HOMILÍA AL CONCLUIR LA ASAMBLEA ORDINARIA DEL EPISCOPADO PANAMEÑO

HOMILÍA AL CONCLUIR LA ASAMBLEA ORDINARIA DEL EPISCOPADO PANAMEÑO

HOMILÍA AL CONCLUIR LA ASAMBLEA ORDINARIA
DEL EPISCOPADO PANAMEÑO
Seminario Mayor San José, jueves 8 de enero de 2026
Inicio del año 2026 Seminario Mayor– En comunión con la Iglesia universal
– En camino de Misión Nacional

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Al concluir nuestra Asamblea Ordinaria del Episcopado Panameño, queremos dirigirles una palabra sencilla, cercana y llena de esperanza, como pastores que caminan con su pueblo. Damos gracias a Dios por estos días de encuentro, de escucha y de discernimiento, y ponemos en sus manos el camino que iniciamos como Iglesia en este nuevo año 2026.

No miramos el futuro con temor, sino con confianza, porque sabemos que Dios camina con su pueblo y no abandona nunca a quienes ponen en Él su esperanza.

1. Celebramos en el Seminario Mayor, corazón vocacional de la Iglesia
No es casual que esta Eucaristía se celebre aquí, en el Seminario Mayor San José. Estamos en el lugar donde late el corazón vocacional de nuestra Iglesia particular, la institución más decisiva para su presente y, sobre todo, para su futuro. Aquí se custodia y se cultiva el don de Dios que garantiza la continuidad del ministerio sacerdotal y la fidelidad de la Iglesia a su misión.

En este Seminario se forman los hombres que, configurados con Cristo Pastor, serán enviados a anunciar la Palabra de Dios, a celebrar los sacramentos que sostienen la fe del pueblo, a acompañar a las familias, a consolar a los enfermos, a caminar con quienes sufren y a cargar con las alegrías y las cruces de nuestras comunidades. De aquí salen los pastores que, con su vida entregada, harán visible la cercanía de Dios en cada rincón de esta Iglesia en Panamá.

El Seminario Mayor es un espacio sagrado de silencio y discernimiento, donde se aprende a orar, a escuchar la voz de Dios, a amar a la Iglesia y a entregarse sin reservas.

Por eso, celebrar la Eucaristía en este lugar es un signo profundamente elocuente: ponemos sobre el altar el presente y el futuro de nuestra Iglesia. Decimos a nuestros seminaristas que no están solos en su camino vocacional; la Iglesia camina con ustedes, reza por ustedes y confía en ustedes. Y decimos también a todo el Pueblo de Dios que cuide este tesoro, que ore insistentemente por las vocaciones y acompañe a quienes han dicho “sí”, porque del Seminario salen los pastores que mañana sostendrán la fe, la esperanza y la caridad de nuestras comunidades parroquiales.

2. Una Iglesia que discierne y sirve
La Asamblea de Obispos no es un espacio administrativo ni una reflexión distante de la realidad. Es el ámbito donde la Iglesia, desde su responsabilidad pastoral, discierne los signos de los tiempos y busca iluminar la vida del pueblo, especialmente en momentos de dificultad.

Reunidos a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, los obispos escuchamos el clamor de la sociedad y miramos la realidad con los ojos de la fe, sin ideologías ni intereses particulares. Este discernimiento nos impulsa a no ser indiferentes ante lo que hiere la dignidad humana y a anunciar caminos de esperanza, justicia y fraternidad.

Y en sintonía con el mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, los obispos de Panamá asumimos que la comunicación es un camino decisivo para construir paz en la realidad concreta del país.

Esta perspectiva ilumina el modo en que la Iglesia desea servir al pueblo panameño; no desde la confrontación, sino desde una comunicación que sane, acompañe y genere esperanza. Los obispos reconocen que comunicar en clave de paz implica renunciar a la descalificación, al rumor y al lenguaje violento, para optar por una palabra que escuche, explique y proponga caminos de encuentro.

3. En comunión con la Iglesia universal
La Iglesia que peregrina en Panamá vive este momento en profunda comunión con la Iglesia universal, en el contexto del Consistorio de los Cardenales convocado por el Papa León XVI. Este encuentro eclesial, en el que el Santo Padre se reúne con los cardenales de todo el mundo, es un espacio privilegiado de discernimiento y corresponsabilidad, donde se van trazando las orientaciones pastorales que guiarán el caminar de la Iglesia al servicio del Pueblo de Dios.

Desde Panamá, nos unimos en oración y esperanza a este momento significativo, acogiendo el llamado del Papa a una Iglesia cercana, misericordiosa y misionera.

4. “Dios es Amor”: una verdad que lo ilumina todo
La Palabra que hoy nos ilumina es tan sencilla como profunda: “Dios es Amor”. No es una consigna ni una frase piadosa. Es una verdad que toca las fibras del corazón y transforma la vida.

Conocer a Dios no es solo saber cosas sobre Él, sino experimentar su amor y dejar que ese amor modele nuestras decisiones, nuestras relaciones y nuestro modo de vivir la fe. El amor es el mejor termómetro de nuestra vida cristiana: cuanto más amor hay, más conocemos a Dios, porque Él es Amor en esencia.

Por eso, de las virtudes teologales, la más grande es el amor. Es la única que permanece para siempre. Todo se resume en esto: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. No hay fe auténtica sin amor concreto. No hay Iglesia creíble sin caridad vivida.

El amor de Dios no es una respuesta a nuestros méritos; es un don gratuito y sacrificial. Cristo se entregó por nosotros no por conveniencia, sino por amor, hasta la cruz. Y muchas veces, seamos sinceros, nos cuesta confiar y dejarnos amar por Él. Por eso la pregunta que nos interpela es clara: ¿Exijo a los demás el amor que yo mismo no soy capaz de dar?

5. Misión Nacional: amor que se hace camino
Desde esta Palabra la Misión Nacional no es una actividad más ni una campaña pasajera. Es una llamada profunda del Espíritu Santo a renovar el corazón, a reavivar la fe y a salir al encuentro de las personas allí donde viven, trabajan, sufren y esperan. Es una actitud del corazón y una manera concreta de vivir el Evangelio hoy, mañana y siempre.

Por eso la Misión Nacional nos involucra a todos, sin excepción:

 a los obispos, como padres y pastores que animan y acompañan;
 a los sacerdotes, como servidores cercanos del pueblo de Dios;
 a los diáconos, como signo del servicio humilde y de la caridad concreta;
 a la vida consagrada, como profecía viva del Reino, oración y testimonio radical;
 a los fieles laicos, llamados a llevar el Evangelio a la familia, al trabajo, a la escuela y a la vida social;
 y a los movimientos, comunidades y asociaciones, para que pongan sus carismas al servicio de la misión común.

Nadie puede sentirse espectador, todos estamos convocados porque somos discípulos misioneros por el bautismo.

La Misión Nacional nace de una certeza irrenunciable: Dios nos ha amado primero, y quien ha experimentado en su vida ese amor misericordioso no puede guardarlo para sí. La experiencia del amor de Dios se convierte necesariamente en envío. No hay misión sin anuncio, ni anuncio sin kerigma; por eso, esta Misión pone en el centro lo esencial de nuestra fe: Jesucristo vivo, muerto y resucitado, que nos ama, nos perdona, nos salva y nos ofrece una vida nueva.

Este primer anuncio no se dirige solo a quienes están lejos, sino también a nosotros mismos. Que cada parroquia, comunidad, movimiento, familia y cada bautizado se reconozca enviado, para que, cuando toda la Iglesia camine unida y anuncie con alegría que Dios es Amor, la fe se renueve, la esperanza florezca y nuestro pueblo vuelva a experimentar la abundancia del Reino.

Que el Señor nos bendiga y nos conceda un corazón semejante al suyo. Amén.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 


DESCARGAR: HOMILIA CONCLUSION ASAMBLEA CEP 8 ENERO- 2026

 


 

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La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.