HOMILÍA 62 ANIVERSARIO DE LA GESTA DEL 9 DE ENERO DE 1964

HOMILÍA 62 ANIVERSARIO DE LA GESTA DEL 9 DE ENERO DE 1964

HOMILÍA 62 ANIVERSARIO DE LA GESTA DEL 9 DE ENERO DE 1964

 Aula Magna del Instituto Nacional, viernes 9 de enero de 2026

Memoria, conciencia y compromiso hoy

Hermanos y hermanas:

Hoy nos reunimos en este templo del saber, nos encontramos en un sitio cargado de historia, de conciencia nacional y de esperanza: el glorioso Nido de Águilas, el Instituto Nacional.

Este Instituto no es solo un edificio ni un centro educativo más; es cantera de ciudadanía, fragua de conciencia y escuela de dignidad nacional. Desde este recinto sagrado para la memoria panameña, donde se han formado generaciones enteras de hombres y mujeres comprometidos con el destino del país, elevamos hoy nuestra oración y nuestra palabra.

A lo largo de su historia, el Instituto Nacional ha entregado a la Nación estudiantes de altísima calidad humana e intelectual, distinguidos por su excelencia académica, su sensibilidad social y su compromiso con la Patria. De aquí han surgido artistas, científicos, educadores, líderes sociales y presidentes de la República. Pero, sobre todo, de aquí han salido panameños y panameñas con carácter, hombres y mujeres que aprendieron que estudiar es también servir, y que amar a Panamá implica defenderla con inteligencia, ética y valentía.

Este centro educativo posee una historia larga e ininterrumpida, una de las más sólidas del sistema educativo nacional. Una historia luminosa que, aun en medio de dificultades, ha sabido formar personas íntegras, capaces de pensar con libertad, actuar con coraje y poner siempre el bien común por encima del interés personal.

No es casualidad que desde este Nido de Águilas haya surgido una juventud capaz de alzar la voz cuando la dignidad nacional fue herida. Aquí se educó una conciencia crítica que no aceptó la humillación ni el silencio cómplice. El Instituto Nacional ha sido —y está llamado a seguir siendo— escuela de libertad, pensamiento crítico y patriotismo, donde se aprende que la soberanía no se mendiga: se defiende.

Por eso, conmemorar aquí el 9 de enero de 1964 no es un simple acto protocolar. Es volver a la fuente. Es recordar que la educación verdadera no forma solo profesionales, sino ciudadanos conscientes, capaces de defender la justicia, la dignidad humana y la soberanía nacional.

Damos gracias a Dios por la generación de 1964, por aquellos jóvenes que, animados por el amor a la Patria, ofrendaron su vida defendiendo a un Panamá herido por un enclave colonial que no solo dividía nuestro territorio, sino que lastimaba profundamente nuestra conciencia nacional.

Hacemos memoria agradecida de una entrega generosa por amor a Panamá. Algunos de aquellos protagonistas están hoy entre nosotros, recordándonos que el 9 de enero no es una fecha del pasado, sino una lección viva, una escuela permanente de dignidad, valentía y amor auténtico a la Patria.

Con respeto y orgullo pronunciamos los nombres de nuestros mártires, porque los nombres no se olvidan cuando están escritos con sangre y entrega generosa:

Ascanio Arosemena, Gonzalo Antonio Crance Robles, Teófilo de la Torre Espinoza, Jacinto Palacios Cobos, Alberto Oriol Jr., Ezequiel González Meneses, Vicente Bonilla C., Jorge Enrique Gill, Alberto Nicolás Constance, Víctor M. Iglesias, Rodolfo Benítez Sánchez, Víctor Manuel Garibaldo Figueroa, Rogelio Lara, José Del Cid, Ricardo Murgas, Rosa Landecho, Ovidio Lizardo Saldaña Armuelles, Estanislao Orobio, Maritza Alabarca, Renato Lara y Celestino Villarreta.

El 9 de enero fue un día de heroísmo y dolor. Heroísmo de una juventud que se puso de pie para defender una patria ultrajada; dolor por las vidas arrancadas a jóvenes que soñaban con un país libre y soberano.

Aquellos jóvenes no podían tolerar más el desprecio a nuestra panameñidad y por eso marcharon con valentía y decisión hacia la Escuela de Balboa para izar la bandera nacional. Cuando la bandera fue mancillada, Panamá entera se levantó. El pueblo respaldó a sus jóvenes y se encendió un fuego de dignidad que no pudo ser apagado y se marcó un antes y un después en nuestra historia nacional.

Reconocemos también el liderazgo del entonces presidente Roberto F. Chiari, el “presidente de la dignidad”, quien tuvo el coraje de tomar decisiones históricas para preservar el honor nacional. Rompió relaciones diplomáticas con la primera potencia mundial en ese entonces. Como David frente a Goliat, una nación pequeña defendió su dignidad. La sangre de los justos no fue derramada en vano. El nacionalismo consolidó a las generaciones desde entonces hasta lograr la plena soberanía de Panamá.

 

La Iglesia Católica en la gesta de enero 1964

La Iglesia Católica en Panamá, a la luz de los documentos episcopales y pastorales emitidos en enero de 1964, asumió la Gesta del 9 de Enero como un acontecimiento profundamente doloroso y, al mismo tiempo, cargado de significado moral y patriótico. Reconoció con claridad el legítimo reclamo del pueblo panameño por su dignidad, soberanía y respeto como nación libre, expresando cercanía a las familias que sufrieron la pérdida de vidas humanas y lamentando toda forma de violencia que causara muerte, heridas y destrucción.

Desde esta perspectiva, la Iglesia afirmó que el sacrificio de quienes dieron su vida por los justos derechos de la patria no podía ser trivializado ni manipulado, y subrayó que en ese dolor colectivo se manifestaba un profundo amor a Panamá, capaz de unir al pueblo en torno a una causa nacional justa.

Al mismo tiempo, la Iglesia hizo un llamado firme y constante a no dejarse arrastrar por el odio, la venganza ni la violencia desordenada, advirtiendo que toda acción que se apartara de la justicia, la ley y el amor fraterno terminaría deshumanizando y debilitando al propio país. Insistió en que la verdadera defensa de la soberanía debía sostenerse en la unidad del pueblo, la responsabilidad cívica, el respeto a la dignidad humana y la búsqueda de soluciones pacíficas, iluminadas por el Evangelio.

Para la Iglesia, la Gesta del 9 de Enero debía convertirse en una escuela de conciencia nacional, donde el patriotismo auténtico se expresa no solo en el sacrificio extremo, sino también en el compromiso cotidiano por la justicia, la reconciliación y la paz, confiando siempre en que el amor es más fuerte que la violencia y que solo desde él se construye un futuro verdaderamente libre y digno para Panamá.

 

¿Qué hacemos hoy con este legado?

Hermanos y hermanas, ahora la gran pregunta no es solo qué pasó en 1964, sino ¿qué hacemos hoy con esa herencia de patriotismo y de compromiso con nuestro país? ¿Cómo asumir hoy la enseñanza del 9 de enero?

Primero, pasar de la memoria a la conciencia. El 9 de enero no es nostalgia; es interpelación. Defender la Patria hoy implica vivir con verdad, justicia, independencia de criterio y respeto a la dignidad humana.

Segundo, defender la Patria desde la ética. Panamá es herida cuando se roba lo público, cuando se normaliza la corrupción o se juega con la esperanza del pueblo. La honestidad es hoy una de las formas más altas de patriotismo.

Tercero, confiar en la juventud. El 9 de enero fue, ante todo, una gesta juvenil. Hoy la historia vuelve a colocar a nuestros jóvenes ante un momento decisivo. Panamá necesita jóvenes críticos, sensibles ante la injusticia, no indiferentes ni domesticados. Jóvenes capaces de denunciar y también de proponer.

Aquí es urgente recuperar los espacios de diálogo, debate y formación crítica que antes surgían naturalmente en nuestros colegios a través de los grupos estudiantiles y que hoy casi han desaparecido. Los institutores representan un modelo de juventud con autoridad moral, con conciencia plena y con coraje para defender la dignidad nacional y los derechos del pueblo.

Este es el desafío de los jóvenes de hoy, quienes, con su propio estilo, ser protagonistas del presente, del aquí y del ahora. La Patria, más que nunca, los necesita.

Cuarto, cuidar la soberanía hoy. Hoy la soberanía se defiende fortaleciendo la democracia, exigiendo transparencia, garantizando educación de calidad, salud, trabajo digno y respeto a nuestra identidad y diversidad cultural.

Quinto, trabajar por la unidad. El 9 de enero unió al país. Hoy su enseñanza nos llama a superar la polarización y a recordar que Panamá es más grande que cualquier interés personal o partidista.

Para quienes tenemos fe, esta fecha nos recuerda que el mal no tiene la última palabra. Creer en Dios no nos aleja de la historia; nos compromete con ella. La fe nos impulsa a construir justicia, a trabajar por la paz y a amar a la Patria con obras y no solo con palabras.

Que esta conmemoración renueve en nosotros el amor a Panamá, la sensibilidad ante los excluidos y el compromiso firme de defenderla siempre.

Desde este lugar emblemático, pedimos a Dios que renueve en nosotros el espíritu de aquellos jóvenes que no se conformaron, que no se rindieron, que creyeron que Panamá merecía ser plenamente libre y soberana. Y que este Nido de Águilas siga dando al país hombres y mujeres con conciencia clara y corazón valiente para construir el Panamá que todos soñamos.

La Iglesia en Panamá, como entonces, seguirá caminando con su pueblo, alzando su voz frente a la injusticia y buscando caminos de encuentro, perdón y reconciliación.

Con fe cristiana y orgullo patriótico, elevamos nuestra oración por nuestros mártires: Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Amén.

Que el aplauso que hoy ofrecemos no sea solo recuerdo, sino compromiso vivo, para que la sangre derramada el 9 de enero siga fecundando un Panamá más justo, más digno y fraterno.

¡Vivan los mártires del 9 de enero! ¡Viva el Instituto Nacional! ¡Viva Panamá!

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A. ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Arquidiócesis de Panamá creada el 9 de septiembre de 1513 es la Iglesia más antigua en tierra firme y madre de las Iglesias particulares existentes hasta ahora en la república de Panamá.