1 DE ABRIL – HOMILÍA MISA TELEVISADA, CAPILLA DE LA CASA DEL ARZOBISPO

1 DE ABRIL - HOMILÍA MISA TELEVISADA, CAPILLA DE LA CASA DEL ARZOBISPO

Oramos por las compañías de generación y distribución eléctricas, por el IDAAN, las compañías de telefonía fija y celular.

Permítanme también iniciar esta acción de gracias que es la Eucaristía:  con las palabras de uno de los héroes anónimos; dos trabajadores del CANAL. Que en uno de los gestos más humanitarios de nuestro país, permitió al Crucero Zaandam, que lleva enfermos de coronavirus, pasar por nuestro canal. Gestión que había sido negada en otros puertos.

¡Bravo Panamá! por ello. Aquí se retrata al verdadero Panamá y reafirma la definición del Papa Francisco que este es un país noble.

“Luego de recibir tantas palabras de agradecimiento y apoyo de parte de la familia, amistades, conocidos y hasta desconocidos en una labor que debió mantenerse completamente anónima (hasta que salieron nuestros rostros en un vídeo), he tenido la oportunidad de reflexionar sobre lo sucedido y lo que hizo posible que la operación haya sido un éxito.

Mi conclusión a esta reflexión es que, sin la participación activa del equipo del Ministerio de Salud, no hubiese tenido la tranquilidad y la confianza de poder ejercer mis funciones al 100%.

Estos señores saben lo que están haciendo. Solo tuvimos la oportunidad de reunirnos con ellos una hora y media, previo a abordar los buques; y en ese tiempo, sin dudas ni titubeos, nos enseñaron procedimientos necesarios para lidiar con las diferentes situaciones que nos podríamos encontrar a bordo, siempre considerando que la tripulación de la nave no hubiese hecho su parte (y me refiero a la descontaminación del puente de mando, pruebas de Covid-19) para asegurarnos que estábamos lidiando con personal que no estuviese contagiado en un área de trabajo descontaminada.

El MINSA nos suministró el equipo necesario, nos instruyó en cómo ponerlo y quitarlo. Previeron muchas de las situaciones que encontraríamos en el buque con respecto al virus. Fue una grata sorpresa que hubiese un equipo de profesionales (doctores infectólogos y especialistas en transmisión de enfermedades) tan preparados para asistirnos en la parte de seguridad clínica y que complementara nuestra experiencia operacional para poder ejecutar el tránsito de manera expedita y eficiente.

Les cuento todo esto porque en mi poca experiencia lidiando con este virus (aunque a lo mejor más cercana que la de otras personas) me siento con la autoridad de decirles que estamos en muy buenas manos con el personal del Ministerio de Salud, así como con nuestros médicos y enfermeras. Hagámosle caso a las instrucciones y directrices que nos dan esas autoridades en la materia. Ellos, y nosotros acatando sus instrucciones y recomendaciones, sacaremos a este país de esta situación. Son ellos los verdaderos héroes y líderes en estos momentos”.

Pocas páginas en la Biblia destilan tanta fe como esta de la primera lectura de hoy. ¡Qué testimonio el de estos muchachos, capaces de arriesgarlo todo, hasta su propia vida, por su confianza absoluta en Dios!

Misac, Sidrac y Abdénago eran tres hermanos que fueron obligados por el rey Nabucodonosor a que hicieran adoración a un becerro de oro. Los tres hermanos no acataron la orden real, y por negarse fueron echados al fuego para que perecieran.

Lo más maravilloso de la fe de ellos es que no depende de una especie de “negocio” con Dios.

La frase perfecta es: “nuestro Dios, a quien damos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiente y de tu poder, nos librará.

Y aunque no lo hiciera, debes saber, oh rey, que no serviremos a tu dios ni nos postraremos ante la estatua de oro que has mandado fabricar”.

Es la fe que es capaz de obrar hasta en perjuicio propio. Una fe madura en hombres que apenas parecían muchachos. ¡Maravillas de mi Dios, que Él se digne repetir en nuestros jóvenes!
La escena culmina en una profesión de fe del mismo que había ideado aquel tormento.

Sobrecogido de temor descubre que hay un poder por encima de su poder. Y sucede entonces que cuando las cosas salen al contrario de sus deseos es cuando puede abrirse a reconocer que existe un Dios. La contradicción se volvió enseñanza, y aquella enseñanza le abrió a la fe.

Desde esta perspectiva de la fe quiero reiterar con ustedes dos ideas: El cierre de iglesias a causa del coronavirus, aunque no lo entendamos es una oportunidad para que los católicos volvamos a nuestras raíces y reflexionemos sobre qué es realmente la Iglesia, donde se sostiene nuestra FE.

El cierre de iglesias puede ser la forma de Dios para pedirnos que volvamos a nuestras raíces, a las de la Escritura, sobre lo que realmente significa ser Iglesia.

Nos invita a hacer un esfuerzo de fe para creer que vivimos y nos movemos en Dios. Y que ninguna puerta se puede cerrar en nuestra relación con Él.

Y digo esto tras escuchar en este tiempo a tanta gente decir cada cosa por el cierre de los templos y de ver a muchos que se sienten “devastados” ante la orden de cerrar las iglesias para evitar el contagio por coronavirus.
Y hermanos lo que vivimos es un particular desafío especialmente en este tiempo trascendental para el culto público, como es el periodo de cuaresma semana santa y pascua.

Incluso algunos además han cuestionado ¿cómo la Iglesia huye del coronavirus, especialmente en este momento? ¿Significa acaso que no tiene fe?. Las preguntas, que considera legítimas, pueden responderse con otras “desde otra mirada”.

¿Quién es la Iglesia? ¿Qué es la Iglesia? ¿Ir a Misa los domingos realmente nos hace el cuerpo de Cristo y la familia de Dios?.

Dentro de pocos días en el tiempo Pascual estaremos leyendo el Evangelio de Juan en el que Jesús resucitado se aparece a los discípulos en Jerusalén, allí el Señor les pidió esperar allí hasta que estuvieran fortalecidos con el poder del Espíritu Santo.

Ese Espíritu los transformaría en discípulos llenos de fe y los lanzaría luego en la indetenible misión de proclamar el Evangelio.

Por eso esta epidemia, y no poder asistir al templo  no debe alejarnos de Dios, sino todo lo contrario.
Alegrémonos de que esta pandemia del COVID-19 nos ha ayudado a volver a nuestras raíces, así como a los israelitas los desastres los ayudaron a recordar que eran el pueblo de la alianza de Dios.

Con la cuarentena los padres tienen más tiempo para sus hijos y asumen la responsabilidad que Dios les da de acompañarlos en el culto y explicarles, por ejemplo, las distintas partes de la Misa.

Pero que no nos suceda como la caricatura de Edelmiro ayer, donde presenta a una señora toda demacrada, cansada y el perro Sandy le pregunta: Vecina, ¿qué le paso que la veo demacrada y cansada?. Es que estoy con lo de la tarea conjunta. Y Sandy le dice: Ah, usted es de la fuerza de tarea conjunta, ¿es de SINAPROC, bombero o policía?.  No yo soy de las madres que ayuda a sus hijos con la tarea de los módulos.

Hoy más que nunca estoy convencido que el mundo necesita a cristianos convencidos que somos la Iglesia y que ninguna situación humana puede cerrar o detener esta Iglesia, excepto nosotros mismos.

Por eso somos una iglesia que camina en Esperanza.

Porque hermanos el discipulado es la verdadera identidad del cristiano, y será el discipulado lo que te dará la libertad. Y el discipulado no se vive solo en el templo.

Hoy estamos contemplando a tantos discípulos con mascarillas y guantes, detrás de cada médico, de cada enfermera, de cada cajera de supermercado, de cada conductor de ambulancia, detrás de cada sacerdote y religiosa, detrás de nuestra gente de Pastoral Social/Cáritas, Pastoral de la Salud, detrás de cada padre y madre de familia, que nos ayudan a mantener viva la llama de la fe y a poner en acto la creatividad del amor y la certeza de la esperanza.

Vemos discípulos y la iglesia detrás de los trabajadores del aseo, recolectores, conductores, hormiguitas; la policía, los bomberos, los uniformados del Servicio Aeronaval, del Servicio Nacional de Frontera, SINAPROC…de tantos trabajadores que quisiera quedarse en casa y no puede, porque tiene turnos de día y de noche, expuestos al peligro, pero que asumen esta responsabilidad para que el país y tu yo tengamos al menos lo necesario. ¡Qué decir del personal de supermercado, abarroterías, la tienda del paisano, o los trabajadores que permiten que el agua y la luz el internet estén funcionando, los empleados de la banca, los agricultores, ganaderos. De los trabajadores del Canal, de las amas de casa. Que están dando su milla extra por convicción y amor!

Y es que el verdadero discípulo es un hombre libre porque permanece en el Señor. Y permanecer en el Señor, ¿qué significa?: Dejarse guiar por el Espíritu Santo.

Aquellos que permanecen en la Palabra de Jesús, tienen la específica identidad cristiana, y ¿cuál es?: ‘Ser de verdad discípulos de Jesús. En cualquier lugar y situación.

Porque la identidad cristiana no es una carta de identidad que diga: ‘yo soy cristiano’. No. La identidad cristiana es el discipulado. Tú, si permaneces en el Señor, en la Palabra del Señor, en la vida del Señor, serás discípulo.

Hoy decía Papa Francisco, “si no permanecemos en el Señor seremos a lo sumo uno que simpatiza con la doctrina, que sigue a Jesús como un hombre que hace mucha beneficencia, que es muy bueno, que tiene valores justos”, pero no un discípulo.

En cambio, “el discípulo se deja guiar por el Espíritu. Por esto, el discípulo siempre es un hombre de la tradición y de la libertad.

Es un hombre libre. Nunca sujeto a ideologías, a doctrinas dentro de la vida cristiana, doctrinas que pueden discutirse.

Y eso es así porque es el Espíritu Santo  que nos da la libertad. Y esto es la unción. Quien permanece en el Señor es discípulo, y el discípulo es un ungido, un ungido del Espíritu, que ha recibido la unción del Espíritu y la lleva adelante”.

En ese sentido, este es el camino que Jesús nos hace ver para la libertad, y también para la vida.
Hoy la discusión se basaba en una búsqueda de la identidad: “Juan trata de acercarnos a aquella lucha por aclarar la propia identidad, tanto la de Jesús como la identidad de los doctores. Y Jesús los arrincona, haciéndoles ver sus propias contradicciones. Y ellos, al final, no encuentran otra salida que el insultar. Es una de las páginas más tristes. Una blasfemia. Insultan a la Virgen”.

Sobre la identidad, “Jesús dice a los judíos que habían creído, les aconseja: ‘si permanecéis en mi palabra, sois de verdad mis discípulos’. Regresa una palabra muy querida al Señor que la repetirá muchas veces, como después en la cena: ‘Permanecer’. ‘Permaneced en mí’. ‘Permanecer en el Señor’. No dice ‘estudiad bien’, ‘preparad bien las argumentaciones’… Eso lo da por descontado, pero va a lo importante, a lo que es más peligroso para la vida si no se hace: ‘permanecer’. ‘Permaneced en mi Palabra’”.

El Papa Francisco finalizó su homilía pidiendo al Señor que “nos haga comprender esto que no es fácil, que los doctores no entendieron.

No se entiende solo con la cabeza, se entiende con la cabeza y con el corazón. Esta sabiduría de la unción del Espíritu Santo que nos hace discípulos”.

Por eso para permanecer en Dios, es necesario permanecer en la Palabra de Jesús. Es necesario que la Palabra permanezca en nosotros, que ella este grabada en nosotros, impregnada en nuestra alma y en todo nuestro ser, por eso, necesitamos escuchar a Jesús.

La Palabra de Jesús solo permanece en nosotros si ella entra en nosotros; si penetra en nosotros, si abrimos nuestro corazón, nuestra alma y todo nuestro ser para escuchar el corazón de Jesús, para escuchar las palabras que salen de la boca de Él, para escuchar las Palabras de salvación, de cura, de liberación, de restauración que el Señor nos da.
Las Palabras del Señor son Palabras de Espíritu y Vida, son ellas las que nos guían y gobiernan nuestra vida de seguidores de Jesús.

Porque, si permanecemos en sus Palabras, seremos verdaderos discípulos del Señor; si no permanecemos en Sus Palabras, no seremos verdaderos discípulos, la verdad no permanecerá en nosotros.

Si conocemos la verdad, ella nos libertara de todo mal, de toda opresión y mentira.

En el mundo, en que estamos, vivimos muchas confusiones y, muchas de ellas, están en nuestro medio.
Muchas faltas de verdad, falacias, cosas falsas, muchas mentiras se convierten el centro en nuestro medio, porque, nos dejamos confundir, mezclamos las cosas, pero no podemos, porque la Palabra de Dios es Palabra de Dios.
Las Palabras de Jesús necesitan entrar en nosotros para liberarnos, porque, si conocemos la verdad, él nos libertara de todo mal, de toda opresión y mentira, nos liberara de aquello que mantiene nuestra alma cautiva y presa a las fuerzas del mal.

Dios no nos creó para sernos esclavos, Él nos creó para ser libres, para que la libertad del Espíritu esté actuando en nosotros. Cuando no vivimos la Palabra de Dios, nos esclavizamos con muchas cosas que están a nuestro alrededor: esclavitud de la mente, pensamientos tuertos y que atormentan nuestra cabeza, muchas preocupaciones, inquietudes buscando la  probación del mundo.

Cuando vivimos presos a las vanidades, ellas nos inquietan; cuando vivimos presos a nuestros sentimientos, ellos nos esclavizan; sean ellos los mejores sentimientos, pero que corrompen por los sentimientos del mundo y se convierten en resentimientos, tristezas, pavores, miedos y muchas cosas que aterrorizan nuestro ser.
¡Permitamos que la Palabra de Dios nos libere del poder del mal! Permanezcamos en Jesús y Su Palabra permanecerá en nosotros y seremos libres por la verdad del Señor.

Arrinconar la pandemia no será en un día. Dependerá mucho de nosotros mismos. Porque quebrar la cadena contagiosa es no exponernos ni exponer a otros al contagio. Cumplamos como ciudadanos responsables.  Es la hora del sacrificio por ti, por los tuyos por PANAMA, pero la recompensa es ganar la batalla a este mal. Dios esta con Panamá. Bendiciones.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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