HOMILÍA – DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2020

HOMILÍA - DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2020

Día Internacional de la Paz en todo el mundo. “Forjando la paz juntos”
Aniversario 48 del Sindicato de Trabajadores de la Construcción
Día del Catequista en Panamá

Catedral Basílica Santa María la Antigua
Domingo 20 de septiembre de 2020.

La lectura y meditación del evangelio de este domingo, además de enriquecer nuestra vida espiritual, nos ayudan también a descubrir lo pobres y torcidos que suelen ser nuestros juicios.

En la parábola que hemos escuchado, el dueño y personaje central de la parábola representa a Dios; los jornaleros invitados a trabajar en su viña, en distintos momentos de la historia humana y a distintas horas, somos todos los hombres y mujeres.

En principio, Jesús dirigió la parábola a sus oponentes, escribas y fariseos, por creer que ante Dios solo ellos tenían derechos.

Pero tenemos que entender que esta parábola es aplicable a todos los tiempos y a todas las edades. En la Iglesia hay trabajadores desde su más tierna infancia y juventud; otras personas se han convertido más tarde y otras, casi al final de su vida.

En todas las épocas y a todas las personas, Dios no paga según los méritos ni tampoco por la valía personal, sino por su generosidad y por su capacidad de amar.

Es significativo que el dueño comience a pagar por los últimos. Los primeros y los últimos son igualados en el sueldo y esto fue lo que provocó la controversia.

Jesús contó la historia en ese orden precisamente para que el corazón del hombre rezumara- en buen panameño se le saliera el cobre- de todo lo que lleva dentro.

Los primeros trabajadores se quejan al dueño porque los ha igualado a los que apenas han llenado casi al final de la jornada. En la lógica humana esos obreros que trabajaron sólo una hora no merecían la misma paga que los primeros, pero la gracia de Dios siempre es un favor inmerecido y no descansa sobre las obras de la persona. “Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial”.

El dueño de la viña les explica a los quejosos, que la retribución no está basada en su mérito personal sino en su generosidad. Él como dueño tiene la libertad de dar a cada uno lo que crea conveniente. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (v.15), les cuestionó el dueño. ¡Cómo se nos mete la envidia hasta donde menos pensamos! La queja no es que ellos debían recibir más dinero, sino que el dueño ha igualado con ellos a los que llegaron casi al final de la jornada laboral.

Jesús nos enseña que la relación de Dios con nosotros es la relación de Padre, relación de amor y gratuidad. Dios no se fija en nuestros méritos sino en nuestra necesidad.

Si esto es así entonces nos surgen preguntas: ¿Es que es mejor vivir la mayor parte de la vida sin Cristo –sin fe, sin oración, sin esperanza– y solamente cobrar el costo del discipulado en los últimos días de la vida? ¿Acaso aquellos que han encontrado a Cristo cuando están a punto de morir, han logrado un mejor trato?

Responder SI a estas preguntas: quiere decir que lamentablemente no valoramos nuestra relación con Cristo.

Lo importante no es la cantidad de trabajo o el número de horas trabajadas. Se trata de posibilidad misma de trabajar, de vivir totalmente entregados a Dios. La auténtica recompensa no es el denario, el jornal; el verdadero don de Dios es poder seguirlo, poder estar trabajando para Él, sirviéndole al servir a los hermanos.

Los primeros jornaleros han tenido la enorme ventaja de haber conocido antes a Dios, de poder dirigir su vida por un camino de plenitud, de autenticidad, de alegría. Los demás han tenido que esperar, han estado ociosos en la plaza o vagabundeando con su vida a cuestas hasta encontrarse con el Señor de la vida.

Experimentar el encuentro con Jesús, el que su Palabra llegue a lo hondo de nuestra alma y que cada uno de nosotros, nos sintamos agradecidos por ser llamados a trabajar en su campo o en la construcción de su Reino en la tierra, a la hora que el Señor quiera es la gran bendición que nos permite encontrar la verdadera felicidad.

Por eso hoy nos encontramos con una de las parábolas más sorprendentes y provocativas de Jesús, donde nos remece el orgullo, la envidia, porque con ella nos quiere afirmar que en la Iglesia de Jesús todos caben, todos son acogidos, todos tienen la posibilidad de obtener la salvación. ¿Pero todos tienen la misma dignidad e importancia? Jesús asegura que SI. No hay trabajadores más importantes que otros, no hay trabajadores de primera y de segunda clase. Lo que hay son personas que aceptan la invitación del Señor, tarde o temprano, no importa, y que van a trabajar a su viña.

En la comunidad de Jesús la edad, el tiempo de servicio, el color de la piel, la posición social, la posición jerárquica, no sirven para fundamentar ningún privilegio o cualquier superioridad sobre los demás hermanos.

Por eso el verdadero cristiano no realiza las cosas por interés o con los ojos puestos en la recompensa (el cielo, la “suerte” en la vida, en la eliminación de una enfermedad), sino porque está convencido de que ese comportamiento que Dios le propone es el camino que lleva a la verdadera vida. Quien sigue el camino cierto, es feliz, encuentra la paz y la seguridad y recoge, ahí, su recompensa.

No es fácil creer en esa bondad insondable de Dios de la que habla Jesús. A más de uno le puede escandalizar que Dios sea bueno con todos, lo merezcan o no, sean creyentes o agnósticos, invoquen su nombre o vivan de espaldas a Él. Pero Dios es así. Y lo mejor es dejarle a Dios ser Dios, sin empequeñecerlo con nuestras ideas y esquemas.

Algunas personas se van decepcionada de la Iglesia, porque creen que pueden negociarlo todo hasta la salvación. Es como hacer una lista y decir he cumplido con todo así que lo merezco todo. Pues Dios nos juzga desde el amor misericordioso, y sus seguidores deben hacer lo mismo. “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”. (San Lucas 6, 27-38).

Por eso una de las tareas más importantes en una comunidad cristiana será siempre ahondar cada vez más en la experiencia de Dios vivida por Jesús. Solo los testigos de ese Dios pondrán una esperanza diferente en el mundo.

Jesús, nos avisa y alecciona: cuidado con aquellos que creen conocer a Dios muy bien. A Dios nunca lo conoceremos muy bien. No esperen justicia de mi Padre y de su Padre. Esperen, sí, compasión y amor. No piensen que se lo merecen. Es un don que Dios da a los de siempre y a los que creemos que no somos dignos.

Nosotros, los de la primera hora, los que acudimos al área de descanso todos los domingos a celebrar a nuestro Dios, los que estamos en los caminos del Señor, nosotros acudimos a celebrar la extravagancia de Dios. Y hemos de alegrarnos con los de la última hora, aunque reciban el mismo salario que nosotros. Porque nuestra convicción y deseo es que todos acudan a la viña del Señor y reciban su paga.

Y la gran maravilla es que Dios haya querido tener necesidad de los hombres y mujeres sin excepción, para poder realizar su misión de establecer el Reino. Llama a todos y nunca es tarde para incorporarse a esta tarea.

Un Dios presente en nuestra vida

En medio de esta pandemia a Dios no le importa mucho, si cumplimos o dejamos de cumplir las normas eclesiales. Dios no va a contar el número de gente que hemos asistido o faltado a Misa para ver a cuántos ha de mandar al infierno, Dios está preocupado por el número de desempleo, por las familias que no llegan a fin de mes, a Dios le preocupa cómo va la pandemia, etc.

A Él le preocupa, y esa debe ser también nuestra preocupación, quienes se han contagiado por el coronavirus, si te quedaste cesante; si tu vida familiar o matrimonial está afectada; si vemos luces de esperanza en este ambiente de oscuridad. Su mirada y su preocupación somos nosotros, las personas, sus hijos e hijas.

A Dios lo pone triste pero no se enfada, que en un país como el nuestro que en su mayoría es cristiano, exista tanta corrupción, indiferencia, “juega vivo”; porque no somos solidarios, porque calumniamos, destruimos reputaciones en las redes, etc.
No envidiemos a las otras personas, porque Dios es buena con ella, porque es su Voluntad, su libertad, dar a quien el desee su amor y su misericordia.

Día Internacional de la Paz en todo el mundo.

Cada año, el 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, a través de la observación de 24 horas de no violencia y alto el fuego.

Este año, ha sido más claro que nunca que no somos enemigos el uno del otro. Más bien, nuestro enemigo común es un virus que amenaza nuestra salud, seguridad y estilo de vida. El COVID-19 ha llevado a nuestro mundo a la agitación y nos ha recordado por la fuerza que lo que sucede en una parte del planeta puede afectar a las personas en todas partes.

Una emergencia como la del COVID-19 será derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (3). Por eso no podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos.

Celebremos el Día Internacional de la Paz con el tema este año 2020,”Forjando la paz juntos”, y difundiendo compasión, amabilidad y esperanza frente a la pandemia. Nos unimos a la ONU contra los intentos de usar el virus para promover la discriminación o el odio y para que podamos forjar juntos la paz. Ojalá no solo fueran 24 horas de no violencia y alto al fuego, sino que fuera para siempre.

Contribución de los trabajadores

Se encuentran con nosotros miembros del sindicato de trabajadores de la construcción, damos gracias a Dios por los 48 años de este gremio, que ha contribuido en edificar este país.

A lo largo de estos 48 años, este gremio ha realizado numerosas actividades para mejorar las condiciones de vida de los constructores, albañiles, carpinteros, reforzadores y ha perdido muchos compañeros en accidentes de trabajo por falta de condiciones de seguridad por parte de algunas compañías constructoras. Aprendiendo el difícil arte de la negociación han obtenido significativas mejoras de la situación laboral de los constructores.

Ustedes representan a un sector muy importante para reactivar la economía. Estamos convencidos que el paro obligado de la pandemia, nos lleva a recapacitar lo que hemos hecho bien y lo que hemos hecho mal en el pasado, para buscar los caminos que permitan a todos para lograr trabajos dignos, que dignifiquen a la persona, y no sean sometidas, a trabajos precarios que no le permiten su movilidad social.

Y sabemos que la prioridad en esta reactivación no puede ser solo el crecimiento económico de grandes riquezas, que quedan concentradas en pocas manos, y que a la gran cantidad de los trabajadores se vea como un recurso humano.

El incremento del desempleo por la fragilidad de muchas empresas, no puede ser excusa para explotar a los trabajadores, más allá de 8 las horas laborales, en las actuales circunstancias ante la urgencia de “salvar a las empresas” y mantener su empleo. El centro de toda actividad económica debe ser la persona humana y el bien común. El trabajo para la Iglesia es una gracia de Dios, no solo para reivindicar derechos laborales, sino como la esencia para el cambio del modelo económico que explota al ser humano y violenta a la Creación.

Nos hacemos eco de las palabras del Papa Francisco en su carta dirigida a los miembros de los movimientos populares mundiales en abril de 2020, quien : los instó a participar en “el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres “T” que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo”.

“Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro”. Con estas palabras del Papa Francisco, queremos animarles a aprovechar la oportunidad que nos ha dado la pandemia para repensar nuestro rol en este momento de la historia, conscientes que de los efectos de esta crisis sanitaria, nadie se salva solo.

Queridos hermanos, los exhortamos a construir juntos la unidad entre todos, sin distinción, a través de la formación y el diálogo permanente. Ojalá aprovechemos esta oportunidad iniciar la Pastoral del Trabajo que nos permite a todos iluminar el camino desde la Palabra de Dios y desde la Doctrina Social de la Iglesia.

También hoy Dios nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar. Él no está encerrado en su mundo, sino que ‘sale’ continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor”. “Dios siempre está en salida, buscándonos”.

Del mismo modo, “también nuestras comunidades están llamadas a salir de los varios tipos de ‘fronteras’ que pueden existir, para ofrecer a todos la palabra de salvación que Jesús vino a traer. Se trata de abrirse a horizontes de vida que ofrezcan esperanza a cuantos viven en las periferias existenciales y aún no han experimentado, o han perdido, la fuerza y la luz del encuentro con Cristo”.

“La Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida. Y cuando la Iglesia no está en salida, se enferma de las muchas enfermedades que tenemos en la Iglesia. ‘¿Y por qué estas enfermedades en la Iglesia?’. ‘Porque no está en salida’.

Es cierto que cuando uno sale está el peligro de un accidente. Pero es mejor una Iglesia accidentada por salir a anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma de cerrazón. Dios sale siempre, porque es Padre, porque ama.

Gratitud a los catequistas en su día

Queridos catequista gracias por lo que son y la misión que realizan en la Iglesia.
Ustedes trabajan para despertar, madurar y educar la fe de nuestro pueblo. Gracias por la dedicación que realizan al preparar niños, jóvenes, adultos, matrimonios y personas con discapacidad para recibir los sacramentos y, en definitiva, para seguir a Jesucristo”.

Recuerden siempre, un catequista es fiel al Señor cuando recibe con disponibilidad su mensaje y lo vive cada día, a pesar de las múltiples dificultades que pueda encontrar en su vida. Y es fiel a la Iglesia que lo envía a evangelizar a sus hermanos y lo hace siempre en unión y comunión con sus hermanos en la fe, cuando se preocupa de conocerlos, aceptarlos, acogerlos, amarlos con los sentimientos de Jesús y llevarlos respetuosamente al encuentro con el Dios de la vida.

El catequista es audaz cuando es creativo, cuando busca siempre crecer en la capacidad de llegar al corazón sus hermanos. No se queda estancado y se preocupa de llegar también a los más alejados.

Por eso no se acomoda a lo de siempre, sino que imagina siempre nuevas estrategias para que la riqueza del Amor de Dios llegue a todos y todos encuentren en Él plenitud de vida. Por lo tanto, como misionero audaz y entusiasta, sale, se mueve y como Jesús toma la iniciativa y va al encuentro de sus hermanos sin temor y no abandona su misión cuando aparecen situaciones conflictivas y desafiantes. Como San Pablo y como los grandes catequistas de la historia, inventa siempre nuevas maneras de llevar la Buena Noticia a todos los hombres de buena voluntad.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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