MENSAJE CON OCASIÓN DEL DÍA DEL PÁRROCO – 4 DE AGOSTO DE 2026

MENSAJE CON OCASIÓN DEL DÍA DEL PÁRROCO - 4 DE AGOSTO DE 2026

Queridos hermanos párrocos:

En este Día del Párroco siento la necesidad de hacer una pausa en el ritmo de nuestras tareas para decirles, desde el corazón de pastor y de hermano, una palabra que quizás no pronunciamos con la frecuencia que merece: Gracias.

Gracias por la vida que entregan cada día. Gracias por la fidelidad con la que, muchas veces en silencio y lejos de los reconocimientos, hacen presente a Cristo Buen Pastor en medio de nuestro pueblo.

Gracias por las Eucaristías celebradas con fe; por las confesiones escuchadas con paciencia; por las horas dedicadas a preparar una homilía; por las visitas a los enfermos y ancianos; por acompañar a quienes lloran, orientar a quienes buscan sentido para su vida y sostener la esperanza de tantas familias. Gracias por estar disponibles a cualquier hora cuando alguien necesita un sacerdote. Ese servicio sencillo y constante es una de las páginas más hermosas del Evangelio que se sigue escribiendo en nuestra Arquidiócesis.

Conozco también el peso que muchas veces llevan sobre sus hombros. Sé de las preocupaciones pastorales, de las limitaciones, del cansancio físico, de las incomprensiones y de esa soledad que, en algunos momentos, puede hacerse sentir. Por eso, hoy quiero que sepan que su entrega no pasa desapercibida. Tal vez el mundo no siempre valore lo que hacen, pero la Iglesia sí lo reconoce y Dios, que ve en lo secreto, jamás dejará sin recompensa una vida gastada por amor.

En este año en que celebramos el Centenario de nuestra Arquidiócesis de Panamá, doy gracias al Señor por cada uno de ustedes. Si hoy nuestra Iglesia diocesana sigue anunciando el Evangelio, formando comunidades vivas, acompañando a los pobres y sembrando esperanza, es porque detrás de cada parroquia hay un sacerdote que, con generosidad y perseverancia, ha dicho una y otra vez: «Aquí estoy, Señor».

Quiero decirles también algo muy personal. Mi ministerio como Arzobispo sería impensable sin la entrega cotidiana de ustedes. Gracias por caminar conmigo, por sostener la misión de nuestra Iglesia, por su cercanía fraterna, por sus consejos y también por esas correcciones hechas con caridad que nos ayudan a crecer. Somos un solo presbiterio, una sola familia sacerdotal al servicio del mismo Señor.

En este día deseo expresar también un reconocimiento lleno de gratitud a nuestros hermanos sacerdotes que durante tantos años sirvieron como párrocos y que hoy viven una nueva etapa de su ministerio. Gracias por haber sembrado la fe en tantas comunidades, por haber acompañado generaciones de familias, por haber construido no solo templos, sino también comunidades vivas. Su entrega sigue dando frutos. Continúan enriqueciendo a nuestra Iglesia con su oración, su experiencia, su sabiduría y el testimonio de una vida sacerdotal fiel. Ustedes siguen siendo un verdadero patrimonio espiritual de nuestra Arquidiócesis.

Y a todos ustedes, queridos hermanos, quiero decirles con el corazón que no caminan solos. Si alguna vez el cansancio pesa más que las fuerzas; si las preocupaciones parecen superar las alegrías; si el esfuerzo cotidiano parece no dar los frutos esperados, recuerden que tienen un pueblo que los ama, una Iglesia que los necesita y un Obispo que los aprecia profundamente, los acompaña con sincero afecto y reza cada día por ustedes.

Un párroco no se mide por el tamaño de su parroquia, ni por el número de sus obras, sino por la grandeza de su corazón configurado con el de Cristo, el Buen Pastor. Y doy gracias a Dios porque nuestra Arquidiócesis está bendecida con sacerdotes de corazón grande, que cada día entregan su vida con generosidad, hacen de cada parroquia un hogar donde todos son acogidos y mantienen viva la esperanza de nuestro pueblo. Gracias por gastar la vida por el Evangelio. Gracias por ser, en medio de nuestras comunidades, el rostro cercano de Jesucristo.

Que San Juan María Vianney, patrono de los párrocos, renueve en ustedes la alegría del ministerio y la pasión por anunciar el Evangelio. Que Santa María la Antigua, Madre y Patrona de Panamá, los cubra con su manto maternal y les conceda perseverar siempre con un corazón sencillo, alegre y generoso.

Con profundo afecto, gratitud y mi bendición,

 

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 


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La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.