San Óscar Romero y la conexión de la fe entre El Salvador y Panamá

San Óscar Romero y la conexión de la fe entre El Salvador y Panamá

La vida, el testimonio y el martirio de San Óscar Arnulfo Romero, a 46 años de su asesinato, resplandece como un faro de evangelización y santidad pastoral en medio de las complejas realidades sociales y eclesiales del continente. Su figura continúa iluminando el camino de la Iglesia en América Latina y en particular mantiene una conexión profunda con Panamá, especialmente en su firme compromiso con la justicia y la defensa de la dignidad humana.

Durante la década de 1970 y principios de los 80, la Iglesia en Panamá, siguió con especial atención los acontecimientos en El Salvador y el valiente testimonio de lucha de Óscar Romero a favor de los pobres y de la justicia. En un contexto nacional también marcado por tenciones sociopolíticas de Panamá, marcadas por la dictadura y las tenciones sociales, su voz profética encontró eco en el corazón del pueblo y sus comunidades eclesiales.

Los lazo entre ambos países se fortaleció mediante la cercanía pastoral entre ambas Iglesias, manifestada en las visitas de sacerdotes y obispos panameños a El Salvador, quienes pudieron conocer de primera mano la realidad de las comunidades más vulnerables y la situación de los derechos humanos.

El Papa Francisco lo reconoció como ‘mártir por odio a la fe’, declarándole beato en febrero de 2015, y posteriormente fue canonizado el 14 de octubre de 2018 en la Plaza de San Pedro. Para la Iglesia en Panamá, su martirio reafirma que la fe auténtica que exige un compromiso concreto con  la verdad, la justicia y la defensa de la vida.

En Panamá convergen realidades de crecimiento y también de desigualdad, con el testimonio de vida y voz profética de este santo mártir, como invitación para que los fieles vivan una fe más comprometida, que no solo se limite al ámbito personal, sino que se traduzca en acciones concretas de solidaridad, justicia y paz.


Reliquias, “un lazo de Iglesias hermanas”

En julio de 2018, fueron entronizadas en la Basílica Menor Don Bosco, reliquias de primer grado del entonces beato salvadoreño, en la Basílica Menor Don Bosco, ubicada en el popular barrio de Calidonia, en Panamá.  Durante esta ceremonia de entronización, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, al recibirlas subrayando que representan “un lazo entre dos Iglesias hermanas”. Por su legado de “pastor con olor a oveja y defensor de los pobres”.

Las reliquias contienen un fragmento óseo de una costilla (extraída en su autopsia); un trozo de tela con sangre, de su camisa cuando fue herido de muerte en 1980; un busto y una réplica de su mitra. Las cuales peregrinaron por diversas diócesis del país antes de la canonización de Romero, en octubre, de ese mismo año.

El papa Francisco nombró, a San Óscar Romero, como intercesor y patrono de la Jornada Mundial de la Juventud, desarrollada en Panamá 2019, destacándolo como un modelo de pastor cercano, valentía y justicia social, siendo parte clave de este evento de fe que congrega a jóvenes de los cinco continentes.

El 24 de enero de 2019, el Papa Jorge Bergoglio, sostuvo un encuentro con los obispos presentes en la JMJ, en la Iglesia San Francisco de Asís, ubicada en el Casco Antiguo, Panamá. En este encuentro el Vicario de Cristo, pronunció “la vida y enseñanza  de monseñor Óscar, son fuente constante de inspiración para nuestras Iglesias y, de modo particular, para nosotros los obispos… Apelar a la figura de Romero, es apelar a la santidad y al carácter profético que se vive en el ADN de vuestras Iglesias en Centroamérica”.

Durante esta reunión, el Papa Francisco hizo una reflexión sobre el lema de este santo salvadoreño, inscrito en su escudo episcopal “Sentir con la Iglesia”. El Sucesor de Pedro, se centró en tres aspectos fundamentales que los obispos de Centroamérica deben imitar para encontrarse con Cristo y el pueblo que sufre: “Reconocimiento y gratitud”; “Un amor con sabor a pueblo”; y “Llevar en las entrañas la kénosis de Cristo”.

Dos meses después de realizarse en Panamá la JMJ, 24 de marzo de 2019, el Arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, al presidir esta Eucaristía, en la Catedral Basílica Santa María la Antigua, expresó “creo de corazón, que San Óscar Romero, como mártir, hoy está más vivo… Ahora, existe más personas que le conocen, que le admiran, leen sus escritos y siguen escuchando sus homilías”, afirmó.

También monseñor Ulloa Mendieta, destacó que San Óscar Romero, “fue el primer santo que entro a una Jornada siendo beato y termino siendo santo, es un caso único en las 37 ediciones desarrolladas de JMJ hasta esa fecha, desde su inicio en 1986 por Juan Pablo II. La vida de San Óscar Romero, como santo y patrono de la JMJ 2019, subrayó que, “viene a iluminar en este proceso tan urgente de conversión. Nos enseñan que la meta de nuestra conversión tiene que llegar a la coherencia”, “este sería un mensaje sencillísimo, pero revolucionario que nos ofrecen estos dos mártires.


 

Reseña de un pastor y “voz de los sin voz”

San Óscar Romero, se empeñó por ser “voz de los sin voz”, fue un arzobispo salvadoreño, defensor de los derechos humanos y voz de los pobres durante la represión en El Salvador. Utilizó sus homilías dominicales, transmitidas por radio, para denunciar la tortura, los asesinatos y la represión tanto de los rebeldes como del gobierno.

Nació en 1917 en Ciudad Barrios, El Salvador. Era de familia humilde y fue el segundo de ocho hermanos, después de la escuela estudiaba para carpintero; pero quiso ser sacerdote, así que a los trece años ingresó al Seminario menor claretiano de San Miguel y en 1937 pasa al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador, dirigido por jesuitas.

El día de su ordenación sacerdotal, 4 de abril de 1942, escribe en su diario: “Deseo ser una hostia para mi diócesis”. Casi una profecía de cuál iba a ser su destino.

A causa de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, regresa a El Salvador, siendo nombrado párroco de Anamorós y, sucesivamente, de San Miguel. En 1968 es elegido secretario de la Conferencia Episcopal; dos años después, Pablo VI lo designa obispo auxiliar de San Salvador y, en 1974, obispo de Santiago de María. En 1977 lo llama para suceder al arzobispo metropolitano de San Salvador, Luis Chávez González, portavoz de una pastoral social muy intensa.

Fue arzobispo de San Salvador entre los años 1977-1980, asumió el cargo en un contexto de grave violencia política. Aunque inicialmente se le consideraba conservador, el asesinato de su amigo, el sacerdote Rutilio Grande, le llevó a denunciar abiertamente las injusticias.  Es un símbolo de la “opción preferencial por los pobres” en la Iglesia latinoamericana.

El Domingo de Ramos, 23 de marzo de 1980, pronuncia en la catedral de San Salvador el sermón que ha pasado a la historia como “La homilía de fuego” …  Lanza desde el altar un llamamiento a los hombres del ejército. “Ante una orden de matar que dé un hombre -afirma- debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuoso, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”


 

‘Mártir por odio a la fe’

Al día siguiente, 24 de marzo de 1980, es ‘mártir por odio a la fe’, mientras celebraba la misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador, es asesinado por un francotirador, desde la ventanilla trasera de un descapotable rojo, asoma un rifle, pero los fieles, que miran al altar, mientras monseñor Romero pronuncia “Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”,  dice terminando su última homilía. El disparo, cuentan los presentes, sonó como una bomba. Romero, cayó a tierra con el corazón atravesado, mientras el automóvil se daba a la fuga.

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La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.