HOMILÍA – FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

HOMILÍA - FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Parroquia San Judas Tadeo,
Domingo 1 de noviembre de 2020.

Este año el 1° de noviembre, solemnidad de todos los santos, cae domingo. En la ordenación de las celebraciones litúrgicas, esta solemnidad ocupa un rango superior al de un domingo del tiempo ordinario, y por eso ha desplazado la liturgia propia del domingo.

Hoy celebramos nuestro destino, el objetivo de nuestra vida, nuestra aspiración, realizada ya en los hermanos que han hecho su camino antes que nosotros. Dediquemos un tiempo a pensar en ello.

Hemos sido creados por Dios para ser santos; hemos aceptado la fe y el bautismo para ser santos; actuamos con responsabilidad moral cada día para ser santos. ¿Qué significa ser santos?

El significado más básico y fundamental de ser santos es que somos propiedad de Dios, llevamos su sello y su marca. La santidad es, en primer lugar, algo que recibimos.

Cuando Dios, a través del ministro de la Iglesia, invoca sobre nosotros su nombre en el bautismo, nos reconoce como hijos suyos. Cuando Dios, a través del obispo, nos consagra con el don de su Espíritu en la confirmación, nos sella como suyos. Cuando Dios, a través del sacramento de la eucaristía nos hace un solo cuerpo con Cristo, nos hace ofrenda y sacrificio para Él. Esta es la santidad que recibimos.

Esto es lo que celebramos hoy, festividad de Todos los Santos. Donde recordamos con alegría a los que han conseguido el éxito definitivo. Los Santos que hoy celebramos son personas de nuestra familia, de nuestro pueblo; gente del mundo entero, personas como nosotros que, con esfuerzo, amor y fe, consiguieron alcanzar el cielo.

Estas personas han vivido y han hecho realidad el proyecto de vida que Dios tiene para cada uno de nosotros. No fueron personas privilegiadas ni les resultó fácil seguir y hacer la voluntad de Dios día a día, ya que tuvieron que superar muchos obstáculos que se cruzaban en su camino. Pero tenían un reto diario: hacer el bien y no dejarse tentar por el mal ni por las trampas de este mundo. Gracias a esta fidelidad a Dios, al terminar sus vidas han recibido su recompensa: estar para siempre con Dios.

¿Qué ha sido lo que han hecho estos hombres y mujeres para ser santos? ¿Cómo han vivido para alcanzar la santidad?

Los Santos son esas personas que han buscado a Dios con el corazón sincero, que se han dejado encontrar por Dios, que Dios ha sido el sentido de sus vidas. Son personas que han seguido firme, valiente y decididamente a Jesucristo y han vivido heroicamente las virtudes cristianas de la fe, la esperanza y la caridad. Son personas hechas de barro como nosotros, pero que han comprendido y han vivido el amor de Dios y se han mantenido firmes en ese amor a Dios.

Ellos, al igual que nosotros, han sufrido tribulaciones, dificultades, pero no perdieron la alegría del corazón y tuvieron puesta siempre su esperanza en Dios y en hacer la voluntad de Dios Padre.

Todos estos hombres y mujeres que hoy celebramos tenían un único deseo: ver a Dios cara a cara. Por ello, durante toda su vida se alimentaron de la oración y de los sacramentos, vivieron y practicaron la caridad hacia el prójimo. Y todo esto es algo que nosotros también podemos hacer y vivir.

Si vemos las vidas de los Santos –la vida de tu mama, abuela, o tu esposa o esposo o de un hijo- que ya han partido al encuentro con Dios, será fácil saber que es ser santo: porque ellos durante toda su vida se esforzaron por hacer feliz a los demás, vivir en Gracia de Dios, e imitar cada día más y más a Jesús, que es el verdadero modelo de santidad para todos nosotros.

Los Santos no han sido ángeles y héroes de otro planeta, son personas que han vivido en nuestro mundo, en tiempos tan difíciles o más que los nuestros, pero se han mantenido fieles a Dios, a pesar de las incomprensiones que incluso se dieron con miembros de la misma Iglesia.

Para ser santo, no necesitamos hacer milagros, lo que necesitamos es vivir la Bienaventuranzas que proclamó Jesucristo; vivir la humildad, la apertura a Dios, la pureza de corazón, la actitud de misericordia, trabajar por la paz. Viviendo así podremos nosotros también llegar un día a ser santos. No olvidemos que el Señor nos llama a todos a ser santos: “Sean Santos, como su Padre celestial es santo”, nos dice el Señor.

Al contemplar el ejemplo de los santos, esperamos que despierte en nosotros el gran deseo de ser como los santos, felices por vivir cerca de Dios, en su luz, en la gran familia de los amigos de Dios. A esto somos llamados todos los cristianos.

Ellos son intercesores para nosotros; invoquémoslos para que nos ayuden a imitarlos y esforcémonos por responder con generosidad, como ellos lo hicieron, a la llamada a la santidad.

Hoy la Iglesia, nos invita en esta fiesta a mirar al cielo, nuestra patria futura donde ya muchos de nuestros hermanos nos han precedido y allí gozan de la bienaventuranza eterna.
¿Qué es el cielo? Pregunta que nos hacemos en lo íntimo del corazón pero que ya casi nadie se atreve a hablar de ello, por el miedo a parecer mojigato o por no querer complicarse la vida con interrogantes difíciles.

Sin embargo, hablar del cielo es hablar del contenido de nuestra esperanza y por lo tanto debería ser algo bastante normal por aquello de que tocamos uno de los núcleos principales de nuestra razón de vivir. Si no es así, y no lo es, es que algo funciona mal.

Para que comprendiéramos que es el cielo Jesús lo hizo usando imágenes (perla preciosa, red llena de peces, mies abundante) realidades que suscitan en el interlocutor una experiencia de gozo inmenso. Pero hay una imagen muy particular y querida por Jesús para hablarnos del cielo: es la del banquete de bodas. El cielo se parece a una boda.

La fiesta mayor en todas nuestras familias y pueblos es la fiesta de la boda de una pareja a la que se agasaja y festeja vistiéndose de gala todo el mundo, apoyando el compromiso de fidelidad de los cónyuges, comiendo y bebiendo en sobreabundancia y cantando y bailando de alegría y júbilo. Toda la persona y todas las personas entran en juego y a todos llena el gozo y la fiesta.

En la imagen de la boda se trasluce claramente la dimensión comunitaria del cielo junto con la dimensión festiva a tope. El cielo para Jesús es de muchos o de todos y es una fiesta a la que estamos invitados por el Padre y en la que el “novio” será el Hijo. El cielo no puede ser cosa de “robinsones crusso” ni algo aburrido y parado. Es lo máximo de fiesta, de comunión, de solidaridad, de fraternidad, de familiaridad y todo en torno a la figura central que es Dios Padre que nos acoge y abraza en su Hijo. El gran abrazo será el Espíritu Santo. En síntesis, ser santo es hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias.

Radio Hogar en sus 66 años

Con gran satisfacción podemos decir que nuestra emisora Arquidiocesana, Radio Hogar, la voz de tu Iglesia, celebra sus 66 años de fundación, gracias al esfuerzo y la voluntad de una generación de hombres y mujeres que entregaron su talento y su servicio para mantenerla siempre disponible, incluso en los momentos más difíciles.

Radio Hogar durante esta crisis sanitaria ha estado acompañando al pueblo de Dios, en todo el país, porque cuenta con una señal en FM que le permite llegar a donde casi nadie llega. Así mismo es como la Iglesia Católica que, como Madre-Maestra, está dispuesta a formar, orientar, informar y entretener, con una programación variada.

Gracias a todos los colaboradores de Radio Hogar, por su entrega permanente, que Dios les bendiga por todo lo que hacen y harán a favor a la emisora Arquidiocesana.

Inicio del Mes de la Patria

También, este domingo 1 de noviembre, damos inicio al mes de la Patria. Un mes en el que la Iglesia Católica, a través de la Comisión Arquidiocesana de Oración, nos invita a orar en todo momento a la Patria, especialmente en las circunstancias en la que vive la humanidad.

La Comisión Arquidiocesana de Oración nos invita a participar de la Campaña Pro-Valores: ¡Por Panamá, Junto lo Lograremos! Durante todo el mes de noviembre, en el que vamos a reflexionar por semana sobre valores: en la Primera Semana sobre el AMOR; en la Segunda Semana el RESPETO y la TOLERANCIA, en la Tercera Semana: la RESPONSABILIDAD y en Cuarta Semana: la SOLIDARIDAD.

Reforzar estos valores que nos hacen un pueblo noble, como nos definió el Papa Francisco, nos permitirá hacer conciencia que todos, tenemos que repensarnos, que necesitamos cambios en nuestra actitud para lograr efectivamente la rápida recuperación de todos los demás sectores afectados por la crisis sanitaria.

San Juan Pablo II dijo en su momento que: “Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto”. Sanemos a Panamá, fortaleciendo los valores… asumamos con pasión esta campaña PRO-VALORES: POR PANAMÁ, ¡JUNTOS LO LOGRAREMOS!

El valor del amor

La propuesta de la Campaña Pro Valores para esta semana que inicia es reflexionar sobre el valor del Amor. Para los cristianos este es el principal valor, Dios por amor a la humanidad entregó a su Único Hijo, para que con su muerte y resurrección nos ganara la vida eterna.

Los principales mandamientos de la vida humana están centrados en el amor a Dios sobre todas las cosas y en el amar a tu prójimo como a ti mismo.

Para los cristianos amar a la Patria no es un solo un valor cívico, sino parte de su naturaleza. Se aprende primero en el hogar, luego en las escuelas y después se va perfeccionando según las necesidades.

Por eso amar a la Patria es más que respetar nuestros símbolos: la bandera, el escudo, el himno, la arpía ave nacional. Amar a Panamá es colocarnos la misma camiseta PANAMA, y estar dispuestos en dejar aquello que nos impide caminar juntos para salir adelante. Hay mucho que reconstruir, debemos regresar a la esencialidad de nuestras vidas, valorando aquello que si lo es verdaderamente importante.

Esta pandemia si bien ha traído muchas pérdidas de vida y pérdidas materiales, también se ha convertido en una oportunidad para renovar nuestro amor a la tierra que nos vio nacer. Es un tiempo adecuado para unirnos, identificarnos y abrir múltiples posibilidades de mutua colaboración, superando cualquier tipo de dificultades.

Nos hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, y que vale la pena ser responsables, honestos, justos, generosos y buenos. No podremos superar esta pandemia solo, porque solo jamás nos salvaremos. Recuperemos el amor a la Patria, el amor al prójimo, el amor a la tierra, a la naturaleza. No tengamos miedo, que el amor no debilita sino que fortalece, es el que nos impulsa a renovar todo para mejorar nuestras vidas.

Responso por los difuntos

En una sola voz este próximo lunes 2 de noviembre, nos uniremos nuevamente las diversas comunidades de Fe, para pedir por los fieles difuntos, especialmente por quienes han fallecido en medio del servicio.

La Catedral Basílica Santa María la Antigua, será el escenario para realizar un responsorio especial por todos quienes han fallecido, especialmente durante la pandemia, a partir de las 6 de la tarde por FETV Y SERTV, además de Radio Hogar y las emisoras católicas.

Recordamos que la oración por los difuntos, para los cristianos es una tradición. Hemos ido preparándonos con la Novena por los fieles difuntos que concluye hoy, para dar paso mañana a la solemnidad del día de los difuntos.

Orar por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus almas.

Cuidado al ir al cementerio y las criptas

Este día, 2 de noviembre, también los católicos vamos a los cementerios para llevar flores y elevar una oración por nuestros seres queridos que han fallecido.

Es importante seguir las normas de bioseguridad: uso de mascarillas, toma de temperatura, lavado de manos y el distanciamiento físico. Si se siente los síntomas no salga de casa y avise al centro de salud más próximo.

Para las misas y la visita de las criptas en nuestros templos se han asumido las medidas recientes establecidas por el Ministerio de Salud. Debemos acatarlas para evitar los contagios.

Recordemos estamos en la pandemia, no hay aun cura para este nuevo coronavirus. Todo ha sido trastocado, lo importante es protegernos. Es bueno recordar lo expresado por san Agustín quien dijo: “Una lágrima se evapora, una flor se marchita, sólo la oración llega al trono de Dios”. AMEN.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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