Homilía de colocación de las cenizas en la Catedral Basílica de Mons. Guillermo Tejada Martínez  y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto

Homilía de colocación de las cenizas en la Catedral Basílica de Mons. Guillermo Tejada Martínez  y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto

Homilía de colocación de las cenizas en la Catedral Basílica de Mons. Guillermo Tejada Martínez  y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto

7 de junio 2019

Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá

 

Nuestro presbiterio Arquidiocesano vive hoy este acto de caridad cristiana como es el depositar las cenizas de nuestros hermanos sacerdotes Mons. Guillermo Tejada y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto en esta cripta de la Catedral Basílica Santa María la Antigua. 

Este también es un momento para dar gracias a Dios por su servicio sacerdotal y por el testimonio de sus vidas.

Igualmente darle gracias a ellos  por su entrega, su espíritu de servicio, por su disponibilidad, por el interés que pusieron siempre en hacer el bien, especialmente por transmitir la fe y el amor a Jesucristo.

La fe cristiana es fe en las promesas de Dios en favor nuestro. Dios prometió conducir al Pueblo de Israel hasta Canaán, la tierra que mana “leche y miel”. Dios prometió un Salvador en la persona de su Hijo, que con su muerte y Resurrección ha hecho realidad el anuncio del Apocalipsis: “Vi un cielo nuevo y una nueva tierra. Vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén… Y escuché una voz que decía desde el trono: ésta es la morada de Dios con los hombres”.

Hermanos: Hoy celebramos que esta promesa de Dios -para estos hermanos que hoy damos cristiana sepultura-  es el Cielo. Hay un más allá de la muerte que nadie pudo imaginar: Dios con nosotros, nosotros con Dios para siempre.

El domingo pasado celebramos la solemnidad de la Ascensión de Jesucristo a los Cielos. Él es la primicia de la cosecha, el fruto temprano que nos ha ofrecido a todos nosotros: vivir felices por toda la eternidad con Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en Dios con todos los demás salvados por la misericordia del mismo Dios.

Es la fe que actualizamos hoy. Y nos da la paz al contemplar las cenizas que contiene los restos de Mons. Guillermo Tejada y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto , creer que han recibido el regalo de vivir en la paz y la luz para siempre.

Por eso necesitamos revitalizar en nuestra vida cotidiana la contemplación. Sentir interiormente que Dios nuestro Padre nos ha prometido, como recuerda el Apocalipsis, “enjugar las lágrimas de los ojos… y vivir en el mundo nuevo” que Él ha hecho para nosotros.

¿Cómo es posible vivir en el anhelo del Cielo? Fundamentalmente por la Eucaristía. Jesús nos ha dicho: “el que come este pan vivirá para siempre”.

La Iglesia vive para la Eucaristía y desde la Eucaristía, que es la fuente, el centro y la cumbre de la vida cristiana. La comunidad de los creyentes no puede vivir sin la Eucaristía que es memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

La vida del sacerdote y de la comunidad se resquebraja cuando se pierde el sentido eucarístico, que es pre-significación de la vida eterna. Por eso, en estos momentos en que celebramos la Eucaristía para pedir al Señor por nuestros  hermanos Mons. Guillermo Tejada y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto, nos consuela, como dice el Prefacio, “la promesa de la futura inmortalidad” que ha sido sembrada en Él por la Eucaristía celebrada, recibida y adorada.

La vida  cristiana de Mons. Guillermo Tejada y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto tuvo comienzo el día del Bautismo, que le condujo a la Eucaristía, que ha sido el Sacramento que le ha incorporado cada vez más a Jesucristo, de quien ha recibido la salvación, el perdón de sus pecados y la promesa de la Resurrección.

Y  un día, por el Sacramento del Orden Sacerdotal, fueron constituidos en ministros de este gran Sacramento. Desde entonces sus vidas como sacerdotes han estado señaladas por las palabras de Jesús: “Este es el Cuerpo que se entrega por ustedes. Esta es la sangre que se derrama por ustedes y por todos los hombres”. Por eso hablar del sacerdocio es hablar de amor. De amor habla el Evangelio de hoy,  el conocido relato de la triple afirmación de Pedro lo podemos leer desde esta clave.

A Pedro no le valen los años de servicio a la empresa. No es un “ascenso” automático, por el simple hecho de haber estado desde el principio con Jesús. No le cuentan las muchas homilías escuchadas, las noches al raso, el frío y el calor pasado con el Maestro. Todo eso está muy bien. Seguro que le fue “ablandando” el corazón, para entender lo que de verdad era importante.

Y porque amó mucho, a Pedro se le perdona mucho. La traición queda atrás, Pedro puede volver a mirar a Cristo a los ojos, y recibir de manos del Salvador las llaves de la Iglesia. La barca de Cristo queda en buenas manos, manos firmes, curtidas por el trabajo en el mar, y ablandadas por el contacto con Jesús. Y se prepara para ser el primero de los seguidores, el pastor que va delante de las ovejas, en el lugar del Buen Pastor, que subió a los Cielos.

Por eso que gran oportunidad tenemos hoy de repetirle a Jesús como lo hicieron durante toda su vida Mons. Guillermo Tejada y Mons. Alejandro  Vásquez Pinto que le queremos. Él lo sabe, pero nos hace bien. Y déjale que te perdone tus miedos, tus traiciones, tus dudas. Peor que Pedro no eres, seguro. Y él fue capaz de seguir adelante. ¡Y cómo! Siguió…

MONSEÑOR ALEJANDRO VÁSQUEZ PINTO

Mirando, desde la fe, el paso de Mons.  Alejandro  Vásquez Pinto entre nosotros lo vemos como una prueba más del amor de Dios. Su paso ha dejado un rastro de bondad. Los que hemos vivido y trabajado con él de una forma muy cercana, podemos decir que él ha sido para nosotros, signo y sacramento de Jesucristo Buen Pastor, que da la vida por las ovejas. Ha sido para nosotros hermano, amigo, padre y maestro, dándonos siempre seguridad y confianza para afrontarlos problemas. Lleno de fe, enamorado de Jesucristo y de su sacerdocio y dotado de unas cualidades extraordinarias de simpatía y de inteligencia, sabía ir siempre a la solución de los problemas concretos y sobre todo a cada persona en particular y de una manera muy especial a nuestros  seminaristas y sacerdotes.

Su preocupación constante ha sido la evangelización: llevar a todas las gentes el gozo del evangelio. Y, por eso, era en él casi una obsesión  preparar buenos sacerdotes. Pues estaba convencido: “Donde haya un buen sacerdote, allí habrá una buena parroquia”.

MONSEÑOR GUILLERMO TEJADA MARTÍNEZ

El caminar de nuestro hermano Monseñor Guillermo Tejada Martínez, estuvo lleno de coraje, de sinsabores. Pero ahora el goza de la vida Eterna.

No podemos dudar que fue un hombre consagrado a Dios y al servicio del pueblo de Dios, en distintas instituciones eclesiales y civiles. Quizá la que más le desbordó fue su fidelidad al Benemérito Cuerpo de Bomberos, que fue una de sus pasiones.

En este templo histórico, le correspondió como rector recibir a presidentes, autoridades eclesiales, entre ellas al Papa Juan Pablo II, quien en su visita a nuestro país, quiso conocer esta Catedral.

Ahora, en este que fue su último templo el que cuidó con mucho cariño y desde donde quiso extenderla la mano a muchos necesitados, hoy recibe sus restos para consérvalos en su última morada en la tierra.

 

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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