HOMILÍA – LUNES SANTO (6 de abril de 2020)

HOMILÍA - LUNES SANTO (6 de abril de 2020)

Seis días antes de la Pascua, Jesús estaba en Betania. Sabemos que Betania es la casa de los amigos de Jesús: Marta, María y Lázaro; Betania es la casa donde Jesús gustaba estar y hacerse presente. Allá, Él también había resucitado a Lázaro y todo era muy reciente.

Los escribas y fariseos estaban molestos porque Lázaro representa la presencia amorosa de un Dios que ellos no controlaban. 

Lázaro resucitado molestaba a fariseos e hipócritas, porque Lázaro devuelto a la vida es un signo de la presencia y grandeza de Dios. Un Dios que no tiene dueños ni puede ser silenciado ni ocultado.

Signo y anticipo de lo que Dios quiere hacer en nosotros y nos ofrece, vida plena, que surgirá de su entrega en la Cruz.

Lázaro resurgió, revivió, pero volvió a morir, porque no resucitó para la gloria, mientras que, Jesús murió y resucitó gloriosamente, y en su muerte y resurrección nos da la gloria plena a todos los que le seguimos. 

Hasta el punto de poder decir convencidos: “muerte dónde está tu aguijón; muerte dónde está tu victoria”, si en el árbol de la cruz has sido vencida.

Por eso: ¡Qué belleza y que gracia que esta semana podemos pasar a los pies de Jesús!

Estos días antes de la pasión, no es semana de la muerte, es la semana de la Vida, la vida de aquellos que siguen el Señor de la Vida. 

Otro dato: estando Jesús en casa de sus amigos, María ungió los pies de Él, demostró todo su amor por el Maestro Jesús.

El amor no tiene precio, él es incondicional, especialmente cuando se trata del amor a Dios. Por eso, ella cogió su perfume más precioso y ungió los pies de Jesús. Después, ella secó los pies de Jesús con sus cabellos, demostrando todo su amor. Ayer, algunos quisieron calentar las redes y manifestar, con todo derecho su disgusto, el acto de la presencia de Jesús, bendiciendo nuestros cielos. ¡Qué le vamos hacer! E incluso llegaron a decir que es un acto de vanidad, de prepotencia. Nada más contario a nuestros sentimientos. 

Algo tengo seguro: yo soy solo un burrito que le pide a Dios no ser nunca un   burro vanidoso, como el de ayer, que pretendía que los aplausos eran por él, y no por Jesús. 

En medio de mis defectos, soy consciente de cuál es mi papel. Guiar y dar consuelo a los miles de laicos que en este momento –sin que salga en ningún medio o red– se la están zurrando y acompañado a los más necesitados. Y, como María, están ungiendo los pies de Jesús en el pobre.

También pensemos en los miles de fieles a quienes esta bendición les brindó esperanza y tranquilidad. Con que una sola persona, de los centenares de miles que están en cuarentena, haya sentido la Presencia del Señor, y su encierro se haya llenado de luz y calma, todo habrá valido la pena. ¡Entendamos que un alma llena serenidad también es salud!

JESUS EN LOS POBRES

Y hoy el Papa decía “nosotros seremos juzgados no por el lujo o los viajes que hagamos, o por la importancia social que tengamos. Seremos juzgados por nuestra relación con los pobres, con los que están sufriendo. Seré juzgado si los ignoro o, les dejo de lado, si creo que no existen. Si tengo esa actitud, entonces el Señor me ignorará en el día del juicio”.

Y con todos sus fallos, algo sí podemos decir, que sí hay una institución que en estos momentos no ha abandonado a los pobres es la Iglesia. Y no solo la Iglesia Institución, sino cada uno de ustedes, porque cristiano la Iglesia eres tú.

Y como María, nunca hemos tenido miedo de ungir los pies de Jesús – en el pobre- para escuchar, amar, besar, adorar y glorificarlo a Él, en ellos.

Y si lo quieren comprobar, los invito solo por mencionar unas obras:  a la Casa el Buen Samaritano de VIH Sida. Vayan al centro San Juan Pablo II, donde estamos consolando y ayudando a travestis, prostitutas, drogodependientes; hombres y mujeres de la calle, o el Hogar San José que regentan las hermanas de Calcuta que atienden a los despreciados por la sociedad, aquellos que tienen incapacidad física y mental.

Y en esa ayuda, como María ungimos el cuerpo de nuestro amado Jesús, que está vivo para siempre en ellos.

Por eso ¡Qué belleza y qué gracia si podemos pasar esta semana a los pies de Jesús! La vida entera deberíamos pasar a los pies de Él, pero esta semana, de forma especial, dediquemos horas y momentos para quedar a los pies de Jesús, para amarlo a Él, para que la fuerza de la muerte no sea más fuerte en nosotros que la fuerza de la vida; para que la fuerza de la gracia de Dios sea mayor que cualquier cosa en nuestra vida.

Queridos hermanos: desde los pies de Jesús, les invito a que podamos meditar en esta semana cómo podemos utilizar este difícil tiempo de cuarentena y estos días santos de pasión, para fortalecer -en nuestra Betania- que es nuestro hogar, los lazos familiares. Que, a pesar de nuestras diferencias, podamos expresarnos el cariño y respeto y ungirnos con el perfume oloroso, del amor, la comprensión y el respeto.

Sé que estar confinados las 24 horas del día no es fácil. Esto puede provocar que entre nosotros salgan chispas. Pero por amor a los nuestros, tratemos de crear entre todos climas fraternos para que nunca desemboque en violencia intrafamiliar.

El confinamiento que estamos viviendo, en muchos casos, ha encerrado a las víctimas de violencia con sus maltratadores. Y por eso tengamos muy presente a tantas mujeres que enfrentan dos pandemias: el Covid-19 y la violencia machista. 

Y esto supone una gran paradoja, que en el tiempo de la recomendada “distancia social”, muchas personas se vean obligadas a convivir las 24 horas del día con su mayor enemigo visible, bajo el mismo techo. 

Personalmente les confieso que me preocupa el aumento significativo en el abuso y violencia familiar como resultado de que las víctimas tengan que aislarse por sí mismas. 

La situación es compleja, porque la posibilidad de respuesta de las instituciones se ha visto muy mermada, siendo la prioridad fundamental en estos momentos críticos la lucha contra la pandemia. Es un asunto que me preocupa.

 Sabemos que “el hecho de que el hombre no tenga acceso a fuentes de trabajo, le genera mayores frustraciones por el hecho de no poder proveer para su familia – o quien vive en la drogodependencia- o porque ahora carezca de distracciones como el deporte. Todo esto es un cultivo para aumentar la violencia doméstica”.  

Incluso en este tiempo “los agresores perciben impunidad y seguridad, porque el encierro dificulta salir de la relación para interponer una denuncia”. 

No nos olvidemos, y esto nos puede pasar a todos desafortunadamente, que el confinamiento en el hogar puede generar un terreno fértil para la violencia familiar y doméstica. Violencia que no conoce de estatus social, religión o sexo.

Siempre, pero de manera especial en este tiempo, no demos por sentado que como se trata de la familia todo saldrá bien.

Incluso después de un tiempo hasta podemos comenzar a ver la culpa en el otro o sentir rabia. Tómenos en cuenta que al estar juntos por varios días genera tener conflictos, y si en una familia hay ciertos resentimientos o resquemores, que también son parte de la convivencia, pueden salir en el confinamiento. Sabiendo esto, hay que buscar maneras de manejarlo”.

Tomar distancia cuando nos sentimos ofuscados. Comprender que la familia estará junta en un solo lugar por mucho tiempo, y es mejor evitar que las discusiones se agraven.  

Tomemos un momento para relajarnos. Respiremos profundamente, y una vez que nos sintamos más calmados, estaremos más dispuestos a resolver la discusión sin alterarnos. 

¿Cómo ayudar a un familiar que siente mucho miedo o estrés?

Evitemos hablar constantemente sobre el nuevo COVID-19. E incluso, insisto, no distribuyamos información no verificada sobre la nueva enfermedad.

No le mintamos a los niños ni a las personas mayores que viven con nosotros. Hablemos con claridad sobre lo que ocurre, y por qué es importante quedarse en casa.

¿Cómo combatir el aburrimiento y la apatía?

Aprovechemos la oportunidad para hacer actividades que nos gusten, pero a las que no hemos podido dedicar mucho tiempo en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, leer libros, ver películas o series o hacer ejercicio.

Aprendamos algo nuevo y aprovechemos para aprender las nuevas tecnologías. Perdamos el miedo y no sigamos al menos los que tenemos más de 60 años utilizando estos aparatos inteligentes todavía como si fueran solo máquinas de escribir Olimpia.

Recuperemos viejas costumbres, como ver una película en familia o sentarnos a comer todos juntos.

¿Cómo pueden las parejas fortalecer su relación?

Compartamos tiempo de calidad, pero dejemos espacio para actividades individuales. Ya saben, para que la pareja funcione, tenemos que ser buenos jardineros, cuidar una pareja es un arte; es como como cuidar una flor.  

Si una flor no se riega se muere, pero si se riega mucho, también. Hay que ser un artista para cuidar una flor.

Yo siempre lo digo: yo no tengo el arte para cuidar una sola flor, a lo sumo un cactus de plástico, por eso vivo a plenitud mi celibato y sacerdocio. Por eso soy felizmente cura, y estoy convencido que el don que Dios me dio no es de cuidar una sola flor; por eso admiro y respeto a los casados. Y me imagino que eso de vivir en pareja tiene que ser tremendo, peor es una opción que hay que vivirla, y en cada estado tiene su cruz y su gloria. Seamos conscientes de ello.

En estos momentos no se nos ocurra tomar decisiones definitivas. La cuarentena es pasajera. “En momentos de crisis perdemos la perspectiva. Hay conflictos. Hay que tener cuidado con pensar que la pareja no funciona o que usted quiere irse de la casa”.

Y, sobre todo, compartamos el cuidado de los niños. “Si se tienen niños pequeños, hagamos equipo para atenderlos y luego poder tener un rato a solas; bien sea para lectura, estudiar, hacer ejercicio, meditar, hacer contacto con familiares que están lejos”.

Dediquemos momentos para quedarnos a los pies de Jesús 

“María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume” (Jn 12, 3) que nuestra casa se impregne siempre del buen olor que nos ofrece Cristo. Bendiciones y un abrazo a todos.

Panamá, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos por Panamá – Quédate en casa.

  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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