Homilía – Viernes 4 de septiembre de 2020 

Homilía - Viernes 4 de septiembre de 2020 

Servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios

Bien sabemos que en nuestra vida el ser es más importante que el hacer. Cada cristiano podemos hacer diversas cosas de acuerdo con el papel que hemos conseguido en la sociedad: dar clases, trabajar en una fábrica, jugar profesionalmente al futbol, dirigir el tráfico… San Pablo, en esta carta a los corintios, nos recuerda lo que somos todos los cristianos: “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”. Todas nuestras acciones derivarán de este nuestro ser, somos servidores de Cristo porque él nos llama amigos suyos y como le hemos reconocido como nuestro Dios y Señor, no sentimos y somos sus servidores. Nuestra vinculación con Cristo nos impulsa espontáneamente a ser sus servidores, es decir, a ponernos a su servicio y al servicio de su evangelio. Queremos proclamar a quien nos quiera oír que Jesús es Dios, y que es el que mejor nos ha mostrado el camino que lleva a la verdad y a la vida.

Jesús nos ha revelado y puesto en nuestras manos los misterios de Dios, las verdades que nos arrojan abundante luz sobre quién es Dios y su relación con nosotros. Nos ha nombrado sus administradores. Nos toca, como a cualquier buen administrador, ser fieles a esas verdades y trasmitirlas tal como las hemos recibido, porque son las que nos llevan a vivir con sentido y esperanza.

Nuestros ayunos 

Esta parábola llena de significado nos presenta por un lado el hecho de que el cristiano, una vez que ha decidido vivir de acuerdo al evangelio no puede ya tener los mismos patrones de vida, pues en muchas ocasiones estos serán incompatibles con el mensaje de Jesús.

La forma de enseñar de Jesús podría parecer desconcertante para sus seguidores, acostumbrados a sus maestros que citan la Ley y buscan el cumplimiento de todo. El modo de hablar de Jesús, que se dirige más al corazón, que utiliza el lenguaje de los sencillos, que retoma los dichos populares y les da nuevo significado va quedando metido en el corazón de los sencillos.

Escribas y fariseos desde el inicio de la predicación de Jesús buscan cuestionarlo y lo hacen con la ley en la mano, con las instituciones y tradiciones que guarda el pueblo celosamente.

La pregunta que nos describe San Lucas es muy especial porque las acusaciones son en torno a la oración y al ayuno. Si en algo se especializa San Lucas es en presentarnos a Jesús como el gran orante que buscan los momentos de silencio, intimidad y soledad para estar con Dios su Padre. Cada paso de Jesús, está precedido por un momento especial de oración. ¿Qué ha fallado entonces para que así lo acusen los escribas?

El ayuno y la oración son importantes para Jesús, pero no para esclavizar sino para dar vida, pero tienen que tener una interioridad y una espiritualidad importante.

Jesús retoma un dicho que quizás ya fuera popular, para sostener su enseñanza: “vino nuevo en odres nuevos”

El Reino de Dios solo puede entrar en un corazón nuevo dispuesto a obedecer a Dios desde lo profundo. Cuando hay una ausencia de Dios y el corazón está seco, no tiene sentido llenarse de ritos y oraciones para suplantar la soledad que sentimos.

La presencia de Jesús como el esposo, retoma una figura largamente querida en el Antiguo Testamento. Jesús es la personificación del amor conyugal que Dios Padre siente por su pueblo. Si verdaderamente se acoge esta palabra de amor dirigida al pueblo, el ayuno y la oración tendrán un sentido muy diferente.

No es la oración para llenar el vacío, es la oración que dialoga con el Amor que se hace presente en nuestro corazón. No es el ayuno para satisfacer el egoísmo y acallar la pasión, es la saciedad gozosa que produce el verdadero alimento que nos hace despreciar las migajas materialistas.

Cristo no está en contra de la oración o del ayuno, Cristo les da el verdadero significado a esa oración y a ese ayuno.

¿Cómo vivimos nosotros esa presencia de Dios en nuestras vidas? ¿Cómo brota la oración en nuestro corazón? Que sea por amor.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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