra misión pierde su fundamento. La oración es nuestro combustible, nuestra fortaleza y nuestro sostén», expresó.

Dirigiéndose a los sacerdotes y agentes de pastorales, los exhortó a mantener una Iglesia cercana al pueblo, «no se queden encerrados en las oficinas, porque eso los puede volver medios chiflados. Siempre procuré estar presente en las comunidades para llevar la cercanía del Papa a la gente y acompañar sus realidades».

Agradeció además al pueblo panameño por abrirle no solo las puertas de sus hogares, sino también las de su corazón. «Voy a extrañar mucho a Panamá. Aquí me hicieron sentir y tocar a Cristo en las diversas realidades de este país. Los panameños tienen un corazón noble, generoso y alegre que permanecerá siempre en mi corazón», afirmó.

Durante una entrevista posterior a la celebración, destacó que todas las comunidades visitadas dejaron una huella profunda en su vida ministerial. Mencionó particularmente al Vicariato Apostólico del Darién, donde acompañó muy de cerca la realidad migratoria. «La preocupación por los hermanos migrantes ha sido una prioridad para el Papa Francisco y continúa siéndolo para el Papa León XIV. Por ello acompañamos constantemente a estas comunidades y a quienes sufren el drama de la migración», señaló.

Monseñor Campos Salas reconoció los esfuerzos realizados por el Estado panameño, la Iglesia y la sociedad para atender a las personas migrantes, e hizo un llamado a continuar trabajando juntos en favor de quienes buscan una vida más digna.

También recordó con emoción la ordenación episcopal de monseñor Luis Enrique Saldaña Guerra, en la Diócesis de David, acontecimiento que marcó significativamente su ministerio como nuncio apostólico. «Fue la primera ordenación episcopal que presidí como nuncio. Son experiencias que quedan grabadas para toda la vida», expresó.

Al referirse a los desafíos sociales que enfrenta el país, hizo un llamado a fortalecer la familia y la visa espiritual como pilares fundamentales para la construcción de una sociedad más justa y solidaria. «Hay que fortalecer las familias, porque son el núcleo de la sociedad. Debemos cuidar a nuestros jóvenes y fortalecer la espiritualidad. Más allá de los discursos, necesitamos volver nuestro corazón hacia Cristo, que comprende el dolor humano, acompaña las heridas y nos enseña a servir».

También animó al pueblo panameño a preservar en la fe y rechazar las divisiones y polarizaciones. «Este pueblo es profundamente creyente. No pierdan la fe; fortalézcanla, porque ella es la base para construir un país más solidario, dialogante y fraterno. Debemos dejar atrás los discursos de odio y las divisiones qué no conducen a nada».

Por su parte, el arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., agradeció la entrega y cercanía pastoral de monseñor Campos Salas durante su servicio en el país. «Gracias por haber representado dignamente al Santo Padre; por su cercanía con los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y fieles laicos; y por su presencia en momentos significativos de la vida eclesial y nacional» expresó.

El prelado destacó que el nuncio no limitó su misión al ámbito diplomático, sino que recorrió ampliamente el territorio nacional, conociendo de cerca las realidades pastorales y humanas del país. «Desde Darién hasta Chiriquí, pasando por ciudades, pueblos, costas y montañas, usted conoció la riqueza humana y espiritual que caracteriza a Panamá. Compartió con pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, pescadores, jóvenes y familias, siendo testigo de la fe sencilla y profunda de nuestra nación», señaló.

Monseñor Ulloa subrayó que el representante pontificio dejó una huella de cercanía, fraternidad y comunión eclesial. «Usted no fue simplemente un visitante entre nosotros. Aprendió a querer a nuestro pueblo y caminó con respeto y afecto entre nuestras comunidades. Gracias por haber sido signo de la cercanía del Papa y por servir a la Iglesia con fidelidad», afirmó.

Finalmente, encomendó su nueva misión a la protección de Santa María la Antigua, patrona de Panamá. «Querido monseñor Dagoberto, está siempre será su casa. Aquí deja hermanos que lo estiman, una Iglesia agradecida por su servicio y un pueblo que continuará orando por usted. Que Dios bendiga abundantemente la nueva misión que la Iglesia le confía».

Al concluir la celebración, el arzobispo hizo entrega de una placa en la que se plasma el corazón de todo un país, de reconocimiento a monseñor Campos Salas por su servicio apostólico y diplomático como representantes del Santo Padre en Panamá, destacando su testimonio de cercanía, mensajes de paz, acompañamiento y comunión con el pueblo de Dios.

Participaron en esta celebración que fue animada por el coro Arquidiocesano; monseñor José Dimas Cedeño Delgado, arzobispo emérito de la Arquidiócesis; el cardenal José Luis Lacunza Maestrojuan, obispo emérito de David; los Vicarios Episcopales y Territoriales de la Arquidiócesis; el rector del Seminario Mayor San José, P. Luis Núñez; el rector de la Universidad Católica Santa María la Antigua, P. Jorge Rivera Rodríguez; miembros del cuerpo diplomático, seminaristas y fieles.

 

Panamá, 6 de junio de 2026.

 


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