Homilía – martes 16 de junio de 2020

Homilía - martes 16 de junio de 2020

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este Evangelio Cristo nos hace un llamado a vivir, tomando las mejores decisiones y actitudes que la persona puede poner en práctica día a día. Con esto, Dios nos llama a dar un esfuerzo que pasa el plan humano pero que, gracias a la encarnación del Hijo el hombre, somos capaces de seguir un camino hacia la perfección. El hombre maduro, tanto humana como espiritualmente, es capaz de salir de sí mismo, pero amar a los enemigos va más allá porque hay un Dios que nos enseña a tener un corazón tan grande que no puede odiar, ni ser indiferente…

El principio es el de amar sin medida y el fin está en ser verdadero hijo de Dios Padre.

El Padre tiene un corazón que todo la perdona y todo lo acoge, en Él está la vida de todos los hombres, en Él todo está iluminado, nada se oculta. Y si nos lo pide es porque podemos hoy amar más que ayer, y mañana más que hoy, sabiendo que la perfección se alcanza cuando veamos a Dios en el cielo, aunque ya hoy podemos experimentar con menor intensidad el amor del abrazo eterno con Dios.

Al final de la vida de Cristo vemos a un Dios misericordioso con sus hijos, un amor hasta el extremo. Nos perdona porque no sabemos lo que hacemos y lo mismo pasa con nuestros enemigos. Los enemigos no están tan lejos, basta mirar el propio entorno. Importante pedir a María su intercesión para que esté con nosotros, ella es modelo de un amor hasta el extremo, un amor extraordinario, un amor sin límites. Nosotros, como hijos espirituales de María, sí que podemos seguir el ejemplo de Jesucristo.

«Ofrecer un don grato a Jesús es cuidar a un enfermo, dedicarle tiempo a una persona difícil, ayudar a alguien que no nos resulta interesante, ofrecer el perdón a quien nos ha ofendido. Son dones gratuitos, no pueden faltar en la vida cristiana. De lo contrario, nos recuerda Jesús, si amamos a los que nos aman, hacemos como los paganos (cf. Mt 5,46-47). Miremos nuestras manos, a menudo vacías de amor, y tratemos de pensar hoy en un don gratuito, sin nada a cambio, que podamos ofrecer. Será agradable al Señor. Y pidámosle a él: “Señor, haz que descubra de nuevo la alegría de dar”».
(Homilía SS Francisco, 6 de enero de 2018)

Por eso Jesús, en el sermón de la montaña lleva a su máxima expresión los mandatos de la ley. “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo…” Esto parece que tiene carta de ciudadanía. Nos limitamos a atender a los que son de los nuestros. Favorecer a los que piensan y sienten como nosotros y a veces da la impresión que esto es compatible con el Evangelio. Nos puede ocurrir lo que a los letrados y fariseos: desconocen la misericordia y se centran en los que son sus disposiciones y tradiciones. Hay que amar a los que nos persiguen y calumnian. Hay que amar a todos.

Así seremos hijos de nuestro Padre que está en el cielo

Hoy tenemos un reto: mostrar que la perfección consiste en amar a todos como Dios los ama. No hay distingos posibles en la determinación de amar. No amo desde mis planteamientos, sino que el deseo de amar se asienta en el mismo amor de Dios.

Él va abriendo camino. El que es perfecto es el único modelo válido. No valen otros modelos.

No podemos odiar a nadie, no podemos, de ninguna forma negar nuestro amor a nadie

Si alguien me hizo mal, no puedo retribuir en la misma proporción, en la misma moneda o en la misma medida.

Mi respuesta es la respuesta de un hijo de Dios, es la respuesta de un cristiano. El cristiano es un seguidor de Jesús, y el seguidor de Él es caracterizado por el amor. Entonces, mi respuesta es la medida de mi amor. ¿Y cuál es la medida de mi amor? Yo no necesito estar cerca, mimando aquella persona como si nada hubiera ocurrido. Yo rezo por ella, por eso, cuando Jesús dijo: “Recen por sus perseguidores”, es porque el mal que alguien nos hace causa una persecución en el alma y en el corazón, nos sentimos angustiados y perturbados con el mal que viene del otro.

¿Cómo combatir ese mal? Por el poder de la oración. De nada vale quedar creando, intrigas, especialmente de nada vale quedar hablando mal del otro. El mal que hablamos o pensamos del otro hace un mal terrible para nosotros y para nuestro corazón.

Para que yo no viva triste por el mal que viene del otro, hemos de responder en el poder de la oración; rezando por él, entregando él a Dios y, especialmente amando en la medida, en mi proporción, en mi empeño; y una respuesta muy concreta que yo puedo dar del amor: si no puedo hacerme presente como mi madurez exige, que, en mi ausencia, yo, de ninguna forma, hable mal, persiga o trate en la misma medida quien no me hace bien en esta vida. Amemos nuestros hermanos, especialmente aquellos que no nos hacen bien.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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