HOMILÍA EPIFANÍA DEL SEÑOR  2021

HOMILÍA EPIFANÍA DEL SEÑOR  2021

Capilla del Arzobispado de Panamá
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá

La Solemnidad de la Epifanía, cuyo día propio es el 6 de enero, en muchos países se traslada al primer domingo después del 1 de enero. Es el caso de nuestro país que celebra esa fiesta hoy. Dos son los episodios de manifestación –de Epifanía– del Hijo de Dios, nacido en la tierra como verdadero hombre, que nos refiere el Evangelio, en Lucas y Mateo respectivamente. Dios no podía dejar un evento de esa magnitud pasara desapercibido para la humanidad.

En estos días de Navidad vamos haciendo memoria de cómo Dios se va manifestando: a José y María, a los pastores, a los ancianos Simeón y Ana, a los magos de Oriente… Cada uno de estos encuentros nos ofrece, al menos, dos aspectos a considerar: el modo en el que Dios se revela y la forma en la que responden cada una de las personas implicadas ante esta revelación divina.

Una lección de Dios para todos
En este día de la «Epifanía del Señor» la liturgia se centra en la revelación de Dios a los que no pertenecen al pueblo judío, a los que no son del pueblo de la Alianza. El profeta Isaías dice que «los pueblos caminarán a tu luz»; san Pablo en la carta a los Efesios señala que «los gentiles son coherederos… de la Promesa» y en el evangelio son unos Magos de Oriente los que llegaron y «adoraron al niño». Todo ello nos habla de la universalidad de la salvación: Jesús, el Mesías, ha venido para todos los pueblos.

Esta es la lección de Dios: Él no tiene exclusividad, no es propiedad de nadie. El pueblo judío creía que la salvación era sólo para él, y en la actualidad tienen esa misma tentación muchos cristianos, católicos o no. Y es así que nosotros somos quienes colocamos fronteras y diferencias; quienes hacemos una distinción entre «los nuestros» y «los otros», entre los «de aquí» y los «extranjeros». Es importante subrayar que Dios viene a nuestro mundo para todos los pueblos y todas las personas, sin exclusión de nadie.

Conocedor de esta realidad absurda que divide a la humanidad, el Papa Francisco nos regaló hace tres meses su carta «Fratelli tutti» sobre la fraternidad y la amistad social. En ella No cita textos de la liturgia de hoy, pero el punto de partida es lo que estamos celebrando en este día: Solo en la conciencia de ser todos hijos e hijas de un mismo Padre podremos fundar la hermandad que posibilite transformar nuestro mundo. No se trata de una utopía, se trata de un compromiso cristiano y de las personas de buena voluntad que podemos hacer cambios radicales para hacer un mundo mejor.

Tras el rastro de la luz de Dios
Hacernos conscientes de que Dios nos ha elegido a «todos», es lo que nos puede ayudar a plantearnos el modo de responderle con nuestra fe, con nuestro modo de vivir a este compromiso de construir la fraternidad social que está resquebrajada, por la indiferencia, el egoísmo, el hedonismo, individualismo, entre otros factores.

Este domingo el  evangelio nos ofrece estos personajes que, sin quererlo, se han convertido en coprotagonistas del día (el protagonista es el Niño que nace). Los «magos» en la cultura oriental del tiempo de Jesús podrían tener equivalencia en nuestro lenguaje como «sabios». Pero, miremos en qué consiste su sabiduría:

•       En ser capaces de levantar la mirada hacia lo alto, más allá de lo inmediato que llena la vida (ocupaciones, pequeñas cosas de cada día, luces, regalos,…); y poder distinguir la luz de Dios entre todas las luces que brillan… para lo que hace falta tiempo, silencio, paciencia, confianza…
•       En poner en su vida una buena dosis de valentía como para ponerse en camino siguiendo esa luz-estrella, confiando en su guía, desprendiéndose de seguridades y costumbres que les atan, y abriéndose a las gentes y pueblos que el camino les ofrece.
•       En tener la humildad necesaria para preguntar y pedir ayuda cuando pierden el rastro de la estrella; y, cuando llegan, tener la capacidad de reconocer el origen de la luz, aunque contradiga sus expectativas
•       En adorar, o sea, reconocer el misterio de amor recibido gratuitamente, aceptar la propia incapacidad para corresponder a un don de tal magnitud, y, aun así, ofrecer lo que tienen y son.

Estos hombres extraños son un buen modelo en el que mirarnos. Seguramente ninguno de nosotros somos magos, pero sí poseemos un poco de esa «gracia de Dios que nos ha dado» y que nos ayuda a crecer en su sabiduría.

Me gustaría que reflexionáramos sobre el ser sabios:

La pandemia es una realidad que afecta a todo y a todos
Queridos hermanos y hermanas: Esta pandemia “ha puesto al descubierto y ha profundizado, lo que podríamos considerar, problemas crónicos del país”. La pandemia del Covid-19 es una realidad que ha afectado a todo y a todos. “Ha afectado y seguirá afectando a todo, y a todos no solo a la salud física, sino también la psíquica; afecta la economía profundamente, a la política, a la vida social y ciudadana, incluso afecta a la vida religiosa, la vida católica personal, familiar y social”.

La gran debilidad del sistema de protección social
La pandemia “ha puesto de manifiesto la gran debilidad e inoperancia de lo que podemos llamar el sistema de protección social de los ciudadanos; es decir, la salud, la alimentación básica, la educación y el empleo”. Ya antes de la pandemia –las encuestas manifestaban que estos tres aspectos estaban en la preocupación de la población; durante la pandemia se vio la ausencia de un sistema de salud que llegue a todos los panameños; igualmente en la pandemia ha habido una gran pérdida de alumnos que no han podido seguir la educación; y también los efectos económicos de la pandemia han creado, ampliado y aumentado el desempleo en la población”.

La salud mental y espiritual afectada
Hermanos y hermanas toda esta situación de la pandemia en medio de esta emergencia sanitaria mundial es la ausencia de paz interior. Una paz que ha sido afectada o quizá agudizada en algunos con el confinamiento, con el fallecimiento de un ser querido, con la falta de empleo y recursos para sobrevivir, con el miedo de salir a la calle, para poder obtener un mínimo de recurso económico para subsistir.

Una de las situaciones más difíciles para nuestro pueblo que le ha quitado la Covid-19 es no tener la oportunidad de acompañar a su enfermo, y esto afecta también a la familia. Es inimaginable el desgarramiento del corazón que causa el no poder estar cerca de nuestros seres queridos cuando enferman y, peor aun cuando mueren. Al no poder darle un beso  de despedida ni abrazarlo ni llorar al pie de su cama.

 No es extraño entonces que muchos –enfermos y familiares– estén atrapados en cuadros de depresión, insomnio, ansiedad, estrés y estrés post-traumático, todo por esa sensación de soledad arrasadora que trae consigo la cuarentena y la Covid.

Tanto el que está aquejado por este mal que te impide respirar, te paraliza por los dolores y la debilidad, como quien cuida al enfermo y sus familiares sufren estos efectos de baja salud mental, y no podemos desentendernos. Todos como país, no solo el personal especializado, debemos prestar atención a lo que está pasando en el alma y la mente de nuestros prójimos y nosotros mismos, para prestar el auxilio adecuado.

Sabemos que hay personas que requieren ser acompañadas en la fase post-covid, también aquellos familiares que puedan sentirse culpables por el contagio; aquellos quienes han perdido seres amados; los cuidadores, sobre todo personal sanitario (porque hay que cuidar al que cuida).

Esta es una carga muy pesada. No tenemos que llevarla solos. Debemos romper la cadena de la culpa, de lo que pudimos hacer y no hicimos. Para ello necesitamos profesionales de la salud mental que puedan ayudarnos y orientarnos. Hay que saltar la barrera del estereotipo que si acudo a un psiquiatra o aun psicólogo es porque estamos “locos” … Llame no permita llevar solo ese sufrimiento, que lo más seguro puede ser aliviado con un personal adecuado.

No dejemos solos a nuestros enfermos, sobre todo aquellos aquejados por falta de salud mental a causa de la Covid-19. Son hermanos y hermanas que está vulnerables e indefenso y requieren de nuestro cuidado.

Lugares de ayuda
La salud mental ha tomado relevancia en esta pandemia, organismos internacionales ha destacado la necesidad de invertir más en este aspecto de las políticas de salud pública. hay destacado la necesidad de apoyar el bienestar mental y general de todas las personas, especialmente de aquellos que podrían necesitar apoyo adicional durante estos difíciles momentos.

Ante la irritabilidad, la depresión, la falta de sueño, el miedo, la preocupación, etc. que podamos presentar llamemos al Instituto de Salud Mental donde están abiertas líneas de ayuda; también en la Iglesia Arquidiocesana tenemos líneas para acompañamiento para las personas sola, para parejas, jóvenes, con especialistas que colaboran con este servicio. Entre en la página web de la Arquidiócesis donde aparecen los contactos para estos servicios.

En 2020 la pobreza se ha incrementado
Otro aspecto que también venía afectando a gran parte de la población, era alto el índice de pobreza y el índice de indigencia antes de la pandemia. Pero la pandemia, sobre todo los cinco primeros meses por el encerramiento, ha traído una crisis económica que no solo está afectando a la gran empresa, sino que sus efectos se sienten con más fuerza en la mediana y pequeña empresa, y en la pérdida de muchos puestos de trabajo, de tal manera que está engendrando mayor desempleo y mayor pobreza”.

Ausencia de un Estado eficiente
Otro aspecto que esta calamidad ha puesto más en evidencia es la ausencia de una administración del Estado sólida, coherente entre lo que se dice y lo que se hace, y –por tanto– con baja credibilidad y solvencia. Por supuesto que todo esto provoca que la gobernabilidad y la sana democracia se muestren débiles y en entredicho.

Y qué decir de la administración de justicia que si ya se percibía cojeando, pero ahora esta carencia van más allá de los tribunales, al esparcirse una especie de quietismo en la investigación de denuncias por falta de transparencia, o cuando desaparece la diligencia en las diferentes instancias públicas, donde en apariencia hay ciudadanos de segunda y tercera clase, a quienes se les niega atención.

Esto ocurre cuando se entiende la justicia como una herramienta para uso y abuso de algunos privilegiados, y de manera mezquina se le quita la adecuada dosis de misericordia que debe darle lustre y eficacia.

Describir esta realidad, no es un asunto de ahora, son años de un proceso de arrastre, que tiene al pueblo agotado, incrédulo e incluso en la desesperanza.

Creo que es bueno volver hacer un llamado involucrarnos todos. Quizá en estos momentos, muchos están asintiendo con la cabeza al señalar las fragilidades de la administración gubernamental. Sin embargo, nosotros, cada uno, tiene también su nivel de responsabilidad en esta situación.

Sería bueno tener la valentía de preguntarnos, sin poner en el medio excusas, si en este tiempo de pandemia nos hemos comportado como Dios y el sentido común proponen: ¿Qué hemos hecho con este tiempo de gracia que se nos ha concedido? ¿Lo usamos sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos podido utilizarlo para los demás? ¿Cuánto tiempo dedicamos a estar con Dios, en oración, en silencio, en adoración?

Algunos responderán como Caín, «¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9) Esta penosa respuesta, busca evadir la primera acción fratricida de la humanidad, llevada a cabo por la envidia, el egoísmo, la insana competencia. Así nos comportamos en la actualidad, y esto lamentablemente va creciendo, entre hermosos gestos de solidaridad y fraternidad.

Son oportunas las palabras del Papa, al referirse sobre usar el tiempo y los talentos para nosotros mismos. Más en este tiempo de tormenta que vivimos, cuando algunos avivatos aprovechan las vulnerabilidades del sistema para crear caos y violencia. ¡No nos dejemos llevar por la mentira y el odio en este año que comienza! Aunque estemos desilusionados por la situación, frustrados y enojados, el disturbio jamás ha sido el camino, y menos cuando es provocado por la mezquindad, la doble agenda y los intereses particulares de unos pocos.

La conciencia colectiva para restaurar la fraternidad
Según Francisco se trata de desarrollar una mentalidad y una cultura del “hacerse cargo”, a fin de derrotar la indiferencia, el descarte, la rivalidad, “que lamentablemente prevalecen”.  Porque la paz en la vida “no es sólo ausencia de guerra sino una vida rica de sentido, impuesta y vivida en la realización personal y en la condivisión fraterna con los otros (…).

Para el Papa Francisco, el sendero para conseguir la paz, además de rezar, hace falta hacer un “diálogo paciente y respetuoso, construido en una abierta colaboración con la verdad y la justicia y atento a las legítimas aspiraciones de las personas y de los pueblos”. Tenemos la oportunidad de cambiar las cosas, para mejorar la familia, la sociedad, el país, con una fraternidad en la que no dejemos a nadie atrás, porque es persona, tiene dignidad y es hijo de Dios.

¿Es posible realizar esta utopía? Para quienes tenemos fe, si es posible, y de hecho la historia de nuestro pueblo así lo constata. Debemos volver a la esencialidad de nuestras raíces cristianas, llenas de valores, testimonio de solidaridad y fraternidad, donde el más pobre es capaz de ayudar al hermano. Y donde el que más tiene es capaz de renunciar a sus ganancias económicas por el bien común del país.

Nuestra fe está cimentada en Dios que es “una Persona” concreta, es un Padre, y por tanto la fe en Él nace de un encuentro vivo, del que se hace una experiencia tangible, a lo largo de nuestra vida. Y es esa fe que nos renueva la esperanza cuando se manifiesta permanentemente en la humanidad.

Por ello no vivimos como crucificados sino como Resucitados en Cristo Jesús. Su encuentro con Él nos da la fe y la alegría para hacernos fuertes y darnos la paz necesaria para enfrentar los desafíos del ahora y del hoy.

Cuando nuestro corazón se vuelve para amar Jesús como único Salvador, Él nos va dar la dirección que nuestra vida necesita.

Que nuestro corazón este cada vez más sediento y hambriento de conocer y encontrar la verdad. Y no hay verdad que nos salva que no sea Jesús, no hay verdad que nos liberta que no sea Jesús.

Termino compartiendo con ustedes la bella plegaria del Rosh Hashana, comienzo del Año nuevo judío:

Que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino
Que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno
Que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio
Que tus despertares te despierten.
Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “solo” se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos. Y que tus brazos, abracen.
Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.
Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie, porque, solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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