HOMILÍA  FIESTA DE PENTECOSTÉS – 31 de mayo de 2020

HOMILÍA  FIESTA DE PENTECOSTÉS - 31 de mayo de 2020

HOMILÍA  FIESTA DE PENTECOSTÉS
Capilla del Seminario Mayor San José, Domingo 31 de mayo de 2020.

Un tiempo Pascual atípico

Hermanos, cerramos el tiempo pascual más atípico que nos ha tocado vivir. Han sido casi dos meses y medio de encierro que puede provocar en nosotros el deseo de salir en estampida de nuestros hogares, de nuestro encierro. Frente a estos deseos miremos seriamente qué nos enseña esta pandemia.

¿Será volver a una nueva normalidad? No lo creo, porque esto se puede interpretar que volveremos a una nueva forma de corrupción, a una nueva forma de juega vivo, a nuevas formas de indiferencia hacia el más vulnerable y empobrecido. De ser así, esto puede significar buscar nuevas formas de robarle a los pobres, como ha dicho el Papa Francisco, cuando nos habla de la corrupción en todas las esferas.

Necesitamos volver a “la esencialidad de la vida”, que es recuperar esos valores perdidos de la ética, de la moralidad, de la solidaridad, de la fraternidad, de los caminos de paz, en que la corrupción merece el desprecio total, el escarnio público y la cárcel.

No podemos seguir viendo como normal e impávidos los actos de corrupción o justificarlos porque esto es así y todo el mundo lo hace; y si no aprovecho ahora, entonces cuándo. 

Son propicias las palabras del Papa Francisco, ahora que vamos incrementando la actividad económica del país que dice: “…sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez, que comportara una reforma económica beneficiosa para todos. Esto requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes sociales, económicos y políticos.

Les exhorto a que afronten este reto, con determinación y visión de futuro, teniendo en cuenta, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que quienes más tienen deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. El Papa exhorta a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a la ética en favor del hombre”. (Discurso del Papa Francisco a los embajadores de Kirguistán, Antigua y Barbuda, Luxemburgo y Botswana, Sala Clementina, jueves 16 de mayo de 2013).

En medio de esta pandemia hay que unir voluntades para volver a la “esencialidad” en cada una de nuestras actuaciones como persona, en el campo religioso, político, económico, en lo privado y gubernamental. La suma de voluntades es posible. Refundemos las bases de la ética y la moral, porque todos los males sociales provienen de la ausencia de estos valores.

Prioridad la seguridad, solidaridad y el servicio

Durante los más de setenta días del confinamiento por la pandemia, las directrices que hemos dado los obispos, han sido siempre encaminadas a cumplir con la Ley de Dios, que en su quinto mandamiento nos manda guardar, promover y defender la vida, preservarla, la nuestra y la de los demás. Y eso es lo que estamos haciendo: preservar de posibles contagios y extensiones de la pandemia».

Frente la apertura de los templos volvemos a reiterar por responsabilidad que se abrirán cuando estén debidamente constituidos los comités de salud Covid 19 de cada una de las parroquias, porque si hubiese el más mínimo caso de propagación por causa de negligencia en la Iglesia o de la Iglesia, es una responsabilidad que no queremos cargar por amor a nuestros fieles.

Frente a la apertura de los templos cada Obispo en su diócesis evaluando la situación, determinara cuanto estarán aptos para abrirlos y lo comunicara oficialmente.

Hasta en esto, forma parte de la nueva esencialidad. Un trabajo en conjunto, no es que cada parroquia va abrir por su cuenta, al final la responsabilidad es de cada Obispo. Por eso sea constituido un equipo diocesano y parroquial. Y el parroquia ha de tener un grupo de apoyo que estará presente en cada celebración.

En la Arquidiócesis no podemos olvidar que esta el mayor número de incidencia que nos lleva tomar mayores medidas e incluso a determinar donde siguen los focos de mayor infestación y en esas áreas todavía tenemos mayor responsabilidad. Para que nuestra vuelta a los templos sea en paz, serenidad y seguridad.

Reiteramos abra una fecha que anunciaremos cuando se abran todos los templos.

Esto no implica que en previa conversación con el párroco teniendo las debidas precauciones y protocolos, puedas ir a confesarte. 

Otra cosa es ya la apertura oficial de los templos, que lo haremos todos en la fecha que se dictamine sin que haya discriminación de una iglesia que tal vez están ya preparada y otras que por diversas circunstancias incluyendo la económica no lo pueden hacer.

No hagamos caso de campañas orquestadas en redes sociales, enviando mensajes de alguna manera recriminatorios que, en lugar de abrir caminos, los cerramos. La prudencia es muy necesaria en estos momentos».

En la situación de confinamiento me alegra saber que están anhelando la presencia de Cristo, especialmente en la eucaristía, por eso no se nos olvide todos estamos aprendiendo que Dios está dentro de nosotros o en la compañía de los nuestros.

Todo esto está siendo garantía de que es verdad que Cristo vive, está presente. Algunos no lo comprenden y esto me hace sufrir más. ¿No son estas las notas de la primitiva comunidad cristiana, que la familia es la pequeña iglesia doméstica?».

Ahora «estamos aprendiendo de esa Iglesia que estamos palpando tan luminosamente en quienes en hospitales están dejando su vida por los más vulnerables; por los que a través de Pastoral/Cáritas, y de otras instituciones e iniciativas están compartiendo lo que tienen o en tantos sacerdotes que en su ministerio parroquial, o de la pastoral de la salud, están ofreciendo un servicio impagable y silencioso a los demás; o en tantas personas consagradas que con su vida están dando un testimonio tan valioso como el de la caridad hecha oración por los otros más necesitados.

Sabemos que existe una necesidad en muchos de nosotros por incorporarnos a la vida comunitaria parroquias, sin embargo, debemos ser prudentes.

Especialmente solicitamos y es una sugerencia, para los adultos mayores y las personas de riesgo, que no asistan a misa en estos momentos, ni que los niños sean llevados a misa. Recuerden que existe la dispensa dominical, y pueden seguir las eucaristías por los medios de comunicación. Y se podrán acercar a los templos en horas especificas o conversando con vuestros párrocos a recibir la sagrada eucaristía.

No desesperemos, somos gente de fe y esperanza. Jesucristo está con nosotros y nos acompaña.

Invoquemos al Espíritu Santo

La 1ª lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos recuerda lo que significó la venida del Espíritu Santo en la primera iglesia y lo que debe significar el Espíritu en la Iglesia de hoy.

Necesitamos que el Espíritu nos dé ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidad. No nos salvamos solos. Nadie se salva solo. Nadie. San Pablo dice en la epístola a los Gálatas: «Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos unidos a Cristo somos uno solo, un cuerpo solo» (cf. 3,28), cohesionado por la fuerza del Espíritu Santo.

Tenemos por delante el deber de construir una realidad nueva. El Señor la hará; nosotros podemos colaborar: «Yo hago nuevas todas las cosas», dice (Ap 21,5).

Cuando salgamos de esta pandemia, no podremos seguir haciendo lo que veníamos haciendo, y cómo lo veníamos haciendo.

No, todo ha de ser distinto. Todo el sufrimiento no habrá servido de nada si no construimos entre todos una sociedad más justa, más equitativa, más cristiana, no de nombre, sino en realidad, una realidad que nos lleva a una conducta cristiana. Si no trabajamos para terminar con la pandemia de la pobreza en el mundo, en nuestro país de cada uno de nosotros, en el barrio donde vivimos cada uno de nosotros, este tiempo habrá sido en vano.

De las grandes pruebas de la humanidad, y entre ellas de la pandemia, se sale o mejor o peor. No se sale igual.

Preguntémonos: ¿Cómo queremos salir de esta pandemia? ¿Mejores o peores? Y es por eso que hoy nos abrimos al Espíritu Santo para que sea Él, quien nos cambie el corazón y nos ayude a salir mejores.

Si no vivimos para ser juzgados según lo que nos dice Jesús: “Porque tuve hambre y me dieron de comer, estuve preso y me visitaron, forastero y me recibieron” (cf. Mt 25, 35-36), no vamos a salir mejores. Y esta es tarea de todos, de todos nosotros.

Por eso hoy día de Pentecostés, el Espíritu Santo viene a hacer posible el entendimiento entre las personas, a hacer realidad la fraternidad. Y el lenguaje del Espíritu es el amor y el lenguaje del amor lo entiende todo el mundo.  El Espíritu hace que nos entendamos las personas, por ello la división dificulta la presencia del Espíritu en nuestras vidas.

Dones al servicio de la Iglesia

Los dones que hemos recibido por la efusión del Espíritu como nos dice la lectura de San Pablo a los Corintos, son para construir la unidad; por eso los dones que el Espíritu Santo nos da no son para ser utilizados en beneficio propio, sino que deben ser puestos al servicio de todos.

El Evangelio de San Juan nos presenta a la comunidad cristiana reunida alrededor de Jesús resucitado. Esta comunidad pasa a ser una comunidad viva, sin miedo, a partir del momento que reciben al Espíritu Santo.

Hoy más que nunca debemos implorar: “¡Ven, Espíritu Santo, fuerza y energía!” porque hay muchos cristianos que se encuentran cansados y no quieren recorrer el camino de Jesús.

Hay muchos cristianos que han perdido la esperanza y necesitan nuevas ilusiones para superar todos sus miedos.  Ven, Espíritu Santo para que seamos una Iglesia viva y atenta a los lamentos de nuestro pueblo.

“¡Ven, Espíritu Santo, bálsamo y consuelo!” porque hay muchos hombres y mujeres que viven tristes, que viven con dolor porque han perdido la alegría.  Ven, Espíritu Santo para que enciendas el fuego de nuestro entusiasmo y que todos gocemos la alegría de vivir.

Que nuestro pesimismo se transforme en una búsqueda sincera de soluciones a los problemas que hoy oprimen al hombre.  Ven, Espíritu Santo para que veamos las luces para descubrir el camino que nos lleva a la luz plena.

“¡Ven, Espíritu Santo, lenguaje y palabra!”, porque las fronteras, las discriminaciones y las diferencias han dividido a los pueblos. Los hombres ya no se llaman hermanos y se miran como rivales y enemigos. Reúnenos en un solo pueblo donde se superen las divisiones y donde la Palabra y el Amor de Dios Padre nos unan.

Que sea posible amarnos a pesar de nuestras diferencias, caprichos y egoísmos. Que sea posible respetarnos descubriendo, más allá de los rostros y los vestidos, a personas con derechos, con oportunidades, con dignidad. Que sea posible encontrar reconciliación, paz y armonía.

Que realmente abramos nuestro corazón a la presencia y acción del Espíritu en nuestro corazón, en nuestra familia y en nuestra Iglesia. También para nosotros son las palabras de Jesús: “Recibid al Espíritu Santo”.

La celebración que hoy culminamos debe llevarnos a desplegar nuestras “velas” o dones recibidos y ponerlos a favor del soplo del Espíritu para ir avanzando en la tarea de evangelizar y de hacer crecer el Reino de Dios en nuestro entorno.

Todo es nuestro, nosotros de Cristo y Cristo de Dios (Padre). FELIZ PENTECOSTÉS.



† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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