Homilía en la Ordenación Diáconos Permanentes

Homilía en la  Ordenación Diáconos Permanentes

Homilía en la  Ordenación Diáconos Permanentes
Gimnasio de la USMA / 27 de abril 2019

Muy estimados sacerdotes, diáconos, religiosas, hermanos y hermanas:

Hoy, en Panamá, los católicos estamos de fiesta. Y nos alegramos particularmente  por nuestra Iglesia de Panamá  que le ha llegado este momento de ordenar Diáconos permanentes, a estos quince hermanos.

Por eso es bueno que nos preguntemos qué es lo que está ocurriendo aquí. Es en cierta manera la pregunta que se hacían los judíos en torno a Pedro y a Juan, cuando en el nombre del Señor hicieron caminar al paralítico. Por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos, por eso este paralítico camina, dice Pedro.

Y ese milagro de Pascua sigue repitiéndose entre nosotros. El poder de Jesús resucitado está entre nosotros. Es el poder del amor. Es el poder de Jesús que es luz. Es el poder de Jesús que es misericordia. Es el poder de Jesús buen pastor que guía a su pueblo. Es el poder de Jesús que nos impulsa a ser como el servidores de los demás.

Por eso quiero iniciar dando gracias muy especiales a cada una de las  Comunidad cristiana de la que son originarios, gracias a cuantos sacerdotes, profesores y compañeros, sobre todo a sus esposas, que han hecho posible que llegue a este momento.
Tendría que hacer mención a una larga lista de nombres que Dios en su Providencia y los candidatos conocen perfectamente en el recorrido que concluirá dentro de unos minutos.

Quiero agradecer muy especialmente a sus  Párroco y  a quienes he encomendado la formación y seguimiento de las vocaciones para el Diaconado permanente en la Arquidiócesis P. Marlo Verar, y el P. Jaime Patiño encargado de Panamá Oeste.

En realidad es al Señor al que debemos agradecérselo y repetir con el salmista: “Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas” (Sal 97, 1-2.3b).

En Panamá con el entusiasmo con que fue acogido el Concilio Vaticano II, se inició muy pronto el trabajo de restauración del diaconado permanente, y en  los años  setenta—donde tuvo lugar, la ordenación de los primeros diáconos, algunos de los cuales están con nosotros en esta celebración.

Luego hubo otros candidatos que recibieron ese sagrado ministerio, y ahora, nuestros hermanos 1) Adelino Andrade Pérez Sánchez 2) Arcenio Andrión López 3) Boris Oriel Castillo Frías 4) 5 Chanito Vásquez Paredes 6) Eduardo Jovani Mendoza Ramos 7) Erick Estuardo Valenzuela Flores 8) Gilberto Antonio Tapia Bloise 9) Giovanni Guerra Olaya 10)Inocente Guerra Polanco (Viudo) 11) Luis Carlos Leal Quintero 12) Orlando Antonio Garcia Barrios 13) Rangel Leon Córdoba 14) Ricaurte Chávez Martínez 15) Saturnino Labrador Bazan ….. Conscientes de su vocación al ministerio del diaconado, se comprometen a vivirlo para gloria de Dios y bien de nuestra Iglesia de Panamá. Por estos motivos, ¡damos gracias a Dios!

La ordenación de estos quince hermanos nuestros es una gran bendición de parte de Dios y viene a ser una parte en la historia de la Diócesis. Al tener este gran número  de Diáconos permanente, que con un ministerio peculiar, estarán para el bien y en servicio de la comunidad.

Es importante resaltar que la figura del Diácono Permanente no es algo innovador que la Iglesia ha instituido recientemente, la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia nos dan testimonio de este servicio. El Diácono tiene como fin principal el servicio, de ahí viene su nombre mismo, de la diaconía, del  oficio al que fueron elegidos; la misma Palabra de Dios en el libro de los Hechos de los Apóstoles (6,1-6) nos habla que debido a que el número de fieles aumentaba y no había quien atendiera a los más necesitados, se escogieron a 7 varones de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para que se les encargara dichas tareas.

De esta forma la tarea principal del Diácono es la de servir a los más necesitados, estar atento a las necesidades de aquellos rostros sufrientes de Cristo que se encuentran en medio de nosotros.

De igual forma la literatura patrística atestigua la presencia de diáconos en medio de una comunidad cristiana, puestos para el servicio de la misma. Incluso el Concilio de Trento, quien lo restableció después de un tiempo de desaparecido, y el Concilio Vaticano II, que le dio un fuerte impulso, para enriquecer a la Iglesia con este peculiar servicio (cfr. Declaración Conjunta e Introducción a las Normas Básicas de la Formación de los Diáconos Permanente y el Directorio para el Ministerio y la vida de los Diáconos Permanentes, Congregación para la Educación Católica y Congregación para el Clero, 22 febrero 1998, 2).

Hoy el Señor quiere compartir este servicio a ustedes, queridos hijos, que después de un largo tiempo de preparación y de discernimiento, los llama a que se entreguen por los más necesitados, a que vivan, de forma permanente, el servicio a Dios en aquellos que les rodean. Vivir de forma permanente la diaconía, es un don que Dios les quiere dar por medio de la sacramento del orden, una configuración con Cristo mediante una gracia especial del Espíritu Santo a fin de que sirvan de instrumento a Cristo en favor de su Iglesia. Así por la ordenación recibirán la capacidad de actuar como representantes de Cristo.

Deben darse cuenta que el ministro diácono, está llamado a vivir la triple funcionalidad por medio del Espíritu Santo. En primer lugar tiene el oficio de ENSEÑAR, esto es que el diácono está llamado a proclamar la Escritura, la Palabra de Dios, e instruir y exhortar al pueblo. Por otra parte tiene el oficio de SANTIFICAR, esto es que el diácono se desarrolla por medio de la oración, sobretodo en la administración del sacramento del bautismo, en la distribución de la Eucaristía, en la asistencia y bendición de los matrimonios, en presidir el rito de los funerales y de la sepultura y en la administración de los sacramentales. Y por último el Diácono tiene el oficio de REGIR, que se manifiesta particularmente en el servicio, pues se ejerce de forma especial en las obras de caridad y de asistencia, así como en la animación de comunidades a vivir la caridad (cfr. Normas Básicas, 9).

Sin embargo, así como participan de esta triple funcionalidad, la ordenación diaconal va acompañada de ciertas características anejas a dicho sacramento, ya que desde ahora participarán de la fraternidad clerical ya que todos, diáconos y sacerdotes, participan de la edificación del Cuerpo de Cristo, bajo la autoridad del obispo (cfr. Directorio, 6; DA 206). Es ahí en donde el Diacono se va forjando como un discípulo de Cristo, dispuesto a llevar el evangelio a todos los lugares, convirtiéndose en un misionero de su mensaje de amor, de justicia y de paz. Es así que el Diacono Permanente, fortalecido por la doble sacramentalidad del matrimonio y del Orden, es ordenado para el servicio de la Palabra, de la caridad y de la liturgia (cfr. DA 205).

Queridos hijos, ustedes que van a ser ordenados Diáconos permanentes, deberán vivir de forma permanente la Diaconía de la Palabra, es decir, que deben colaborar con el obispo y con los sacerdotes en el ejercicio del ministerio, no de la propia sabiduría, sino de la Palabra de Dios, invitando a todos a la conversión y a la santidad. Esto implica que deben tener un contacto íntimo con Cristo a través de su Palabra para que la comuniquen de manera eficaz y de forma integral en la comunidad a la que van a servir. De manera especial deberán predicar la Palabra de Dios con el ejemplo en el ambiente en el que se desenvuelven, en su familia, en su trabajo, en todo lugar (cfr. Directorio, 23-27). Este es el mandato de Jesús antes de su Ascensión esta es la orden, ir a todo el mundo a anunciar el evangelio, a enseñar, a Bautizar; sumerjan en la Palabra de Dios a sus hermanos en la predicación misionera sin claudicar; orienten al pueblo de Dios y ayúdenles con el ejemplo a asumir el compromiso de todos,  que “la iglesia existe para evangelizar” y a cuestionarse como San Pablo “Ay de mi si no evangelizo”, ya que son “sal de la tierra y luz del mundo”.

También deben de vivir la Diaconía de la Liturgia, es decir, deben ayudar a que el pueblo se santifique, ya que están llamados a la santificación de la Iglesia en cada uno de sus miembros, de forma especial en los misterios sagrados sabiendo que la liturgia es fuente de gracia y de santificación. Así mismo deben familiarizarse con el rezo de la liturgia de las horas, ya que a través de ella se unen a la oración de la Iglesia y piden por ella (cfr. Directorio, 28-36).

Y por último deberá vivir la Diaconía de la Caridad, asemejándose a Cristo el pastor que ve por las necesidades de los que le rodean, es por eso que están llamados a servir a todos sin discriminaciones y prestando particular atención a los que más sufren y a los pecadores (cfr. Directorio, 37-38).

La práctica de las obras de caridad deberán ser su punto de referencia y su itinerario de vida como Diáconos Permanentes, buscando realizar lo que Jesús declaro de su misión “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc. 10, 45; Mt. 20, 28).  Esta vocación a la santidad significa el seguimiento de Jesús en actitud de humilde servicio que no se manifiesta sólo en las obras de caridad, sino que afecta y modela toda su manera de pensar, de vivir y de actuar, por lo tanto, si su ministerio es coherente con este servicio, pondrán más claramente de manifiesto el rasgo distintivo del rostro de Cristo: el servicio, para ser no sólo “siervos de Dios”, sino el de ser siervos de Dios en los propios hermanos” (cfr. Directorio, 45).

Queridos Hijos, Dios los ha escogido para ser discípulos y misioneros de su mensaje de amor en medio de la realidad en la que vivimos; Dios lo ha llamado para ser hombres portadores de un mensaje de esperanza para su propia familia y para la comunidad a la que van a entregar su vida; Dios lo ha llamado para ser hombres de justicia y de paz en el ambiente desafiante que estamos viviendo; Dios los llama a la santidad en esta vocación a la que los ha elegido.

Me dirijo también a las comunidades en donde estarán sirviendo para que eleven a Dios sus oraciones por el ministerio de estos hermanos nuestros que Dios los ha puesto en medio de ustedes para servirlos y para ser un puente entre ustedes y Dios. Ayúdenlos a ser verdaderos servidores de Cristo a ser ejemplos vivos del amor de Dios en medio de su pueblo. Fórmenlos como verdaderos discípulos misioneros de evangelio de paz.

Recuerden: 1) Adelino Andrade Pérez Sánchez 2) Arcenio Andrión López 3) Boris Oriel Castillo Frías 4) 5 Chanito Vásquez Paredes 6) Eduardo Jovani Mendoza Ramos 7) Erick Estuardo Valenzuela Flores 8) Gilberto Antonio Tapia Bloise 9) Giovanni Guerra Olaya 10)Inocente Guerra Polanco (Viudo) 11) Luis Carlos Leal Quintero 12) Orlando Antonio Garcia Barrios 13) Rangel Leon Córdoba 14) Ricaurte Chávez Martínez 15) Saturnino Labrador Bazan. Como dijo el Papa Francisco, «El diaconado es una vocación específica, una vocación familiar que requiere servicio». (25 de marzo de 2017).

Cada uno de ustedes está casado. Cada uno de ustedes ha aprendido las demandas del amor, del matrimonio, de la familia. Esta es quizás la mejor capacitación y preparación que han recibido para servir bien a la Iglesia como diáconos.

No se equivoquen, de muchas maneras, la familia de la Iglesia no es diferente de la familia humana. La misma perseverancia y disposición para perdonar, y aceptar a los demás por lo que son y aun así amarlos al mismo tiempo también se necesita en la Iglesia. Como su amor siempre está en el centro de su servicio a su esposa y familia, usted también debe estar dispuesto a servir a los miembros del Cuerpo de Cristo con el mismo amor.

Y recuerden siempre: La vocación del diácono se gesta en una familia y en una comunidad. ¡Cuán importante es cuidar ese núcleo familiar, la Iglesia doméstica! En ella se respira día a día esa fe viva y esa benevolencia que da testimonio de las palabras y la presencia de Cristo, como también de su acción transformadora. El amor en el hogar, el acompañamiento de la esposa y de los hijos, es alimento de la vocación diaconal.

Por lo mismo, su vocación de servicio y de caridad, ustedes la vivirán no sólo al interior de las comunidades cristianas y en los lugares de trabajo, sino ya en la propia familia y entre los más cercanos. Que quienes visiten sus hogares, descubran en ellos la presencia del Señor. Mucho agradece esta Iglesia de Panamá la generosidad de sus esposas e hijos, que con no poco sacrificio quieren compartir con ustedes su vocación y ministerio.

Estoy cierto que el ministerio diaconal compromete también a sus seres queridos en la oración, la comprensión y el necesario apoyo para servir al Señor con alegría; así como nos compromete a todos los aquí presentes.

Quiero agradecer de corazón a cuantos han contribuido en este proceso de discernimiento vocacional: a los sacerdotes que los acompañan en sus parroquias, a los responsables y a los formadores de la escuela del diaconado, a los párrocos que los acogen, a sus hermanos diáconos que los han ayudado en este proceso, y a todos los que, en nombre de la iglesia, realizaron este hermoso camino junto a ustedes. A nombre de la iglesia les doy las gracias y les pido que sigan rezando y acompañando a estos hermanos nuestros.

Queridos hermanos, los aliento a ustedes y a sus comunidades a renovar su cariño y cercanía con la Virgen. Confíen en la Madre de la Iglesia que reina junto a su Hijo desde el cielo. Pídanle que custodie su fe, que avive su amor, y los anime en nuestra navegación hacia la Patria, y hacia las profundidades de este tercer milenio de esperanza. Que ella los impulse a ser siempre diáconos misioneros, de modo que conduzcan a muchas personas y comunidades al encuentro con Jesucristo.

La Virgen María quiere prestarles su ayuda para que formen muchos discípulos y misioneros santos, y para que despierten vida en Cristo dondequiera que estén. Con ese espíritu, adéntrense en el corazón de la gran ciudad con el tesoro del Evangelio, de modo que sean muchos los que se reencuentren con su Camino, su Vida y su Verdad, se conviertan y gocen de la felicidad de los Bienaventurados. A Nuestra Madre confiamos estas intenciones, como asimismo la vida y la misión de esta esperanzada Iglesia que peregrina en Panamá. Amen.
Dejo constancia de mi alegría y mi esperanza al celebrar esta ordenación. Me hace feliz que en esta acción sacramental llegue a buen puerto todo lo que el Señor ha ido haciendo en ellos. Pero tengo también la esperanza de que con ellos se abran puertas nuevas en el servicio de la Iglesia en el mundo, en este tiempo y en esta tierra. Espero de ustedes quince que le den una impronta nueva al discípulo de Jesús, la del sueño misionero de llegar a todos que mueve nuestro plan pastoral.

Termino haciendo énfasis, ustedes no  son  un parroquito  de segundo orden, ni son un remedio para situaciones de necesidad ante la carencia de sacerdotes, sino que ustedes son servidor de todos, en virtud del Sacramento del Orden en su primer grado.

A diferencia del Presbítero, no puede celebrar la Santa Misa, ni la Penitencia en el Sacramento del Perdón, ni la Unción de Enfermos.  Ustedes siguen siendo casadoS, solteros o viudos, sin ninguna pretensión de llegar hacer algún día presbítero.

Quiero ser enfático la primera parroquia, el primer área de caridad y entrega que tiene el diácono ha de ser su familia,  no podemos ser luz de la calle y oscuridad de la casa. El termómetro de que de verdad es un diácono se medirá  en su propia casa y entre sus compañeros de trabajo y vecinos.

Ya he hablado con los  candidatos y vuelvo a repetirlo delante de todos y de sus párrocos y de los párrocos donde irán a trabajar… un DOMINGO al mes tienen que dedicarlo a la FAMILIA…domingo entero no a medias. Nada va a pasar si un domingo no van a la parroquia a hacer su servicio pastoral. El Único que nunca puede faltar es Dios.

Demos gracias por los nuevos diáconos permanentes y pidamos a Santa María la Antigua, patrona de Panamá, para que ellos se mantengan fieles en este nuevo servicio en la Iglesia para los que han sido consagrados.

AMEN.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

Comparte

Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.