Homilía del Arzobispo de Panamá – Misa de clausura Asamblea CEP Nº209

Homilía del Arzobispo de Panamá - Misa de clausura Asamblea CEP Nº209

HOMILIA DEL ARZOBISPO DE PANAMÁ,
JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA

Misa de clausura de la asamblea de la CEP 209  
y acción de gracias por la JMJ
Jueves 28 de febrero de 2019, Catedral Basílica Santa María la Antigua

 

Su Eminencia Cardenal José Luis Lacunza Maestrojuán, Obispo de David
Su Excelencia Mons. Miroslaw  Adamczyk, nuncio apostólico en Panamá
Mons. Manuel Ochogavia Barahona,  Obispo de Colón – Kuna Yala
Mons. Rafael Valdivieso Miranda, Obispo de Chitré
Mons. Edgardo Cedeño, Obispo de Penonomé
Mons. Audilio Aguilar, Obispo de Santiago
Mons. Pedro Hernández Cantarero, Obispo de Darién
Mons. Aníbal Saldaña, Obispo de Bocas del Toro
Mons. Pablo Varela, Obispo Auxiliar de Panamá
Mons. José Dimas Cedeño, Arzobispo Emérito de Panamá
Mons.Óscar Mario Brown, Obispo Emérito de Santiago
Señor Ricardo Gago, Presidente de Comité de Amigos de Iglesias del Casco Antiguo
Miembros del Comité Organizador Local de la JMJ,
Miembros de la Dirección Ejecutiva de Apoyo del Comité Organizador de la JMJ, del gobierno nacional
Queridos voluntarios, Invitados especiales,

Hermanos y hermanas:

El estar esta tarde en nuestra Catedral Basílica nos trae a la memoria que han pasado 505 años desde que el Papa León X, el 9 de septiembre de 1513 mediante bula creó esta primera diócesis en tierra firme, bajo el patrocinio de Santa María la Antigua.

El primer Obispo de esta primera diócesis, Fray Juan de Quevedo cuando llegó al primer asiento fundado por los españoles en el continente americano, se encontró que el rancho del Cacique Cémaco que era la capilla dedicada a Santa María la Antigua, ya estaba convertido en la primera Catedral de tierra firme.

Esa misma sede de la Catedral, fue trasladada el 1 de diciembre de 1521, al lugar que conocemos como Panamá la Vieja. Luego fue pasada, el 21 de enero de 1673, a la nueva ciudad de Panamá, donde el entonces obispo Antonio de León señaló este sitio donde debía erigirse la nueva estructura de la Catedral.

En esta histórica Catedral se han realizado eventos que han marcado hitos importantísimos en la vida de la Iglesia en Panamá y de la nación panameña.

Bendición del altar por el Papa
Uno acontecimiento muy reciente que ya no solo será parte de nuestra historia sino de la historia universal, la consagración del altar de esta Basílica Catedral realizada por el  Papa Francisco, el pasado 26 de enero. Este hecho único ha sucedido en este pequeño itsmo panameño. Dios ha estado grande con nosotros.

Fue una hermosa ceremonia donde fuimos testigos sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos consagrados, el pueblo de Dios, quienes pudimos estar presentes y quienes lo siguieron por las distintas plataformas de comunicación.

Cómo olvidar las palabras de Su Santidad Francisco al describir este templo. Nos dijo: esta es “Una catedral española, india y afroamericana”, que “se vuelve así catedral panameña, de los de ayer, pero también de los de hoy que han hecho posible este hecho. Ya no pertenece solo al pasado, sino que es belleza del presente”. Y  añadió: “hoy nuevamente es regazo que impulsa a renovar y alimentar la esperanza, a descubrir cómo la belleza del ayer se vuelve base para construir la belleza del mañana”.

Al hablar de la Catedral, es imposible no pensar inmediatamente en nuestro hermano Ricardo Gago, quien unido a los miembros del Comité de Amigos de Iglesias del Casco Antiguo, de manera decidida abrazaron la misión de recuperar no solo la estética sino la memoria histórica que guarda esta Catedral Basílica. Gracias Ricardo por regalarle al pueblo panameño la oportunidad de estar celebrando su fe en un templo digno y hermoso como se merece el Señor y el pueblo panameño.

Indudablemente que “honrar honra”. En la historia de la Catedral Basílica, Santa María la Antigua y de la Arquidiócesis de Panamá, quedará consignado el nombre de Ricardo Gago, con letras de oro. Desde el año 2013, cuando ocupó la presidencia del Comité Amigos de las Iglesias Casco Antiguo (CAICA), no cesó su pasión y entusiasmo por devolverle a la Iglesia Católica  y al país estos históricos templos que por muchísimos años estuvieron cerrados y abandonados. Ya nos devolvió el templo San Francisco de Asís, con una restauración asombrosa; el templo de Nuestra Señora de la Merced; y, en el contexto de la JMJ, nuestra Catedral Basílica, de la cual nos sentimos orgullosos e identificados.

Don Ricardo muchas gracias. Usted ha puesto en estos proyectos de restauración  su corazón y su talento natural cultivado durante sus años de vida. Gracias por haber logrado que la recuperación de la Catedral fuera un proyecto del pueblo panameño; usted hizo posible que todos aportaran, desde los más sencillos y humildes como aquellos con muchos recursos. Así se hace Patria, así se compromete a la gente y así se les hace corresponsables del sostenimiento de sus templos, donde celebran la fe en Dios.

Dentro de los sin números de reconocimientos que usted ha recibido por su trayectoria como panameño altruista, comprometido con el desarrollo cultural del pueblo, queremos que lleve en su corazón todo el respeto y cariño de esta Arquidiócesis de Panamá.

GRACIAS PUEBLO PANAMEÑO
Hoy de manera especial también queremos agradecer al pueblo panameño, este pueblo noble como lo definiera el Papa Francisco, que abrió su corazón y las puertas de su hogar, para compartir su solidaridad y fraternidad con los miles de peregrinos que estuvieron en este pequeño istmo para celebrar la fiesta de la Jornada Mundial de la Juventud.

Su Santidad Francisco agradeció  a esta Iglesia en Panamá y al pueblo panameño, por decirle “sí” al sueño de Dios de ver a sus hijos reunidos. Agradeció a todo el equipo por ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de unidad de Dios (Juan 17, 21) encuentra cauces para crecer y multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra.

Nuestra ilusión de cobijar aquí la  Jornada Mundial de la Juventud se fundamentó en el deseo de ofrecerle al pueblo un proyecto común en el que la prioridad fuera la juventud.  Así presentamos la JMJ como un proyecto país, organizado por la Iglesia Católica, pero a la que todos sin exclusión estaban convocados.

La Jornada Mundial de la Juventud ha marcado un antes y un después. Nos unimos –sin importar nuestras diferencias- para dar el apoyo a la juventud mundial, a nuestros jóvenes, ellos que son el hoy, como nos ha dicho el Papa Francisco. El pueblo panameño, con todas sus expresiones y diversidades, se lanzó a las calles en un gran abrazo para los visitantes. Se vivió una semana de paz y hermandad que hace tiempo no veíamos. Todo, para servir a los jóvenes, porque supimos reconocer que ellos son los protagonistas, ellos son nuestra esperanza para lograr los cambios y transformaciones que requiere nuestro país y el mundo.

Ante la mirada de la humanidad, Panamá ha mostrado su capacidad de organizar eficientemente un evento de talla mundial. Y esto debemos asumirlo con humildad, agradeciendo a Dios todo lo que somos y tenemos, pero que lamentablemente con frecuencia olvidamos. Panamá se levantó erguida entre los grandes, no dejemos que esto sea un goce momentáneo. Que este sea una oportunidad para esforzarnos a vivir esta experiencia de comunión, de fraternidad, solidaridad y compromiso por el bien común y amor al prójimo.

Nos corresponde a todos los que tenemos un liderazgo, proveerle los espacios necesarios para que esta juventud pueda formarse, pueda demandar y exigirnos los espacios para asumir su plena ciudadanía, especialmente que nos preparamos para los comicios electorales.

Queremos hacernos eco de las palabras del Papa Francisco, ante las autoridades y representantes de la sociedad civil, el pasado 24 de enero cuando dijo que: “Otro mundo es posible, lo sabemos y los jóvenes nos invitan a involucrarnos en su construcción para que los sueños no queden en algo efímero o etéreo, para que impulsen un pacto social en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar un mañana: el derecho al futuro es también un derecho humano. En este horizonte parecieran tomar cuerpo las palabras de Ricardo Miró que, al cantarle al terruño de sus amores, decía: «Porque viéndote, Patria, se dijera /que te formó la voluntad divina/ para que bajo el sol que te ilumina /se uniera en ti la Humanidad entera» (Patria de mis amores).

Cambiemos la historia y construyamos los cimientos de un Panamá inclusivo, solidario, fraterno, en el que la persona humana, el bien común y el cuidado de la naturaleza son el corazón de una buena política y de un buen político. En esta tarea la juventud puede darnos una gran enseñanza. Panamá mostró durante la JMJ que es un pueblo grande, consciente del valor de su ciudadanía, participativo y rico en creatividad.

Otros agradecimientos
De manera particular, queremos agradecer al gobierno nacional, que a través de la Dirección Ejecutiva de Apoyo de la JMJ Panamá 2019, hizo posible la logística, que en toda Jornada Mundial de la Juventud solo la puede garantizar el Estado. En esta oportunidad los funcionarios se convirtieron en voluntarios disponibles a servir a este proyecto con gran responsabilidad, seguros de su rol en dejar bien posicionado a nuestro país a nivel internacional.

Entre todos los agradecimientos, permítanme expresar mi agradecimiento especial  a los protagonistas anónimos de la JMJ. A aquellos que nunca salieron en la televisión, a quienes quizás ni siquiera pudieron ver al Papa, pero que colaboraron y trabajaron desde hace mucho tiempo para hacer posible la JMJ.

Su muestra de desprendimiento y de humildad quizá también quede en el anonimato para los seres humanos, pero estamos seguros que ante Dios ustedes han ganado un pedacito de cielo.

Nuestro reto futuro
Vivimos una experiencia de comunión eclesial, que nos anima a continuar siendo una Iglesia en salida, sin miedo a encontrarse con aquellos que son distintos pero no distantes; a buscar a los alejados y excluidos de la sociedad. Vivimos la universalidad de la Iglesia y el Pentecostés Juvenil en Panamá gracias a cada uno de ustedes.

Somos conscientes que cualquier obra humana, por buena que sea, tiene siempre deficiencias e imperfecciones. Por ello les pedimos su comprensión y disculpas por los inconvenientes que hayan tenido antes, durante y después de la Jornada Mundial de la Juventud.

Recordemos que quien actuó en esta Jornada Mundial de la Juventud,  fue el Espíritu Santo, por la Gracia de Dios y la intercesión de la Virgen María, que se hicieron visibles en cada una de las personas que sirvieron y atendieron con amor en este evento único e histórico.

Lo que vivimos, aprendimos, compartimos y gozamos durante los días de la JMJ tiene que continuar presente en nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Es nuestro desafío principal: los dones del Espíritu están llamados a dar frutos del Espíritu.

Frutos que se deben manifestar en un cambio social; con menos consumismo y corrupción, con más justicia y equidad; con menos violencia y más fraternidad; con respeto a quien es diferente o de otra nacionalidad o creencia. Frutos de respeto a la vida, protección a la niñez; estabilidad y responsabilidad familiar; convivencia pacífica y conciencia ciudadana. Sin olvidar los frutos de transparencia en la gestión económica de la JMJ y la administración de los bienes de la Iglesia. Frutos de vida cristiana, de fe, de oración, de opción por los pobres, de compromiso por la formación y disponibilidad para el servicio, de sentido comunitario.

Los obispos panameños estamos comprometidos en asumir esta nueva etapa histórica de la Iglesia con mucho entusiasmo y valentía -guiados por el Espíritu Santo- para hacer las transformaciones y conversiones que se requieren en estos nuevos tiempos.

Que el Señor nos bendiga y nos mantenga siempre alegres, agradecidos y comprometidos con la construcción de su Reino en nuestro Panamá, especialmente a los jóvenes que son la esperanza y los grandes protagonistas de los cambios de la Iglesia y de la sociedad.


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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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