Homilía – Nuestra Señora de la Merced 

Homilía - Nuestra Señora de la Merced 

Mons. José Domingo Ulloa Mendieta 

24 de septiembre 2020 

 

Recordamos hoy a Nuestra Señora de la Merced, patrona de los Mercedarios. Sus miembros estaban dispuestos a perder hasta su vida por la liberación de los esclavos cristianos. Símbolo de ello son las cadenas de esclavo en manos de la Virgen. 

Para adentrarnos en el sentido de esta solemnidad de Nuestra Señora de la Merced es necesario remontarnos a los inicios del siglo XIII, cuando el levante y el sur de la Península estaban todavía en poder musulmán. El mar Mediterráneo estaba infestado de corsarios sarracenos que abordaban barcos y desembarcaban en las costas sembrando la destrucción en los pueblos y apresando a sus habitantes para venderlos luego como esclavos en el norte de África. 

La cautividad de estos cristianos en tierras musulmanas llegó a constituir un problema social, político y económico gravísimo y los esfuerzos que se hicieron en un principio para paliarlo a través de hermandades, cofradías y gestiones diplomáticas no eran suficientes. 

Conmovido por esta situación, el barcelonés Pedro Nolasco se echó a los pies de la Virgen para implorarle el remedio corporal y espiritual de los cautivos e, impulsado por la caridad, vendió los bienes que tenía y se dedicó a la compra y rescate de cautivos. Al poco tiempo, un grupo de jóvenes llenos de fe y de caridad se unieron a él en esta labor. 

La noche del 1 de agosto de 1218, estando en oración, se le apareció la Santísima Virgen y le dijo que la obra que estaba realizando era muy agradable a Dios, y que para perseverar en ella, engrandecerla y perpetuarla, tenía que fundar una orden religiosa, cuyos miembros imitaran a su Hijo, Jesucristo, redimiendo a los cristianos cautivos en tierras musulmanas, dándose incluso en prenda a sí mismos en caso de que fuera necesario. 

Con el aliento y apoyo del rey Jaime I el Conquistador y del consejero real San Raimundo de Pañafort, a los diez días de la aparición y ante el altar de Santa Eulalia de la Catedral, el obispo de Barcelona, Berenguer de Palóu, vistió canónicamente el hábito blanco a San Pedro Nolasco y a algunos de los jóvenes que trabajaban con él, quedando así fundada la Orden de la Virgen María de la Merced de la Rendición de los Cautivos de santa Eulalia de Barcelona

Los mercedarios llevaron a cabo una labor heroica con la redención de decenas de miles de cautivos en la que cientos de ellos murieron mártires como San Serapio o San Pedro Pascual y muchos otros fueron encarcelados y torturados como San Ramón Nonato. 

Cuando un barco llegaba a puerto cargado de cautivos redimidos, toda la ciudad salía a recibirlos en medio de gritos de alegría, de lágrimas y cantos de liberación, y se sacaba en procesión a la Virgen de la Merced, la Madre de misericordia que había intercedido ante su Hijo como en las bodas de Canaán para obtener la redención de todas aquellas personas. 

Hasta aquí hemos visto el origen de la advocación de la Virgen como Nuestra Señora de la Merced y lo que supuso la orden mercedaria para la cristiandad y muy especialmente para la ciudad de Barcelona.  

Así, desde hace casi 800 años, la Virgen de la Merced libera, consuela y protege a todos los cautivos, en el más amplio sentido de la palabra. 

En la actualidad el patrocino de la Virgen de la Merced se ha ampliado a otros ámbitos de esclavitud. Hoy más que nunca necesitamos la poderosa ayuda de la Virgen de la Merced para que interceda ante Jesús, nuestro Redentor, y nos conceda el don de la verdadera libertad. 

La Virgen de la Merced tiene, también hoy nos sigue invitando a ,la tarea de liberar de los nuevos cautiverios a cuantos se encuentran sometidos en nuestra sociedad: de las adicciones que esclavizan. 

Por eso esta fiesta no es sólo un recuerdo histórico, sino que es actual también para nosotros, hombres y mujeres del siglo veintiuno.  

Porque la Virgen de la Merced tiene también hoy en día la tarea de liberarnos de la esclavitud, sea esta exterior o interior. Porque sigue habiendo mucha esclavitud y falta de libertad, en sus múltiples formas. 

De allí que el anhelo de libertad es muy fuerte en nuestro tiempo, en todos los hombres y pueblos. La libertad es el valor más grande para el hombre moderno.
Pero, ¿en qué consiste la auténtica libertad? La mayoría de los hombres se creen libres, cuando pueden hacer lo que quieren, cuando tienen la posibilidad de satisfacer todos sus instintos. Pero esta libertad es la del animal, no la del hombre, y menos aún la del cristiano. 

Jesucristo nos trae una forma nueva y suprema de libertad: la libertad de los hijos de Dios. Esta libertad consiste en ser libre de todo lo contra-divino a fin de ser libre para Dios. Ser libre significa, entonces, haber cortado todas las cadenas que impiden amar, para poder atarse con amor a Dios y a los demás. Libertad de los hijos de Dios es liberación del pecado y del egoísmo para poder amar y entregarse al tú divino y humano. 

Hoy celebramos que la Sma. Virgen es el ser humano más libre: libre de toda esclavitud interior, para poder ser la esclava del Señor. Ella alcanzó la cumbre de la libertad de los hijos de Dios. Porque Ella se entregó totalmente al plan de amor del Padre, que siempre es un plan liberador. 

Gracias a su entrega total, María se convirtió en la gran liberadora de la humanidad: permitió el nacimiento del Señor y la liberación universal por medio de Él. Porque era libre del egoísmo, no le importó la vida de dolor, renuncia y persecución que asumió, al aceptar ser la Madre de Dios. 

Nosotros, porque somos Marianos, debemos conquistar nuestra propia libertad. Tenemos que luchar contra nosotros mismos, sobre todo contra nuestro egoísmo, nuestros instintos ciegos, nuestras pasiones no purificadas. No seremos libres, mientras estemos todavía atados – con lazos incontrolados – a una sola cosa o a una sola persona. 

Pero al mismo tiempo, como hijos de María, tenemos la misión de ser instrumentos de liberación para los demás. Tenemos que luchar para que los hombres lleguen a ser libres, exterior e interiormente, tal como María fue libre. 

En esta doble lucha liberadora – para nosotros mismos y para los demás – la persona de la Virgen se eleva como signo de esperanza y victoria, y como viva protesta contra toda forma de esclavitud. 

Queridos hermanos, pidámosle, por eso, a la Virgen de la Merced que Ella nos eduque según su propia imagen del ser libre y disponible para Dios y los demás. Pidámosle que nos haga instrumentos eficaces de la liberación en nuestros hogares, grupos, lugares de trabajo y barrios – para que todos lleguen a ser tan libres como lo fue Ella. 

Desde esta perspectiva podemos entender la misión de la Frailes Mercedarios en Panamá. Que desde los inicios de la nación han acompañado el caminar de este pueblo en esta tierra istmeña, cruce de caminos entre el norte y el sur; cruce de océanos entre el Atlántico y el Pacífico; y cuando regresaron en 1980 se establecieron en El Chorrillo para llevar allí la Merced de María, acogiendo a los niños, dando consuelo a los ancianos, construyendo hogares para los niños y niñas sin recursos, y fomentando la enseñanza y la educación. 38 años después es un motivo de gozo y de alegría contemplar la realidad mercedaria en el Chorrillo con la Escuela Nuestra Señora de la Merced, el Hogar de Ancianos san Pedro Nolasco y tantas realidades de apoyo social y educativo. 

Y se comenzó a llevar el evangelio a las prisiones, empezando por la Cárcel Modelo en el Chorrillo, y más tarde a las demás prisiones del país, siendo evangelio de libertad y de esperanza por medio de los capellanes y voluntarios.  

Culpables o no culpables, los presos siguen necesitando que se les proclamen la Palabra de Dios. 

Porque sabemos que uno de los contextos a los que puede enfrentarse un ser humano es el de la prisión.  Y que algunos hijos del Pueblo de Dios cometen errores, los cuales son castigados por la sociedad con la pérdida temporal o permanente de la libertad. Como una forma de acompañar a estos hermanos, surge la pastoral penitenciaria.  «La entendemos como la acción evangelizadora de la Iglesia en medio del Pueblo de Dios que peregrina privado de libertad. Es, por lo tanto, la presencia de nuestra Iglesia católica que asume la opción preferencial por los pobres, en esos pobres concretos a quienes les falta su libertad, poniendo de manifiesto la misericordia de Jesús». 

Dios creó a todas las personas a su imagen y semejanza para hacerles partícipe de su amor y felicidad. Y si por haber cometido algún delito se ha perdido la libertad, lo que jamás quedará en el olvido es ese proyecto de amor que Cristo tiene para cada uno de sus hijos. 

La realidad común es que una persona no se interesa por los problemas de otros si no le tocan, de alguna manera, a sus propios afectos o intereses. Una vez, visitando una Parroquia, al saludar a los fieles después de la celebración de la Santa Misa, una señora me dijo: “Yo no podía entender por qué Ud. hablaba siempre de los privados de libertad y que todos se debían preocupar de ellos. Ahora comprendo, porque tengo un hijo mío preso en la Penitenciaría”. Cuando toca de cerca a uno mismo, entonces, se tiene apertura a esos problemas. 

Hoy Santa María de la Merced nos sigue invitando a todos nosotros a dar gracias a Dios por tantas mercedes, por todo lo que el Señor ha hecho en Ella.  

Hoy nos invita a ser pequeños para acoger con gozo en nuestro corazón la palabra del Señor, y para hacerla fructificar y dar buenos frutos con nuestra perseverancia. 

Hoy nos invita a salir como Ella hacia las periferias donde se encuentra, ya no su prima Isabel, sino tantos hermanos nuestros que siguen necesitando las palabras justas de esperanza y los gestos de liberación, que los recuperen en su dignidad de hijos de Dios. Hoy nos invita a tener nuestros oídos y nuestra mirada atenta para con los que sufren, para ponernos a disposición de servirlos con manos y corazón mercedarios, que como Ella dan lo mejor que tienen, se dan a sí mismos. 

Hoy muchísimas personas han perdido el sentido de la trascendencia y viven esclavizadas por una visión puramente materialista de la vida, convertidas sin darse cuenta en piezas de un engranaje al servicio de oscuros intereses económicos. La Virgen de la Merced nos urge a liberar a estas personas mediante lo que Juan Pablo II llamó una nueva evangelización, “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”. Jesús nos lo dijo muy claramente: «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). 

Pidámosle hoy a la Virgen de la Merced que nos acoja a su servicio como comunidad que trabaja sin desfallecer en favor de la redención integral de los cautivos. 

 

Santa María de la Merced, sigue mostrando que eres nuestra Madre.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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