HOMILÍA – DOMINGO DE RAMOS 2020 (5 DE ABRIL)

HOMILÍA  - DOMINGO DE RAMOS 2020 (5 DE ABRIL)

Por primera vez en la historia de la cristiandad las celebraciones de Semana Santa, en la mayoría de los países, comenzando por la Santa Sede, se están celebrando con los templos vacíos.

Hoy estas celebraciones se trasladan a las casas, frente a las pantallas de televisores o computadoras.

Hoy es un Domingo de Ramos distinto, más que virtual, Domingo de Ramos espiritual, porque acontecerá dentro de la familia chica, en casa, y, a veces, en soledad, con el esfuerzo de la meditación.

Ustedes queridos feligreses podrán elegir ver y participar de las celebraciones desde la página de facebook de su parroquia o la del arzobispo o la del Papa por televisión.
Hay muchas opciones para el que tiene acceso a la tecnología, incluso la comunión se recibirá de un modo espiritual. Para hacer más vívido este momento.
Pero a pesar del momento celebramos que el Señor quiere entrar a nuestro corazón y a nuestras familias

En este día de Ramos recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, que viene para entregar la vida por nosotros. Es triunfal porque Jesús es aclamado como rey, pero no entra en una carroza, sino montado en un burrito, con humildad y sencillez, porque la forma de reinar del Hijo de Dios es desde el amor y el servicio. Este Jesús que entra a Jerusalén en este fin de semana quiere entrar también al corazón de ustedes con humildad y sencillez, para llenarlo de luz y alegría.

Quiere entrar a nuestro hogar, a nuestro barrio, a nuestra comunidad, a nuestro Panamá, y que lo aclamemos con nuestros ramos ya no de una forma física, sino como un signo que me permita decirle:

Tú eres Señor de la Vida entra a nuestra familia.
Que esta Semana Santa nos reconozcamos hermanos, para que crezcamos en humildad, y dejemos ya la ambición, la prepotencia y podamos generar algo nuevo y distinto en nuestra sociedad.

La iglesia doméstica
Por este motivo tenemos un gran desafío en esta Semana, el estar cerca sin poder juntarnos; el vivir la celebración desde la familia como una pequeña iglesia doméstica.

Por lo tanto, les invito no solo a mirar sino a participar de estas celebraciones de cara al misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que es lo que le da sentido a la vida cristiana. Y a incluir en nuestras peticiones el dolor de la humanidad en este momento, que es como vivir el misterio de la Pasión del Señor reflejado en esta parte de la historia de la humanidad.

Lo mejor que nos ha traído el coronavirus
Siempre he creído que el ser humano es, esencialmente, bueno.  Cuando actúa con maldad lo hace presionado por múltiples circunstancias que no siempre comprendemos ni conocemos.

Entre las cifras espeluznantes de muertos y de contagios diarios por el “Coronavirus” en el mundo están saliendo a la luz actitudes de bondad y solidaridad a las que no estábamos acostumbrados. Y se agradecen mucho. Cada día, la gente se emociona con gestos que creíamos desterrados de nuestra convivencia y la pandemia los está rescatando para la luz.

Muchas empresas cambian su producción para adaptarse a las necesidades más urgentes de la población. Producen mascarillas, respiradores, batas, cuando antes producían cartón o tejidos…

En muchos países las personas se asoman a las ventanas, cada tarde, a aplaudir a los agentes sanitarios desbordados por el trabajo en los hospitales, hacinados de enfermos. Y los agentes sanitarios aplauden a los policías y éstos le devuelven el aplauso por su labor tan valiosa e imprescindible en estos momentos. Todos nos necesitamos.

Surgen ONGs que pretenden acercar a la gente que está sola para ayudarlos y llevar su palabra y un gesto de solidaridad y apoyo. Aparecen teléfonos de apoyo psicológico para los que están solos. Los vecinos se conocen más ahora porque se prestan ayuda y se interesan más los unos por los otros. Hay también una iglesia samaritana que asoma por todos los recodos del camino de la vida. Desde Pastoral Social/Caritas y las 98 Parroquias se están organizando ayudas y qué decir de nuestros Centros de Asistencia que -desde lo poco que tienen- lo comparten incluso con otras comunidades de fe: Hogar Buen Samaritano, Centro San Juan Pablo II, Hogar Luisa, Hogar San José en Cabuyita, la Pastoral Penitenciaria y la Pastoral de la Salud, Hogar de Anciano Pedro Nolasco en El Chorrillo, el Hogar Malambo, el Hogar de la Divina Gracia o el Hogar Bolívar por mencionar algunos.

Para el papa Francisco estos momentos reivindica la “Teología de las lágrimas”.  Y frente a esta propuesta él lo expresa muy bien: “¡Al mundo de hoy le falta llorar! Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar”.

Hoy con la entrada Triunfal de Jesús a Jerusalén, celebramos que por su muerte y resurrección el Señor enjugará toda lágrima de los ojos y ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni trabajo, porque las cosas primeras han pasado” (21, 3-4). De tal forma los Santos Padres afirman: que el: “camino de las lágrimas, pavimentado con arrepentimiento, sufrimiento, pasión, purificación, conduce al misterio de Dios y por lo tanto a la salvación.

Jesús también lloró
María Magdalena llora cuando le lava los pies a Jesús con sus lágrimas y Pedro llora cuando se da cuenta de su traición cuando canta el gallo. Pero las lágrimas más preciosas son ciertamente las de la Virgen: las de una madre por su Hijo y por cada uno de sus hijos. Son las lágrimas que en este momento ella vierte por nosotros.

El significado cristiano de las lágrimas

El Papa Francisco explicó las lágrimas de Jesús de esta manera: “Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”, porque “ciertas realidades solo pueden verse con los ojos limpios de lágrimas” (Viaje Apostólico a Filipinas, 18/1/2015).

Por esta razón, en estos días santos no tengamos miedo de llorar por nuestros pecados; llorar porque al contemplar el dolor y sufrimiento de Cristo, podemos experimentar que nadie nos ha amado como Él y si Dios ha llorado, también tú y yo podemos llorar sabiendo que Él nos comprende.

El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos. Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas”. (Vigilia de oración “Secar las lágrimas”, Basílica Vaticana, 5/5/2016).

En estos días tan dramáticos, la gracia de saber llorar se convierte en una oración aún más sentida e indispensable. En las palabras del Papa Francisco: “Señor, que yo pueda llorar contigo, llorar con tu pueblo que está sufriendo en este momento. Muchos lloran hoy.

Y nosotros, desde este altar, desde este sacrificio de Jesús, de Jesús que no se avergonzó de llorar, pedimos la gracia de llorar”.

Éste es el tiempo para abrazarnos a la cruz y poder hacer nuestro el misterio de la Redención humana que pasa por la cruz de la enfermedad y la muerte de tantos de nuestros seres queridos.

Hay muchas pandemias a lo largo de la vida del ser humano, pero tal vez la peor de todas ellas sea la del desamor que trae consigo la injusticia y la muerte.

Si nos ha llegado una pandemia de virus perniciosos hagamos crecer otra pandemia de amor que alivie y cure nuestra debilidad y contrarreste tanto sufrimiento. Que la entrega de Jesús haga de nosotros criaturas nuevas.

Termino contándoles una anécdota:

Había una vez un burro vanidoso y este burro llegó a su casa muy contento, muy feliz, y no dejaba de sentirse orgulloso. Su mamá le preguntó: ‘Hijo, ¿por qué estás tan contento y altivo?’.

A lo que el burro vanidoso responde: Ay mamá, sabes que cargué a un tal Jesucristo, y cuando entramos a Jerusalén todos me decían: Viva, viva, salve… viva, viva… y me lanzaban flores y ponían palmas de alfombra’. “Entonces la madre le dijo: Vuelve otra vez a la ciudad, hijo, pero no cargues a nadie, promete que no cargarás a nadie más’.

“Al otro día el burro vanidoso fue, y de regreso venía llorando y muy triste, demasiado triste, y le dijo a su mamá: Ay mamá, no puede ser, no puede ser’. Ella le preguntó: ‘¿Qué te pasa, hijo?’.

Mamá, nadie se fijó en mí, me echaron del lugar, pasé desapercibido entre las personas y hasta me echaron de la ciudad’.

“La mamá se le quedó mirando y le dijo: ‘Eso te pasó, hijo, porque usted sin Jesús… ¡es solo un burro!’. Sin el Señor Jesús no somos nada, absolutamente nada. Contempla la pasión de Cristo y de los hermanos y allí encontraras la Salvación. Amén.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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