La familia de sangre y de fe despide a una extraordinaria mujer católica, Cecilia Hernández de Alvarado

La familia de sangre y de fe despide a una extraordinaria mujer católica, Cecilia Hernández de Alvarado

PANAMÁ. 31 DE ENERO DE 2020.    “La familia de sangre y de fe despiden a  una extraordinaria mujer católica que se entregó hasta desgastarse,  expresó el Arzobispo de Panamá, monseñor José D. Ulloa Mendieta, en las honras fúnebres Cecilia Hernández de Alvarado (q.e.p.d.), realizadas en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, este viernes 31 de enero.

Añadió, celebramos la vida eterna de nuestra hermana Cecilia, cada uno conservamos recuerdos de su vida y por eso lloramos pero lo que debemos recordad más de ellas es siempre su rostro sonriente.

Según el Arzobispo de Panamá,  en medio del dolor también debemos aprender la última lección de Cecilia, que ella nos enseña a que todos estamos destinados a morir y que esta es la misión que todos debemos de cumplir.

Nuestra hermana Cecilia, fue intensamente creyente de Dios y su Iglesia, así durante su vida se encargó de inculcárselo a su familia; ella fue la brújula de su caminar diario.

Se preparó para este viaje como debemos hacerlo cada uno de nosotros; ser testimonio, ser buena hija, hermana, una buena esposa, buena madre y una buena mujer de fe, destacó monseñor Ulloa.

“En medio del dolor hay que agradecer el espacio de tiempo que el Señor les permitió compartir con ella”, indicó el Arzobispo de Panamá.

En la misa de despedida de los restos mortales de Cecilia Hernández de Alvarado, participaron también el Obispo de la Diócesis de Chitré y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, monseñor Rafael Valdivieso Miranda, sacerdotes, religiosas y diáconos así como un centenar de fieles.

Palabras del Diácono permanente, Roque Alvarado, esposo de Cecilia Hernández:

“Agradezco a cada uno de ustedes por sus palabras, sus oraciones y su compañía en estos momentos difíciles de la vida de mi esposa y agradezco a Dios por conocerla” dijo.

Como pareja y familia fuimos entendiendo que en la vida lo más importante es tener a Dios como el centro de todo, sostuvo el diácono Alvarado.

“Entre más participaba de la Eucaristía, de las misas y con Jesús en el Santísimo, en mi corazón salía un amor hacia Dios muy grande pero era un amor que le confesaba a Cecilia siempre; que al estar en la presencia del Señor, él me pedía que la amara y la quisiera y que mis hijos crecieran como cristianos”, recordó.

El diácono Roque Alvarado, contó que fue una tremenda esposa y una tremenda madre, se desvivía por nosotros pero muy especialmente por las cosas de la Iglesia; ella en todos los proyectos me apoyo tanto espirituales como materiales.

Tenía un corazón tan grande que hoy le doy gracias a Dios porque logro entender, el por que Cecilia nunca podía ahorrar; ella siempre ayudaba al que más necesitaba; estuvo también pendiente del Seminario Mayor San José; y  “cuando íbamos de compra  me decía vamos a comprar esto para la Iglesia, no escatimes en dar lo mejor al Señor porque él siempre provee”, recordó.

Agradezco al Señor por darme a Cecilia,  por sus hijos, por su familia y por su Iglesia Católica la cual amo y en la cual Dios me permitió consagrarme como diácono permanente, señaló Alvarad

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