Homilía – San Pío de Pietrelcina

Homilía  -  San Pío de Pietrelcina

Cada Santa Misa, escuchada con devoción, produce en nuestras almas efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales que, nosotros mismos, no sabemos…¡Es más fácil que la tierra exista sin el sol que sin el Santo Sacrificio de la Misa!”  Padre Pío

¿Vino Cristo al mundo para sanar las enfermedades corporales? Desde luego, no. De haber sido así, habría que concluir que sólo cumplió su misión en una

ínfima parte; cuando se marchó, la mayor parte de los enfermos de la tierra no habían sido curados. Cristo curó algunas enfermedades del cuerpo; pero fue para anunciar el éxito de su verdadera misión: la sanación de las almas, enfermas de pecado.

Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.

También a los apóstoles les dio el Señor poder para curar enfermedades corporales, y fue con el mismo propósito: anunciar el perdón de toda culpa.

Tras la resurrección del Cristo, el poder de los sacerdotes es mayor que el que entonces tuvieron los apóstoles. A través del bendito sacramento de la Unción, los presbíteros unimos las enfermedades de los hombres a la Pasión de Cristo, y las convertimos en vida eterna. ¡Claro que también hoy son curados en su cuerpo algunos enfermos! ¡Si yo te contara! Pero ya no es ése el mayor de los milagros. El mayor de los milagros es alumbrar vida eterna en enfermos de cuerpo y de alma.

El Sacramento de la Unción de Enfermos confiere al cristiano una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez.

Se le conoce también como el “sagra viático”, porque es el recurso, el “refrigerio” que lleva el cristiano para poder sobrellevar con fortaleza y en estado de gracia un momento de tránsito, especialmente el tránsito a la Casa del Padre a través de la muerte.

Lo esencial del sacramento consiste en ungir la frente y las manos del enfermo acompañado de una oración litúrgica realizada por el sacerdote o el obispo, únicos ministros que pueden administrar este sacramento. 

La Unción de enfermos se conocía antes como “Extrema Unción”, pues sólo se administraba “in articulo mortis” (a punto de morir). Actualmente el sacramento se puede administrar más de una vez, siempre que sea en caso de enfermedad grave.

¿Qué es la Unción de Enfermos?

Es el sacramento que da la Iglesia para atraer la salud de alma, espíritu y cuerpo al cristiano en estado de enfermedad grave o vejez.

¿Cuántas veces puede recibir el sacramento un cristiano?

Las veces que sea necesaria, siempre que sea en estado grave. Puede recibirlo incluso cuando el estado grave se produce como recaída de un estado anterior por el que ya había recibido el sacramento.

¿Qué efectos tiene la Unción de enfermos?

La unción une al enfermo a la Pasión de Cristo para su bien y el de toda la Iglesia; obtiene consuelo, paz y ánimo; obtiene el perdón de los pecados (si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la reconciliación), restablece la salud corporal (si conviene a la salud espiritual) y prepara para el paso a la vida eterna.

Así que resulta conveniente no esperar hasta el último momento para poder recibir este sacramento, ya que su fin no es alcanzar milagros, sino preparar espiritualmente a quien lo recibe. Además, es importante decir que este sacramento, como todo otro sacramento, es de vivos; es decir, que debe recibirse en estado de gracia. Aunque la Iglesia establece que, si el enfermo no pudo recibir el sacramento de la penitencia y, por alguna razón se encuentra inconsciente, se le podrá dar la absolución de sus pecados bajo condición y, luego, se le puede administración el sacramento de la unción, también bajo condición.

“La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. […] Esta asistencia del Señor, por la fuerza de su Espíritu, quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios” (CEC 1520).

San Pío de Pietrelcina (1887–1968), cuya fiesta se celebra hoy, es uno de los santos más conocidos de la Iglesia. Este sacerdote italiano es reverenciado como un confesor compasivo y por los milagros que Dios hacía por medio de él; además de que tuvo los estigmas, las marcas de las heridas de Cristo. Con prédicas sobre Jesús y palabras de sabiduría, el Padre Pío tocó millones de vidas, a pesar de que raramente salió del monasterio. Pero, ¿qué había detrás de todo esto? En una palabra, generosidad.

La vida del Padre Pío es un ejemplo perfecto de alguien que proclamó el Reino de Dios. Confiaba en el amor de Dios, y por eso recibió la gracia de compartir ese amor con todas aquellas personas con quienes pudo compartirlo. Para él, esto significó pasar largas horas cada día rezando y escuchando confesiones. En sus cincuenta y un años de ministerio, nunca tomó vacaciones; simplemente se dedicó a entregarse a los demás, y Dios recompensó su generosidad derramando muchos dones sobre él, un humilde fraile.

Pero cuando leemos algo sobre el Padre Pío, tal vez pensamos “Yo nunca podré ser como él”. Pero no te preocupes, no se supone que seas exactamente como él. El Padre Pío, y la mayoría de los santos de la Iglesia, nos enseñan que Dios utiliza a cualquier persona que responda generosamente a su llamado. Cuando aceptamos los dones que Dios nos da y los compartimos, él nos da aún más. Los dones que nos concede el Señor son diferentes para cada uno. La vida del Padre Pío no se parece a la de San Francisco Javier, y la de este no es igual a la de la Madre Teresa, cuya vida, a su vez, no es como la de la joven madre de cuatro niños que los lleva a la Misa diaria o del pensionado que se dedica a enseñar idiomas a los inmigrantes.

La clave es la generosidad. Si estás dispuesto a compartir lo que Dios te ha dado, él te concederá más dones y bendecirá a más personas a través de tu servicio. Solo piensa en el Padre Pío, que pasó su vida en un monasterio ordinario; de igual modo, incluso en tu mundo ordinario, Dios te dará oportunidades de anunciar su Reino; y si respondes con fe, encontrarás cada vez más oportunidades.

El Padre Pío será recordado durante mucho tiempo por sus innumerables enseñanzas espirituales y que se plasmaron en decenas de frases emblemáticas a lo largo de su vida. Aquí se puede leer 15 ellas.

  1. La sociedad de hoy no reza, por eso se está desmoronando.

 

  1. La oración es la mejor arma que poseemos, la llave que abre el corazón de Dios.

 

  1. Ora, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Nuestro Señor misericordioso escuchará tu oración.

 

  1. Sería más fácil para el mundo existir sin el sol que sin la Santa Misa.

 

  1. Mil años de disfrutar de la gloria humana no valen ni una hora en dulce comunión con Jesús en el Santísimo Sacramento.

 

  1. En la vida espiritual, el que no avanza retrocede. Sucede como con un barco que siempre debe seguir adelante. Si se detiene,el viento lo devolverá.

 

  1. Debes hablar a Jesús también con el corazón, además de los labios; de hecho, en ciertos casos debes hablar con Él solo conel corazón.

 

  1. Siempre debemos tener coraje, y si nos llega alguna languidez espiritual, corramos a los pies de Jesús en el Santísimo Sacramentoy ubiquémonos en medio de los perfumes celestiales, y sin duda recuperaremos nuestra fuerza.

 

  1. ¿Hace algún tiempo que no amas al Señor? ¿No lo amas ahora? ¿No anhelas amarlo para siempre? Por lo tanto, ¡no temas! Aúnadmitiendo que has cometido todos los pecados de este mundo, Jesús te repite: “¡Muchos pecados te son perdonados porque has amado mucho!”.

 

  1. No te preocupes por las cosas que generan preocupación, desorden y ansiedad. Una sola cosa es necesaria: Elevar tu espírituy amar a Dios.

 

  1. Donde no hay obediencia, no hay virtud; no hay bondad ni amor. Y donde no hay amor, no hay Dios. Sin Dios, no podemos alcanzarel Cielo. Estas virtudes forman una escalera; si falta un paso, nos caemos.

 

  1. Los mejores medios para protegerte de la tentación son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentaciónpeligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaríatentado a decir: Señor, envíame tentaciones.

 

  1. Es necesario proteger todos tus sentidos, especialmente tus ojos: son los medios por los cuales toda la fascinación y elencanto de la belleza y la voluptuosidad entran en el corazón. Cuando la moda, como en nuestro tiempo, es hacia la provocación y expone lo que antes era incorrecto pensar, se debe tener precaución y autocontrol. Siempre que sea necesario, debes mirar sin very ver sin pensarlo.

 

  1. Debes recordar que tienes en el Cielo no solo un Padre sino también una Madre. Entonces recurramos a María. Ella es todadulzura, misericordia, bondad y amor para nosotros porque es nuestra Madre.

 

  1. El amor y el miedo deben ir unidos, el miedo sin amor se convierte en cobardía. El amor sin miedo se convierte en presunción.Cuando hay amor sin miedo, el amor corre sin prudencia y sin restricción, sin preocuparse por dónde va.

Cuando Padre Pío rezaba por alguien, decía esta poderosa oración 

Normalmente, cuando alguien nos pide que recemos por una intención específica, tenemos nuestra oración de «cabecera». Puede ser el Rosario, un Padre Nuestro, o simplemente un sincero ruego a Dios.

San Pío de Pietrelcina (más comúnmente conocido como «Padre» Pío) tuvo su oración favorita que oró por todos los que pidieron sus oraciones. Cada día muchas personas, ya sea en persona o por carta, le pedían al Padre Pío que orara por una intención específica y muchas veces esta intención fue milagrosamente respondida por Dios.

La oración que el Padre Pío rezaba cada vez que quería interceder por alguien, en realidad, es una oración compuesta por Santa Margarita María Alacoque y comúnmente se llama la «Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús». Ella era una santa que vivió en el siglo XVII y durante su vida recibió múltiples visiones de Jesús.

El corazón de Jesús está lleno de amor y compasión y esta oración confía en ese amor, creyendo que él es lo suficientemente tierno como para dar generosamente nuestra petición, si es en su santa voluntad.

Por encima de todo, se debe orar con una fe sincera, como el Padre Pío la habría rezado, y no como una fórmula mágica. Dios no es un genio que nos otorga el deseo que pedimos, sino que responde con amor a un niño que pide algo, sabiendo

exactamente lo que necesitamos. 
I.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá!».

He aquí que, confiando en tus santas palabra, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.

II.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán»

He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

III.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: «En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá».He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, el cual es imposible no sentir compasión por los infelices, ten piedad de nosotros, pobres pecadores,

y concédenos las gracias que pedimos en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros!

Amén.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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