Homilía – Martes XII tiempo Ordinario Mons. José Domingo Ulloa M

Homilía - Martes XII tiempo Ordinario  Mons. José Domingo Ulloa M

En el Evangelio de hoy contemplamos a Jesús con sus discípulos en medio de la tempestad. La tempestad es fuerte y las olas cubren la barca. Cristo está presente, pero eso a los discípulos no les quita el temor ni la sensación de peligro. Quizás creían tener mucha fe en Él después de haber visto los milagros, pero, ahora con sus vidas en riesgo, no es tan fácil poner su certeza en Él cuando, si Él no es la respuesta, tienen mucho que perder. Su falta de certeza en Cristo los lleva a tener una gran sensación de desesperación.

La fe engendra en nosotros la confianza

 “Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía. Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!” (Mt 8, 24-25)

En los mares de la vida, todos enfrentamos las ondas agitadas del mundo, de las situaciones, de las tribulaciones y de muchas situaciones que vivimos en nuestro día a día.

No son ondas agitadas que causan desabores dentro de nosotros, son las ondas que viene de dentro de nuestro interior y provocan el verdadero desabor porque ellas nos dejan simplemente atormentados.

¿Cuántos de nosotros no dormimos, no tenemos calma, nos agitamos, nos preocupamos, nos aterrorizamos y aterrorizamos a los demás por causa de los dramas y de las cosas inquietantes?

Cuantos de nosotros somos movidos por una ansiedad en demasía, que causa una verdadera agonía en el alma y en el espíritu.

Especialmente es estos tiempos estamos agitados y, dentro de nosotros, estamos viviendo una tormenta que incluso que no conseguimos ni  rezar bien, porque la cabeza es un verdadero devaneo, es una agitación mental terrible, no paramos de pensar en lo que nos preocupa, en aquellas situaciones que no se resuelve.  

Ni nuestro corazón puede hablar de tanto agotamiento porque es siempre atribulado y marcado por las sonoridades angustiantes y preocupantes de la vida.

La fe nos da la dirección para seguir en medio de las tribulaciones de la vida

Reconozcamos que nuestro corazón está siempre agitado, a veces por la tristeza, por el resentimiento, y esto es un verdadero terror, y hay un momento que, con todo eso mezclado, viene el miedo, los temores los recelos o las cosas que no caminan de la forma que queremos, que planeamos o soñamos, entonces nuestra vida se convierte una verdadera tormenta.

Estamos en medio de olas ondas agitadas y atormentadas de la vida y, en medio de todo eso, algunos sienten que Jesús parece que duerme.

No es que Jesús duerme y no está preocupado con nada, es que su corazón este dominado por la mansedumbre, por eso solos y sin él vamos a crear pavor y a empeorar la situación.

Por eso recordemos siempre nadie soluciona nada ni toma decisiones serenas y sensatas en la vida, si no es movido por la sobriedad de Espíritu, por la mansedumbre de corazón y por la serenidad del alma.

Por eso, la fe no es simplemente estar con el rosario en la mano rezando, rezar el rosario incluso desesperado y estar con la Biblia porque confía en Dios; la fe no es simplemente eso, porque fe es confianza y abandono, fe es permitir que Jesús sane el alma y el corazón.

La fe entra en nosotros nos ha de convertir en hombres y mujeres serenos y no en hombres y mujeres atormentados, violentos en los sentimientos y en los impulsos del alma.

La verdadera fe es la que confía en Jesús en medio de la tormenta y nos calma y engendra en nosotros la confianza, y nos da la dirección para seguir caminando en medio de las tribulaciones y de las ondas agitadas de la vida.

Frente a las tormentas que nos están agitando en este tiempo muy certeramente  Papa Francisco nos dice:  «La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

 La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad. Por eso no hay que tener miedo a quejarse a Jesús. (Momento extraordinario de oración, SS Francisco, 27 de marzo de 2020)

No hay que tener miedo a repetir la oración de los discípulos cuando la vida se nos pone de frente como un toro amenazándonos con sus cuernos. No hay que tener miedo a molestar a Jesús con nuestros gritos y peticiones de socorro. Lo que no hay que hacer nunca es tirarnos al agua, desesperarnos. Hay que mantenerse firmes ante la tribulación porque Jesús está ahí, cerca de nosotros. No sabemos cómo va a responder a nuestras oraciones. Pero, como somos gente de fe, de lo que estamos seguros es de que responderá.

Hoy no tengas miedo de molestar y despertar a Jesús, descubre y experimenta sobre: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen? (Mateo 8, 27). ¿Jesús es aquel por medio del cual todas las cosas fueron creadas, y por quien existen todas las cosas (Colosenses 1, 16); es Aquel cuyo poder inconmensurable está actuando en nosotros y por medio nuestro (Efesios 1, 19).

Él puede ordenar la curación de las enfermedades, como cáncer, Alzheimer, Parkinson y cualquier otra; p puede ordenar que cese la fiebre, la infección, los sarpullidos y también es capaz de soldar huesos fracturados y curar corazones destrozados.

Jesús es Aquel que desea una vida plena para todos los que ha creado, y por eso puede liberarnos de las ataduras del alcoholismo y la adicción a las drogas.

También es capaz de traer calma en medio de las tormentas de la vida: el divorcio, la pérdida de trabajo o de un ser querido, en medio de todo tipo de calamidades.

El Señor puede dar paz en medio de las emociones exaltadas, de relaciones cargadas de enojo, resentimiento y falta de perdón, y calmar la ira, la lujuria y el deseo de venganza. Con autoridad y amabilidad, le dice al corazón preocupado y atribulado: “No temas, soy Yo.”

Jesús puede hacer todas las cosas, porque él es Dios. Tal vez nunca has visto la curación de una enfermedad grave o una discapacidad, la restauración de una relación destruida, o la solución de una situación sin remedio; pero el Señor puede hacer aquello que tú anhelas con todo tu corazón. Empieza hoy, declarando: “Jesús, Señor y Dios mío, yo creo que tú puedes hacerlo.

Luego pídele al Espíritu Santo que te guíe al punto en el que honestamente puedas decir: “Amado Jesús, yo creo que tú quieres hacerlo.” Después, contempla todas las maravillas que él realizará.

“Señor Jesús, yo creo que tú puedes y quieres sanarme. Tú eres mi Señor y mi Salvador, yo confío en ti.”

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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