Colaboradores del Arzobispado de Panamá celebran aniversario episcopal de monseñor José Ulloa Mendieta

Este viernes 17 de abril, los colaboradores del Arzobispado de Panamá compartieron y celebraron junto a monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., sus 22 años de Ordenación Episcopal y sus 16 años como arzobispo de la Arquidiócesis, en el marco de una solemne Eucaristía celebrada en la Capilla de la Curia Metropolitana. Durante su homilía, monseñor Ulloa, expresó que, al conmemorar sus 22 años de episcopado, no puede dejar de recordar que el obispo no camina solo, necesita de su pueblo, del presbiterio, de los colaboradores y de una Curia que sea verdaderamente rostro de la Iglesia. 
“Celebrar mi 22 aniversario episcopal y 16 como arzobispo de esta Iglesia que peregrina en Panamá es conmemorar la fidelidad de Dios. Porque si algo puedo decir con certeza es que el Señor ha sido fiel incluso cuando yo no lo he sido, en las alegrías y también en los momentos de prueba, en la abundancia y en la fragilidad”, afirmó.
Dirigiéndose a los colaboradores de la Curia metropolitana, el arzobispo manifestó su profundo agradecimiento, destacando que no son simplemente colaboradores, sino compañeros de misión. “Son parte viva de esta Iglesia, el corazón que late en la Curia, manos que sostienen silenciosamente la vida pastoral de nuestra arquidiócesis”, expresó. Igualmente, señaló que muchas veces al pensar en la Iglesia, se mira al altar, pero pocas veces se observa el trabajo cotidiano, y discreto que se realiza en las oficinas, archivos y escritorios, el cual resulta esencial para la misión evangelizadora. 
El arzobispo subrayó que, gracias a la labor silenciosa de los colaboradores, la misión se organiza, la caridad se canaliza, la evangelización llega y la comunión se mantiene.
Como muestra de gratitud, les expresó “desde lo más profundo de mi corazón, gracias por su entrega, su paciencia, por su fidelidad desde lo pequeño y por sostener muchas veces sin aplausos, la vida de esta Iglesia”. Recordó que la Curia no es una estructura fría, sino un espacio de servicio, donde cada tarea, cuando se vive desde la fe, se convierte en un acto de amor a la Iglesia. Por ello, exhortó a los colaboradores a vivir su labor con vocación, destacando que no es lo mismo cumplir una función que vivirla como misión, ni ejecutar tareas que ofrecer la vida.
Al reflexionar sobre su ministerio, monseñor Ulloa señaló que ser obispo no es un honor, sino una carga de amor y una responsabilidad que implica caminar con el pueblo, acompañar sus alegrías y sufrimientos, velar y orar incluso en medio del cansancio, y ser siempre puente de unidad y servicio.
Al concluir subrayó que, al mirar estas dos décadas de servicio episcopal, puede afirmar con humildad que ha intentado ser pastor según el corazón de Cristo, y manifestó su deseo de continuar sirviendo con mayor entrega, amor y fidelidad. Invitó también a los colaboradores a no perder nunca el sentido espiritual de su trabajo, porque “cuando el trabajo se separa de la fe, se vuelve carga; pero cuando se sirve desde la fe se convierte en ofrenda”.
Panamá, 17 de abril de 2026.
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