29 DE MARZO – HOMILÍA V SEMANA DE CUARESMA

29 DE MARZO - HOMILÍA V SEMANA DE CUARESMA

HOMILÍA V SEMANA DE CUARESMA
Capilla de la casa del Arzobispo de Panamá / Lunes 29 de marzo de 2020.

“Rezamos hoy por tanta gente que no consigue reaccionar y permanece asustada por esta pandemia. Que el Señor les ayude a levantarse, a reaccionar, por el bien de toda la sociedad, de toda la comunidad.
Reiteramos nuestra oración y agradecimiento a las autoridades de salud y seguridad. Al Instituto Gorgas felicidades, que Dios los bendiga y siga iluminado vuestras mentes; estamos orgullosos de todos ustedes por haber producido el reactivo necesario para poder seguir haciendo el test. Ya no hay que importarlo.

“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo”
En la recta final hacia la Pascua la Iglesia nos presenta hoy la historia de dos mujeres sorprendidas en adulterio: la conocida historia de Susana, una mujer inocente acusada falsamente, calumniada. Y la historia de una mujer pecadora. Ambas condenadas a muerte. La inocente y la pecadora.  Uno ficticio y otro verdadero. En ambos casos, ante jueces injustos, son defendidas por el juicio misericordioso de Dios, el único que juzga según el corazón y no según las apariencias.

Estas dos historias de las Sagradas Escrituras nos dan una enseñanza: “Ambas mujeres estaban desesperadas, humanamente desesperadas.
Susana confía en el Señor. Hay también dos grupos de personas, de hombres, los dos servían a la Iglesia: los jueces y los maestros de la ley. No eran eclesiásticos, sino que estaban al servicio de la Iglesia, en el tribunal y en la enseñanza de la ley.

“Los primeros, quienes acusaban a Susana, eran corruptos. El juez corrupto. La figura emblemática en la historia, que también Jesús retoma en el Evangelio en la parábola de la viuda insistente, los jueces que no creían en Dios y no les importaban nada los otros. Los corruptos. Los doctores de la ley no eran corruptos. Sino hipócritas”. Estas dos mujeres cayeron, una en la mano de los corruptos y otra en la mano de los hipócritas.
Las dos mujeres estaban en un valle oscuro, estaban allí, en un valle oscuro hacia la muerte. La primera explícitamente confía en Dios y el Señor interviene. La segunda, pobrecilla, sabe que es culpable, avergonzada delante de todo el pueblo, porque el pueblo estaba presente en ambas situaciones.

Nos decía hoy el Papa Francisco: el Evangelista Juan usó “un poco de ironía” al indicar que: “se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más ancianos” porque Jesús deja un poco de tiempo para arrepentirse.
De este modo, el Papa también explicaba: “Los corruptos no perdonan, sencillamente porque el corrupto es incapaz de pedir perdón, van mas más allá. La corrupción quitó incluso la capacidad que todos tenemos de avergonzarnos, de pedir perdón. Por eso el corrupto va hacia adelante, explota a la gente, como a esta mujer, todo… va hacia adelante, se ha colocado en el lugar de Dios”.

“A las mujeres el Señor les responde. A Susana la libera de estos corruptos, la deja ir hacia adelante, y a la otra: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más’. La deja ir. Esto delante al pueblo. En el primer caso, el pueblo alaba al Señor, en el segundo caso el pueblo aprende, aprende cómo es la misericordia de Dios”.
Hoy la Palabra también nos enseña: La confianza en Dios es lo que verdaderamente nos ayuda a ser fieles a su voluntad.

¡Cuántas veces nos vemos en situaciones muy difíciles, en pruebas muy duras en las que parece que Dios no escucha nuestras plegarias!
Incluso caemos en la desesperación y en el desánimo. Sin embargo, la lectura de hoy nos alienta a ver que en los momentos más adversos es cuando tenemos que confiar más en Dios. Nos dice el texto que cuando ya estaba todo perdido, cuando ya habían condenado a Susana a muerte, ella oró gritando y Dios la escuchó.
Tengamos la plena seguridad de que Dios siempre llega a tiempo. Porque Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Confiemos en el Señor, aun en las grandes pruebas, pues ‘aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo.

Evangelio: “Tampoco yo te condeno”
Hermanos:  Cristo hoy nos llama a atrevernos a sumergirnos en lo más profundo de nuestro corazón y darnos cuenta de que no estamos exentos de pecado, de que no somos mejores que el que tenemos al lado, que veamos que nuestro corazón también está enfermo y necesita ser curado.

Más de una vez hemos juzgado sin misericordia y más de una vez nuestros juicios han sido erróneos.
En el libro de Job, Lucifer tiene un lugar en la corte de Dios: el del «Satán», que significa «acusador», «fiscal». Así lo llama también el libro del Apocalipsis: El acusador de nuestros hermanos (Ap 12, 10). Satanás le recuerda a Dios nuestros pecados, reclamando nuestra condena.

Y nos los recuerda también a nosotros, quitándonos la paz y haciéndonos creer que somos indignos del favor de Dios. ¡Cuántas almas atormentadas por culpa de escrúpulos inútiles!
Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices? Con estas palabras, los fariseos dejaban claro a quien servían: al Acusador. Habían formalizado, sobre la marcha, un juicio rápido, y se apresuraron a ocupar el asiento del fiscal. Ahora querían saber qué asiento ocuparía el Señor.
Pero Jesús dejó vacío el estrado del juez. El juicio no será rápido, porque aún no ha llegado la hora. Todavía es tiempo de misericordia. El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Jesús ocupó el asiento del abogado y recusó al fiscal. Ha venido a salvar al hombre, no a juzgarlo.

Dime una cosa: ante los pecados ajenos, ¿qué asiento ocupas tú? Miremos hacia nuestro proprio pecado .
Hoy la Palabra no querer juzgar y condenar. Nuestra mente hipócrita se quiere colocar y sentir superior a los otros. Estamos creando una sociedad y una Iglesia hipócrita, donde la mentalidad se mueve por el sentimiento de superioridad.

Parece que quien está más cerca de Dios es el santo; los demás son pecadores. Se crean redes, comunidades, conversaciones y grupos en las redes sociales para juzgar a otros hermanos, para que algunos se sientan en grado de superioridad y otros de inferioridad, cuando esa no es la mirada de Dios.

¿Quién en su sana conciencia, sumergiéndose en la verdadera relación con Dios, tiene condición de tirar una piedra a alguien? A no ser los insensatos, los que no se miran a sí mismos…
Esos viven toda la vida tirando piedras. Que reste tiempo para recoger las tantas piedras que lanzamos a otros, para que no sean un bloqueo para entrar en la eternidad.
Tomemos las piedras, construyamos puentes y caminos para cuidarnos unos a otros, para reparar nuestra propia vida de errores, de los engaños y de las maldades que cometemos, pero, muchas veces, no lo vemos.

Señor, que esta Cuaresma, que está por terminar, no sea una más en nuestra vida, concédenos la gracia de que sea definitiva en nuestro proceso de conversión y entrega a Ti.
Recordemos hermanos: todos estamos llamados a remar juntos. Todos necesitamos reconfortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos.

Al coronavirus no lo vence el país más avanzado… sino el pueblo más disciplinado. Este es nuestro momento de hacer patria, de manifestar nuestro amor a los nuestros a PANAMA, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos por Panamá -Quédate en casa.

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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