La Resurrección se hace visible en una vida transformada

La Resurrección se hace visible en una vida transformada

La Iglesia Arquidiocesana en Panamá celebró la Vigilia Pascual, la noche más importante de la fe cristiana, en la Catedral Basílica Santa María la Antigua, este sábado 4 de abril, iniciando con el rito del fuego nuevo en el atrio del Convento de Santo Domingo, donde se encendió el Cirio Pascual como signo de Cristo resucitado que vence la oscuridad.

La celebración, marcada por el paso de la oscuridad a la luz, reunió a cientos de fieles en un ambiente de profundo recogimiento, donde la proclamación de la Palabra y la renovación de las promesas bautismales recordaron que la Pascua no es solo un acontecimiento que se contempla, sino una realidad que transforma la vida.

En este contexto, la homilía del arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., se convirtió en el centro del mensaje de la noche, al afirmar con claridad que la Resurrección no puede quedarse en una afirmación teórica, sino que debe hacerse visible en la vida concreta de cada persona.

“Esta es la noche en la que el cielo se abre para siempre… la noche en que Cristo rompe las cadenas de la muerte y devuelve la esperanza a la humanidad”, expresó el arzobispo de Panamá, subrayando que desde este momento nada puede cerrar el acceso a la gracia de Dios ni arrebatar la esperanza que ha nacido con la Resurrección.

El arzobispo Ulloa insistió en que la fe pascual exige coherencia, señalando que no basta proclamar que Cristo vive si esa verdad no se refleja en la vida diaria. “La certeza de la Resurrección no es la tumba vacía, es una vida transformada… es el corazón que vuelve a amar, el que se levanta, el que comienza de nuevo”, afirmó.

En su reflexión, planteó una de las preguntas más interpelantes de la celebración: “¿Se nota en tu vida que Cristo ha resucitado?”, invitando a los fieles a revisar su forma de vivir, de perdonar, de relacionarse y de enfrentar las dificultades.

Monseñor Ulloa explicó que la Resurrección se hace visible en gestos concretos, cuando alguien decide perdonar en lugar de guardar rencor, cuando una relación herida comienza a sanar, cuando se elige la paz en medio de la violencia, o cuando una persona que ha caído encuentra la fuerza para levantarse. “No es una idea… es una vida nueva que comienza”, sostuvo.

Asimismo, destacó que Cristo no se encuentra en lo superficial, sino en la vida real; en la comunidad, en la Eucaristía, en los sacramentos, en los pobres y en lo más profundo del corazón que se abre a Dios. Por ello, exhortó a no buscar “entre los muertos al que vive”, sino a descubrirlo en la propia historia cotidiana, en lo que llamó “la Galilea de cada uno”: la familia, el trabajo, la comunidad.

Monseñor Ulloa también subrayó que la Pascua implica una decisión concreta; dejar atrás lo que oscurece la vida y optar por la luz. En ese sentido, la renovación de las promesas bautismales fue presentada no como un gesto repetido, sino como una opción real por vivir como hijos de Dios, renunciando al pecado y caminando en la verdad.

“La verdadera prueba de la Resurrección no es el sepulcro vacío, es el corazón transformado”, reiteró, añadiendo que cuando esa transformación ocurre, incluso el mundo, “aunque sea en silencio, comienza a creer”.

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue la intervención de los niños, quienes, como parte de su proceso catequético, protagonizaron un momento profundamente pedagógico y espiritual. A través del canto inspirado en la tradición judía del Ma Nishtaná, formularon preguntas que interpelaron a toda la asamblea: “¿Por qué esta noche es diferente de todas las otras noches?”. Sus voces, sencillas pero llenas de sentido, recordaron que esta es la noche de la espera, de la liberación y de la acción de Dios en la historia.

A través de la catequesis que siguió, se explicó que esta vigilia es una noche para permanecer despiertos, atentos al paso del Señor, así como el pueblo de Israel esperó su liberación de Egipto. Una noche en la que también hoy los creyentes esperan que Cristo pase por sus vidas, liberándolos de sus propias esclavitudes: el pecado, el egoísmo, la falta de perdón, la indiferencia.

Se continuó con la Liturgia de la Palabra, en la que se recorrió la historia de la salvación, desde la creación hasta la Resurrección, recordando que todo converge en Cristo y alcanza en Él su plenitud.

La Vigilia Pascual concluyó con la celebración de la Eucaristía, en la que se proclamó que Cristo está vivo y presente en medio de su pueblo, no como un recuerdo del pasado, sino como el Viviente que sigue actuando en la historia.

Con este mensaje, la Iglesia en Panamá reafirma que la Pascua no es solo una celebración litúrgica, sino un llamado a vivir una fe que transforme la vida personal, las relaciones y la sociedad.

Panamá, 4 de abril de 2026.

 


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