HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CREACIÓN DE LA PROVINCIA AGUSTINIANA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS – PANAMÁ

HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CREACIÓN DE LA PROVINCIA AGUSTINIANA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS – PANAMÁ

Mons. José Domingo Ulloa Mendieta OSA, arzobispo de Panamá
Basílica Menor Santa María la Antigua, Domingo 1 de febrero de 2026

Hermanos y hermanas,
Hoy mi corazón está lleno de gratitud y de alegría. Alegría por celebrar esta Eucaristía, que es siempre la fiesta del Señor resucitado, pero que hoy adquiere un significado profundamente especial.

Alegría, además, por ser obispo y por ser agustino, porque el Señor me ha regalado la gracia de ver con mis propios ojos cómo una pequeña semilla, sembrada con humildad y esperanza, ha ido creciendo con el paso del tiempo, hasta convertirse —como nos dice el Evangelio— en un gran árbol, capaz de dar sombra, cobijo y frutos abundantes para la Iglesia.

No fue una semilla plantada en terreno fácil. Fue sembrada con sacrificio, regada con entrega silenciosa, cuidada en medio de dudas y de noches largas. Pero era semilla de Dios. Y cuando Dios siembra, Él mismo se encarga de hacer crecer.

Por eso hoy nuestra alegría es mayor al celebrar la creación de la Provincia del Sagrado Corazón de Jesús, hija de la Provincia Matritense y de la Provincia de San Juan de Sahagún.

No estamos celebrando un punto de llegada, sino una nueva etapa en el crecimiento del árbol: el momento en que la semilla entra en madurez y se prepara para dar fruto que permanezca.

Una historia que no comienza hoy
No podemos olvidar —y no queremos hacerlo— que la presencia agustiniana en Panamá no es reciente ni circunstancial. No nace de una moda ni de una decisión improvisada. Se hunde, más bien, en los orígenes mismos de la evangelización del Istmo.

Apenas un siglo después del descubrimiento del Istmo y ochenta y seis años después de fundada la ciudad de Panamá, era nombrado obispo de esta Iglesia Fray Agustín de Carvajal, agustino y delegado al Capítulo General de la Orden en 1605. Él consagró la primera Catedral de Panamá, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, cuyas ruinas aún contemplamos en Panamá Viejo, como testigos silenciosos de una fe que echó raíces profundas. Fundó el primer Seminario San Agustín.

Después de él, la Iglesia panameña fue pastoreada por Fray Juan de Argüelles, de la Provincia de Nuestra Señora de Gracia del Perú, quien gobernó la diócesis entre 1699 y 1714 y dejó una huella imborrable al fundar, en 1702, el Hospital Santo Tomás de Villanueva, donde el Evangelio se hizo carne en el cuidado de los enfermos y de los pobres.

Más tarde, fue designado obispo Fray Diego Salinas y Cabrera, quien, aun sin llegar a tomar posesión efectiva, forma parte de esa cadena de pastores agustinos llamados a servir a esta Iglesia.

En el siglo XVIII, otro hijo de esta tierra, Fray José Luis de Lila y Moreno, profeso de la Provincia de Gracia del Perú, fue ordenado obispo, mostrando que la semilla agustiniana no solo venía de fuera, sino que también daba fruto en vocaciones nacidas en suelo panameño.

Ya en tiempos más cercanos, la historia volvió a entrelazar el camino de la Iglesia panameña con el carisma agustiniano. En 2003, este servidor fue ordenado obispo para servir como auxiliar de esta Arquidiócesis y, más tarde, como Arzobispo de Panamá. Años después, Manuel Ochogavía Barahona, formado en el Seminario San Agustín, fue llamado al episcopado como Obispo de Colón–Kuna Yala.

Así, generación tras generación, las raíces agustinianas se fueron extendiendo silenciosamente bajo la tierra, no buscando protagonismo, sino sosteniendo la vida de la Iglesia y preparando —sin saberlo— el momento que hoy celebramos.

Antes de ser Provincia: un periplo misionero sembrado de vocaciones
Antes de ser Provincia, fuimos semilla. Pequeña, frágil, confiada a esta tierra con esperanza. Una semilla que creció no por la fuerza de las estructuras, sino por la respuesta generosa a una intensa llamada vocacional.

Y aquí, como panameño y como pastor de esta Iglesia, quiero decirlo con emoción y gratitud: si ha existido un “secreto” en esta historia agustiniana en Panamá, ha sido el amor sincero de estos hermanos por la Iglesia y por el pueblo panameño.

Desde el primer momento supieron inculturarse. Llegaron como hermanos. Amaron nuestras tradiciones, caminaron nuestros pueblos, compartieron nuestra mesa. Amaron nuestra cultura, nuestra mesa, nuestra manera de ser…tanto que hoy no nos extraña verlos comer tamales con verdadero gusto—y hasta superar con nota alta la prueba final tomar chicha de nance— porque cuando uno ama de verdad, termina saboreando lo que el otro ama.

Queridos hermanos agustinos especialmente a los que han sido fundadores de lo que hoy celebramos gracias porque desde los inicios, ustedes creyeron en Panamá, apostaron por Panamá y por los panameños. Y lo hicieron sin dejar de ser lo que eran, sin perder su identidad española y agustiniana, sino enriqueciéndonos mutuamente, dejando que el carisma se hiciera carne en esta tierra. Esta historia tiene un hilo conductor claro: Dios llamó, y hubo quienes respondieron.

Letanía de gratitud
Rafael del Valle
Marceliano García
Francisco Iturbe
David Renedo
Félix Valenzuela
Edelmiro Mateos
Tomás Sánchez
Fernando Valenzuela
Julio de la Calle
Francisco Galende
Andrés Pallarés
Buenaventura Pérez
José Majadas
José Laín
José Luis Ledesma
Guillermo Rubio
Manuel Calle
Ramón Villacorta
Miguel Ángel Keller
Nelson Da Fonte
José Luis Belver
Venancio Revilla
Rafael Alonso
Gabriel Recuero
Ángel Jorge
Francisco Ávila
Francisco Partida
Jesús Torres
Miguel Guerra
José Alberto Escobar
Juan José Sánchez
Luis Francisco Andrés
Vicente Martín
Fabián Cerezal

A ellos se ha unido, con esperanza, la pléyade de vocaciones panameñas, signo de que este árbol no solo fue trasplantado, sino que echó raíces propias en esta tierra. Por eso hoy tenemos mucho que celebrar, no solo un paso administrativo, sino un camino de fidelidad recorrido con paciencia.

Hemos sido Delegación desde 1967, aprendiendo a caminar con sencillez. Hemos crecido como Vicariato desde 1995, afianzando la misión y la comunión. Y hoy, por gracia de Dios, vemos nacer la Provincia del Sagrado Corazón de Jesús de Panamá, como signo de madurez, confianza y envío misionero.

Gratitud fraterna a los Agustinos Recoletos
Antes de continuar, es justo —y profundamente evangélico— elevar una palabra de gratitud sincera a nuestros hermanos Agustinos Recoletos.

Desde los primeros pasos de la presencia agustiniana en Panamá, ellos ofrecieron acogida fraterna, apoyo concreto y una cercanía que fue mucho más que colaboración institucional: fue verdadera comunión agustiniana.

Compartieron casas, caminos, desafíos pastorales y esperanzas. Nos tendieron la mano cuando la semilla era pequeña y frágil, y caminaron con nosotros sin reservas, mostrando que el carisma de san Agustín se vive siempre en clave de fraternidad.

Su presencia fecunda en esta Iglesia —en parroquias, colegios, y obras de evangelización— ha sido y sigue siendo un testimonio luminoso de amor a la Iglesia y al pueblo panameño.

Hoy, al nacer esta nueva Provincia, reconocemos con gratitud que parte de sus raíces están también regadas por la generosidad y el testimonio de los Agustinos Recoletos.

Un testimonio que nos marca: Moisés González Crespo
Entre tantos nombres, uno nos toca de manera especial el corazón: Moisés González Crespo. El hombre que, cruzando donde no había puente, quiso ser puente de vida y esperanza para los más pobres.

Su vida y su muerte nos recuerdan que el Evangelio se anuncia también con la propia vida entregada, y que la misión, cuando es auténtica, siempre cuesta, pero siempre da vida.

Ser Provincia: del cuidado a la responsabilidad
Ser Provincia no es un título honorífico. Es pasar de la tutela a la responsabilidad. Es asumir con madurez la misión recibida.

La Orden ha confiado. La Iglesia espera. El Espíritu envía. Y no es casual que esta nueva Provincia esté confiada al Sagrado Corazón de Jesús. Su Corazón es la savia que mantiene vivo el árbol, la fuente de la que brotan la fidelidad al carisma, la comunión fraterna, la profundidad espiritual y la creatividad misionera.

Gratitud a la Orden y al Capítulo
Antes de concluir, deseo expresar —en nombre de esta Iglesia particular y de toda la familia agustiniana que peregrina en Panamá— nuestra gratitud profunda y sincera por la presencia fraterna del Prior General de la Orden, Joseph Farrell OSA.

Su cercanía en este momento histórico es un signo elocuente de la comunión viva de toda la Orden con esta nueva Provincia, y una confirmación de que el camino recorrido ha sido discernido, acompañado y confiado al Espíritu. Su presencia nos anima a seguir caminando con fidelidad al carisma de san Agustín, en comunión con la Iglesia y al servicio del Pueblo de Dios.

Agradecemos también al Capítulo General de la Orden, lugar de discernimiento, oración y escucha del Espíritu, donde fue aprobada la creación de la Provincia del Sagrado Corazón de Jesús de Panamá.

Un reconocimiento especial a quienes, desde su servicio como Superiores Mayores, acompañaron y sostuvieron este proceso con visión, discernimiento y confianza: al padre Miguel Ángel Orcasitas, ex General de la Orden y Provincial de la Provincia Matritense; al padre Carlos José, ex Provincial, y al padre Domingo Amigo, de la Provincia de San Juan de Sahagún.

Su presencia hoy nos recuerda que esta Provincia no nace aislada, sino engendrada por la comunión, sostenida por la confianza de la Orden y enviada para servir mejor a la Iglesia.

Y, junto a ellos, expresamos nuestra gratitud fraterna a los hermanos agustinos que han venido desde diversas latitudes de América Latina, desde las circunscripciones de la OALA. A nuestros hermanos agustinos recoletos, a cada uno de ustedes fraternidades agustinianas y laicos que nos acompañan en nuestras diversas presencias. Colegio, misión y parroquias. Su presencia es un gesto elocuente de cercanía y de unidad; nos dice que esta nueva Provincia nace abrazada por la familia agustiniana, acompañada por la oración, la experiencia y el afecto de toda la Orden.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 


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