HOMILÍA – FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

HOMILÍA -  FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

“GRATITUD A QUIENES HAN SOSTENIDO LA TRANSMISIÓN DE LA MISA EN TV”
Capilla del Seminario Mayor San José, domingo 2 de Agosto de 2020.

A nuestro estimado y apasionado amigo Alejando Papalindo Sanjur, que se encuentra en casa cuidándose, que labora en TVN, le extendemos nuestro saludo.
A nuestra querida Estelita Villarreal y al estimado Juan Carlos Barreiro, ambos de MEDCOM
Al licenciado Jorge Luis Sánchez, subdirector de SERTV y el Ingeniero Héctor Montenegro de SERTV, que cuentan con nuestro aprecio y respeto.
Saludamos a Don César De León, un ícono de la televisión panameña, quien labora en NEXTV
Y a nuestro equipo de FETV que en estos cuatro meses han asumido la producción de la misa, dando la señal madre a todos los demás canales.
Al inicio de esta celebración queremos agradecerle a nombre de la Iglesia Católica en Panamá a los hombres y mujeres que han sostenido a lo largo de estos años la transmisión de la misa televisada por los canales de televisión abierta a nivel nacional.
Nuestra histórica gratitud
Este 29 de julio; se cumplió 56 años de la 1era. Misa transmitida en la Televisión Panameña, que se hizo el 29 de julio de 1964, a través de RPC Televisión. Y también en el mes de julio, se cumplen 51 años de transmisión ininterrumpida de la Santa Misa Dominical, esta cita semanal con Dios, está dedicada a los enfermos en sus casas, los que están recluidos en los hospitales, y aquellas personas que están privados de libertad en las cárceles.
Durante estos años, la Misa Televisada, se ha transmitido de forma ininterrumpida, hasta en los momentos difíciles que ha enfrentado la nación panameña; en especial la Invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989, nunca se dejó transmitir.
Todo un equipo técnico y de hombres y mujeres, dispuestos siempre a contribuir para que de la manera más profesional esta misa dominical llegue a las pantallas de miles y miles de hogares. Gracias infinita por mantener vigente este compromiso con el pueblo cristiano, con las personas enfermas, en casas y hospitales, por los reclusos y reclusas. Y ahora en especial en este tiempo de pandemia.
Es oportuno también agradecer al equipo de misa televisada y de producción de la Arquidiócesis de Panamá, a través del departamento de Liturgia y de la Oficina de Comunicación y Prensa. Son muchos los nombres de sacerdotes, diáconos y laicos que a lo largo del tiempo han ofrecido sus dones, domingo a domingo. Este es un servicio que Dios les recompensará a todos.
La Providencia Divina
El tema de la Liturgia de hoy es el de la Providencia Divina y la confianza que debe tener el cristiano de que Dios, que es Padre –y Padre infinitamente Misericordioso– se ocupa de nuestras necesidades: tanto espirituales, como materiales.

En la Primera Lectura, tomada del Profeta Isaías (Is. 55, 1-3), podemos apreciar el cuido amoroso de un Dios que es Padre, pero con ese estilo maternal que a veces nos desconcierta; ese Dios bueno que se ocupa de sus creaturas. Así nos dice el Señor a través del Profeta: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, venga, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan, y salario en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Préstenme atención, venga a Mí, escúchenme y vivirán” (Is. 55, 1-3).

En esta Lectura podemos intuir que se refiere tanto los bienes y alimentos materiales, como los espirituales. Y todos ellos nos vienen de Dios, aunque nos toque trabajar un poco para obtenerlos. Tal vez no nos damos cuenta de que es Dios Quien nos los provee. No en pocas ocasiones creemos que todos es fruto de nuestro esfuerzo, que lo conseguimos únicamente “con el sudor de nuestra frente”, escondiendo debajo de la alfombra esa Presencia Divina que le da sentido a la vida, que es camino, paisaje y destino.

Y algunos de esos bienes nos lo da de manera totalmente gratuita. ¿Qué alimento más gratuito hay que la Eucaristía? Pan y vino gratis. Y ¡cómo alimenta! Alimenta el alma en el camino hacia la Vida Eterna.

Y para los bienes materiales, Él nos da la posibilidad de encontrarlos poniendo nosotros nuestro aporte, que es el trabajo cotidiano. Para los espirituales nuestro aporte consiste en nuestra respuesta a la Gracia Divina, es decir, nuestro “sí” a la Voluntad de Dios.

Por otro lado, el Salmo nos recuerda esa confianza en la Providencia Divina. Así hemos rezado: “Abre, Señor, tu mano y nos sacias de favores… A todos alimentas a su tiempo … Todos quedan satisfechos”. (Sal. 144)

El Evangelio nos trae uno de los milagros más recordados de Jesús, el de la Multiplicación de los Panes y los Peces: alimento multiplicado y gratis para saciar a todos los que le seguían en ese momento. Pero, más allá del milagro multiplicador, es interesante descubrir en este texto del Evangelista San Mateo (Mt. 14, 13-21), algunos detalles que rodearon este impresionante milagro.

Lo primero que llama la atención es el hecho de que, para el momento de este acontecimiento, Jesús se acaba de enterar de la muerte de su primo, su Precursor, San Juan Bautista. Nos dice el Evangelista que “al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar solitario”.

Es decir, que en ese momento el Señor estaba de duelo y quería retirarse a solas, seguramente a orar, o simplemente a recuperarse de la tristeza de este hecho.

Sabemos que, como Dios, Jesús conocía de antemano lo que iba a suceder a su primo. Pero, como Hombre verdadero que era también, sentía aflicción por tal pérdida y por tan vil asesinato (cfr. Mt. 14, 1-12).

Pero ¿por qué llama la atención esto? Llama la atención porque enseguida nos cuenta el Evangelista: “al saber la gente que Jesús estaba por allí, lo siguieron por tierra y Él, al ver aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos”.

Y la atención de Jesús para con esa gente no se queda allí, sino que posteriormente, les da de comer a todos.

Si observamos bien, entonces, nos damos cuenta que Jesús se olvida de lo que inicialmente iba a hacer, se olvida de su retiro en soledad, se olvida de su duelo, de su dolor, y se somete a la solicitud de una muchedumbre hambrienta de pan material y de pan espiritual.

Ser imitadores de Cristo
Y nosotros, que debemos ser imitadores de Cristo, ¿es así como actuamos con relación a las necesidades de los demás? ¿Qué necesidades ponemos de primero: ¿Las nuestras o las de los demás? ¿Cómo atendemos a quien nos necesita para que le demos una palabra de aliento, una atención porque está enfermo o simplemente porque necesita un trozo de pan? ¿Hacemos como Jesús? ¿Nos olvidamos de nuestra tristeza o preocupación personal para atender a otros, aún desde nuestra propia tristeza o preocupación? ¿O buscamos ser nosotros atendidos, olvidando a los demás? ¿Cómo actuamos? ¿Cómo somos?

El otro detalle que llama la atención de este milagro multiplicador de comida es el hecho de que Jesús le pregunta a sus discípulos cuánta comida tienen. Y ellos le informan: son sólo cinco panes y dos pescados. La muchedumbre era grande: cinco mil hombres, más las mujeres y los niños ¿Cómo podían los discípulos, preocupados por el gentío, seguir la indicación del Señor que les dice: “Denles ustedes de comer”?

El Señor les pedía un imposible: dar de comer a quince mil, con cinco panes y dos pescados. Ellos obedecen, aunque parecía imposible. Y nosotros … ¿cómo actuamos cuando el Señor nos pide algo que creemos imposible? ¿Confiamos en la Providencia Divina o confiamos sólo en nuestras débiles fuerzas? ¿Confiamos plenamente en Dios u olvidamos que Dios nunca nos pide algo que no podamos cumplir con su Gracia?

¿Qué sucedió, entonces, en esta escena evangélica? ¡Sucedió lo imposible! Los Apóstoles pudieron cumplir la instrucción del Señor, pues, acto seguido, Jesús efectúa el milagro: de los cinco panes y dos peces iban saliendo muchísimos panes y pescados; ¡tantos! que al final, después de haber comido todos, se recogieron doce cestas llenas.

Hermanos: el “DENLE USTEDES DE COMER”. Para nosotros, seguidores de Jesús, se convierte en un imperativo categórico para todos los tiempos; este denle de comer tiene infinidad de matices y es cierto que incluye también la dimensión litúrgica y catequética de la Iglesia, pero merece la pena detenerse en lo que significa la diaconía (el servicio) y la Koinonía (la comunión y el compartir).

Pues el gran signo del mesianismo de Jesús, de la verdad de sus “Propuestas”, será la ejecución permanente de este precepto.

Desde este mandato tendremos que implementar medios para que determinadas ayudas estatales o municipales fluyan equitativamente y lleguen a los más pobres. Tendremos que estar cercanos de los ancianos en soledad y de los enfermos en situación crítica donde la luz de la Palabra y de la fe cristiana pueden poner esperanza y futuro.

Hemos de hacer valer nuestra visión sobre el hombre y su cultura en todos los foros donde se debata esta realidad o cuestión. Hemos de trabajar con nuestros medios en el crecimiento de una justicia social que sea verdaderamente fraternal e igual para todos.

Todo esto sin olvidar el valor central de nuestra vida, sin el que todo lo demás será quizás filantropía, solo lineal y sin futuro. Porque el amor de Dios nunca es abstracto ni se queda en buenas palabras o puros sentimientos. Ante el hombre sufriente, Jesús siente lástima, pero sobre todo actúa y hace que los demás actúen (Mateo 14,13-21). Nosotros nos conmovemos muchas veces ante las imágenes de la miseria, pero quedamos como paralizados e impotentes. Jesús, no. Pero Él sabe encontrar soluciones. No se trata de soluciones milagrosas sino de los milagros de la solidaridad, del compartir, de poner a disposición de los demás los bienes que uno posee. La Iglesia, siguiendo a su Maestro, ha intentado a lo largo de los siglos venir en ayuda de los necesitados. Siempre ha tenido la impresión de que no tenía suficientes recursos para hacer frente a los desafíos. Y es la verdad. Ni Jesús quiso convertir las piedras en pan ni nosotros somos capaces de solucionar solos todos nuestros problemas.

Hace falta implicar a toda la humanidad, hay que invitar a todos los hombres de buena voluntad a luchar contra la pobreza y sus causas. Solo una cultura de la sobriedad, de alianza solidaria entre los pueblos, de disponibilidad a compartir los bienes puede dar una respuesta al problema del hambre. Es lo que estamos viendo con el resurgir de tantas y buenas iniciativas, para mencionar una el Movimiento #TodoPanama, el Banco de Alimentos, el Plan Panamá Solidario, Jesús Luz de Oportunidades, Ayuda Social Panamá…

Todas estas iniciativas son maravillosas, y Dios les da su bendición. Pero, sin duda, es la celebración de la eucaristía la que hace realidad la multiplicación del pan de vida. Demos gracias a Jesús porque nos nutre con su cuerpo y su sangre, con su amor. Que nosotros seamos también fuente de vida para nuestro mundo necesitado.

No bajar la guardia ni perder la esperanza

Nuevamente quiero reiterarles que siempre, pero de manera especial este es un tiempo en el que debe prevalecer el “gran sentido de sensibilidad, unidad, solidaridad y generosidad” para superar retos como país, y los animo a unirnos ahora más que nunca para superar la cifras de desigualdad y pobreza”.

Estamos convencido que “una vía” para salir de la crisis del coronavirus es “crear un espacio de concertación nacional” basado en principios de diálogo, justicia y paz social, “sin politiquerías, sin intereses particulares, sin cálculos, sin mezquindades”, que albergue las “mayores posibilidades de progreso para todos”.

Es momento de que entendamos que solo podemos alcanzar bienestar si todos tenemos acceso a condiciones de vida justas. Ahora entre todos podemos fijar un rumbo nuevo, ya sabemos la ruta que nos ha dado éxito en el pasado: transitemos por ella y fortalezcamos los valores del bien común en nuestro país.

Cambiar el juega vivo
Hermanos y hermanas esta situación inestable e insegura nos pone en juego la cuota de poder de cada cual.

Para los empresarios, las reclamadas pérdidas económicas. Para los líderes, los cálculos políticos de aceptación general. Para los especuladores, la creatividad amoral que les permita aplicar el dicho “en río revuelto, ganancia de pescadores”.

Incluso los emprendedores son víctimas de estos ajustadores de lo ajeno. Miles de pequeñas y medianas empresas deben redefinirse ante la falta de ayuda estatal y de las corporaciones que hasta hace unos meses compraban sus productos.

Un alto a la insensatez
Por otro lado a quienes alentábamos como héroes, ya no los aplaudimos. Aplaudirlos nos hacía sentir cerca de ellos. Sin embargo, ellos como desde el primer día, siguen yendo a sus lugares de trabajo a cuidar la salud y la dignidad de quienes se infectaron, y ponen como ofrenda su propia vida y salud, en favor de nosotros.

Mientras tanto, están los superhéroes de la insensatez, que evaden los controles policiales para estar en reuniones multitudinarias absurdas, que a los días terminan siendo un nuevo foco de contagio. El coronavirus existe, es altamente contagioso, no existe aún una vacuna y es trágicamente fatal.

Hermanos, todos en nuestro interior reclamamos el derecho a ver a la familia, a celebrar con amigos, pero no podemos ejercer la viveza criolla para transgredir las normativas de prevención. No es inteligente. Es suicida. O peor, es homicida.

El primer derecho es el de la vida. Y la vida, toda vida, debe ser respetada, aunque no estemos de acuerdo con las normas; menos argumentando razones más propias de un barril de cerveza que de alguien que forma parte de la humanidad.

Dejemos el grito violento e intolerante. Volvamos al aplauso agradecido. Seamos humanos.

Punto Sagrado de la Arquidiócesis de Panamá

Un nuevo servicio queremos ofrecer desde la Iglesia Católica en Panamá que es recibir aquellos objetos bendecidos que han sufrido algún deterioro o están sin utilizar y no saben qué hacer con ellos. Se trata del servicio “Punto sagrado” donde los fieles pueden entregar estos objetos con la finalidad de poder reciclarlos o restaurarlos y donarlos, cumpliendo así con un manejo adecuado acorde a nuestras creencias religiosas.

Inicialmente el “Punto Sagrado” estará ubicado en la sucursal de la Librería Católica de Panamá, que se encuentra en Vía España, Carrasquilla, al lado de la Iglesia Nuestra Sra. De Lourdes.

El Punto Sagrado de la Arquidiócesis de Panamá espera ampliar la disponibilidad en otras sucursales de la Librería Católica y en las parroquias.

Iniciativa adopta un abuelo
“¡Cada anciano es nuestro abuelo! No los dejemos solos. Usemos lo posible darle una caricia de amor, hagámosle una llamada, una videoconferencia o enviémosle mensaje, escuchémosle y, cuando las normas sanitarias nos lo permitan, visitémoslo.

Un anciano en tu familia, en las casas hogares, en tu barriada o comunidad espera por ti. Busquemos a quienes en esta soledad de la pandemia requieren un gesto de amor que lo haga sentirse amado.

Confiemos en la Providencia, trabajemos pero dejemos a Dios ser Dios para que actúe en nuestras vidas. ¡Que Dios nos guíe e ilumine!

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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