Homilía Festividad Santa María La Antigua Conclusión de la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral Juvenil.

Homilía Festividad Santa María La Antigua Conclusión de la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral Juvenil.

Conclusión de la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral Juvenil 8 de septiembre 2019, fiesta de la Natividad de María

Saludos a don Marcello Bedeschi,  presidente de la Fundación “Juan Pablo II para los jóvenes”, quien viene acompañado con su esposa.

Seguir a Cristo y sentarse a calcular
Están con nosotros los jóvenes participantes de la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral Juvenil, que desde el jueves han estado reunidos y que con esta Eucaristía concluyen esta jornada extremadamente rica.
Nuestros jóvenes Han llegado con el corazón rebosante de gratitud, y quieren traer al altar del Señor los frutos de su trabajo, después de las conferencias escuchadas, el vivo debate y el intercambio de experiencias en los grupos de trabajo que le han permitido profundizar la realidad juvenil panameña, iluminados por la exhortación post sinodal Cristo Vive, esperanza nuestra.
Con esta asamblea se ha querido reanimar en nosotros –responsables de pastoral juvenil a nivel de la Arquidiócesis– esa “dulce y confortante alegría de evangelizar” a las jóvenes generaciones de nuestro Panamá.

Antes de escuchar lo que nos dicen nuestros jóvenes luego de concluir su asamblea, permítanme compartir brevemente lo que nos dice la Palabra de Dios en este momento.
¡Qué mejor palabra para concluir lo que nuestros jóvenes han realizado durante estos tres días de asamblea, que la Palabra de Dios de este domingo!

Jesús nos llama a vivir en libertad
A la mayoría de nosotros nos enseñaron de pequeños lo que estaba bien y lo que estaba mal; lo que se podía y lo que no se podía hacer. Y algunos nos hemos quedado ahí. Siempre esperando que alguien nos diga lo que tenemos que hacer. Pero la verdad es que ser cristiano no hace más fácil nuestra vida como personas. Ser cristiano no es una especie de almohadón o colchón que nos protege de todos los peligros del mundo. Ser cristiano no es haber encontrado un refugio, a veces físicamente en la Iglesia, donde nos resguardamos de los dolores y problemas que encontramos en nuestra vida familiar o en nuestro trabajo. Ser cristiano no es una llamada a ser niños que preguntan siempre a papá (en este caso, al sacerdote) para que les diga lo que tiene que hacer.
Ser cristiano es, por el contrario, una llamada a crecer como persona, a madurar, a ser responsable, a vivir en libertad, a tomar nuestras propias decisiones, a arriesgar. No es porque así ganemos el premio de la vida sino porque esa forma de vivir es la Vida en sí misma. El “designio de Dios”, como dice la primera lectura, es que vivamos en libertad.
Jesús en el Evangelio nos invita a seguirle. Pero no nos dice lo que tenemos que hacer en cada momento. Nos dice que seguirle a él es la condición para llegar a la vida y que hemos de estar dispuestos a dejarlo todo, absolutamente todo, para seguirle a él.
Jesús nos invita a vivir así el don de la libertad, a liberarnos de todas las ataduras que nos esclavizan. La familia es a veces una invitación a mantenernos siempre niños, a ser uno más del rebaño, a hacer no lo que debemos hacer sino lo que a los demás les parece bien que hagamos. Seguir a Jesús es dejar la casa donde vivimos. Quizá no en el sentido físico o geográfico sino en el sentido afectivo. Dejar ese lugar mental donde nos sentimos seguros, donde ya tenemos respuestas para todo. Seguir a Jesús es salir a la intemperie, dejarnos afectar por lo que piensan, sienten y sufren nuestros hermanos, los hombres y mujeres de este mundo.
Cargar con nuestra cruz significa aceptar nuestras heridas y limitaciones, nuestros errores del pasado. No negarlas sino asumir que son parte de nuestra historia, de nuestro ser. Y caminar con la mirada puesta al frente, confiando en que Dios curará todas esas heridas, confiando en que el don de la libertad, del encuentro gozoso con el hermano y con Dios, compensará con creces todo lo que hayamos dejado atrás.
Ser cristiano y seguir a Jesús tiene mucho que ver con aprender a ser libre y, en libertad, descubrir que somos hijos de Dios y hermanos de todos. Jesús nos muestra el camino y nos enseña que sólo dejándolo todo podremos encontrarnos con la vida y la felicidad.
Por eso aquí mismo en esta Catedral nos recordaba el  Papa Francisco que sueña con una Iglesia que viva en dinamismo constante de “salida”, de “éxodo” hacia las periferias existenciales habitadas también por los jóvenes; quiere una Iglesia que no se cierre en los recintos estrechos de las comunidades parroquiales, de los grupos pastorales, sino que sepa mirar más allá…
Por eso gracias queridos jóvenes porque ustedes nos han retado a soñar con una Iglesia animada por la audacia de ir cada vez más lejos, de no detenerse jamás; una Iglesia que, como buena samaritana, se incline con amor materno ante las heridas de los jóvenes para vendarlas…
Cuántas veces ha dicho el papa Francisco: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro …” (EG, 49). Durante esta Asamblea  ustedes han querido entrar justamente en esta perspectiva de “éxodo” y ampliar nuestra mirada para llegar a los jóvenes que quizá no encontramos nunca en nuestras iglesias, en nuestros grupos, pero que son igualmente “nuestros”… Hoy los jóvenes se han preguntado y nos invitan a preguntarnos sinceramente: ¿Qué hacemos por ellos? Queremos despertar de nuevo y desarrollar en nosotros ese gusto espiritual por estar cerca de la vida de los jóvenes, especialmente de los lejanos…
Al ver a tantos jóvenes con frecuencia se habla de la “brecha entre las generaciones”. Se dice que los jóvenes no escuchan a los ancianos y que los ancianos desconfían de todos los jóvenes. En su exhortación “Cristo vive” (25.3.2019) el papa Francisco no podía dejar al margen esa cuestión.
Según el Papa, ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, haciendo memoria y servirse de él es un verdadero acto de amor hacia ellos, que los ayudará a crecer y a tomar las decisiones adecuadas.
Es lo que aconseja la Palabra de Dios: «Escucha a tu padre que te dio la vida, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana» (Pr 23,22). El mandato de honrar al padre y a la madre «es el primer mandamiento que va acompañado de una promesa» (Ef 6,2; cf. Éx 20,12; Dt 5,16; Lv 19,3), y la promesa es: «serás feliz y se prolongará tu vida sobre la tierra» (Ef 6,3).
Es verdad que el joven no tiene que estar de acuerdo con todo lo que los ancianos dicen o deciden.
Un joven siempre deber tener un espíritu crítico. Sin embargo, han de estar abiertos para recoger una sabiduría que se comunica de generación en generación. Así es. Cada generación retoma las enseñanzas de sus antecesores, y deja un legado a sus sucesores.
El Papa ha recogido un refrán muy agudo: “Si el joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese” (191).
En un párrafo que tiene la cadencia de un poema, escribe el Papa: “A los jóvenes de hoy día que viven su propia mezcla de ambiciones heroicas y de inseguridades, podemos recordarles que una vida sin amor es una vida infecunda… A los jóvenes temerosos podemos decirles que la ansiedad frente al futuro puede ser vencida… A los jóvenes excesivamente preocupados de sí mismos podemos enseñarles que se experimenta mayor alegría en dar que en recibir, y que el amor no se demuestra sólo con palabras, sino también con obras” (197).
El papa Francisco afirma que es necesario arriesgar juntos para poder compaginar los tiempos. “Si caminamos juntos, jóvenes y ancianos, podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas” (199).
No es prudente ignorar las raíces de nuestra cultura y de nuestra fe. “Las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas y nos impiden encarnarnos en el mundo actual para hacer nacer algo nuevo. Son, por el contrario, un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos” (200). Sin recordar el pasado, perderemos la orientación hacia al futuro.
Jesús nos llama al realismo. Estamos viviendo un cambio sociocultural sin precedentes. Y por ello, hemos de preguntarnos: ¿Es posible contagiar la fe en este mundo, sin conocerlo bien y sin comprenderlo desde dentro? ¿Es posible facilitar el acceso al Evangelio ignorando el pensamiento, los sentimientos y el lenguaje de los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿No es un error responder a los retos de hoy con estrategias de ayer?
Sería una temeridad en estos momentos actuar de manera inconsciente y ciega. Nos expondríamos al fracaso, la frustración y hasta el ridículo.
Hermanos tengamos siempre presente que es un error pretender ser discípulos de Jesús sin detenerse nunca a reflexionar sobre las exigencias concretas que encierra seguir sus pasos, y sobre las fuerzas con que hemos de contar para ello. Nunca pensó Jesús en seguidores inconscientes, sino en personas lúcidas y responsables.
Gracias queridos jóvenes por permitirnos volver a soñar, nuestra Iglesia los necesita, el país los necesita. Nunca se dejen domesticar, sean auténticos para que brote de esta invitación.
Solidarios con la Campaña  Arquidiocesana y el migrante.
Si hay algo que debemos agradecer es la gran ola naranja que el próximo domingo 16 de septiembre,  volverán a nuestros  hogares, a  recoger las alcancías de la Campaña Arquidiocesana. Todo bautizado es corresponsable con la sostenibilidad de las obras sociales y de evangelización de su Iglesia. Cada aporte dado con alegría redunda en su vida, como una gran bendición.

Oraciones por Venezuela
También hoy hay una hermosa celebración: la festividad de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela. Queremos invocar su intercesión para que en este hermano país cese la negligencia y la discordia; para que los gobernantes que no escuchan la voz de su pueblo, sean sensatos y busquen los caminos del diálogo y la paz.
Como hermanos en la fe y hermanados por esta hermosa tierra del continente americano, estaremos unidos permanentemente en oración con los hermanos y hermanas venezolanos hasta que lograr que se cambien el régimen que desea perpetuarse en el poder.

Los migrantes, son nuestros hermanos
El Papa Francisco titulo su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado “No se trata solo de migrantes”. El evangelio nos lo dice “ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19). No se trata sólo de migrantes: se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre.
Durante todo el mes de septiembre, volquemos nuestro entusiasmo y solidaridad hacia estos hermanos y hermanas nuestros. Hemos de recibirles con alegría, porque ellos tienen mucho que aportar a los países y al mundo en general.
En nuestra Iglesia Arquidiocesana la acción significativa está dirigida a apoyar el Hogar Luisa, y a los privados en libertad, con enseres de aseo personal y productos en general. Es una casa en la que se tiene la oportunidad de.

Damos gracias a Dios por nuestros jóvenes, por el clero y a nuestros queridos seminaristas, a quienes debemos apoyar con nuestra oraciones y para que susciten más vocaciones sacerdotales.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMA

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.