Homilía – 10 años de imposición del Palio Arzobispal (29 de junio de 2020)

Homilía - 10 años de imposición del Palio Arzobispal (29 de junio de 2020)

Celebrar a san Pedro es celebrar también al romano Pontífice, recordando con cariño y amor filial a su santidad el  Papa Francisco , actual Vicario de Cristo, sucesor 266 de Pedro,  quien sigue conduciendo la Iglesia Católica por los caminos de la Nueva Evangelización. Recordemos que “el Papa es en la Iglesia el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, de fe y comunión” (LG No. 18). Debemos unirnos al papa siempre, especialmente en esta fiesta, mediante la oración, la obediencia filial y el cumplimiento fiel a nuestra misión cristiana.

La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes. Pedro respondió a Cristo quien lo puso al frente de la Iglesia naciente. Pablo sabe que Dios lo escogió desde el seno de su madre para revelarle a Cristo y para anunciarlo a todos los pueblos. Al final de su carrera, reconoce con gratitud que Cristo lo ayudó, le dio fuerzas y recuerda emocionado su entrega a Cristo diciendo: “he combatido el buen combate”.

 En san Pedro y san Pablo aquello que resalta es su íntima amistad con el maestro, ambos tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús; esa experiencia los acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión. En ese contexto podemos entender las palabras de Pedro al decir con emoción: “Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te amo”.

Predicar sobre Pedro y Pablo es predicar sobre la iglesia.

La Iglesia es como un gigantesco iceberg viajando por el mar. Lo que vemos, la punta del iceberg, no es nada comparado con lo que las aguas guardan y esconden.

Lo que vemos cada día con nuestros ojos es la institución externa: obispos, sacerdotes, feligreses, templos, titulares en los periódicos, ustedes y yo haciendo el trabajo de Cristo, pero venimos aquí para ver con los ojos de la fe el misterio interior de la presencia escondida de Cristo, para edificar nuestras vidas sobre el único y verdadero cimiento que es Cristo.

La iglesia ha conocido la gloria durante los dos mil últimos años. Y es verdad que también ha conocido la vergüenza, tiempos de persecución y de corrupción. Y no es ningún secreto que en estos últimos tiempos los escándalos la han sacudido violentamente.

Para mucha gente la Iglesia es lo que leen en la prensa. Y ésta ha saciado su hambre de escándalos y excesos con total profusión.

Lo que siempre devuelve a la iglesia la estabilidad y la renovación es la vuelta a lo básico: la vuelta a Pedro y Pablo, lo que ellos aprendieron de Jesucristo y nos entregaron.

La pregunta más importante que Pedro tuvo que contestar a lo largo de su vida fue la pregunta eterna: ¿Quién dice la gente que soy yo?

“Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo”.

Desde entonces hay una conexión entre Jesucristo y la iglesia, entre Jesucristo y Pedro, entre Jesucristo y los doce apóstoles y todos nosotros. Por eso la identidad de la iglesia está enraizada en la confesión de Jesucristo como el Hijo del Dios viviente. Y estamos aquí para hacer la misma profesión de fe y así conectarnos con la parte escondida del iceberg: Jesucristo.

Pablo nos invita hoy, a pesar de todo, a competir bien, a completar la carrera, a guardar la fe en Jesucristo.

En esta fiesta de Pedro y Pablo tenemos que reconocer que hay muchas cosas buenas en la iglesia: muchas vidas heroicas, oración profunda, servicio generoso, hermosas tradiciones…

¿Una iglesia atormentada? Sí. ¿Escándalos? Sí. Esa es la parte triste de la punta del iceberg. Pero debajo, en lo profundo, hay una iglesia con vida, con perdón, con buenas noticias, una iglesia orante. La iglesia de Pedro y Pablo está herida y siempre lo ha estado, incluso en tiempo de los apóstoles, pero está viva y luchando por hacer el bien a todos.

El Cristo por el que Pedro y Pablo dieron sus vidas sigue animando y fortaleciendo a todos los creyentes de hoy.

“A veces me avergüenzo de la iglesia. A veces me avergüenzo de mis hermanos cristianos y casi siempre me avergüenzo de mi mismo, pero nunca me avergüenzo de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Dios no depende de los líderes maravillosos, inteligentes y atrevidos, depende de su iglesia, que somos nosotros”.

Que criticable eres iglesia, sin embargo, cuanto te amo. Carlos Carreto, en ese libro comentaba:

Hace poco escribió un amigo una carta a un periódico: ” Dejo la Iglesia porque, con su compromiso ya no es digna de crédito. ” Me causa pena. Porque o es un sentimental sin experiencia, y entonces lo excuso; o es un orgulloso que se cree mejor que los demás. Nadie de entre nosotros es digno de crédito mientras viva en este mundo. San Francisco exclamaba: ” Tu me crees santo, sin pensar que puedo todavía tener hijos con una prostituta sino me sostiene la gracia de Cristo. ”

Lo propio de los hombres es la flaqueza; y, a lo sumo, la buena voluntad de hacer algo bueno con la ayuda de la gracia que corre por las invisibles venas de la Iglesia invisible. ¿Era mejor la Iglesia de ayer que la de hoy? ¿O es más digna de crédito la Iglesia de Jerusalén que la de Roma?

A llegar a Jerusalén, con su corazón sediento de universalidad, bajo su poderoso espíritu carismático, ¿llegaron a suscitarle a San Pablo dudas sobre la verdadera Iglesia, que Cristo acababa de fundar, o a sugerirle la fundación de otra Iglesia en Antioquía, o en Tarso los discursos de Santiago sobre la circuncisión o la flaqueza de Pedro con sus contactos con los ricos de entonces ( los hijos de Abraham) y con el escándalo que diera de comer solo con los “puros” ?.

Al ver cómo el Papa hacia tan sucia política contra su ciudad, la ciudad de su corazón, ¿pasó por la cabeza de Santa Catalina de Siena la idea de ir a las colinas de su patria chica, transparentes como el cielo, y crear otra Iglesia más diáfana que la de Roma, tan contaminada, tan pecadora, tan politiquera? Claro que no.

Porque tanto Pablo como Catalina sabían distinguir entre las personas que forman la iglesia ” o el personal dela Iglesia” — Como diría Maritain — y esta sociedad humana llamada iglesia, que, a diferencia de las demás sociedades humanas, ” recibiera de Dios una personalidad sobrenatural, santa, inmaculada, pura, indefectible, infalible, amada como esposa de Cristo y merecedora de todo mi amor de hijo para con su dulcísima madre “.

Tal es el misterio de la Iglesia de Cristo: verdadero e impenetrable misterio.

Por quienquiera que sueñe otra realidad distinta no hace más que perder tiempo o volver a comenzar siempre desde cero.

Por eso lo que verdaderamente cuenta en la iglesia no son las personas sino es la promesa de Cristo, el cemento que une las piedras, es decir, el Espíritu Santo.

Sólo el Espíritu Santo es capaz de edificar la Iglesia con unas piedras mal talladas como lo somos nosotros. Sólo el Espíritu Santo puede mantenernos unidos, a pesar de la fuerza centrífuga y disgregadora de nuestro ilimitado orgullo.

Aquí está realmente el mayor misterio de la Iglesia que yo rechazaría al cerrar mi corazón al hermano enemigo o al dirigirme en juez de la asamblea de los hijos de Dios. Y aquí está el misterio: en el fondo, soy yo esta masa de bien y del mal, de grandes y de miseria, de santidad y de pecado que define a la Iglesia.

Por eso permítanme hoy a diez años de la imposición del palio estando más sosegado compartir hoy nuevamente lo que he reiterado en estos años sobre lo que significa ser Arzobispo y lo que significa elPALIO que recibí de manos del Papa Benedicto en una fecha significativa: el 29 de junio del 2020 hace 10 años-.

 El Palio es una especie de estola circular, tejida en lana virgen, esquilada de unos corderillos que el Papa bendice el día de Santa Inés de cada año (21 enero).

Una pieza sencilla, pero de grande e importante significado. Porque lo que ella quiere, es recordar al Arzobispo de la Sede Metropolitana y también a los fieles, que la particular vocación y misión de todo Obispo no es otra que la de ser Buen Pastor:

Pastor que toma sobre sus hombros a la oveja extraviada, a la enferma o débil, para guiarla, curarla y conducirla a las fuentes de agua viva. Pero, por otra parte, el Palio, que específicamente se consigna solo a los Arzobispos, es signo de que, dimensión esencial y concreta de su ser Buen Pastor en la Iglesia Metropolitana, es la de esforzarse por favorecer, mantener y acrecentar la comunión fraterna y eficaz de los pastores de la Provincia entre sí, de estos con sus fieles, y de todos, obispos y fieles, con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia entera

El mismo Papa Benedicto cuando recibía el Palio también al acceder a la sede de Pedro.  Y el aquel entonces dijo en su inolvidable homilía: “la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida.

Ese Palio representa el pueblo que el Señor pone sobre mis hombros y al que yo debo conocer, amar y dar la vida de diversos modos, como me enseña el ejemplo de Jesús, nuestro Buen Pastor, y de tantos santos pastores que nos han acompañado y precedido.

El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a Ante esta realidad   muy sabiamente nos dice San Agustín:

“Cuanto más elevado es el lugar que estamos, tanto mayor el peligro en que nos encontramos.

Pensamos, en efecto, en la cuenta que hemos de dar a Dios tanto en lo relativo a los honores, como de las maldiciones que nos otorgan los hombres.

Muchos nos honran, muchos nos critican, mucho nos maldicen. Pero en mayor peligro nos ponen quienes nos honran que quienes nos maldicen. La honra humana hace cosquillas a nuestra soberbia, mientras que las maldiciones de los hombres nos ejercitan en la paciencia”

Inspirado en estas palabras de San Agustín, trato en medio de mis debilidades poner siempre este servicio en las manos de Dios y le pido me de la gracia de ser fiel a la misión que me ha encomendado, viviendo en profundidad la comunión en la iglesia.

En su homilía, el Santo Padre destacó la importancia de la unidad y la profecía y advirtió que en la primera comunidad cristiana “nadie decía: ‘Si Pedro hubiera sido más prudente, no estaríamos en esta situación’. No, no hablaban mal de eìl, sino que rezaban por eìl. No hablaban a sus espaldas, sino a Dios. Hoy podemos preguntarnos: ‘¿Cuidamos nuestra unidad con la oración? ¿Rezamos unos por otros?’. ¿Queì pasariìa si rezáramos más y murmuráramos menos?”.

Comparte

Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

[link url="http://arquidiocesisdepanama.org/reapertura-de-templos/"]Content[/link]