Misa Crismal marca inicio del Jubileo del Centenario de la Arquidiócesis de Panamá

Misa Crismal marca inicio del Jubileo del Centenario de la Arquidiócesis de Panamá

Este martes santo, 31 de marzo de 2026, la Arquidiócesis de Panamá dio inicio al Año Jubilar por los 100 años de su creación, en el marco de la Misa Crismal celebrada en la Catedral Basílica Santa María la Antigua, uno de los sitios fundacionales de la Iglesia en tierra firme.

El clero, religiosas, religiosos y fieles arquidiocesanos peregrinaron desde el Oratorio Festivo San Felipe Neri, avanzando en oración hasta las puertas de la Catedral, donde el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, encabezó el rito de apertura del Jubileo.

Ante el umbral del templo, y tras los golpes que simbolizan la apertura de un tiempo de gracia, el arzobispo Ulloa proclamó: “Abrid las puertas al Señor, para que entre el Rey de la gloria.” En ese momento, las puertas se abrieron y el pueblo peregrino ingresó al templo en un gesto de fe, renovando su condición de Iglesia en camino que atraviesa, con esperanza, este tiempo jubilar.

Ya en el interior de la Catedral, fue presentado el decreto de la Penitenciaría Apostólica, donde se concede benignamente del tesoro celestial de la Iglesia la Indulgencia Plenaria, en las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Sumo Pontífice), que pueden aplicar también en sufragio por las almas del purgatorio, a los fieles verdaderamente arrepentidos y movidos por la caridad.

En su homilía, el arzobispo Ulloa recordó que este Jubileo no puede quedarse en una conmemoración externa, sino que debe iniciar desde lo profundo, afirmando que el mismo comienza en el corazón del presbiterio y que no bastan planes sin santidad, ni estructuras sin fraternidad, ni sacramentos sin vida interior.

Uno de los momentos más significativos fue la renovación de las promesas sacerdotales, en la que el presbiterio arquidiocesano reafirmó su fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a su misión pastoral. El arzobispo de Panamá subrayó que este gesto no es un acto simbólico aislado, sino una renovación real del compromiso sacerdotal, recordando que el sacerdote está llamado a ser hombre de Dios en medio del pueblo, portador de esperanza, luz y consuelo. Asimismo, los exhortó a ser eslabón vivo en la historia de la Iglesia, de modo que la misión continúe fortaleciéndose con su entrega generosa y su fidelidad.

En su reflexión, también hizo un llamado a que esta renovación se traduzca en comunidades vivas, señalando que cuando un sacerdote vive con alegría su vocación, la parroquia deja de ser un espacio de servicios religiosos para convertirse en una verdadera comunidad misionera, escuela de discipulado y casa de comunión.

“Nunca olvidemos quiénes somos, “hombres sacados de entre los hombres, pero consagrados para las obras de Dios; enviados a llevar esperanza donde hay cansancio, luz donde hay confusión y consuelo donde hay dolor”, manifestó.

Durante la celebración, monseñor Ulloa consagró el Santo Crisma y bendijo los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que serán utilizados a lo largo del año en la vida sacramental de la Arquidiócesis. Estos signos, recordó, manifiestan que la gracia de Dios continúa llegando a cada rincón del pueblo, y que esa gracia pasa, en buena medida, por las manos ungidas y el corazón disponible de sus sacerdotes.

El óleo de los catecúmenos fortalece a quienes se preparan para el Bautismo, el de los enfermos ofrece consuelo en medio del dolor, y el Santo Crisma, consagrado solemnemente, se emplea en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, el Orden Sagrado y la dedicación de altares e iglesias.

Este año, el Santo Crisma fue preparado con aceite de oliva y esencias de jazmín, nardo, pétalos de rosas de otto y campanilla, mientras que los otros óleos fueron elaborados únicamente con aceite de oliva, manteniendo la tradición litúrgica de la Iglesia.

La celebración contó con la participación de Su Eminencia José Luis Cardenal Lacunza; monseñor Dagoberto Campos Salas, Nuncio Apostólico en Panamá; los vicarios episcopales, miembros del Consejo Presbiteral y del Consejo de Consultores, el clero arquidiocesano, diáconos permanentes, religiosas, seminaristas y el pueblo santo de Dios que peregrina en Panamá.

Panamá, 31 de marzo de 2026.

 


Comparte

La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.