Homilía del Quinto Domingo de Cuaresma

Homilía del Quinto Domingo de Cuaresma

Homilía del Quinto Domingo de Cuaresma
Catedral Basílica Santa María La antigua, 21 de marzo 2021

Homenaje a los caídos de la Fuerza de Tarea Conjunta
Estamos ya cerca de la Semana Santa, el próximo domingo celebraremos el domingo de Ramos. Durante todo este tiempo de cuaresma hemos ido haciendo un recorrido por la Historia de la Salvación para prepararnos a celebrar mejor la Pascua: la muerte y resurrección de Jesús.

Este domingo profundizaremos una idea de los textos de la escritura que nos ayudará a reflexionar en el sentido que tiene la cuaresma como tiempo privilegiado para resucitar con Cristo a una vida nueva.

Dice el Evangelio: “Si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto.

Por medio de esta comparación con el grano de trigo, Jesús nos hace ver que la muerte es un fracaso sólo en apariencia.

El grano muere, pero de él surge una nueva planta que crece y luego puede dar muchos frutos. El fracaso real, sería que el grano de trigo no muriera. El grano de trigo que no muere en la tierra, queda solo, infecundo, no se convierte en planta ni puede dar fruto. No sirve un grano de trigo sin germinar, pero la germinación de la vida, supone entrar él mismo en la muerte.

Por ello, el ser humano debe morir al pecado, al mal que hay en su vida, debe morir desgastándose por los demás para poder realmente vivir.

El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, quien falleció, como el grano de trigo, murió entregándose a los demás; y verdad que sus frutos permanecen entre nosotros, vive en nuestro recuerdo y vive para la eternidad.

La Madre Teresa de Calcuta, que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta, murió desgastándose por los más pobres y abandonados, y hoy sus obras brillan entre nosotros y en la eternidad.

Pues bien, Nosotros también estamos llamados a morir a todo aquello que impide que los demás y nosotros tengamos vida. Morir a lo que me impide vivir en plenitud, a lo que me impide conquistar la felicidad, vivir en paz y desarrollarme como persona y como cristiano, es decir, dejar que surja en mí la nueva vida. Morir a lo que me impide vivir mi identidad como sacerdote o como religiosa, como padre de familia o como hijo, como hermano o amigo, como esposo o esposa.

La capacidad que se tiene de morir bajo la tierra, le ha dado al grano de trigo la capacidad de convertirse en un género de vida superior y mejor: Renace incesantemente en una planta que le reemplaza con ventaja: Por ello, dice la Escritura: “Pero si muere, producirá mucho fruto”.

Y es que, al aparentemente estar muriendo, la semilla bajo la tierra realmente no muere. Todo lo contrario; fructifica, es un foco de actividad intensa, se transforma y se multiplica.

El grano de trigo que aparentemente no muere, por no descender a las profundidades subterráneas es el que en realidad está muriendo, y está privándose de la mejor de sus propias etapas posibles.

Como decía Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español: “Sólo pensando en la muerte se puede vivir despierto”.

Por ello, todo esto, debe hacernos comprender el mensaje de vida eterna del Evangelio de hoy: Conservarse, es morir a la transformación posterior; sacrificarse, entregarse, dar la vida, renunciar a algo por los demás, cambiar, significará vivir en la transformación posterior que esperamos los cristianos.

Por ello, conviene que hoy nos preguntemos: ¿A qué tienes que dar muerte en ti para ofrecer una mejor vida a tu esposa o a tu esposo? ¿A qué tienes que dar muerte en ti para dar una mejor vida a tus hijos, a tus hermanos o a tus padres? ¿A qué tienes que dar muerte en ti para ofrecer una mejor vida a las hermanas de tu comunidad religiosa, a tus amigos o las personas con las que trabajas?
Si queremos vivir verdaderamente, vivir en plenitud, tenemos que aprender a morir.
El grano de trigo tiene que morir. Podemos decir entonces que hay siempre una recompensa en todo lo que hacemos, o una consecuencia. La del sólo placer es la del hastío, el vacío y el sin sentido; la de la renuncia es el crecimiento y la paz del corazón.

A primera vista, parece que sólo es bueno lo que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que sea agradable, que todo dolor es malo y que todo placer es bueno. Y hoy Dios nos dice que: No es absurda la muerte; no es absurda la renuncia voluntaria; no es absurda la exigencia personal; no es absurdo el dolor que brota del amor, de la congruencia y de la generosidad; no es absurdo el sacrificio aceptado y ofrecido.

Pues el germen de la vida que posee cada grano de trigo sólo fructifica cuando cae en la tierra. Y enterrar el grano es aprender a renunciar. Aprender a sacrificarnos, a esforzarnos, a limitarnos de algo que de forma inmediata podría traernos placeres, sacrificándolo por algo que vendrá con la distancia del tiempo. Se trata de renunciar a lo fácil como norma y trascender ofreciéndolo a Dios con alegría.

Aprendamos, queridos hermanos y hermanas, que no hay vida verdadera sin la siembra del germen, sin la muerte; aprendamos que no existe el éxito sin el esfuerzo, sin el riesgo y sin la audacia de optar por la entrega personal. Por ello dice el Evangelio: El que se ama a sí mismo, se pierde, el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

Sin embargo, el mundo de hoy sigue predicando su máxima número uno: obtener el mayor de los beneficios a cambio del menor de los desgastes, se trata de “la ley del mínimo esfuerzo”. Y observemos como en nuestro tiempo, tanto en nuestra sociedad como en muchas de nuestras familias, ya estamos pagando muy cara la factura que viene acompañando a este principio que se convierte en el fin verdaderamente fatal de las personas y de las instituciones.

Hemos de comprender que la vida no es un continuo vacacionar, que hay que aprender a trabajar; aprender que la vida no es sólo graduación, que hay que aprender a estudiar; que la vida no es sólo el dormir, que hay que aprender a madrugar; que la vida no es sólo el casarse, que hay que aprender a amar; que la vida no es sólo el pedir, que hay que aprender a entregarse.

Comprendamos de una vez, que la salud del cuerpo no se conserva sin disciplina, ejercicio y renuncia a aquello que en muchas ocasiones nos es fuertemente apetecible. Aprendamos que lo verdaderamente duradero se hace con tiempo, con paciencia, con silencio esperanzador, con sacrificio y con fe en Dios.

Queridos hermanos y hermanas, terminemos esta reflexión dominical diciéndole a Dios: Concédeme morir para vivir, porque si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. Así sea.

Homenaje a los caídos de la Fuerza de Tarea Conjunta.

Es oportuno, resaltar la entrega por amor a la Patria y al pueblo de tantos héroes anónimos en este tiempo de Pandemia. Poco a poco hemos reconocido la labor de tantos y quedan mucho por ser reconocidos públicamente. Ante su entrega surge en mi corazón un gran sentimiento de gratitud.

Hoy queremos reconocer y agradecer a los miembros de la Fuerza de Tarea Conjunta, representada en esta celebración por el Ministro de Seguridad, Juan Manuel Pino; por el Jefe de la Policía, Gabriel Medina; por el director general del SENAN, comisionado Jeremías Guillermo Urieta; director general de SENAFRONT, Oriel Ortega; director General del SINAPROC, Carlos Rumbo; director del Cuerpo de Bomberos de Panamá, Abdiel Solís Pérez.

Todas estas instituciones han realizado una labor indescriptible, sin esperar ningún reconocimiento público, que bien se lo merecen, se contentan con la “satisfacción del deber cumplido”. Han estado donde se les ha requerido, han realizado su misión con responsabilidad, han sido en muchas ocasiones bálsamo de quien sufría.
Con una gran humanidad y un gran sentido de patriotismo, en muchas ocasiones han permanecido al pie del cañón lejos de sus familias y seres queridos. Para estos hombres y mujeres de la fuerza de conjunto lo importante era y es “salvar vidas” en esta guerra contra un enemigo invisible que se llama Covid-19.

Esta Misa de manera especial, la ofrecemos en sufragio por las almas de cuantos nos dejaron y fallecieron acosados por la enfermedad infecciosa pandemia. Los cuarenta y seis fallecidos en la Fuerza de Tarea Conjunta se suman a los 6,026 fallecidos en todo Panamá.

Sabemos bien que la muerte provoca en nosotros muchas interrogantes. El Papa Francisco al hablar de la muerte nos describe una realidad: “la muerte pone al descubierto la realidad del ser humanos, nos hace ver lo que realmente cuenta verdaderamente y nos hace descubrir que: “No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor”.

Y es así, porque la fe en Dios responde a nuestras interrogantes y conforta nuestros corazones con el bálsamo de su Palabra. Para recuperar el ánimo y la confianza no tengamos miedo de reconocernos necesitados de Dios y de acudir a Él llenos de esperanza, porque no nos defraudará nunca.

Pero este recuerdo también es un momento muy oportuno para confesar nuestra fe en la Resurrección. Confesarla con esperanza y hasta con gozo interior. Y confesarla sin otro fin que el de agradecer a Dios el don de la fe que, a través de nuestros padres y de la comunidad cristiana, Él nos trasmitió.

Día Internacional por la Eliminación de la Discriminación Racial
Este día también nos llama a detenernos a reflexionar y a actuar ante en un flagelo tan terrible como es la discriminación racial. En nuestra sociedad panameña podemos constatar aún no solo en el lenguaje sino en la nuestra mentalidad, el racismo…. Y casi no nos percatamos porque lo vemos casi con “normalidad”. No podemos concebir una sociedad justa si mantenemos estructuras que sostienen el racismo y la discriminación racial.

Generalmente los afrodescendientes y los indígenas son violentados en distintos escenarios, especialmente la niñez y la juventud. Como Iglesia estamos comprometidos en lograr el respeto de los derechos humanos de indígenas y afroamericanos, como todos aquellos que son excluidos por el color de su piel o por su origen étnico.

Día del Síndrome de Down -Para este año se ha establecido el slogan “Cuenta Conmigo para Todo”.

Esta iniciativa quiere crear mayor la conciencia ciudadana sobre el Síndrome de Down y recordar el valor humano y la dignidad inherente de las personas con discapacidad intelectual, a través de sus valiosas contribuciones, en ese asumir el rol de promotores de su bienestar y su posición dentro de la diversidad y en sus comunidades.

Resaltar la importancia y el valor que por derecho propio tienen las personas con discapacidad y promover su autonomía e independencia individual, y el derecho y libertades fundamentales de tomar sus propias decisiones, asumir sus desaciertos, comprender sus consecuencias y retomarlos para corregir.

“Si tenemos tantas cosas en común, ¿por qué dejamos que solo un cromosoma nos separe?”. Unámonos a los esfuerzos para mejorar y asegurar que todas las personas con síndrome de Down puedan conectarse y participar en igualdad de condiciones con los demás seres humanos. Porque su discapacidad no disminuye su ser persona, por eso los niños y las personas con síndrome de Down son un tesoro de Dios para la humanidad.

Día Mundial de la Poesía
Saludamos a nuestros poetas y poetisas en este día. Su don para escribir versos nos ha llenado a lo largo de la historia, de patriotismo, de amor a los seres queridos, a la naturaleza, en fin, nos da la oportunidad de mirar la realidad bajo un hermoso primas.

Dediquemos un momento para leer aquellas poesías que marcaron una época de nuestras vidas. Bendiciones a los poetas y poetisas de nuestro país.

Movimiento pro valores
Hoy el mundo, pero más concretamente nuestro mundo más cercano, Panamá, la sociedad panameña, de la que somos parte, está atravesando una situación difícil, no por la pandemia en sí, sino por todo lo que la pandemia ha puesto delante de nuestros ojos como evidencia y que va más allá de la situación de salud que tarde o temprano la ciencia podrá superar.

Ha puesto delante de nosotros, para sonrojarnos, no sólo el virus del covid-19, nos ha mostrado qué tan infectados estamos del virus de la insolidaridad, del egoísmo y hasta del desprecio por el otro.

Por eso creo que ése es el principal problema que enfrentamos, estamos decepcionados y no creemos en nadie. ¡Qué terrible realidad! La sociedad no cree, ni siquiera, en ella misma. Hemos perdido la credibilidad entre quienes compartimos camino, identidad, ideales y metas. Y lo peor es que todos, de alguna manera, somos responsables de esta realidad que estamos viviendo de falta de confianza, que nos ha hecho perder la esperanza de que algo nuevo se pueda empezar para levantarnos y seguir caminando por rumbos que nos abra nuevos horizontes.

Por eso desde la Iglesia en conjunto con la Universidad Católica Santa María La Antigua invitamos a todos los hombre y mujeres de buena voluntad a iniciar un movimiento que contagie de esperanza, credibilidad y, en definitiva, la esperanza que disipe y venza la decepción imperante y vuelva a instalarse en nuestra sociedad la confianza para volver a sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que compartimos como pueblo y como país.

Ésta creo que puede ser una acción que como cual semilla vamos a sembrar y esperamos que pronto se contagie y se transforme en un árbol frondoso. Ojalá esta iniciativa vaya extendiéndose como si de un equipo se tratase y que sus integrantes, codo con codo se ayudan y se apoyan mutuamente.
Ojalá ese equipo sea Panamá entero que todos, tomados de la mano, volvamos a poner en el centro de nuestro actuar esos principios éticos y morales que den la certeza de que respetando las creencias y las ideas de todos nos valoremos y nos reconozcamos con la misma dignidad y nos tratemos como lo que somos hermanos de la gran familia que es la humanidad.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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