Homilía – Viernes 11 de septiembre de 2020

Homilía - Viernes 11 de septiembre de 2020

San Pablo en este pasaje nos explica por qué predica el evangelio, a cuya tarea dedicó toda la segunda parte de su vida. No ha brotado de él mismo, “por mi propio gusto”. No lo hace tampoco por soberbia para conseguir el aplauso de sus oyentes. Después del encuentro con Jesús camino de Damasco, después de que Jesús les explicara quién era y lo sublime de su mensaje, no tiene más remedio que predicar el evangelio, la mejor noticia que puede ofrecer a sus oyentes. “No tengo más remedio y !ay de mí si no anuncio el Evangelio”. Recibió este encargo del mismo Cristo. 

¿Qué paga recibe?  Su paga estriba justamente en poder anunciar el evangelio. Para él no hay mejor paga. Su gran gozo es predicar el evangelio para que llegue a cuantas más personas mejor y puedan gozar con la buena noticia. Después de lo dicho, comprendemos que a san Pablo predicar el evangelio le brota de lo más profundo de su corazón cristianizado. 

Y hace lo que sea para ganarse a todos, para que todos puedan disfrutar de la alegría del evangelio. “Siendo libre me he hecho esclavo de todos para ganar a todos. Me he hecho débil para ganar a los débiles, me he hecho todo para todos para ganar, sea como sea, a algunos”. 

Tres lecciones evangélicas 

Hoy tenemos una doble enseñanza. La primera estaría referida a descubrir nuestros propios errores. Somos humanos y como tales tenemos fallas, debilidades. Es pues necesario descubrirlas. 

La segunda enseñanza: No es fácil ayudar al hermano a salir adelante de sus debilidades. Requiere, como cuando hay que sacar una paja del ojo, mucho cuidado, mucho cariño, mucho amor y atención. 

De repente entre los noticieros y sus comentaristas aparece una preocupación por “la gente”, expresión que no sé específicamente a quien se refiere, porque se pierde en el anonimato sin ninguna persona en particular. Y la “gente” dice, y la “gente” escoge, y la “gente” prefiere. Y a veces estas elecciones y estas propuestas parecen tan absurdas que uno se pregunta por qué la “gente” ha elegido lo que no tienen ningún sentido. Después descubrimos, con asombro, que hay “directores de opinión”, manipuladores de masas y “anónimos” de las redes sociales que se encargan precisamente de eso: hacer creer a las personas que ellas están eligiendo lo que ellos les han puesto por delante.  

¿Quién guía a esta sociedad? ¿Por qué se adoptan posturas que parecen contrarias a nuestras costumbres y a nuestros ideales? Es una triste realidad que hay quienes se encargan de manipular y dirigir hacia sus fines comerciales, políticos y mercantilistas, el pensamiento de la sociedad. 

¿Cuáles son sus intereses? ¿Cuáles son sus ganancias? Tendremos que estar muy atentos para descubrir quiénes y por qué nos guían.  Ya Jesús, desde aquellos tiempos, entreveía que no siempre la “voluntad popular” es signo de democracia y que no siempre una abrumadora mayoría es signo de libertad. 

¿Cómo explicar el Domingo de Ramos con aquella multitud exaltándolo y alabándolo, si a los tres días se presenta esa misma multitud condenándolo y exigiendo su crucifixión? 

Hay guías, líderes que no se tientan el corazón para conducir a la perdición con tal de lograr sus propósitos. Jesús nos pone en alerta, sobre todo después de habernos presentado el camino verdadero a la felicidad, para que no nos dejemos guiar por esos ciegos. “Si un ciego guía a otro ciego caerán los dos en un hoyo”. 

Se acusa la falta de líderes, pero hay líderes que guían a la corrupción, a las falsas felicidades y al fracaso. Cristo es nuestro único líder y nuestro único guía. Dejémonos guiar por sus silbos amorosos para encontrar la verdadera felicidad. 

Por eso en este evangelio, Jesús nos da tres lecciones de sentido común y de sentido cristiano. La primera: No puede un ciego guiar a otro ciego, porque ambos caerán en el hoyo. La consecuencia es clara, tenemos que acercarnos a los que ven bien, a los que tiene luz. Ternemos que acercarnos a Jesús que es la Luz verdadera y quien va detrás de él no camina en tinieblas… y llegará a buen puerto. 

La segunda lección: Mejor acudir al maestro que al discípulo, que todavía está en época de aprendizaje. Consecuencia sencilla: Acudamos siempre a Jesús, nuestro Maestro, el que como es la verdad quiere mostrarnos la verdad de nuestra vida. 

Tercera lección: Hay que tener siempre los ojos claros, buena vista para distinguir una viga de una mota. Si uno tiene una viga en su ojo no puede ir a un hermano para quitarle una mota de su ojo. Consecuencia: tratemos de quitar nuestros propios defectos, nuestras vigas. Solo después podemos tratar de quitar los defectos, las motas de los hermanos. 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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