Homilia – Miércoles 12 de agosto de 2020

Homilia - Miércoles 12 de agosto de 2020

Saludamos a María Andrea quien fue voluntaria en JMJ que después de un discernimiento se va ahora como voluntaria con Médicos sin Fronteras. Y oramos también por Hugo un voluntario francés que va al Seminario.

Quien es Médicos Sin Fronteras (MSF): es una organización de acción médico-humanitaria: asiste a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, epidemias o enfermedades olvidadas, desastres naturales y exclusión de la atención médica. La acción humanitaria es un gesto solidario de sociedad civil a sociedad civil, de persona a persona, cuya finalidad es preservar la vida y aliviar el sufrimiento de otros seres humanos: esta es nuestra razón de ser.

Que hace MSF: Cuando un grupo humano es golpeado por la guerra, la violencia o la inestabilidad social, o el país en el que vive es frágil debido a la falta de recursos, la falta de acceso a los servicios de salud se convierte en algo generalizado: esto significa que muchas personas no podrán ir al médico cuando lo necesiten, por muy grave que sea su estado. La atención que proporcionan sus equipos intenta cubrir las necesidades más urgentes, tanto en los diferentes niveles de la atención médica (desde la primaria a la hospitalaria, pasando por la comunitaria) como a través de actividades de gran impacto en la salud, como las relacionadas con el agua y el saneamiento.

Santa Juan María Chantal

Esta santa fue la más activa colaboradora de San Francisco de Sales en la fundación de la comunidad de las Hermanas de la Visitación.

Nació en Dijon, Francia, en 1572. Era hija del Presidente del Parlamento de esa región, el Sr. Fremiot, hombre muy distinguido y apreciado. Su santa madre murió cuando la niñá tenía apenas 18 meses, y toda la educación de la futura santa en sus primeros años corrió por cuenta de su padre, el cual supo encaminarla hacia la consecución de una gran personalidad.

Cuando la niña tenía aproximadamente unos ocho años, llegó a su casa un protestante, el cual decía que no era posible que Dios convirtiera una hostia en el cuerpo de Cristo. La jovencita le preguntó: “¿Sabe Ud. el Credo?”. – Claro que sí, respondió el otro- “¡Pués dígalo!” Y el protestante empezó a decir: Creo en Dios Padre Todopoderoso… En ese momento Juana lo interrumpió exclamando: -¡Uy, no diga Ud. eso de que Dios es Todopoderoso!- ¿Por qué? – ¡Porque si Dios no puede hacer que una hostia se convierta en el cuerpo de Jesucristo, ya Dios no es Todopoderoso!- El otro no fue capaz de responderle.

En 1592, al cumplir Juana sus 20 años, se casó con el Barón de Chantal, un aguerrido militar que poseía un castillo cerca al de la familia de la joven. En adelante ella se llamará la Señora Fermiot de Chantal. Su matrimonio transcurrió felizmente por nueve años, y tuvieron un hijo y tres hijas. Pero en 1601 el esposo salió de cacería y a uno de sus compañeros se le disparó el arma y lo hirió mortalmente. Ya moribundo el Sr. Chantal hizo jurar a Juana que no tomaría ninguna venganza contra el que lo había herido, y murió santamente.

Ella quedaba viuda de sólo 29 años y con cuatro hijos pequeños. Fue después madrina de los hijos del que había matado a su marido, y para demostrar que sí perdonaba totalmente, ayudó siempre a esa familia.

La viuda Juana se dedicó a educar a sus hijos, y a administrar muy bien los bienes que le había dejado su marido, y a repartir cuantiosas limosnas a los pobres. Había hambre y escasez en el país y cada día una gran fila de mendicantes llegaba al castillo a recibir abundante comida y buenas atenciones médicas. Ella misma visitaba en sus ranchos a los que estaban postrados y asistía a los enfermos más repugnantes y abandonados. Todo el numeroso personal de trabajadores de sus fincas rezaba las oraciones por la mañana y por la noche, asistía a misa cada domingo y recibía instrucciones religiosas cada semana. La amaban como a madre cariñosa.

Su inmenso deseo era el de hacerse religiosa, pero San Francisco se oponía a ello, porque primero tenía que educar bien a sus hijos. Finalmente, cuando estos ya estuvieron bien formados y preparados para triunfar en la vida, el santo aceptó que se fuera de religiosa. Pero entonces su padre y sus hijos se opusieron totalmente. El papa se le arrodilló llorando, a suplicarle que no se alejara de los suyos, pero ella seguía inconmovible en su determinación de seguir su vocación. Su hijo se acostó en la puerta diciendo que tendría que pasar sobre él si quería irse de religiosa. La valiente mujer, pasó sobre el cuerpo de su muy amado hijo, y casi desmayada por su inmenso pesar se alejó llorando y partió velozmente hacia el sitio en donde iba a empezar su labor de religiosa. Todos sus parientes se alegrarán después y se felicitarán por tener de familiar a una religiosa de tanto prestigio y de tan grande santidad.

San Francisco de Sales había preparado con muchos años de oración y de meditación la fundación de una nueva comunidad de religiosas. Las llamó Hermanas de la Visitación de la Sma. Virgen. El santo obispo encontró en Juana Francisca la mujer ideal para que le dirigiera su comunidad de mujeres. Así que, en 1610, los dos santos emprendieron la fundación de esta nueva Congregación que tantos triunfos religiosos le iba a proporcionar a la Iglesia Católica. Esta comunidad tenía la especialidad de que recibía personas aun con graves defectos, y muy pobres, con tal de que tuvieran un fuerte deseo de llegar a la santidad. San Francisco repetía que cada casa religiosa es un hospital de almas a donde acuden quienes tienen el alma enferma, pero desean conseguir su curación espiritual. Y eso es lo que son los Conventos de la Visitación y son los únicos conventos que aceptan ingresar a viudas.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La verdadera corrección es hecha con amor y caridad “Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano” (Mt 18, 15).

Si hay un tema que es siempre importante para nosotros es la corrección. Como necesitamos saber corregirnos. Primero, cada uno de nosotros necesita aprender a corregir a sí propio, corregir nuestros actos y actitudes, corregir aquellas formas que no edifican. No puedo pretender corregir a los demás, si yo mismo no me corrijo, si no me tomo en serio la corrección.

Necesitamos dejarnos ser corregidos por Dios. Bendito es aquel, que Dios corrige y maldito es cuando no somos más corregidos por Dios y no nos dejamos corregir por él.

Los padres necesitan corregir a sus hijos, el marido y mujer necesitan corregirse unos a los otros, hoy la palabra de Dios nos habla sobre esta forma de amar, a los hermanos a través de la corrección. Si ves a un hermano pecar, no podemos permanecer indiferente, o decir: “Eso no es problema mío”.

Nadie que quiere bien al otro, ve alguien hacer algo equivocado y quiere que aquella persona siga en el error. Eso es falta de caridad y amor; además, eso si nuestra corrección ha de ser sea fraterna y no mundana.

Solo existe corrección verdaderamente cuando es hecha a solos, con caridad y amor

La corrección mundana es aquella donde, primero, esparcimos, hablamos, decimos a los demás el error del hermano, así ya estas pecando, tal vez, incluso más gravemente que el pecado que has visto tu hermano hacer. La corrección es a solas.

No caigas en la maldición de poner tu rabia en tus redes sociales, porque la terapia de muchos es usar las redes sociales para aliviar, para hablar mal del otro, para tirar indirectas o cualquier otra cosa semejante. Eso, es un pecado grave, es mayor que cualquier otro que tus hermanos puedan haber cometido.

Solo existe corrección verdaderamente cuando es hecha a solos, con caridad y amor. Porque si falta la caridad y amor, no es corrección, es agresión.

Si tú vas con toda la caridad y amor y te acercas y buscar a tu hermano para corregirlo y él te escucha, maravilla, tú has ganado aun hermano.

Pero ¿Si tu hermano no te escucha? Ve pedir ayuda a la Iglesia, busca a la Iglesia, busca a un sacerdote, no para acusar el hermano, sino para decir: “¿Cómo hago con esta situación? Mi hermano esta de esta forma”.

El problema es que somos movidos por el chisme, el  hablar y de la maledicencia. Es una verdadera indecencia exponer el pecado y el error del otro sin vivir la corrección. Ahora, es verdad que solo corrige quien sabe ser corregido.

Dejémonos ser corregidos por Dios y por los otros y tendremos la gracia de que, con humildad, poder corregir alguien.

El Evangelio termina con una promesa divina: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Esta presencia no solamente se da en la oración, sino también en el amor de dos personas, en la complicidad festiva de los amigos, en aquellos que luchan por justicia, en la reconciliación… No importa donde se encuentren, sino que estén reunidos en el nombre de Dios. Así toda la vida puede tener un toque de la presencia divina. Llevemos esta certeza a lo largo de nuestra jornada: si estamos reunidos en el nombre del Señor, Él mismo se hace presencia amorosa en nuestras vidas.

¡Dios te bendiga!

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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