Un rincón de Lourdes en el corazón de la Arquidiócesis fue lugar de consuelo, gratitud y fe

Un pequeño rincón de Lourdes en el corazón de la Arquidiócesis de Panamá se convirtió, este 11 de febrero, en un lugar de consuelo, gratitud, fe y esperanza, en el marco de la Solemnidad en honor a Nuestra Señora de Lourdes, patrona de los enfermos. El templo parroquial de Carrasquilla, acogió a miles de fieles devotos que participaron en la Solemne Eucaristía presidida por el Cardenal José Luis Lacunza Maestrojuán, O. A. R., obispo emérito de la Diócesis de David.
Desde los primeros destellos efímeros del alba los devotos se congregaron para el rezo del Santo Rosario, el canto de las tradicionales mañanitas y esa ofrenda de rosas, como expresión de gratitud por los favores recibidos. Durante la celebración de la Eucaristía se administró el Sacramento de la Unción de los Enfermos, como un signo de fortaleza, consuelo y alimento espiritual a quienes atraviesan momentos de enfermedad y a quienes les cuidan.
En su homilía el cardenal Lacunza, afirmó que esta advocación mariana de Nuestra Señora de Lourdes está profundamente unida al sufrimiento humano, a la fragilidad del cuerpo y a la esperanza que nace de la fe. Subrayó que el mensaje de Lourdes, en el silencio elocuente dirigido a santa Bernardita, es una invitación a escuchar a Dios, confiar en su misericordia y no perder la esperanza, incluso en medio de la enfermedad o de la cruz.
Citando al Papa Francisco, el cardenal Lacunza recordó que “atender a un enfermo en casa, es como tener al ‘Santísimo’, cuando se tiene esa oportunidad de cuidar, de acoger, de acompañar y de consolar a quien sufren”. Añadió que, los médicos, enfermeros, familiares, agentes pastorales y voluntarios, que participan de una misma vocación, “son signos visibles de la compasión de Dios cuando el cuidado se vive con respeto y ternura, este se convierte en un verdadero acto de esperanza, para quienes viven la enfermedad”.
Asimismo, destacó que esta Jornada Mundial del Enfermo, constituye una llamada concreta del Papa León XIV a no abandonar, ni dejar solos a quienes sufren, a no “mirar hacia otro lado”, como el levita y el sacerdote de la parábola, sino a construir relaciones que sanen. Bajo el lema “La compasión del samaritano: Amar, llevando el dolor del otro”, invitó a volver la mirada haca quienes viven la experiencia del sufrimiento, no como una realidad marginal, sino como el lugar donde Dios se hace cercano.
El purpurado recordó que la enfermedad no es solo una prueba física, es también espiritual y relacional, en la que se pone a prueba la esperanza, la fe y la confianza; sin embargo, es precisamente allí donde puede darse un profundo encuentro con Dios, con los demás y con uno mismo, pues el sufrimiento acompañado y acogido puede convertirse en un espacio de gracia.
El P. Alejandro Goulbourne, párroco del templo parroquial desde hace 12 años, explicó que el lema de esta Jornada interpela a los cristianos a asumir la actitud del Buen Samaritano. Señaló que uno de los pecados más frecuentes es el de omisión, cuando pudiendo hacer el bien o practicar la misericordia, muchos lo postergamos, “un compromiso que nos corresponde realizar diariamente”, afirmó.
La parroquia celebra, desde hace casi cuatro años, la Eucaristía por los enfermos los 11 de cada mes. El P. Goulbourne destacó que se trata de “una experiencia profunda de fe, un gran misterio que se vive; es algo especial al que acudes enfermos, quienes les cuidan, médicos y enfermeros de muchísimas parroquias de la Arquidiócesis, que van creando un ambiente maravilloso y conmovedor”. Compartió además una vivencia significativa, tras visitar a un paciente entubado con escasas posibilidades de vida, a quién meses después lo encontró de pie participando en la Santa Misa y recibiendo la Sagrada Comunión, testimonio que le marcó profundamente su ministerio sacerdotal.
La señora Viveika De Williams, de la Pastoral de la Salud de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, relató su experiencia como cuidadora de sus familiares enfermos durante muchos años. “Fue una tarea exigente, pero la realizaba con alegría, pidiendo a Dios la fortaleza cuando el cansancio era grande. Hoy, servir en la pastoral me llena de felicidad cada vez que llego a un hogar”, expresó. Añadió que esta misión la ha ayudado a crecer en paciencia y amor, reconociendo que el cuidado del enfermo requiere entrega constante y profunda confianza en el Señor.
A las 4:30 de la tarde, la imagen peregrina de Nuestra Señora de Lourdes recorrió las calles aledañas al templo, acompañada de cientos de fieles. Pétalos de rosas, cantos marianos y expresiones de devoción marcaron el paso de la procesión. A su regreso, fue recibida con plegarias y fuegos pirotécnicos, en un ambiente de júbilo y profunda fe.
La festividad inició el 1 de febrero con la bendición e inauguración de la nueva gruta dedicada esta advocación mariana, celebrada por monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá, ubicada en la parte frontal del templo. El 8 de febrero realizaron la feria familiar, reafirmando así ese compromiso de la Iglesia de acompañar con misericordia a los enfermos y a quienes los cuidan.
Durante los nueve días de la Novena en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, registró una asistencia masiva de fieles, familias, personas enfermas, cuidadores de enfermos y personal de salud que acudieron para orar, en busca de fortaleza y agradecimiento.
Panamá, 11 de febrero de 2026.
SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES – MISA DE CLAUSURA
MISA POR LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
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