El rostro de Cristo servidor es el corazón de la misión de los diáconos permanentes en Panamá

El diaconado permanente constituye uno de los ministerios ordenados de la Iglesia católica y representa el primer grado del sacramento del Orden.
Quienes son llamados a este ministerio reciben una sólida formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral para ejercer el servicio de la caridad, la liturgia y la proclamación de la Palabra de Dios. A diferencia del diaconado transitorio, que forma parte del camino hacia el sacerdocio, el diaconado permanente es un ministerio estable que se ejerce hasta la edad establecida de su jubilación obligatoria, establecida por normativas eclesiásticas a los 75 años.
La restauración del diaconado permanente tuvo lugar durante el Concilio Vaticano II. El 21 de noviembre de 1964, los padres conciliares aprobaron, a través de la constitución dogmática Lumen Gentium (n.º 29), el restablecimiento de este ministerio como un grado propio y permanente de la jerarquía eclesiástica, con el propósito de fortalecer la presencia de la Iglesia en aquellos lugares donde la acción pastoral de los sacerdotes no siempre puede llegar.
Posteriormente, el 18 de junio de 1967, el papa san Pablo VI promulgó el documento Sacrum Diaconatus Ordinem, mediante el cual estableció las normas canónicas y pastorales para la aplicación de este ministerio en toda la Iglesia latina.
La esencia del diaconado permanente se resume en una sola palabra ‘servir’. Los diáconos son llamados a ser testigos del amor de Cristo en medio del pueblo de Dios, especialmente entre los más pobres, vulnerables y necesitados, haciendo visible la misericordia del Señor en las realidades cotidianas de la vida.
La esencia del diaconado permanente se resume en una sola palabra: servir. Los diáconos son llamados a ser testigos del amor de Cristo en medio del pueblo de Dios, especialmente entre los más pobres, vulnerables y necesitados, haciendo visible la misericordia del Señor en las realidades cotidianas de la vida.
Más de seis décadas después de la restauración del diaconado permanente, este ministerio continúa creciendo en numerosas diócesis del mundo. De acuerdo con las estadísticas correspondientes al año 2023, publicadas por la Agencia Fides, órgano informativo de las Obras Misionales Pontificias de la Santa Sede, existen más de 51 mil diáconos permanentes, concentrándose la mayor parte de ellos entre América y Europa.
En Panamá, la Oficina del Diaconado Permanente, se encuentra en la Curia Metropolitana, es la encargada de la formación de los aspirantes, del acompañamiento pastoral de los diáconos y de la formación permanente de estos ministros y de sus esposas.
Uno de los principales impulsores de este ministerio en el país fue monseñor Marco Gregorio McGrath, quien, siguiendo las orientaciones del Concilio Vaticano II, implementó el diaconado permanente para hombres casados. El 19 de junio de 1977, en la parroquia Cristo Redentor, en San Miguelito, presidió la ordenación del primer grupo de diáconos permanentes de la Arquidiócesis de Panamá. Aquella promoción estuvo integrada por: Juan Antonio Arcia Caicedo; Everardo Montenegro (Q.E.P.D.); Ramón Hernández (Q.E.P.D.); Modesto Contreras (Q.E.P.D.); Enrique Molina (Q.E.P.D.); Abel Román (Q.E.P.D.); y Fidel González (Q.E.P.D.).
Décadas más tarde, el 27 de abril de 2019, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., arzobispo de Panamá, presidió la ordenación de quince nuevos diáconos permanentes en el gimnasio de la Universidad Católica Santa María la Antigua (USMA).
Procedentes de ocho parroquias de la Arquidiócesis, estos hombres asumieron el compromiso de servir a la Iglesia y a la sociedad, especialmente a quienes reflejan el rostro sufriente de Jesucristo: Arsenio López, Luis Carlos R. Leal, Rangel León, Eduardo Mendoza, Adelino Pérez, Gilberto Tapia, Erick Valenzuela, Chanito Vásquez, Boris Castillo, Ricaurte Chávez, David Delgado, Orlando García, Giovanni Guerra, Inocente Guerra y Saturnino Labrador Bazán.
Actualmente, la Arquidiócesis de Panamá cuenta con 54 diáconos permanentes en servicio activo, 25 diáconos jubilados, 65 aspirantes en proceso de formación y discernimiento, 39 diáconos fallecidos y 10 candidatos próximos a recibir el sacramento del Orden.
Los diáconos permanentes son ministros ordenados que colaboran estrechamente con el obispo y los presbíteros en múltiples tareas pastorales y sacramentales. Entre sus responsabilidades se encuentran la celebración de bautismos, matrimonios y exequias, la distribución de la sagrada comunión y el acompañamiento de los fieles en diversos ámbitos de la vida eclesial.
Cada ministerio se desarrolla de acuerdo con las necesidades de la Iglesia y de la comunidad. Algunos diáconos prestan su servicio principalmente en las parroquias, mientras que otros se dedican a la atención de enfermos, personas privadas de libertad, migrantes, adultos mayores y familias en situación de vulnerabilidad.
Ministros de la caridad
La caridad constituye el corazón del ministerio diaconal. Los diáconos son llamados a coordinar iniciativas de asistencia y promoción humana, a visitar hospitales, centros penitenciarios y comunidades apartadas, así como a acompañar a las familias que atraviesan momentos de dificultad.
Su servicio se inspira de manera especial en su patrono San Lorenzo, diácono y mártir de la Iglesia, quien entregó su vida en el siglo III como testimonio de su fidelidad a Cristo. Según la tradición, cuando el prefecto de Roma le exigió que entregara las riquezas de la Iglesia, San Lorenzo presentó a los pobres y exclamó: “Este es el tesoro de la Iglesia”.
Ministros de la liturgia
Los diáconos participan activamente en la vida litúrgica de la Iglesia. Entre sus funciones se encuentran la proclamación del Evangelio durante la celebración eucarística, la asistencia al sacerdote en el altar, la administración de algunos sacramentos y la presidencia de celebraciones de la Palabra cuando la comunidad no dispone de un presbítero.
Su presencia resulta particularmente valiosa en las comunidades rurales y en los sectores urbanos más vulnerables, donde contribuyen a fortalecer la vida sacramental y la comunión eclesial.
En esta dimensión del ministerio, la figura de San Esteban ocupa un lugar destacado. Reconocido como uno de los primeros diáconos de la Iglesia y el primer mártir del cristianismo, las Sagradas Escrituras lo describen como un hombre “lleno de gracia y de poder”.
Ministros de la Palabra
El diácono es también un anunciador del Evangelio y un servidor de la Palabra de Dios. Su misión consiste en proclamar, enseñar, catequizar y acompañar a las comunidades en su crecimiento espiritual y en su compromiso con la evangelización.
De igual manera, promueve la formación cristiana, realizan misiones y lleva el mensaje de Jesucristo a las periferias existenciales, siguiendo el modelo del diácono mártir San Vicente, reconocido por su celo apostólico y su fidelidad a la Iglesia; quién fue portavoz del obispo San Vicente en la Diócesis de Zaragoza- España.
Una de las características distintivas del diaconado permanente es que sus integrantes mantienen su vida familiar y profesional, lo que les permite compartir la realidad cotidiana de los fieles y llevar el mensaje del Evangelio a espacios a los que, en muchas ocasiones, los ministros consagrados no pueden acceder con la misma cercanía.
De esta manera, los diáconos permanentes se convierten en un signo vivo de la presencia de Cristo servidor, llamado a llevar la esperanza, la misericordia y la caridad a todos los ámbitos de la sociedad.
ORACIÓN POR LOS DIÁCONOS
Dios y Padre Nuestro, fortalece con
la alegría del Espíritu Santo
a todos los Diáconos de tu Iglesia,
para que desempeñen con alegría,
fidelidad y en espíritu de comunión
eclesial su ministerio pastoral
de tu Hijo Jesucristo,
“que no vino a ser servido,
sino a servir y dar su vida
en redención de la humanidad”.
¡San Lorenzo, diácono y mártir,
ruega por los diáconos servidores
del pueblo de Dios!
Te pedimos por las familias
de los diáconos permanentes,
para que sean auténticas
“Iglesias domésticas”,
según el ejemplo de la
Sagrada Familia de Nazaret,
y de ellas surjan vocaciones
sacerdotales y religiosas.
¡Virgen María, Madre de la Iglesia
y Reina de los Apóstoles,
ruega por todos los ministros del Señor!
Amén.
Panamá, 10 de agosto de 2026.





