REFLEXIÓN RESPONSORIO POR LOS FIELES DIFUNTOS, ESPECIALMENTE LOS FALLECIDOS EN LA PANDEMIA

REFLEXIÓN RESPONSORIO POR LOS FIELES DIFUNTOS, ESPECIALMENTE LOS FALLECIDOS EN LA PANDEMIA

Catedral Basílica Santa María la Antigua. Lunes 2 de noviembre de 2020.

Nos reunimos esta tarde en oración para hacer memoria de los hermanos y hermanas que nos han dejado en este tiempo de pandemia; para dar gracias por sus vidas, y para pedir al Dios de la misericordia que los tenga junto a sí en el gozo de su Reino Eterno.

Nuestra oración es también por sus familias para que reciban el don del consuelo, y por todos los que ha sufrido los efectos de este virus, los que han pasado por la enfermedad así como los que sufren y sufrirán sus consecuencias.

Lo hacemos en el inicio del mes de la patria y en la conmemoración del día de todos los fieles difuntos. Fiestas patrias que “representan el preludio de las celebraciones del bicentenario del país.

Hacemos memoria de los lejanos años de 1821 y 1903 cuando nuestros próceres de la Patria se reunieron en esta misma Catedral para encomendar a Dios, a la patria que nacía y a las personas que en ella habitaban.

Esta patriótica tradición que conocemos como Te Deum se ha continuado cada año, porque todas las épocas de nuestra vida republicana, han tenido sus desafíos y sus crisis, de los que hemos podido salir adelante al tener a Dios en el centro de nuestras vidas.

Este año, a causa de la pandemia sanitaria, no celebraremos el Te Deum, como todos los años, pero no por ello dejaremos de honrar a nuestra Patria. Esta es la motivación que nos trae esta tarde, para orar por los próceres de nuestra historia pasada y actual; por los fieles difuntos, especialmente por quienes ya no están con nosotros a causa de la pandemia.

Representantes de las autoridades gubernamentales, de la sociedad civil, de las etnias y de las diversas comunidades de fe, nos congregarnos -sin ver nuestras diferencias políticas ni religiosas- para elevar juntos nuestras súplicas al Dios de la Vida, para que nos fortalezca, para que renueve nuestra esperanza y la fe que si es posible construir un mejor Panamá más justo, solidario y fraterno.

Es una ocasión propicia también para reconocer a los patriotas que han protegido y acompañado a nuestro pueblo en esta crisis sanitaria, y quienes han garantizado con su trabajo el funcionamiento de la sociedad:

1. Al personal sanitario, los grandes héroes de esta crisis: médicos, enfermeros/as, auxiliares y todos los funcionarios de hospitales, centros de salud que pese al riesgo de contagio y las extenuantes jornadas de trabajo, no han flaqueado en el cumplimiento del deber. Damos gracias por su coraje, por su entrega generosa.

2. A los voluntarios de diversas organizaciones sociales y comunitarias, entre ellas muchas comunidades eclesiales, que se han desvelado para que a nadie le falte el pan. Ellos han ofrecido su tiempo, en ollas comunes o repartiendo alimentos y otros enseres vitales en esta pandemia; a quienes han aportado recursos económicos, muchas veces con inmensa generosidad. Dios les bendiga por esa disponibilidad.

3. A los funcionarios públicos de las diversas instituciones gubernamentales que se han reinventado para atender las situaciones imprevistas, de carácter sanitario y de asistencia social. Que Dios les sostenga y acompañe siempre.

4. Un reconocimiento muy especial a los profesores, quienes en esta hora de la historia han sido creativos y dispuestos a asumir nuevas formas de enseñanza para garantizar la educación de la niñez y la juventud. Su vocación ha sido testimoniada. Dios les bendiga. Y a todos los sectores que se han mantenido sirviendo para aliviar los efectos de esta crisis sanitaria.

Gracias a las familias, que han asumido responsablemente el llamado a “quedarse en casa”, que ha sido una prueba intensa, porque en espacios reducidos han tenido que combinar y alternar, el estudio, la recreación y en muchos casos el tele trabajo. Ustedes son una generación que han tenido que habituarse a una nueva realidad familiar.

Y a nuestros adultos mayores, les alentamos a no perder la esperanza, sabemos que han sido afectados profundamente por la soledad, ante las limitaciones a visitas y encuentros familiares. Usemos las tecnologías, para acercarnos a ellos y acompañarlos. Recordemos que la familia es fuente, es refugio, es tierra fecunda, donde nos sentimos seguros.

Un duelo inconcluso
La Pandemia que enfrentamos tiene secuelas muy diversas que aún no podemos calcular. Sin duda están la dolorosa pérdida de vidas humanas; el sufrimiento por el temor al contagio y la soledad en que muchos, especialmente los adultos mayores, han tenido que sobrellevar en forma dramática.

Sabemos que la contención, el aislamiento y los cuidados exigidos por las autoridades de salud para evitar el contagio no permiten que al enfermo alguien le acompañe. Para su familia y amigos, la incertidumbre de esta realidad causa una desesperación y un temor muy grande, al dejar a un familiar o amigo en estas circunstancias, pues existe la posibilidad de no verlo nunca más.

Comprendemos que, al recibir la noticia de la pérdida de un ser querido a través de una llamada, causa un gran impacto emocional; que luego se agudiza, ante las limitaciones para realizar sus honras fúnebres.

Con esta celebración interreligiosa, queremos hacer nuestro ese sufrimiento, especialmente de los familiares de los casi 3 mil fallecidos por el COVID-19. No están solos, su duelo es nuestro duelo. Nuestro país también los ha perdido y la Patria llora su ausencia junto a ustedes. Esta oración comunitaria quiere ser un bálsamo ante este profundo dolor, que nos hermana y nos hace más solidarios.

Las otras pérdidas que sufrimos
Los habitantes de este país han sufrido otras pérdidas, que también nos duelen y que solo juntos podemos sobrepasarlas.

Hemos perdido la salud física y mental, el empleo, la familia, la paz, la confianza y especialmente la esperanza ante la incertidumbre del futuro que nos espera, al no haber una vacuna para contrarrestar el virus y las posibilidades de regresar a una cuarentena total si se da un rebrote. Estas son las pérdidas de muchas personas en este país, que está minando sus voluntades, causando frustración y desesperación.

El bicentenario puede cimentar la Patria
Esta liturgia de acción de gracias no desconoce estas realidades que hacen difícil la supervivencia de hermanos y hermanas a medida que pasan los meses.

Esta situación de pandemia nos da la oportunidad de reconstruir la Patria, recuperando nuestras raíces, la memoria histórica, la fraternidad y la esperanza.

Pronto se convocará a un diálogo nacional para llegar al “Pacto del bicentenario”, creemos que es el espacio propicio para plasmar juntos las bases con las cuales construir la Patria que soñamos, el Panamá que queremos.

Ello reclama la activa participación de toda la ciudadanía y una actitud que privilegie el diálogo y no la confrontación.

Hacemos un llamado a todos a involucrarse activamente en este proceso. E invito a todos a cultivar en esta hora los valores imprescindibles del diálogo democrático: la tolerancia, la escucha, el respeto sincero, la búsqueda de integrar las distintas visiones. Y por sobre todo, la firme voluntad de privilegiar el bien común que solo es pleno cuando protege y promueve la dignidad de quienes son más pequeños y vulnerables.

Esta es la hora del diálogo, de los acuerdos y de los proyectos concretos y viables, para gestar un nuevo pacto social para Panamá. Hay que garantizar la participación real de todos los sectores del país, incorporando aquellos que no han tenido la opción de aportar en los consensos nacionales. Esta legítima forma de participación debe garantizar una real participación de quienes han sido excluidos y pisoteados históricamente por una forma de desarrollo que ha privilegiado la concentración del poder y la riqueza en unos pocos, dejando en la exclusión y la pobreza a una gran mayoría.

Volvamos a la esencialidad de nuestra Patria, empecemos a derrumbar los muros que nos han ido separado; para construir puentes que permitan lograr deponer los intereses políticos, económicos, religiosos y personales, para hacer de Panamá un país con un desarrollo más humano, sustentable, en el que se respete la vida humana, la naturaleza y busque el bien común.

Volver la mirada a Dios
Pongamos este diálogo nacional, a los pies de Dios para nos conduzca por los senderos de la unidad en la reconstrucción de Panamá. Dejemos que Dios sea Dios; que tenga un lugar y una palabra que decir, en nuestra historia, como lo ha hecho desde el nacimiento de nuestra República.

Sin Él no podremos hacerlo, porque como decía el Papa Pablo VI “cuando el hombre construye un mundo sin Dios, ese mundo terminará por revertirse contra el hombre”. Somos testigos de tantas cosmovisiones, ideologías y doctrinas que, en el pasado remoto o reciente, aquí o en otras latitudes, creían que sus proyectos descansaban en un cierto señorío sobre la historia. Ha sido la misma historia que ha desmentido con lamentables hechos esa pretensión idolátrica y absurda que ha dejado en los caminos de la vida tantas víctimas inocentes, cuya voz clama al cielo. Solos no podremos salir de la pandemia. Solo juntos lo lograremos. Seamos conscientes de que aún queda mucho por hacer ante el peligro real de un rebrote. Cuidarnos y ser responsables es también una forma concreta de honrar las memoria de quienes se fueron a causa de esta pandemia.

 

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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