Homilía – Martes 1 de septiembre 2020 

Homilía - Martes 1 de septiembre 2020 

Mes de la Palabra 

La Palabra de Dios… que hace su obra en ustedes los que creen” (1 Tes 2, 13) no puede dar las pistas para celebrar el Mes de la Palabra de Dios, conocido anteriormente como el Mes de la Biblia.

Y al hablar de la Palabra de no responde sólo a un cambio de terminología, sino a la necesidad de poner al centro de la evangelización, de la vida pastoral y espiritual, el Verbo mismo.

“No somos un pueblo que sigue un libro, sino a una Persona revelada en la Palabra que nos acompaña y anima, que nos enamora desde la cotidianidad a vivir con alegría el llamado a ser discípulos misioneros y anunciar su propuesta a nuestra sociedad y al mundo”.

En el documento Dei Verbum, al final del Concilio Vaticano II, con una nueva propuesta se “nos invita a abrir las puertas de nuestro corazón para encontramos no sólo con el libro sagrado de la Biblia, para leerlo, conocerlo, interpretarlo, compartirlo en comunidad, sino que nos conduce al encuentro con una persona, Jesucristo y su propuesta de vida”.

En el Documento de Aparecida de 2007, se nos pide un acercamiento a las Sagradas Escrituras “no solo intelectual e instrumental, sino con un corazón hambriento de oír la Palabra del Señor”; y del Sínodo de la Palabra convocado por Benedicto XVI en 2008, reafirma que el fundamento de toda espiritualidad cristiana auténtica y viva es la Palabra de Dios anunciada, acogida, celebrada y meditada en la Iglesia”.  Y añade que ambos han servido para alimentar el camino de los agentes pastorales y las pequeñas comunidades parroquiales en el encuentro con la experiencia de la centralidad de la Palabra de Dios.

Mes de la Creación 

El papa Francisco después de promulgar la encíclica Laudato si’, en la que invita a una “conversión ecológica”, estableció el 1 de septiembre como Jornada de Oración por el cuidado de la Creación. El Papa recordó, después del rezo del ángelus, que del 1 de septiembre al 4 de octubre “celebraremos con nuestros hermanos y hermanas, cristianos de diversas Iglesias y tradiciones el “Jubileo de la Tierra”, para conmemorar el establecimiento, hace 50 años, del Día de la Tierra” y que dará inicio con el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

Cuidar la creación. Retos para los cristianos

Francisco en el mensaje que dirigió al mundo hace un año para esta fecha afirmaba: «Dios vio que era bueno» (Gn 1,25). La mirada de Dios, al comienzo de la Biblia, se fija suavemente en la creación. Desde la tierra para habitar hasta las aguas que alimentan la vida, desde los árboles que dan fruto hasta los animales que pueblan la casa común, todo es hermoso a los ojos de Dios, quien ofrece al hombre la creación como un precioso regalo para custodiar.

Y observando la respuesta que los cristianos damos a la misión de cuidar la creación afirmó: Trágicamente, la respuesta humana a ese regalo ha sido marcada por el pecado, por la barrera en su propia autonomía, por la codicia de poseer y explotar. Egoísmos e intereses han hecho de la creación —lugar de encuentro e intercambio—, un teatro de rivalidad y enfrentamientos.

El Papa busca la raíz de esta respuesta, por eso dice: En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que mangonean; fuimos pensados y deseados en el centro de una red de vida compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación.

Por eso el Papa lanza una invitación: Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos!

En el mensaje de esta Jornada Mundial de Oración, el Papa reconoce que “la pandemia actual nos ha llevado de alguna manera a redescubrir estilos de vida maìs sencillos y sostenibles” por lo que destaca que “necesitamos aprovechar este momento decisivo para acabar con actividades y propoìsitos superfluos y destructivos, y para cultivar valores, viìnculos y proyectos generativos”.

Por eso es necesario eliminar de nuestras economiìas los aspectos no esenciales y nocivos y crear formas fructiìferas de comercio, produccioìn y transporte de mercanciìas”,

Nosotros poseemos el modo de pensar de Cristo 

Esta frase no es solo hermosa, también es real. Con ella San Pablo destaca algo fundamental en nuestra vida de creyentes. Somos hijos de Dios y por lo mismo poseemos el Espíritu. Este es el que nos abre las puertas del misterio, llevándonos más allá de nuestras limitaciones y “así conocer lo que Dios, gratuitamente nos ha dado”.

Es el Espíritu el que nos facilita una lectura de la realidad desde una perspectiva distinta a la de aquellos que solo tienen ojos para ver la inmediato, lo puramente material. Nuestra visión de las cosas, cuando estamos imbuidos del evangelio, es la misma de Cristo, ya que nuestro modo de pensar es el modo de Cristo.

Conocer a Dios no es algo a conseguir con nuestras únicas fuerzas. Solo Dios puede facilitarnos ese conocimiento. Solo su gracia puede hacer de nosotros criaturas nuevas que, en relación con Jesucristo, podemos avanzar por el camino de la salvación.

Aquí no vale la simple sabiduría humana. Necesitamos la gracia de Dios que nos facilita ese penetrar en el misterio de Dios. Él nos ofrece el don de la sabiduría.  “Y de esto es de lo que hablamos no con palabras de la sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, adaptando lo que es espiritual a quienes poseen el Espíritu de Dios”.

El don de sabiduría es el modo de ver las cosas como las ve Jesús, de ver la realidad como la escruta el Señor desde lo alto; el don de ver la relación de todo con el misterio de la Trinidad.

¡Qué palabra la de este hombre!

Una de las estrategias más astutas del demonio, y que usa con gran habilidad sobre todo en nuestros días, es hacernos creer que no existe.

El nuestro mundo lleno de tecnología y ciencia, con frecuencia aparecen fenómenos que nos desconciertan y asombran. Negamos la existencia del demonio y después quedamos desconcertados ante los acontecimientos que no les encontramos explicación. Se han multiplicado los exorcismos y las protecciones contra Satanás. ¿Se estará haciendo más presente el demonio en nuestros días?

No creo que ese tipo de presencia, posesiones y fenómenos paranormales tengan mucho que ver con la presencia del demonio y no es ésta la situación que más me preocupa, ni la que más parece preocuparle a Jesús. Su preocupación es el mal que ata y esclaviza a la persona, su preocupación son las cadenas que nulifican al hombre, su preocupación es la injusticia y la impiedad. 

El mismo Papa Francisco con frecuencia hace alusión a esta presencia e influencia del demonio en nuestras vidas.

Jesús inicia su ministerio predicando la Palabra que lleva paz y armonía al corazón, que libera de la mentira, que levanta y dignifica y después en una forma visible, delante de todos, libera a un hombre atormentado por el demonio.

No nos imaginemos posesiones en cada ocasión que se habla del espíritu del mal en los pasajes bíblicos. A toda enfermedad y dolencia se le consideraba atadura de Satanás y de todas estas ataduras nos viene a liberar Jesús.

Que no nos asusten esos fenómenos en que se quiere a fuerzas descubrir a Satanás, pero también, que no seamos ingenuos y neguemos toda la influencia que están teniendo las fuerzas del mal en nuestros tiempos y en las decisiones que se toman diariamente. Por eso ahí tenemos en nuestros días la violencia, las injusticias, las mentiras, la corrupción, la injusticia, el juega vivo,  para darnos cuenta de esa presencia fuerte de Satanás en nuestros días.

Quizás nosotros, no tanto con nuestras palabras, pero si con las actitudes también le decimos a Jesús que se aleje de nosotros y que nos deje en nuestro mundo de mentiras, de corrupción y de egoísmo.

“Déjanos, ¿por qué te metes con nosotros?” Es el contraste entre la forma de pensar y actuar de quién tiene el Espíritu de Jesús y de quien se deja conducir por el espíritu del mundo.

Que hoy nos acerquemos a Jesús, que le permitamos compartir su vida con nosotros, que cambiemos nuestra forma de vivir.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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