HOMILÍA – DOMINGO DE RAMOS 2021

HOMILÍA - DOMINGO DE RAMOS 2021

Domingo de Ramos
Capilla Seminario Mayor San José
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta osa
26 de marzo 2021

Los creyentes empezamos este domingo la Semana Santa, semana verdaderamente grande, extraordinaria, para la que nos hemos preparado durante cuarenta días, porque en ella celebramos los misterios de nuestra salvación en Cristo Jesús. Tristemente este año, como el año pasado, hemos de celebrar estos grandes acontecimientos confinados en nuestras casas, intentando vivirlos, a través de la pantalla de la televisión o de los medios digitales.
Este año, los templos parroquiales estarán disponibles para recibir, según el aforo establecido por las autoridades, a un número restringido de fieles, por lo que la mayoría no podrán asistir físicamente. Pero no importa. Vamos a celebrar con toda la profundidad el acontecimiento más grande en la historia de la humanidad: que el amor de Dios es capaz de triunfar sobre la muerte, incluso aquella que parece sin sentido, la que nos ha arrebatado a nuestros seres queridos, sin poder acompañarlos, sin poder despedirnos, sin poder rendirles el último homenaje en su entierro.

Los creyentes tenemos la firme convicción que después de la Resurrección de Jesús, nadie muere solo, a su lado siempre están Jesús y María, además de todos los miembros de la familia que ya están en la casa del Padre.

Jesús aceptó libremente su pasión y muerte
En su entrada triunfal en Jerusalén, Jesús es aclamado como Rey (Mc 11,1-10). Todo lo que va a vivir durante esa semana, Jesús lo había previsto y lo había aceptado libremente. Era la consecuencia lógica de lo que había predicado, la venida del Reino de Dios. Ese Reino está unido a la muerte y Resurrección de Jesús.

Su forma de presentarse, montado en un borrico, sin un ejército, en contacto directo con el pueblo, indica qué tipo de Rey va a ser. Toda una contradicción con la entrada de los reyes terrenales. Con las lecturas de la Palabra de Dios a lo largo de la Semana, Santa iremos descubriendo el estilo del Reino de Dios. Jesús había hablado ampliamente de él durante su predicación, en el que subrayaba el cambio profundo que traería -no sólo de las relaciones sociales- sino también del corazón del hombre.
Al iniciar la Semana Mayor, no nos quedamos en la entrada de Jesús a Jerusalén, también evocamos al desenlace final. La lectura del evangelio de la Pasión nos revela el misterio de Jesús, el Mesías sufriente y no el triunfador esperado por sus contemporáneos. Será precisamente el centurión romano, un pagano el que sepa reconocer en aquel crucificado al Hijo de Dios.

La pasión no podemos vivir como simples espectadores. Existe en su narrativa diversos personajes en los que podemos identificamos. Esta historia habla de nosotros mismos como discípulos del Señor, nosotros también hemos querido seguir a Jesús, pero ¿cuántas veces lo hemos negado y traicionado?, ¿lo hemos abandonado y dejado solo? Sin embargo, Jesús sigue creyendo en nosotros, nos sigue llamando para llevar su salvación al mundo.

Cristo sigue sufriendo la pasión, en la actualidad, cuando vendemos nuestra vida por 30 monedas de plata; cuando nuestro deseo de enriquecernos nos lleva a hacer negocios no tan honrados; cuando, incluso, compramos por dinero un poco de placer.

Cristo sigue sufriendo la pasión, cuando ahora los hombres buscan en la violencia (terrorismo, guerras, abortos, eutanasia, odios entre familias), la solución de los problemas, como aquellos que prendieron a Jesús con espadas y palos.
Cristo sigue sufriendo la pasión, cuando acusamos injustamente a los hombres con críticas y descalificaciones injustas, como lo hicieron con Jesús aquellos líderes religiosos de Jerusalén y los falsos testigos.

Cristo sigue sufriendo la pasión, cuando lo negamos a Él, por vergüenza y cobardía como lo hizo Pedro; cuando no confesamos con valentía y sinceridad nuestra fe, cuando no defendemos con valentías sus enseñanzas basadas en el amor.
Cristo sigue sufriendo la pasión, cuando nos lavamos las manos como Pilato; cuando no vivimos comprometidos con nuestra fe y vivimos una fe sin involucrarnos mucho o nada en la misión de la Iglesia.

Podemos resumir que Cristo sigue sufriendo su pasión, en todo aquel que sufre: enfermos, pobres, ancianos en soledad, marginados de la sociedad, etc. Y ojalá no nos burlemos de ellos como lo hicieron los soldados de Jesús al estar clavado en la cruz.

La Pasión y Muerte del Señor no fue sólo un hecho histórico, y no fueron sólo los judíos los que torturaron al Señor. Cada día que somos infieles al amor y a los principios cristianos, seguimos agudizando la Pasión de Jesús. Mientras haya un ser humano sufriendo, ahí está Cristo sufriendo la pasión; y todos nosotros debemos sentirnos responsables de ese dolor.

Que esta Semana Santa nos reconozcamos hermanos, para que crezcamos en humildad, y dejemos ya la ambición, la prepotencia y podamos generar algo nuevo y distinto en nuestra sociedad.

 

La Iglesia doméstica
Nuestro gran desafío en esta Semana Santa, experimentar la cercanía con el otro, a pesar de no poder juntarnos físicamente. Esta es la oportunidad de fortalecer la Iglesia Doméstica, vivir esta celebración en el seno de la familia. Si nuestra armonía familiar está debilitada por heridas ocasionadas en la convivencia esta es una hermosa ocasión para dar el paso del perdón y la sanación, para realmente al finalizar la Semana resucitar con el Señor.

Por lo tanto, les invito a no solo a mirar sino a participar de estas celebraciones de cara al misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que es lo que le da sentido a la vida cristiana. Es el momento para incluir en nuestras oraciones, el cese del dolor de la humanidad a causa de la pandemia y otros males; también para orar por los sufrimientos de cada uno de los miembros de la familia. De esta manera podremos vivir con mayor plenitud el misterio de la Pasión del Señor.

Lo mejor que nos ha traído el coronavirus
Entre las cifras espeluznantes de muertos y de contagios diarios por el “coronavirus”, en el mundo están saliendo a la luz pública actitudes de bondad y solidaridad a las que no estábamos acostumbrados. Y se agradecen mucho.

Aquellos gestos que creíamos desaparecidos de nuestra convivencia, la pandemia ha impulsado a las personas a mostrar su solidaridad y fraternidad. En muchos países, observar personas asomadas en las ventanas para aplaudir a los agentes sanitarios conscientes de su entrega a pesar de estar desbordados por el trabajo en los hospitales, hacinados de enfermos. Y esa acción de gracias se repite, al ver a los agentes sanitarios aplauden a los policías y éstos le devuelven el aplauso por su labor tan valiosa e imprescindible en estos momentos. La reciprocidad en la gratitud, refleja una gran verdad: Todos nos necesitamos.

Surgieron ONGs para estar cerca a la gente que está sola para ayudarlos y llevar su palabra y un gesto de solidaridad y apoyo. Aparecieron teléfonos de apoyo psicológico. Los templos abrieron sus puertas para recibir las cenizas de nuestros difuntos. Los vecinos se han conocido más ahora porque se prestan ayuda y se interesan más los unos por los otros.

En nuestra Iglesia también ha resurgido la Iglesia samaritana que asoma por todos los recodos del camino de la vida, encontrando a todo aquel que se encuentra desvalido y necesitado.

El Papa Francisco reivindica una “Teología de las lágrimas”; propuesta que expresa muy bien al decir: “¡Al mundo de hoy le falta llorar! Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar”.

Con la entrada Triunfal de Jesús a Jerusalén, celebramos que por su muerte y Resurrección el Señor enjugará toda lágrima de los ojos; ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni trabajo, porque las cosas primeras han pasado (21, 3-4). De tal forma los Santos Padres afirman que: El “camino de las lágrimas, pavimentado con arrepentimiento, sufrimiento, pasión, purificación, conduce al misterio de Dios y por lo tanto a la salvación”.

Jesús también lloró
El Papa Francisco explicó las lágrimas de Jesús de esta manera: “Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”, porque “ciertas realidades sólo pueden verse con los ojos limpios de lágrimas”. (Viaje Apostólico a Filipinas, 18/1/2015).

María Magdalena lloró al lavar con sus lágrimas los pies a Jesús; Pedro lloró cuando se da cuenta de su traición al cantar el gallo. Pero las lágrimas más preciosas son las de la Virgen María: las lágrimas de una madre por su Hijo y por cada uno de sus hijos. Son las lágrimas que en este momento Ella vierte por nosotros.

Por esta razón en estos días santos no tengamos miedo de llorar por nuestros pecados, llorar porque al contemplar el dolor y sufrimiento de Cristo, podemos experimentar que nadie nos ha amado como Él. Si Dios ha llorado, también tú y yo podemos llorar sabiendo que Él nos comprende.

El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos y hermanas. Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas”. (Vigilia de oración “Secar las lágrimas”, Basílica Vaticana, 5/5/2016).

En estos días tan dramáticos, la gracia de saber llorar se convierte en una oración aún más sentida e indispensable. En palabras del Papa Francisco: “Señor, que yo pueda llorar contigo, llorar con tu pueblo que está sufriendo en este momento. Muchos lloran hoy. Y nosotros, desde este altar, desde este sacrificio de Jesús, de Jesús que no se avergonzó de llorar, pedimos la gracia de llorar”.

Éste es el tiempo para abrazarnos a la cruz y poder hacer nuestro el misterio de la Redención humana que pasa por la cruz de la enfermedad y la muerte de tantos de nuestros seres queridos. Hay muchas pandemias a lo largo de la vida del ser humano, pero tal vez la peor de todas ellas sea la del desamor que trae consigo la injusticia y la muerte.

Si nos ha llegado una pandemia de virus perniciosos hagamos crecer otra pandemia de amor que alivie y cure nuestra debilidad y contrarreste tanto sufrimiento. Que la entrega de Jesús haga de nosotros criaturas nuevas.

Sin Dios no somos nada
Termino contándoles una anécdota que nos ayudará a reflexionar. “Una vez un burro vanidoso llegó a su casa muy contento, muy feliz, y no dejaba de sentirse orgulloso… Su mamá le preguntó: ‘Hijo, ¿por qué tan contento y altivo?’. A lo que el burro vanidoso responde: ‘Ay mamá, sabes que cargué a un tal Jesucristo, y cuando entramos a Jerusalén todos me decían: Viva, viva, salve… viva, viva… y me lanzaban flores y ponían palmas de alfombra’. “Entonces la madre le dijo: ‘Vuelve otra vez a la ciudad, hijo, pero no cargues a nadie, promete que no cargarás a nadie más’.

Al otro día el burro vanidoso fue, y de regreso venía llorando y muy triste, demasiado triste, y le dijo a su mamá: ‘Ay mamá, no puede ser, no puede ser’. Ella le preguntó: ‘¿Qué te pasa, hijo?’. ‘Mamá, nadie se fijó en mí, me echaron del lugar, pasé desapercibido entre las personas y hasta me echaron de la ciudad’. “La mamá se le quedó mirando y le dijo: ‘Eso le pasó, hijo, porque usted sin Jesús… ¡es solo un burro!’.

Recordemos esta reflexión para no cometer burradas, que por cierto escuchamos y se escriben y twittean muchas en estos días. Pensamos que somos los protagonistas, y dejamos a Dios fuera de nuestra vida, y vemos ya los resultados fatales de cómo está la sociedad.

Sabiamente, San Josemaría Escrivá nos dice: “Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos”.
Nuestro modelo es Jesús quien nos dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Esta no es la única referencia de sus enseñanzas en los Evangelios, donde nos deja clara la importancia que le concede Dios a la verdadera humildad.
Dejemos de actuar como si nunca nos equivocáramos, con esto estamos cometiendo uno de los más grandes errores. Pensar que somos infalibles va de la mano con la vanidad. Inmaduros y vanidosos… nefasta mezcla. Es tan fácil reconocer: “Me equivoqué” … y pedir perdón. Muchos problemas podrían terminas antes de que el viento del orgullo los convierta en incendios forestales. Sin el Señor Jesús no somos nada, absolutamente nada. Contempla la pasión de Cristo y de los hermanos; allí encontraras la Salvación.

Cercanía del Papa Francisco con el pueblo panameño
A un año de la aparición del primer caso del covid-19 el Papa Francisco nos ha enviado un mensaje, que dice:

Su Excelencia Reverendísima
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A.
Arzobispo de Panamá

Con ocasión del homenaje a los caídos en la primera línea de batalla en la lucha contra el Covid-19, en especial modo a los profesionales de la salud, que se celebrará Dios Mediante, el próximo 9 de marzo, el Santo Padre encomienda a todas las víctimas a la infinita misericordia de Dios y a la materna intercesión de la Bienaventurada Virgen María.

Asimismo, asegura su cercanía espiritual al pueblo panameño y, a la vez que suplica al Señor que sostenga en común esfuerzo a todas las instituciones que trabajan para llevar consuelo a los afectados, les imparte la bendición apostólica.

Cardenal Prieto Parolin
Secretario de Estado
Desde la Ciudad del Vaticano, el 4 de marzo de 2021.

Agradecemos esta manifestación de cercanía del Santo Padre con el pueblo panameño. Nosotros reiteramos nuestra fidelidad y adhesión a su ministerio como Vicario de Cristo en la tierra.

Cada vida es importante, y cada vida apagado causa un dolor profundo, no solo en la familia sino en toda la comunidad. Por ellos siempre, recordamos y elevamos oraciones en nuestras celebraciones por los más de 6 mil caídos durante la pandemia.

Mantener medidas de bioseguridad
Este virus está entre nosotros, no podemos dejar de cuidarnos y cuidar a nuestros seres queridos, manteniendo un estricto cumplimiento de las medidas de bioseguridad.

Es importante que acudan a vacunarse, y quienes tienen un adulto mayor, llévelo a ponerse la vacuna. Tenga bien claro la vacuna, no evita el contagio, evita que mueras por Covid. No podemos ser indiferentes ante los miles de fallecidos, por ello vacunarse es una decisión ética y moral para frenar las muertes por este nefasto virus.

Bendición de las palmas
Durante la semana se tendrán palmas en la Librería Católica, y pueden llevarlas a sus parroquias donde los sacerdotes estarán disponibles para bendecirlas, evitando siempre aglomeraciones.

Adornemos nuestras puertas y ventanas como signo de nuestra disposición de vivir los misterios de la Semana Santa.

Bendición desde los cielos
El próximo Domingo de Pascua, 4 de abril, a partir de las 11 de la mañana, sobrevolaremos Panamá Centro, Panamá Oeste, San Miguelito- Colón para bendecir con el Santísimo al pueblo de Dios. Oremos durante el paso del Señor en el Santísimo Sacramento.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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