Casa Hogar El Buen Samaritano abraza con fe y esperanza a las víctimas del VIH/Sida

En un ambiente de oración, memoria y solidaridad, la Casa Hogar El Buen Samaritano celebró este sábado la Vigilia Internacional por las Víctimas del VIH/Sida, reuniendo a voluntarios, colaboradores, familiares y personas comprometidas con la defensa de la dignidad humana y el acompañamiento de quienes viven con esta condición, este sábado 17 de mayo.
La jornada inició con un momento de alabanza dirigido por el Padre Jamed Pacheco y culminó con la celebración de la Eucaristía presidida por el padre Domingo Escobar, quien hizo un fuerte llamado a combatir el estigma, la discriminación y la
indiferencia que todavía enfrentan muchas personas portadoras del VIH.
Durante su reflexión, el Padre Escobar lamentó que, pese a los avances médicos y las campañas de sensibilización, continúen existiendo casos de exclusión y rechazo hacia quienes viven con el virus. “Todavía encontramos personas que son apartadas, rechazadas o tratadas como una amenaza. Eso es imperdonable y no puede seguir ocurriendo”, expresó.
El Padre Domingo compartió el caso reciente de un trabajador discriminado en su empresa luego de revelar que tomaba medicamentos antirretrovirales. Explicó que incluso tuvo que intervenir personalmente para aclarar que convivir o trabajar con una persona con VIH no representa peligro alguno.
“Me tomé una foto abrazándolo para que entendieran que no había nada que temer. Si yo no le tenía miedo ni rechazo, ellos tampoco debían tenerlo”, manifestó.
Asimismo, insistió en que el VIH sigue siendo un tema que necesita mayor humanización, educación y comprensión social, señalando que muchas familias todavía esconden el diagnóstico por temor al rechazo. “Mientras más hablemos del tema, más ayudaremos a derribar prejuicios y silencios que destruyen vidas”, afirmó.
También alertó sobre el aumento de casos entre jóvenes menores de 40 años, especialmente en Panamá Centro, Panamá Oeste, Colón y áreas comarcales, destacando que muchas personas aún desconocen su condición de salud.
Según explicó, uno de los mayores desafíos continúa siendo la detección temprana y el acceso equitativo a tratamientos médicos, particularmente en comunidades apartadas.
“Lo peor es tener la enfermedad y no saberlo. Mientras más rápido se detecte, más pronto puede iniciarse el tratamiento y mejorar la calidad de vida”, señaló.
El sacerdote subrayó además que hoy los tratamientos permiten que las personas puedan vivir con dignidad y esperanza, reiterando que nadie debería morir a causa del Sida por falta de atención, medicamentos o acompañamiento.
Durante la Vigilia, el Padre Jamed Pacheco destacó el profundo sentido humano y cristiano que sostiene esta obra de la Iglesia, recordando que el acompañamiento a los enfermos nace del mandato evangélico del amor al prójimo.
“La Iglesia siempre ha descubierto en la proximidad con el enfermo del VIH Sida y con todos los enfermos del mundo la necesidad de mostrar el amor. Toda la síntesis de la fe que profesamos en el Señor se concreta en el amor al prójimo”, recalcó.
Afirmó que la misión de acompañar a quienes viven con esta realidad exige una Iglesia cercana, empática y llena de esperanza. “El mundo necesita cada día más cristianos amorosos, llenos de Dios, que hagan que el dolor sea mitigado por la fuerza de la fe”, advitió.
Asimismo, dirigió un mensaje especial a las personas diagnosticadas con VIH/Sida, animándolas a no sentirse solas en medio de las dificultades.

“A ti que estás atravesando un diagnóstico de VIH Sida quiero recordarte que no estás solo. Dios se entregó por amor a ti y ese amor también puedes descubrirlo en la Iglesia, en los amigos y en la familia. Nosotros también estamos para ti. Ánimo, fuerza, Dios está contigo”, expresó el padre Pacheco.
La Vigilia Internacional por las Víctimas del VIH/Sida se realizó en la sede de la Casa Hogar El Buen Samaritano, en Juan Díaz, y estuvo acompañada por gestos concretos de solidaridad mediante la donación de artículos de limpieza y alimentos secos para los residentes de esta obra social y pastoral que, desde hace más de cuatro décadas, acompaña a personas afectadas por esta condición.
Panamá, 16 de mayo de 2026.





