HOMILÍA – FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD (7 de junio de 2020)

HOMILÍA - FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD (7 de junio de 2020)

“GRATITUD A LA POLICIA NACIONAL Y A LA  FUERZA DE TAREA CONJUNTA”

Capilla del Seminario Mayor San José,  domingo 7 de junio de 2020.

 

Saludamos al Ministro de seguridad, Juan Manuel Pino 

Al Viceministro de Seguridad, Ivor Axel Pitti  

Al Director de la Policía Nacional, Jorge Miranda Molina

Al  Director General del Servicio Nacional Aeronaval, Ramón Nonato López

Al Director General del Servicio Nacional de Fronteras, Oriel Ortega

A la Directora General del Servicio Nacional de Migración, Samira Kamel Gozaine.

En este domingo, Día del Señor, queremos manifestar el agradecimiento a hombres y mujeres, que brindan con vocación y disciplina un servicio a la comunidad a tiempo y destiempo para garantizar nuestra seguridad y bienestar.

Todos de alguna manera estamos vinculados a esta gran familia que forma la Fuerza de Tarea Conjunta integrada por el Ministerio de Seguridad, instituciones como la Policía Nacional, el Servicio Nacional Aeronaval, el Servicio Nacional de Fronteras y el Servicio Nacional de Migración, entre otras, porque cada uno de ellos han salido de nuestras familias y comunidades. Ellos y ellas optaron por contribuir a la seguridad de todos quienes habitamos este Istmo.

Hoy celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad. Pero, ¿Qué significa la Trinidad? ¿Qué significa que hay un solo Dios, que se expresa mediante tres personas distintas? 

La Trinidad no se trata de un problema matemático. Celebramos el misterio de la fe que Dios Trino, se muestra a la humanidad, en sus tres divinas personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. 

Este misterio de la Trinidad no es otra cosa que el misterio del amor de Dios, que nos envuelve y acompaña, que se nos manifiesta y se nos da a lo largo de la historia de la salvación, que continúa en la actualidad. Creemos que el amor viene de Dios, que amó al mundo y nos dio al Hijo y al Espíritu Santo. 

Dios ha ido revelando progresivamente su intimidad, y algunos como Moisés pudieron experimentar esa amistad de Dios que se manifiesta como el Dios de la Alianza, que crea una familiaridad de Dios con su pueblo (Ex 34,4b-6.8-9). Es un Dios compasivo, de entrañas maternales, a la vez padre y madre. San Ireneo dirá que Dios actúa en el mundo mediante el Verbo y el Espíritu, que son las dos manos de Dios. La Palabra creadora es una mano masculina. El Espíritu de amor es la mano de Dios que da un toque femenino a todo lo que Dios hace.

Ha sido el Hijo, enviado por el Padre, el que nos ha revelado el misterio de la Trinidad, el misterio del amor de Dios. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenarlo sino para salvarlo (Jn 3,16-18). Dios ha enviado su Espíritu a nuestros corazones y con Él su amor, de manera que podemos participar en la vida misma de Dios. Desde esta realidad, podemos incluso releer el Antiguo Testamento y descubrir varias figuras, como la Sabiduría y el Espíritu de Dios, que anuncian al Hijo y al Espíritu. Dios ha ido revelando progresivamente su intimidad, después de haber ido preparando pacientemente a su pueblo para que pudiera acoger esa revelación.

Dios no es un ser aislado, encerrado en sí mismo.

La crisis del coronavirus habrá confirmado a muchos en su convicción de que estamos solos, y que no hay un Dios que se ocupe de nosotros y del mundo. Los creyentes, sin embargo, hemos fortalecido nuestra fe en el Padre bueno que no nos deja solos en los peligros, sino que pone a nuestro lado personas que son capaces de arriesgar la vida en favor de los demás.

Todos nosotros tenemos la capacidad de dar vida y amor, de salir de nosotros mismos para buscar el bien de los demás porque estamos hechos a imagen de Dios. Pero también somos capaces, como el Hijo, de acoger el don de los demás, su intimidad.

Por eso la Trinidad no sólo se nos muestra como modelo de comunión, sino también como modelo de sociedad. Nuestro Dios es una COMUNIDAD, una familia. Una familia tan unida, que todos quieren lo mismo. Una Familia que se ama tanto, que cada uno se entrega a los otros por completo.

Es una comunidad de personas que mantienen entre ellas una serie de relaciones de amor, que traducimos con nuestras experiencias humanas de Padre, Hijo y Espíritu. La persona es apertura, es relación y se constituye y realiza solo en la relación. El Padre se da totalmente al Hijo. El Hijo acoge este don y lo devuelve al Padre. Y en ese dar y recibir se constituye el Espíritu como el lazo de amor entre el Padre y el Hijo.

Es el misterio de la Trinidad el que ilumina el misterio que somos cada uno de nosotros, creados a imagen y semejanza de la Trinidad. Tampoco el hombre es un ser aislado, cerrado en sí mismo, sino que somos una apertura a los demás. Nos constituimos y realizamos como personas, precisamente en relación con los demás, sobre todo en esa relación privilegiada que es el amor y que consiste en dar y recibir.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan siempre, por así decirlo, en equipo.  Cada uno tiene un papel. El Padre, como se dice en el Credo, es creador de todo. En cuanto al Hijo, por Él fueron creadas todas las cosas y se hizo hombre para revelarnos el verdadero rostro de Dios y su plan de salvación. Por último, el Espíritu Santo interviene en la encarnación y nos enseña y mantiene en la Verdad plena. Todo ello, a pesar de ser distintos lo hacen en equipo, lo hacen en unidad absoluta y total.

Y así debe ocurrir en la Iglesia y en cada una de nuestras comunidades. Al igual que cada persona de la Trinidad, aunque desempeña funciones distintas en toda la historia de la Salvación, pero trabajan en unidad, también nosotros en nuestra comunidad, dentro de la riqueza, de los dones, y de nuestras posibilidades, debemos saber trabajar en equipo, apoyándonos en nuestras tareas concretas y sobre todo ayudándonos entre todos a vivir el carisma al que Dios nos ha llamado.

Pidamos, por tanto, que en este día en que celebramos la Santísima Trinidad, el Señor nos ayude a vivir estos dos aspectos: la unidad y el trabajar en comunión, así como también lo que nos decía San Pablo: “trabajemos por nuestra perfección, teniendo un mismo sentir y viviendo en paz”.

Aprendemos a amar como el PADRE nos ama, aprendemos a vivir como EL HIJO nos enseñó, unidos en el ESPÍRITU SANTO que nos alienta. Dios, Comunidad en su vida íntima, es el centro y modelo de nuestra comunidad.

LOS CRISTIANOS TENEMOS QUE CREAR COMUNIDAD EN EL MUNDO.

Celebrar la Fiesta de la Santísima Trinidad es descubrir, con inmenso gozo, que la fuente de nuestra vida es Dios-Comunidad y que nuestra verdadera felicidad es vivir en Iglesia -Comunidad, para hacer del Mundo una Comunidad, hasta el día en que todos participemos eternamente de la Comunión divina, de la vida divina, que es AMOR.

¿Cómo vivo la pertenencia a la Iglesia, la familia de los hijos de Dios? ¿Estoy creando comunión en el mundo que me rodea? Estas son las preguntas que debemos hacernos como cristianos y como personas de buena voluntad.

Gratitud a La Fuerza de  Tarea Conjunta

La experiencia de comunión para llevar adelante un proyecto, podemos decirlo lo ha puesto en practica todos los miembros que forman parte de las instancias que componen las Fuerza de Tarea Conjunta. En estos tiempos de pandemia esta experiencia de comunión para lograr la seguridad de los habitantes en Panamá ha sido vital para apoyarse mutuamente. Han sido tiempos difíciles de doblar turnos, de tiempos de mucho sol y mucha lluvia, de cansancio y sueños acumulados, de abandono del hogar y de la familia, por el servicio a la Patria.

Conocer la entrega de tanta gente hacen surgir en mi corazón un gran sentimiento de gratitud hacia tantos héroes anónimos en este tiempo de Pandemia. Poco a poco hemos reconocido la labor de tantos y quedan muchos por ser reconocidos públicamente. En esta oportunidad queremos reconocer y agradecer a la FUERZA DE TAREA de CONJUNTA, representada hoy aquí por el Ministro de Seguridad, Juan Manuel Pino; el viceministro de Seguridad, Ivor Axel Pitti; por el Director de la Policía Nacional, Jorge Miranda Molina; por el Comisionado de SENAN Ramón Nonato López;  del Director General de Senafront, Oriel Ortega y de la directora de Migración, Samira Gozaine. Ustedes representan a todas las unidades y todos los componentes de la Fuerza de Tarea Conjunta que, en equipo, en unidad, nos han dado testimonio de sacrificio y entrega total en beneficio de un pueblo acosado por el peligro.

En conjunto han realizado una labor indescriptible, sin esperar ningún reconocimiento público, que bien se lo merecen. Han hecho una labor animados por la “satisfacción del deber cumplido”. Han estado donde se les ha requerido; han realizado su misión con responsabilidad; han sido en muchas ocasiones bálsamo de quien sufre, y siempre con una gran humanidad y un gran sentido de patriotismo.

En muchas ocasiones con su callada presencia, como ángeles custodios en todo el territorio nacional, son un apoyo humano y espiritual para quienes habitamos esta tierra bendecida. Para ustedes es este humilde gesto de gratitud, por cumplir con su deber, en muchas ocasiones han permanecido al pie del cañón lejos de sus familias y seres queridos. Porque para estos hombres y mujeres de la fuerza de tarea conjunta lo importante era y es “salvar vidas” en esta guerra contra un enemigo invisible que se llama Covid-19.

En estos tiempos de pandemia, gracias por mantenerse firmes en la primera línea para garantizar que cumplamos las normas de seguridad para contener el COVID.19, gracias porque en momentos de desánimo su vocación los hace retomar su compromiso de protegernos a nosotros mismos, aunque no pocas veces nos revelemos contra ustedes porque no hemos entendido la magnitud del peligro que nos acecha sin discriminar a nadie. 

Nuestra oración por quienes entregaron su vida en esta pandemia, por su compromiso de servicio. El Señor sabrá recompensarlos con la Vida Eterna, donde no hay dolor ni sufrimiento. AMÉN.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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