HOMILIA JORNADA DE ORACION POR LA PATRIA 2019

HOMILIA JORNADA DE ORACION POR LA PATRIA 2019

HOMILIA JORNADA DE ORACION POR LA PATRIA
Iglesia del Carmen Vía España, domingo 24 de noviembre de 2019.

 

Hermanos y hermanas:
Hemos comenzado esta ya tradicional Jornada de Oración por la Patria, insistiendo en la necesidad de unir nuestra plegaria hacia el Altísimo para que nos ayude a encaminarnos en la construcción del país donde todos somos hermanos, donde no exista la injusticia ni la desigualdad, sino la solidaridad y la justicia social.

Cada uno de nosotros, al hacer un alto para orar a Dios por Panamá, está expresando su deseo que sea Él el que oriente e ilumine nuestro país.
Por eso ese amor a la Patria es el que nos congrega esta mañana en toda la iglesia entorno a la mesa Eucarística, para pedirle a Dios nuestro Señor el don de su paz y la fuerza de su Espíritu para seguir buscando “el progreso de nuestro país por caminos de justicia y de paz”. Hoy nos reunimos también para agradecerle a Dios su presencia en nuestra historia patria, desde antes de ser una república.
La Iglesia invita a los fieles a orar por nuestro país, por las autoridades gubernamentales y civiles que lo dirigen, con el fin de pedirle a Dios para que les ilumine su entendimiento y fortalezca su voluntad en orden a disponer todo lo que les compete, para alcanzar los objetivos de paz y de justicia en torno al bien común.

Su Santidad Francisco ha dicho que “Un buen católico se entromete en la política, dando lo mejor de sí, para que el gobernante pueda gobernar. Pero, ¿qué es lo mejor que podemos ofrecerles a los gobernantes? ¡La oración!
¿Por qué es importante orar? Porque la oración conforma nuestra vida a los planes que Dios tiene para nuestra existencia. Porque la oración, que nos va haciendo cada vez más “imagen de Dios”, nos permite ver los acontecimientos y el mundo con los ojos de Jesús.
Hemos exhortado durante todo este mes la Oración por Panamá, porque estamos convencidos que la suma de la oración llena de fe por nuestra patria, es la gran fuerza para la paz que tanto necesita nuestro país.
Orar por Panamá es hacer también Patria, porque el Señor de la historia vive y está presente en la historia del pueblo panameño.
Damos gracias por nuestra Patria que es el alma y patrimonio común de todos los panameños.
Y el alma de nuestra patria es cristiana. Tan cristiana como panameña.
Y esa alma es la que debemos conservar. “La Patria es un don, la Nación una tarea”.

1. NO PERMITAMOS QUE PANAMA SE ALEJE DE DIOS
Somos conscientes que hay una pérdida de la conciencia ciudadana, que con el tiempo se ha acrecentado asombrosamente. Como consecuencia crece también, en un amplio sector de la población, la indiferencia política, la desesperanza y la apatía, que algunos pudiesen justificar o no.
Pero también es cierto que no queremos escuchar a Dios. Y la ausencia de Dios en los pueblos trae como consecuencia una sociedad individualista, hedonista, corrupta, egoísta, materialista, indiferente con el que sufre, que no valora la vida –en ninguna de sus etapas-  donde predomina la cultura del desecho, como la ha llamado al Papa, a esa sociedad donde los seres humanos son desechados, pensando que son sustituibles.
La grandeza de los pueblos se mide, en primer lugar, por sus fuerzas espirituales no por la fuerza económica. Ya sabemos que como país hemos crecido económicamente, pero no de manera inclusiva y equitativa para que este crecimiento baje como cascada a todos los que habitamos este suelo panameño. Existe una brecha entre pobres y ricos que cada vez más se va profundizando y es que la economía y el desarrollo no han incorporado como centro a la persona humana ni el bien común.
Tenemos bien claro que “la Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.
A la Iglesia le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien”.
Las Reformas Constitucionales demandan la participación de todos los sectores, garantizando un mecanismo de consulta que nos lleve a lograr un consenso nacional.
Démonos el tiempo necesario para ir consignando los aportes y consensos que provean una Carta Magna que llene las expectativas de todos los panameños.
También el pueblo espera con gran esperanza el nombramiento de los nuevos Magistrados; que sean realmente profesionales del derecho, con amplia trayectoria, con independencia, honestidad y ética comprobada. Que estas designaciones sean el signo de que realmente se quiere hacer la diferencia.
Oremos para que sean de manos firmes, justas, desconectadas de cualquier intereses y presión, política o económica.

2. LA PATRIA NECESITA DE TODOS 
En este momento particular de la historia, Panamá necesita de todos, para enrumbar el país hacia el Panamá que queremos.
Si bien es cierto que la debilidad institucional de nuestra democracia y el desprestigio de los partidos políticos impiden la internalización y la valoración de los principios democráticos en nuestra población, especialmente en los marginados, a quienes no llegan los beneficios de un sistema que cumple formalmente las reglas democráticas, pero que no asegura el goce efectivo de los derechos humanos, “se hace necesario e indispensable humanizar la política y devolverle su sentido original, su causa y finalidad es la primacía de la dignidad humana y el bien común”. (Cfr. Mater et Magistra 20).
El complejo mundo de la política desafía a las comunidades cristianas, especialmente a los fieles laicos, a generar espacios y escenarios posibles de discernimiento evangélico de los signos de los tiempos, a fin de promover el desarrollo de una auténtica cultura democrática y la participación con conciencia, actitud profética, sentido ético y abierta a la pluralidad, que haga posible el vínculo y proyección social de todas las personas como sujetos creadores de un nuevo orden social. (Cfr. Compendio de Doctrina Social de la Iglesia 189).  Así nos lo ha recordado el Papa Francisco al decir que los ciudadanos no pueden desinteresarse de la política: “Ninguno de nosotros puede decir: ‘Pero yo no tengo nada que ver con esto, ellos son los que gobiernan…’. No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor para que gobiernen bien y debo hacer lo mejor por participar en la política como pueda. La política -dice la Doctrina Social de la Iglesia- es una de las formas más elevadas de la caridad, ya que es servir el bien común. Yo no puedo lavarme las manos, ¿eh? ¡Todos tenemos que dar algo!”.

3. UNIR LA MORAL Y LA POLÍTICA
Edificar la patria es nuestra tarea, tarea que hace renacer en nosotros una gran esperanza. Pero, también, una gran responsabilidad hacia esa inmensa multitud de hermanos nuestros que necesitan pan, trabajo, educación, seguridad, paz. Queremos ser para ellos constructores de un mundo más solidario, más justo, más humano, el mundo que anhela el corazón del hombre.
Si hay algo que el país reclama es la honestidad, la transparencia: en una palabra, la moral de todos sus ciudadanos, comenzando por quienes tienen mayores responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales, religiosas.
El amor a la patria nos convoca a reflexionar y a comprometer nuestra acción por construir una sociedad mejor. Depende de nosotros que esta idea se haga realidad.
La patria no comienza hoy con nosotros, pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso nos toca a nosotros seguir creando y construyendo la Patria.
La celebración del mes de la Patria nos debe ayudar a renovar nuestro esfuerzo y solidaridad para forjar una sociedad mejor, donde todos puedan vivir con felicidad.

4. CONCLUYE EL AÑO LITURGICO
Con la celebración de hoy terminamos el Año litúrgico, año en el que el evangelio de San Lucas nos ha acompañado todos los domingos, hemos ido desgranando la historia y la vida de Jesús y hemos tenido la ocasión de caminar con él. Cuando el próximo domingo comencemos el nuevo año litúrgico lo haremos ya escuchando el evangelio de San Mateo.
En el recorrido de la obra de Lucas hemos visto, a lo largo del año, a aquél que se anunciaba a los pastores como el Mesías. Lo hemos contemplado manifestado en el Bautismo, en la transfiguración, tentado en el desierto, curando enfermos, llamando a sus discípulos. Le hemos oído hablar del ayuno, del sábado o del Templo. Hemos contemplado admirados sus enseñanzas sobre la misericordia y su llamada permanente a la conversión. Le hemos visto entrando en Jerusalén y predicando en el Templo, hemos escuchado sus enseñanzas sobre el final de los tiempos. Hemos asistido con El a la cena de Pascua, a su pasión, muerte y resurrección. Nos hemos empapado de sus enseñanzas queriendo hacerlas nuestras e intentando llevarlas a la práctica en nuestro quehacer diario.

Y hoy como último domingo del evangelio de Lucas, miramos al Salvador en el momento de la Cruz. Ahí aparece el rey, burlado, azotado, soportando el dolor, entregando su vida, que rey tan contradictorio y misterioso, ese rey que dice que no es más importante el que se sienta la mesa, sino el que sirve la mesa, y que dice que El está como el que sirve.
En el trance de la cruz Jesús se sigue comportando como trasparencia de la misericordia divina, ejerciendo su oficio de salvador, rescatando a quien puede para el paraíso. Siempre perdonando y siempre acogiendo. La salvación de Jesús se nos muestra por lo tanto, no como algo restringido, reducido, sino abierto y universal, aunque en un principio haya sido rechazado, esa decisión no es considerada definitiva, sino que se puede rectificar y aceptar la salvación de Jesús, en cualquier momento. Es lo que ha sido la constante de este evangelio, la misericordia del Señor llevada hasta el extremo.

Las palabras del Jesús al buen ladrón que hemos leído y escuchado tienen una calidad única, porque forman parte del testamento del crucificado. Con su gesto de perdón confirma todo lo que intentó decir y hacer a lo largo de su vida, este Jesús que siempre comunicó amor por donde pasaba, este perdón de Jesús rey crucificado, nos encamina a todos por los senderos del perdón y la misericordia, desarrollando en nuestras conductas actitudes de acogida, de esperanza salvadora, de comprensión y de amor.
Acogiendo estas palabras y gestos de Jesús en nuestro interior, nos gustaría hacerlos nuestros, porque sabemos que Jesús con su ejemplo nos está marcando el camino por donde quiere que caminemos nosotros sus amigos de hoy. Pero reconocemos la dificultad de realización del mismo, porque cuando nosotros nos encontramos en situaciones parecidas no solemos actuar como El. Cuando se nos pide un perdón, cuantas veces encontramos razones para no darlo, cuando se nos piden gestos de paz, de acogida o de servicio desinteresado, cuantas veces hacemos acepción de personas, diciendo a este no y al otro menos, es decir restringimos los gestos que Jesús nos pide que multipliquemos. No quiere esta reflexión llevarnos a una ingenuidad de nuestros actos, pero si que nuestro realismo no nos haga insensibles ante la necesidad ajena. Es algo que tenemos que saber conjugar.

Le pedimos al Señor que nos de la fuerza necesaria para ser mejores imitadores de que el nos pide, que no nos echemos para atrás, sino que intentemos vivir mas en consonancia con los que fue su testamento de amor. Se lo pedimos al tiempo que recordamos a todos los que sufren, a los que están solos o enfermos.

 

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.