Homilía – San Camilo de Leslie (14 de julio de 2020)

Homilía - San Camilo de Leslie (14 de julio de 2020)

Hoy agradecemos a todos los integrantes de la Pastoral de la Salud en todo el país, en las diversas parroquias de nuestras diócesis, compuestas por grupos de personas que se dedican a visitar a feligreses, mayores y enfermos.

Por eso pidamos al Señor que nos regale el don que tuvo San Camilo y tantos hermanos que conforman la Pastoral de Salud que ha descubierto la presencia suya en los enfermos.

Nuestro santo nuestro santo estaba inflamado en el fuego de una santa virtud, no sólo para con Dios, sino también para con el prójimo, en especial para con los enfermos; y esto en tal grado que la sola vista de los enfermos bastaba para enternecer y derretir su corazón y para hacerle olvidar completamente todas las delicias, deleites y afectos mundanos.

Cuando servía a algún enfermo, lo hacía con un amor y compasión tan grandes que parecía como si en ello tuviera que agotar y consumir todas sus fuerzas. De buena gana hubiera tomado sobre sí todos los males y dolencias de los enfermos con tal de aliviar sus sufrimientos o curar sus enfermedades. 


Descubría en ellos la persona de Cristo con una viveza tal, que muchas veces, mientras les daba de comer se imaginaba que eran el mismo Cristo en persona y les pedía su gracia y el perdón de los pecados.

Estaba ante ellos con un respeto tan grande como si real y verdaderamente estuviera en presencia del Señor. De nada hablaba con tanta frecuencia y con tanto fervor como de la santa caridad, y hubiera querido poderla infundir en el corazón de todos los mortales. 
Deseoso de inflamar a sus hermanos de religión en esta virtud, la primera de todas, acostumbraba inculcarles aquellas dulcísimas palabras de Jesucristo: Estuve enfermo, y me visitasteis. Estas palabras parecía tenerlas realmente esculpidas en su corazón; tanta era la frecuencia con que las decía y repetía: 

La caridad de Camilo era tan grande y tan amplia que tenían cabida en sus entrañas de piedad y benevolencia no sólo los enfermos y moribundos, sino toda clase de pobres y desventurados. Finalmente, era tan grande la piedad de su corazón para con los necesitados, que solía decir: 

«Si no se hallaran pobres en el mundo, habría que dedicarse a buscarlos y sacarlos de bajo tierra, para ayudarlos y practicar con ellos la misericordia».

Por eso Jesús hoy alza su voz contra las ciudades que no se han convertido, pues a pesar de haber recibido profetas y mensajeros que le han animado a ello, todo ha sido inútil.

Jesús no pone el acento en el pecado, sino en los duros de corazón, en los que no quieren escuchar ni convertirse. Esto me lleva a pensar ¿y yo? ¿Cuántas oportunidades, llamadas al crecimiento, al cambio, a la conversión he recibido de Dios a través de múltiples canales de comunicación, señales, guiños, mediaciones a lo largo de mi historia? ¿Las escucho? ¿Dejo que el Señor tenga una palabra que decir sobre mi vida? ¿O soy como las ciudades de Corozaín, Betsaida o Cafarnaún, más duro que una piedra?
Hoy no tengamos miedos de reconocer ¡Qué duras palabras, Señor! Y preguntarnos sinceramente:  Yo soy Corozaín. Yo soy Betsaida. ¿Qué me ha sucedido? ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Este Evangelio no es para deprimirnos ni para angustiarnos por el infierno. Este Evangelio es tan solo un nuevo recordatorio del Señor de que no por el hecho de llamarnos cristianos vamos a llegar al Cielo. «Velad y orad». Mira que es fácil criticar este mundo y todos sus errores.

Con frecuencia señalamos a Tiro y Sidón como ciudades paganas y pecadoras, y nos regocijamos farisaicamente de que nosotros formamos parte del pueblo elegido de Dios.
¡Y somos el Pueblo elegido de Dios! Nosotros somos Cafarnaúm. Pero Cafarnaúm no debe olvidar que para escalar el Cielo se debe trabajar mucho. Especialmente, debe trabajar la humildad para implorar perdón y ayuda de Dios.

¡Cuántas personas de otras culturas, religiones y estratos sociales no habrían sido grandes santos si hubiesen tenido la oportunidad de vivir nuestra vida y circunstancias! ¡Cuántos milagros no ha hecho Dios en nuestra vida y, sin embargo, seguimos viviendo con frialdad!

Pidamos al Señor la gracia de reconocer los milagros que ha realizado en nosotros para que salgamos afuera a predicarlos como auténticos apóstoles.

Busquemos los verdaderos milagros de Dios para nuestra vida

Por eso es necesario tener presente que el gran milagro es la conversión. Nadie experimenta milagro en la vida si no se ha convertido o no es convertido por la Palabra y por la gracia de Dios.

¿Qué mayor milagro queremos el que una persona vengativa se convierta en amorosa? ¿Qué una persona que mundana sea santificada? ¿Qué una persona que cultivaba solo el mal dentro de sí, hoy siembra el bien en las almas?

Miremos para dentro de nosotros: ¿cuál es el más grande milagro que experimentamos de Dios en nosotros?

Milagro es cambiar la visión, el corazón y la dirección. No puede una persona ver lo que Jesús realiza en nuestro medio, si corazón sigue siendo siempre el mismo, aquel corazón duro y cerrado.

Seguir siendo aquella persona que donde ella se encuentra no trae la gracia, y la presencia es muy incómoda, porque solo trae el negativo.

Por eso, Jesús está censurando la mayor parte de las ciudades, donde Sus milagros fueran realizados porque las personas paraban en el espectáculo, y no en la gracia.

Milagro es convertir, es transformar la mente cerrada en un lugar donde la gracia de Dios entra

Tomemos cuidado que nuestra fe no sea un espectáculo, donde vamos en búsqueda de ver algo extraordinario, donde estamos con una enfermedad, y esta enfermedad salió de nosotros, y vimos salir del otro.

Buscas un milagro a cada día, ese milagro eres tú. Donde no solo tu sino los demás reconocen que ya no eres más aquel hombre viejo que fuiste.

Experimentemos, el gran milagro de la vida que es aquel que vence nuestro orgullo, soberbia, nuestras vanidades y se deja guiar por la humildad de Jesús. Si no nos convertimos, no entraremos en el reino de los Cielos. Por eso, milagro es convertir, es transformar lo que era viejo en nuevo, es transformar la mente cerrada en un lugar donde la gracia de Dios entra.

Milagro es transformar actos, actitudes y comportamientos. Milagro es ver a  una persona que tirada en el sofá todo el tiempo, y ver que es capaz de levantarse, moverse, cuidar de su propia salud.

Milagro es ver que  una persona que se  quedaba  todo el tiempo con el celular, con internet, con la televisión, es capaz de dejar eso de lado para escuchar a Dios y reflexionar Su Palabra.

Busquemos los milagros verdaderos de Dios en nuestra vida.

¿Qué es el Escapulario carmelita?

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usan signos y entre ellos está  el escapulario que es como un hábito en miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: “Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios.”

El escapulario es un sacramental: Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

Explicación de la Promesa

Muchos Papas, y santos como San Alfonso Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario. Santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.

El escapulario tiene 3 significados

El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.

Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.

Vemos en la Biblia:

-Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (manto – signo de perdón)

-Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad -Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.

-S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.

Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.

Consagración: ´pertenecer a María´ es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.

-En 1950 Papa Pío XII escribió:  Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Portar el el escapulario representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor.

Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa.

Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga. Y por eso se debe vivir lo que significa

En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor.

Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.

¿Puede darse el escapulario a quien no es católico?

Sí. El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no-católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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