HOMILÍA MISA TELEVISADA TERCER DOMINGO DE CUARESMA Seminario Mayor San José, Domingo 15 de marzo de 2020.

HOMILÍA MISA TELEVISADA TERCER DOMINGO DE CUARESMA Seminario Mayor San José, Domingo 15 de marzo de 2020.

Queridos hermanos y queridas hermanas:
Hoy somos pocos los que nos reunimos en persona para celebrar la eucaristía, ante las medidas que hemos asumido de manera responsable, siguiendo las directrices del Ministerio de Salud, de evitar las aglomeraciones como una forma de contención del virus.

Pero tenemos el testimonio de cientos de personas que siguen esta transmisión, y seguirán las del resto de la mañana, que nos unirá en una sola plegaria a Dios a través de las plataformas tecnológicas.

Esta realidad que vivimos, nos hace pensar en aquellas comunidades rurales que por la escases de sacerdotes celebran la eucaristía apenas una vez al mes, o una vez al año. Esto significa que hoy estamos experimentando esa situación de muchos fieles que, aunque quisieran, no pueden participar del banquete celestial.
Hoy nos encontramos precisamente celebrando esta eucaristía en el corazón de nuestra Iglesia, la casa de formación sacerdotal, el Seminario Mayor San José de Panamá, quien está cumpliendo el 1 de mayo sus 50 años de estar formando ininterrumpidamente a los pastores de nuestra iglesia.

Unámonos a esta celebración y oración por los enfermos y por aquellos que, en este difícil momento, garantizan los servicios esenciales con su trabajo.

Recemos juntos por los enfermos, por los que sufren. Y hoy quiero rezar con todos ustedes una oración especial por las personas que, a través de su trabajo, garantizan el funcionamiento de la sociedad: trabajadores de la salud, enfermeras, doctores, auxiliares, laboratoristas, farmacias, supermercados, transportes, policías, comunicadores.

Rezamos por todos los que trabajan para que, en este momento, la vida social, la vida de la ciudad, pueda continuar.

Oremos por las familias, para que en estos tiempos difíciles mantengan la paz, la alegría y la fortaleza. Tengamos presente de manera especial a las personas con discapacidades, ancianos, privados de libertad.

Elevemos nuestra mirada a lo alto y recemos con el Salmo: “Mis ojos siempre están puestos en el Señor, porque Él libera mis pies del encaje. Vuélvase a mí y tenga piedad, Señor, porque soy pobre y estoy solo (Sal 24, 15-16).

Desafío de decidir en el amor

En esta Cuaresma se nos ha presentado un panorama que pareciera escabroso y hasta atemorizante, ante la pandemia del coronavirus. Las diversas informaciones, provenientes de tantas fuentes, la mayoría no oficiales, ha creado un ambiente de miedo y desesperación.

Si bien es cierto que los creyentes compartimos las mismas preocupaciones del resto de la población, hoy debemos mantenernos en nuestra fe y esperanza que no es otra que Nuestro Señor Jesucristo.

Hay un dicho popular que parece oportuno: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Esto significa que los cristianos deben orar siempre pero ahora intensificarlo para que este virus no se expanda y los afectados se puedan recuperar. Pero también debemos asumir responsablemente las medidas preventivas establecidas por el Ministerio de Salud y las autoridades de la Iglesia.

Si en estos momentos el peor virus es el miedo, más cierto es que la mejor vacuna es uno mismo, si estamos guiados por la fe. Mantengámonos en casa, lavemos permanente nuestras manos, evitemos las aglomeraciones, limpiemos permanentemente las superficies.

No hay tiempo para actitudes personalista ni irresponsables. Los cristianos no podemos ser fatalistas, ni mucho menos contribuir a un ambiente de ansiedad y de desinformación. Aquí debe prevalecer el amor al prójimo, más que nuestros particulares pareceres o juicios.

Los obispos, que por la autoridad de que nos concede Nuestra Madre Iglesia, al hacernos pastores de una porción del pueblo de Dios, hemos asumido medidas de contención considerando el bien común y las orientaciones de las autoridades de Salud. Y cada miembro de la Iglesia debe aplicar estas medidas para contribuir a contener la epidemia. Ya lo hemos dicho, los fieles están dispensados del precepto de ir a la misa dominical, porque estamos en una situación que amerita estas medidas extraordinarias, que para algunos parecieran exageradas, pero que son necesarias.

Jesús nuestro modelo a seguir

Si algo nos está enseñando la pandemia del coronavirus, que estamos soportando, es que lo más importante, para todos los seres humanos, es la salud. Es lo que más nos preocupa y más nos interesa a todos en este momento.

La salud es lo primero. Todo lo demás, pasa a un segundo término y se supedita al problema de la salud. Incluso el dinero, la política, la diversión, todo, todo.

Pues bien, viendo la realidad desde este punto de vista, es indudable que el personaje que más se interesó por la salud de la gente y más se dedicó a curar enfermos, fue Jesús de Nazaret, tal como nos lo presenta el Evangelio.

Teniendo en cuenta que Jesús no fue un médico. Jesús fue un “hombre religioso”. Pero entendió la religión de tal manera que, para él, lo primero y lo más urgente fue remediar el sufrimiento de toda clase enfermos.

Con lo cual Jesús nos vino a enseñar que lo primero y lo más importante que tiene que hacer la religión, es resolver el problema que más nos preocupa a todos, el problema de la salud.

Para entender mejor lo que acabo de decir, es indispensable tener presente que el Evangelio es un mensaje religioso. Pero Jesús entendió y practicó la religión de tal manera que lo primero y lo más importante, para él, no fue nunca cumplir con exactitud los rituales y normas de la religión.

Lo primero, para Jesús fue siempre aliviar y remediar el sufrimiento de los enfermos, de los pobres, de los más desamparados de este mundo. Aunque eso se tuviera que hacer quebrantando las normas de los dirigentes religiosos, o dejando de lado cumplir las normas y obligaciones que imponía el clero de entonces.

Por eso, lo que interesa en los cuatro evangelios, no es la “historicidad” de esos relatos, sino la el significado de lo que hizo y dijo Jesús. ¿Qué mensaje nos deja cada relato? Esto es lo que importa. Por supuesto, Jesús vino a decirnos que él es el Hijo de Dios. Jesús es Dios. Pero, en el fondo, ¿qué significa esto? Significa que Dios está donde se remedia el sufrimiento de los enfermos y el hambre de los indigentes.

Por eso, Jesús desconcertó a todo el mundo. Hasta Juan Bautista se quedó desconcertado. Debido a sus dudas mandó que unos discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?” (Mt 11, 3). La respuesta de Jesús fue muy clara: “Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres reciben la buena noticia” (Mt 11, 4-5; Is 26, 19).

En el fondo, esto es lo que dice el Papa Francisco. Y esto es lo que tenemos que decir como obispos y como sacerdotes. Por eso, ante la realidad que vivimos no podemos caer en el silencio, ¿qué significa? ¿Qué es lo que nos debe preocupar comulgar en la mano o en la boca? NOOO, lo que nos debe preocupar en este momento es el sufrimiento de los más desamparados De los ancianos, de los más vulnerables. Como cristianos estamos llamados a actuar como Jesús en las actuales circunstancias.

Una mirada de esperanza

Nuestro compromiso es ser responsables con nuestra salud y la de los demás. Podemos juntos vencer esta pandemia. Por cierto, hay que aclarar que pandemia no es sinónimo de muerte, y tampoco se refiere a lo letal del virus, sino a la extensión geográfica que está abarcando. Estas son cosas que debemos ir clarificando.

Evitemos que nuestros sistemas de salud colapsen. Hombre y mujeres están dando millas extras para contener esta epidemia en nuestro país. Seamos agradecidos con el esfuerzo que realizan la Ministra de Salud, con todos los especialistas y funcionarios de distintos ministerios e instituciones.

De manera especial pedimos por el personal médico y Enfermeros del cuarto de urgencias del Complejo de la CSS y de las Unidades de Cuidados Intensivos de los diversos hospitales. Ustedes no están solos, cuentan con nuestras oraciones. El sacrificio que hace el personal sanitario de los diversos hospitales es extraordinario y ojalá podamos visibilizar en los medios de comunicación a estos héroes anónimos que han dejado a su familia para servir al pueblo las 24 horas del día.

En estos momentos hacemos un llamado a deponer todas nuestras diferencias, y unirnos como miembros de una sola familia en apoyo a nuestras autoridades de Salud.

“Jesús está en todas partes, pero nosotros solo en una: en CASA”. Cuidémonos y cuidemos a los demás. Juntos podemos frenar esta pandemia.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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