Testimonio – Joven rehabilitado de centro penitenciario

Testimonio - Joven rehabilitado de centro penitenciario

“¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer que tú me mandas?” Fue la pregunta que hizo san Pedro Nolasco a nuestra Virgen María cuando recibió la consigna de crear una orden que defendiera y ayudara a las minorías olvidadas y cautivas.
Este día he venido a dar un testimonio y mensaje de fe a mis compañeros privados de libertad de Panama y del mundo entero.

Cuando era pequeño siempre quise hacer mi primera Comunión y ser miembro de la Iglesia Católica. No pude por razones varias: la edad, entorno social y más. Estando en el centro penitenciario de la Nueva Joya, por un error que cometí, tuve la oportunidad de realizar mi sacramento en una misa presidida por nuestro Arzobispo, Monseñor JOSÉ DOMINGO ULLOA.

El haberme acercado a la Iglesia me llenó de esa fe que después de haber sido condenado, había perdido y que me tenía en resignación al encierro, sin esperanzas de luchar por mí.

Resulta que allá dentro ¡también hay una vida que hacer y llenar de trofeos! Méritos que alcanzar para acercarse a la salida. Para ser visto y al mismo tiempo promovido por esos guerreros y guerreras que diosito mandó para cuidarnos y tratarnos en las carencias con las que llegamos.

Custodios, policías, funcionarios y personal administrativo que, día a día, dan parte de sí mismos, por ayudarnos a cambiar.

Yo quiero felicitar al Ministerio de Gobierno, al Sistema penitenciario y a la Pastoral Penitenciaria por su ardua labor para con nosotros.
Pero a la vez quiero hacer un llamado que llegue a lo más alto de los dirigentes. Le pido a mi virgencita de las Mercedes igual que como lo hizo con san Pedro Nolasco: ¿para qué estoy esta mañana delante de ustedes, sino es para suplicar por los cautivos de los cuales yo también soy uno?

Cuando llegamos a los centros penitenciarios vamos llenos de carencias por arreglar y deficiencias en nuestra persona que deben ser corregidas.

Pero nos damos cuenta que hay carencias para con nosotros también: los privados de libertad no somos bestias sin sentimientos solo por haber cometido errores. El cometer errores es lo que nos hace humanos. Ante todo somos hijos de Dios.

Y esta mañana quiero pedir que se atiendan esas necesidades allá dentro (cárceles) como son: salud, educación, recreación, atención psicológica y psiquiátrica, ya que hay muchas personas a quienes las cuatro paredes han dañado sus capacidades. Y otras que sufren de enfermedades cognitivas y mentales y no hay programas para atender esos perfiles.

La resocialización es importante para la integración a la sociedad y de esa manera poder crear un mundo mejor.

Y a mis compañeros les quiero decir que no pierdan la fe, hay una familia que nos espera por la cual tenemos que ser fuertes. Que cambiemos para bien y aprovechemos el tiempo en el penal en educarse para la vida y servir de ejemplo en el futuro para que la sociedad no se descarrile.
Al Gobierno de Panamá le pedimos oportunidades después de salir de una cárcel. Para demostrar que el cambio sí es posible. Demostrar que todo el esfuerzo que los maestros, psicólogos y trabajadores sociales han hecho con nosotros, sí vale y tiene resultados favorables para el cambio de cada ser.

Y quiero agradecer por esta oportunidad que me brindan de ser voz de tantos hombres y mujeres que están privados de libertad y los que como yo ya gozamos de libertad.

Pedir para que la pandemia termine pronto, para que las visitas, escuela y trabajos en los centros penales puedan ser retornados a la normalidad.
Pido de la siguiente manera: NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A USTED. AMÉN.
R.A.

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