En el centenario de la Arquidiócesis Panamá cuatro historias responden a una misma llamada

En el centenario de la Arquidiócesis Panamá cuatro historias responden a una misma llamada

La Iglesia en Panamá, junto a la Sociedad Misionera Católica Internacional de Seúl, vivió con profunda alegría, fe y esperanza la ordenación sacerdotal de Abdiel Antonio Reyes Escobar y Jae Yeob Jung; así como la ordenación diaconal de Juan De Dios Urrunaga Ponce y Carlos Marcial Bárcenas Gómez.
Luego de un camino de discernimiento, oración y formación en el Seminario Mayor San José, estos cuatro jóvenes respondieron con generosidad al llamado del Señor para entregar sus vidas plenamente al servicio de Dios y de su pueblo.

La celebración fue presidida por S. E. R. monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A, arzobispo de Panamá, quién mediante la imposición de manos y la oración consecratoria, confirió el sacramento del Orden a los ministros para el servicio de la Iglesia y del pueblo panameño.

Procedentes de culturas y realidades diversas—Jae Yeab Jung, originario de Corea del Sur y miembro de la Sociedad Misionera Católica Internacional de Seúl; Abdiel Reyes, de la comunidad de Torrijos Carter; Juan De Dios Urrunaga, de San Miguelito y Carlos Barcenas, de la comunidad de Nuevo Emperador, convergieron en un mismo altar, para su consagración plena.

 


Un rito de profunda solemnidad

El rito inició con la presentación de los candidatos al sacerdocio —Abdiel Antonio Reyes Escobar y Jae Yeob Jung; y de los candidatos al diaconado, Juan De Dios Urrunaga Ponce y Carlos Marcial Bárcenas Gómez— momento en el que la Iglesia confirma que son idóneos para el ministerio.

Posteriormente, los candidatos al presbiterado, y al diaconado se postraron ante el altar, mientras se cantan las Letanías de los Santos, implorando para que les ayuden en su misión.

El momento central del rito es la imposición de manos del Arzobispo cuando hace la oración consagratoria; luego se realiza la investidura con los ornamentos propios del ministerio. En el caso del nuevo presbítero, se realizó además la unción de las manos con el Santo Crisma, la entrega del cáliz y la patena, signos de su misión de presidir la Eucaristía.


Un nuevo eslabón en los 100 años de la Arquidiócesis

Durante su homilía, monseñor José Domingo Ulloa dijo «Abdiel, Jae Yeob, Carlos y Juan De Dios, ustedes se convierten en un nuevo eslabón en estos 100 años de fe, comunión y misión».

El Arzobispo Ulloa destacó que, al contemplar sus historias de vidas, se descubre como Dios conduce a cada persona por caminos sorprendentes. A Abdiel le recordó que el haber crecido en una realidad sencilla y vulnerable demuestra que el lugar de donde se nacer nunca limita lo que Dios puede realizar en la vida de una persona.

A Jae Yeob, quien dejó Corea del Sur, su familia, su cultura y su lengua, para responder al llamado misionero, le manifiestó que su historia hace concreta la Palabra del Señor al Apóstol Pablo ¡Irás adonde yo te envié!. «Esta Iglesia que un día te recibió como extranjero, hoy te recibe como sacerdote y hermano», expresó monseñor Ulloa.
También manifestó su gratitud a los padres de Jae Yeob, quienes viajaron desde Corea del Sur para acompañar a su hijo en este importante momento.

En coreano monseñor Ulloa les reiteró su agradecimiento por el amor, la oración, los sacrificios y la generosidad con que han acompañado su vocación. «Desde hoy, Panamá será también su casa y su familia», les aseguró.

Monseñor Ulloa recordó que, aunque los nuevos ministros proceden de culturas y realidades diferentes, todos han respondido a una misma voz y a un mismo Señor. «Él los ha elegido para que hagan presente su amor, para que, en medio de un mundo herido, las personas puedan encontrar un palabra de esperanza, una mano extendida, acompañamiento y un corazón que no juzga rápidamente», afirmó.

A los nuevos sacerdotes les exhortó a que sus manos ungidas hagan presente el corazón de Jesús; y a los nuevos diáconos, a que su servicio refleje el mismo corazón de Cristo. Igualmente, les pidió no olvidar nunca sus raíces, sus familias ni el momento de su postración ante el altar, recordándoles que son «vasijas de barro» llamados a llevar un tesoro que no les pertenece, sino que es don de Dios.

Refiriéndose a Abdiel Reyes y Jae Yeob Jung, monseñor Ulloa destacó que, «cuiden sus manos, pero sobre todo su corazón», desde este momento su ministerio requerirá una configuración sacramental nueva y definitiva con Cristo Sacerdote. «Ustedes serán consagrados para actuar en nombre y en la persona de Cristo al servicio de su pueblo», señaló.

El arzobispo Ulloa les recordó el profundo significado de la unción de sus manos. «Sus manos serán ungidas para bendecir, no para señalar; para levantar y no para aplastar; para reconciliar y no para dividir; para sostener al que llora y para tocar con respeto las heridas de nuestra comunidad «.

También les exhortó a cuidar no solamente sus manos,, sino especialmente el corazón. «Se puede tener las manos ungidas y permitir que el corazón se vuelva frío», les advirtió.

Al recordarles en momento de su postración en el suelo, les pidió conservar siempre la humanidad y volver espiritualmente a ese momento cuando llegue el cansancio, las dificultades o la tentación del orgullo. «Recuerden siempre su postración en el suelo, especialmente cuando crean que pueden solos, cuando llegue el orgullo o cuando un título o reconocimiento quiera hacerles olvidar quienes son. Tengan presente el suelo también cuando se sientan débiles, porque mientras ustedes estén allí, aparentemente sin hacer nada, la Iglesia estará orando y Dios actuando», expresó.

Al dirigirse a los nuevos diáconos Carlos Bárcenas y Juan De Dios Urrunaga, el arzobispo Ulloa les exhortó a no considerar el diaconado como una simple sala de espera hacia el sacerdocio. «La Iglesia los configura sacramentalmente con Cristo servidor y recibirán el Evangelio entre sus manos. Creanlo, proclamenlo y sobre todo vívanlo», les advirtió .

Les recordó que el diáconado expresa una verdad fundamental que nunca deben olvidar: así como Jesús tomó la toalla y lavó los pies de sus discípulos, también ustedes están llamados a inclinarse ante quienes más necesitan del amor y la misericordia de Dios. «No tengan miedo de inclinarse ante el pobre, el enfermo, el anciano, el migrante, el abandonado y quien no puede devolverles nada, porque en el Reino de Dios quien se inclina para servir es quien más se parece a Jesucristo», señaló.

También les exhortó a no confundir la autoridad con el poder, el servicio con el protagonismo ni la popularidad con la fecundidad. «Nuestro pueblo no necesita estrellas religiosas, sino pastores y servidores que transparenten a Jesucristo», afirmó.

Al dirigirse al presbiterio de la Arquidiócesis, monseñor Ulloa los invitó a contemplar esta celebración como una oportunidad para renovar y recordar el día de su propia ordenación, la unción de sus manos y la celebración de su primera misa. Les invitó a preguntarse, sin miedo «¿Cómo está hoy aquel primer amor?». Reconoció que, con el paso de los años pueden llegar responsabilidades, preocupaciones, heridas, incomprensiones, cansancio y también decepciones.

Por ello, les animó a renovar su entrega, «que esta celebración sea una oportunidad para volver a escuchar al pueblo con paciencia, ir al confesionario con misericordia y a buscar al que se ha alejado, porque necesitamos volver siempre a Aquel que un día nos miró y nos dijo, ¡Ven y sígueme!». Exhortó al clero Arquidiocesano a unirse a la campaña «Ninguna parroquia sin seminaristas y ningún sacerdote sin su sucesor», como un compromiso permanente con la promoción de las vocaciones sacerdotales.

También expresó su profundo agradecimiento a las familias de los nuevos ministros por haberles dado la vida y acompañarlos en su camino vocacional. «Gracias por nuestras oraciones silenciosas y por los sacrificios que quizás ellos nunca llegarán a conocer plenamente”.

«El Señor tenía un plan mucho más grande»

Al concluir la ordenación, el nuevo presbítero Abdiel Reyes, compartió que su vocación fue creciendo a través de su experiencia en la Infancia Misionera, la pastoral juvenil y el ser catequista, fueron moldeando ese llamado hasta dar los pasos necesarios hacia el sacerdocio durante trece años de formación en el SMSJ.

«Vengo de un área peligrosa; soy de El Valle de Urraca, un lugar que, cuando se menciona en las noticias, pocas veces se relaciona con algo positivo. Sin embargo, he descubierto que, en medio de esa realidad, de las dificultades y la humanidad, el Señor me tenía un plan mucho más grande, más hermoso y más satisfactorio de lo que podía imaginar», comentó.

El nuevo sacerdote manifestó que la ordenación representa una de las mayores gracias que el Señor ha concedido a su vida. «Esta ordenación es la obra y la gracia más grande que el Señor me pudo haber dado, que aún sin merecerlo Él me lo ha regalado y siendo conciente de que me a mirado con amor», afirmó.

Además recordó el acompañamiento de su madre, quien, desde que ingreso al seminario, le ayudó mantener los pies en la tierra y a comprender que la vocación sacerdotal es un compromiso para toda la vida, que debe ser asumido con sinceridad y libertad. «Considero que he dejado algo que me gustaba, por descubrir ese tesoro escondido, esa perla preciosa de Dios», señaló.

Pidió, a toda la comunidad orar mucho por su ministerio sacerdotal, por el clero de la Arquidiócesis, por sus hermanos seminaristas del SMSJ, y por todos aquellos a quienes aún el Señor sigue llamando.

Para Juan De Dios Urrunaga Ponce, quien ha servido a la Iglesia durante más de treinta años, recordó que su camino vocacional se fue fortaleciendo al preguntarse por qué en su parroquia no surgían nuevas vocaciones sacerdotales. «Damos un ‘sí’ muy especial, en el que me entrego totalmente a la Iglesia y al servicio de Dios. No es un ministerio que me vaya a servir como trampolín para algo, sino que me ayuda a concretar esa llamada que Dios me hizo siendo un niño», expresó.

«Que este ministerio que recibo sea para servicio de la Iglesia y del pueblo en agradecimiento a todo lo que han hecho por mi. Este servidor Juancito, después de tantos años de formación, lo único que diría, gracias Señor» dijo Urrunaga.


Un signo de gratitud a sus madres

Al concluir la ordenación, los nuevos presbíteros Abdiel Reyes y Jae Yeab Jung, ante la imagen de Santa María la Antigua Patrona de la República de Panamá, entregaron a sus madres el paño de lino que proviene del latín “manutergium”, con el cual secaron sus manos recién ungidas con el Santo Crisma. Según la tradición, este lienzo será conservado por ellas hasta su fallecimiento, momento en el que sus hijos los colocarán entre sus manos como un signo de gratitud y por ofrecer un sacerdote para la Iglesia.

Como preparación inmediata a la ordenación, el viernes 4 de septiembre, en la Capilla del Seminario Mayor San José, los cuatro jóvenes realizaron su Profesión de Fe, rezaron el Credo y pronunciaron el juramento sobre las Sagradas Escrituras, ante el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta.

Este acto constituyó expresión pública de la fe a la que están llamados a custodiar y proclamar en el ejercicio de sus respectivos ministerios. La ceremonia, en un ambiente de profunda oración recogimiento se celebró la Eucaristía de bendición de ornamentos liturgicos, con los que han sido revestidos los nuevos sacerdotes Abdiel y Jae Yeob; así como los nuevos diáconos Juan De Dios y Carlos. Cada casulla, estola, cingulo, patena y cáliz, destinados al servicio litúrgico, se consagran para que se convierta en signo visible de una vida entregada para que Cristo continúe obrando en medio de su pueblo.

Cabe destacar que los nuevos presbíteros Abdiel Reyes y Jae Yeob Jung, recibieron el sacramento del orden al diaconado, el sábado 7 de marzo de 2026, en la Catedral Basílica Santa María la Antigua.

Panamá, 5 de septiembre de 2026.

 


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La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.