HOMILÍA CRISTO NEGRO DE PORTOBELO 21 de octubre de 2019, Santuario Jesús Nazareno

HOMILÍA CRISTO NEGRO DE PORTOBELO 21 de octubre de 2019, Santuario Jesús Nazareno

En primer lugar quiero agradecer a mi hermano, Mons. Manuel Ochogavía, por la invitación que me hizo para que compartiera con ustedes este solemne día y las Obispos presentes Mons. Rafael Valdivieso, Obispo de Chitré y Mons. Pedro Hernández, Obispo del Darién, Mons. Edgardo Cedeño, obispo de Penonomé y Mons. Pablo Varela, Obispo Auxiliar.

Expreso también mi alegría por poder compartir con ustedes la mesa del pan y de la palabra de Dios en este día en que este pueblo de Portobelo celebra la solemnidad de Jesús Nazareno y, al hablar del Cristo Negro hemos de reconocer que ha trascendido las fronteras no solo de Portobelo y Panamá, hasta llegar al ámbito internacional. Así lo constata la historia de esta festividad en la que han estado presentes muchas personalidades, tales como Ismael Rivera, Celia Cruz, el Pete “El Conde” Rodríguez, Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa, entre otros, quienes han sido testigos de la devoción. Razón por la que se ha llamado, al Cristo Negro, el santo de los cantantes de música de salsa.

Uno de estos cantantes, quien mayormente se sintió agradecido con el Nazareno, fue Ismael Rivera, quien le dedicó la canción titulada El Nazareno.  Y hoy como a Ismael Rivera el Nazareno también nos habla… a cada uno de nosotros que acudimos ante Él.

Queridos hermanos: En este día con devoción y respeto hemos venido en peregrinación hasta este Santuario, una vez más para encontrarnos con esta bellísima imagen de Jesús Nazareno de Portobelo, ante la que se ha postrado la piedad de nuestros mayores.

Nadie puede negar que esta devoción está en el corazón de la espiritualidad ancestral de los portobeleños que se ha mantenido desde tiempos remotos con celo y pasión. Así nos cuenta la historia que desde hace casi tres siglos se venera esta imagen de Jesús Nazareno.  Y los frutos de esta veneración no se han hecho esperar.

Pero quien viene a encontrarse con Jesús Nazareno no puede regresar igual, es necesario que, al contemplar cada año la mirada profunda del Cristo Negro, descubramos que Él nos conoce bien, que es capaz de ver lo más profundo de nuestro interior,  Él sabe lo que necesitamos para ser verdaderamente felices.

Por eso, cada uno de los miles de peregrinos que venimos a venerar la imagen de Jesús Nazareno; hemos de  ¡aprender a tener más fe! A confiar en el amor misericordioso del Padre, que no nos quiere esclavos sino personas libres de los pecados que nos alejan de Él.

Jesús Nazareno quiso quedarse en Portobelo, así afirman los historiadores del pueblo. Ese Jesús de rostro negro, que se parece tanto a los habitantes de este lugar se hizo uno con ellos, quienes acudieron a Él en un momento de desesperación y en gratitud hoy salimos en procesión a pesar de haber pasado muchos años.

Este es el Cristo sufriente que lleva la cruz, como la lleva tanta gente negra cuyos ancestros fueron esclavizados y que se convirtieron en cimarrones, que lucharon por su libertad.  Podemos decir que Portobelo es el centro del cimarronaje expresado a través del congo.

Nuestra gente se identifica con el “Naza” porque al igual que Él, llevan la pesada cruz de vivir en la exclusión, la discriminación, la violencia, la corrupción. Esa carga discriminatoria en la que se criminaliza la pobreza y a las personas negras, también las ha sufrido el “Cristo Negro”, al designarlo como el “Santo de los maleantes”. Y no es así, esto no es cierto.

Hay que orar siempre
Por eso cada año esta centenaria peregrinación nos vuelve a reafirmar la necesidad de la oración, porque solo desde ella podemos entender el fenómeno del Cristo Negro de Portobelo.

Aquí en este Santuario llega la gente sencilla, los cristianos de a pie, aquellos menos preciados por la sociedad y aquí, encuentran consuelo ante “El Negro”, “El Naza”, a quien le entregan todas sus penas y todos sus pecados.

Es tanta la familiaridad con esta devoción, que para ellos el Nazareno es uno entre ellos, le hablan directo, sin mayores prejuicios, con la seguridad que Él les escucha.

Vayamos a donde vayamos, encontraremos a estas personas sencillas, pobres, sin muchos estudios quizás, que se arrodillan delante del sagrario o delante de una imagen en la Iglesia y levantan los ojos a lo alto mientras que con sus labios musitan una oración mil veces repetida.

Muchas veces acompañan ese gesto encendiendo una vela y dando una limosna o haciendo una peregrinación. Dan de lo poco que tienen. Entienden que con la vela encendida extienden la presencia de su oración, aunque se tengan que ir a sus quehaceres diarios.

Cuántos de los que estamos aquí hemos llegado pidiendo a Dios, a la Virgen o al “Naza”, que escuche nuestra oración, que nos consuele en las penas, que le ayude a un hijo o a una hija, o un pariente para que le conceda salud, que proteja a su familia.

Quizá hay algunos de estos peregrinos, es cierto, que ni siquiera van a misa ni participan en los sacramentos. Pero si están seguros y confiados a dónde recurrir cuando tienen un problema que está más allá de sus posibilidades.  Algunos han despreciado esta actitud y oración sencilla de tantos hombres y mujeres.

¡Inmenso error! Esa oración denota una confianza enorme en Dios, en el que todo lo puede.

Esas personas suelen ser constantes en su oración, independientemente de que suceda lo que piden o no. Dios es su punto de referencia continua y no deja de serlo. Quizá es que esas personas han comprendido perfectamente lo que ayer nos decía Jesús en el Evangelio: Hay que orar incesantemente, hay que orar sin desanimarse. Y lo hacía con la comparación entre el juez inicuo de la parábola y la pobre viuda.

Los hombres conocemos la corrupción. El juez hace justicia sólo para evitar ser molestado. Pero Dios no es como el juez. Dios es Padre. Dios nos ha creado y nos ha elegido para la vida. ¿No hará justicia Dios a sus elegidos? ¿Es que su amor por ellos no es real?

Por eso hay que confiar en Él. Esa confianza forma parte esencial de la fe. Sólo el que confía de verdad cree realmente. En el silencio de Dios que a veces nos envuelve, hay que mantener la fe y la confianza.

Sí queridos peregrinos pidamos hoy sin miedo como la pobre viuda a Jesús Nazareno que aumente nuestra fe y que esa fe nos impulsa a decirle fuerte y sin miedo Jesús Nazareno: mira aquella mujer humilde, aquel joven, aquel hombre ya mayor, aquella familia, aquel enfermo, ¿Ves con qué ojos te miran, Señor? ¡Auméntanos la fe! Y que esa confianza no sea sólo en estos días, que vivamos con esa seguridad que “está a nuestro lado”, sino que lo vivamos durante toda nuestra vida.

¡Cuánto te agradecemos, ¡Señor, que este pueblo cuando llega el 21 de octubre quiere ponerse en un camino de conversión! ¡camino al encuentro con Dios, del que me he alejado!¡¡camino del encuentro con el hermano!

Por eso la procesión, lenta, multitudinaria, en la que el anda con la imagen del Jesús Nazareno – es sacada – es un símbolo clarísimo de nuestra vida –  vida que- ¡cuesta, cansa!, pero  que desde la fe la llevamos en nuestros hombros – gracias a la presencia  del  Amor de los Amores.

Queridos hermanos: pidamos ante la imagen de Jesús Nazareno –  que nuestro encuentro con Él en esta mañana transcienda los aspectos sentimentales, tradicionales y folclóricos.

Pidamos: que nuestro encuentro con Él en esta Eucaristía no se quede en la superficie de los sentimientos, que poco comprometen, sino que se realice en la hondura de nuestros corazones, que sea un encuentro personal y cálido, que transforme nuestra vida y tenga un reflejo en nuestra existencia cotidiana. Y para  ello que mejor  instrumento que la propia  Palabra proclamada.

San Juan Pablo II nos aconsejaba que deberíamos estudiar, meditar con más tiempo y con más profundidad la verdad sobre Jesucristo ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Para qué ha venido? ¿Dónde está? ¿Qué quiere de mí? ¿Dónde lo encuentro? ¿Cuál es nuestra misión como bautizados?

Y también nos decía Juan Pablo II: “estudia, medita y profundiza sobre la verdad de la Iglesia”. ¿Qué es la Iglesia? ¿Dónde está la Iglesia? ¿Por qué la Iglesia? ¿Quién dirige la Iglesia? ¿Está Jesucristo en la Iglesia? ¿Cuántos sacramentos tiene la Iglesia? Toda esa vida espiritual, jerárquica, de sacerdotes y obispos, la vida de la gracia.

Por eso, esta fiesta de Jesús Nazareno nos ofrece la oportunidad de: ‘meditar y conocer cada vez más las verdades que sostienen nuestra fe. Ahí está el secreto de todo.

Hermanos:  Este Cristo, hoy, sigue siendo testigo de vuestra vida y de vuestra historia y te sigue diciendo desde su cruz: “¡Ánimo, yo he vencido al mundo, yo reino desde esta cruz, yo los cuido y consuelo y estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos!”.

Por eso mientras sigan mirando, amando y escuchando al Cristo Negro de Portobelo, nada habrán de temer, estarán protegidos, estarán salvados.

Esta herencia recibida no se debe nunca perder, es una de vuestras principales raíces. Aunque los tiempos cambien y se renueven las generaciones, la tradición permanece, deben seguir siendo fieles a ella y no dejarla morir por modas pasajeras. Renovarla y fortalecerla, sí; debilitarla y perderla, no.

Por eso si Portobelo ha crecido en torno al Cristo Negro, dejar de quererle, dejar de visitarle y rezarle, dejarle a un lado, no llevarle en el corazón y construir la vida al margen del Evangelio, es como construir una casa sobre arena, cuando vengan los vientos y las lluvias se derrumbará y será grande la ruina.

Qué alegría da, cuando llega  el gran día de la fiesta, ver en la Iglesia a distintas generaciones, unidas ante la imagen de su Cristo. Da alegría cuando pasas al lado de la Iglesia y piensas: “Ahí está  el Naza ahí está mi protector”.

Por eso no se nos puede olvidar que  el Naza, el Cristo Negro nos está diciendo que todos estamos llamados a vivir la fraternidad, a amarnos de verdad, porque no podemos  seguirle, hacer una fiesta, sin imitarle. E imitarle en el amor, es lo que más le agrada a vuestro Cristo.

El Cristo Negro no quiere que sus hijos sufran más, Él que es camino, verdad y vida, carga sobre sus hombros todos nuestros pecados;  por eso el que ustedes deseen mortificar sus cuerpos para encontrar en Él la paz y la reconciliación NO ES NECESARIO. Cristo ya pagó por nuestros pecados, y espera como cuando a la mujer adultera que querían apedrear, le dijo que se fuera y NO PECARA MAS.

Y de eso se trata, el Cristo Negro no quiere verte en el suelo mortificándote, con su inmenso amor demostrado en la Cruz quiere decirte LEVANTATE Y ANDA… NO PEQUES MAS.

Nuestro Cristo Negro de Portobelo, nos recibe con los brazos abiertos a todos, sin exclusión de nadie, para llenarnos de esperanza y optimismo. Sí el Naza está aquí y puedo hablarle con la convicción que me escucha, que, gracias a su muerte y resurrección, podemos proclamar, con alegría, que hemos sido salvados.

Al salir de este santuario del Cristo Negro, si hemos tenido ese encuentro verdadero con Jesús, podemos decir que salimos renovados, dispuestos a cambiar mi vida, para configurarla a la imagen de Jesús Nazareno.

No nos avergoncemos de ser católicos, demos a conocer nuestra fe con nuestro testimonio de vida. Como dice el Papa ser católico: “no es miembro de una ONG”. El ser católico es un encuentro diario con un Cristo vivo. Es un latir del corazón de Cristo en el mío. Es un convertirse cada día procurando alejarse del pecado para estar con el Señor. Y cuándo con sorpresa nos quieren decir: “mira a esos pecadores”, diremos, si en la Iglesia somos pecadores que amamos a Cristo y que pegados a su cruz le decimos con humildad que nos mire con misericordia y limpie nuestros corazones. Y en el constante caer y levantarse, seguimos confiados que El es el camino que te lleva al cielo.

Amar al Naza, implica ser capaz de amarse uno mismo y amar y respetar la vida de los demás. No permitas que la gracia concedida por Jesús te le arranquen, no hay pecado por muy grande que sea que EL NAZA no logré perdonar, pero es imprescindible antes tener un corazón dispuesto a vaciar todo odio, egoísmo, para darle paso a su inmenso amor.

Pidamos al Señor que no tengamos miedo de mostrar  a los demás cómo queremos a Dios, acercándonos a la misa y a la confesión. Educando en la fe a nuestros hijos y ayudando a los enfermos.

Asumimos el Trienio Juvenil Vocacional
Hoy también en este histórico templo  queremos volver a reiterar con alegría y esperanza nuestra opción  por la nuestra juventud, pues como lo ha repetido insistentemente el Papa Francisco  ustedes son “el ahora de Dios”, reiteramos:  Ustedes queridos jóvenes nos han sorprendido gratamente  tanto en sus asambleas Diocesanas como en la asamblea Nacional con un comunicado desafiante para obispos, sacerdotes y políticos, con propuestas valientes para asumir su protagonismo y hacer viva la Iglesia en salida a la que nos llama el Papa Francisco.

Por eso convencidos que la vida de los jóvenes es un don de Dios, y cada vida es una bendición; y que cada joven vida es una oportunidad, una promesa, la juventud católica panameña se abre paso para dar su aporte con la originalidad y con la belleza que los caracteriza para la edificación de nuestro mundo, de nuestro país, de nuestra Iglesia.

Hoy, ante la mirada del Cristo Negro de Portobelo y de la  joven Virgen de Nazaret  “Santa María la Antigua”  y junto a toda la Iglesia,  asumimos el Trienio Juvenil Vocacional, como una oportunidad para redescubrir y profundizar la insondable riqueza de Jesucristo, “el mismo, ayer, hoy siempre”, que nos llamó a su amistad para hacer presente el mensaje de salvación a todos, sin exclusión de nadie, a través del protagonismo de la juventud.

Hoy queremos manifestar públicamente que la juventud es nuestra prioridad pastoral. Aceptamos el desafío de optar por los jóvenes y pastorear el rebaño joven del Señor. Esto significa para nosotros pastores, movimientos y agentes de pastoral, tomar medidas concretas y dedicarnos a los jóvenes de nuestras parroquias y de toda la Iglesia panameña con el celo pastoral que nos debe caracterizar. No podemos esperar más; este es el momento.

En este horizonte, ofrecemos una mirada pastoral sobre las instancias y situaciones que afectan más fuertemente a los jóvenes.  No pretendemos ser exhaustivos ni tener la última palabra en lo que afirmamos, sino que planteamos una comprensión que podrá ser enriquecida y ampliada, posteriormente en cada escenario de la Iglesia.

Agradezco nuevamente a Mons. Manuel Ochogavía esta invitación  y agradezco a los miles de miles  de peregrinos que sienten el amor del Cristo Negro de Portobelo. Recen un poco y lo digo aprendiendxo del Papa Francisco, que siempre lo dice, por favor recen por mí.   Así sea.

 

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.