¡Cristo ha resucitado! Verdaderamente a resucitado

¡Cristo ha resucitado! Verdaderamente a resucitado

Nuestros antepasados, nuestros hermanos en la fe, por más de dos mil años han experimentado esta alegría que nos ofrece el acontecimiento  de la Pascua,  porque tuvieron la convicción de que Cristo Resucitó, Él venció la muerte.
Vivamos este acontecimiento –el paso de la tiniebla a la luz, de la muerte a la vida con Cristo- como aquellos que nos dejaron este testimonio de la Resurrección de Cristo, esta vivencia, este clima de eternidad.
La gran noche de la Vigilia Pascual fue testigo de la brillante Resurrección de Cristo. Y ante tal acontecimiento contemplemos que es posible un orden nuevo, un mundo distinto y –sobre todo- un futuro inmortal para cada uno de los que creemos y esperamos en Jesús, muerto y resucitado.
El filósofo Manuel Kant decía que: en compensación de la humana miseria el Cielo ha otorgado al hombre tres grandes dones: el sueño, la sonrisa y la esperanza. Pero hay acontecimientos que fulminan estos dones y nos dejan inertes, fríos y sin posible  reacción y explicación; uno de estos acontecimientos es la muerte.
Si bien es verdad que hay corrientes dentro de nuestra sociedad que quieren ocultar la enfermedad y la muerte. Aunque el  mundo de hoy y nosotros mismos queremos envolverla en silencio y renunciar a pensar en ella y prepararnos a morir.  Aunque  vivamos esto, hoy no podemos ocultar este acontecimiento. La muerte es nuestra gran compañera de camino.
Y es que la muerte es el lenguaje universal por excelencia. Todos tengamos una u otra situación, sentimos el grito, la interpelación, la conmoción de la muerte. Ante ella no sentimos inseguros sobre que habrá o quedará después.
Por eso, qué dicha la de los cristianos, nosotros tenemos el recurso de la fe. Una fe pequeña o grande, una fe resignada o en dura protesta, pero una fe  que revela el secreto de nuestra realidad. La muerte  no nos deja en el vacío de la nada, la muerte nos lleva a Dios. La muerte ha sido vencida…y hoy sin miedo podemos decir: ¡Oh muerte donde está tu aguijón! ¡Oh muerte donde está tu victoria, si en el árbol de la CRUZ has sido vencida!
El mundo, por mucho que se empeñe, nunca podrá tener una victoria definitiva sobre la muerte. Podrá mejorar las condiciones de la enfermedad de las personas, hacer frente a su dolor pero ¿la muerte? ¡La muerte es cosa de Dios! ¡La muerte en Cristo es vencida!
¡Qué pena que las nuevas generaciones sólo estén siendo educadas para una vida eventual! Como si, esa vida, fuera a ser permanente en esta tierra. ¿Qué ocurrirá cuando, el paso de los años, haga mella en la autosuficiencia, autocomplacencia y en el vivir al día sin referencia alguna a Dios?
Ni más ni menos que, la tiniebla, el desencanto, la desilusión y la decepción con el mundo, será una dura y cruda realidad. Ante eso, la Pascua, trae aires nuevos: Cristo ha resucitado y, con su resurrección, trae vida para todos.
EL sinsentido tropezará con esta gran realidad y este gran acontecimiento que, como cristianos, estamos llamados a llevar de boca en boca. ¿Seremos capaces de silenciarlo? ¿Hasta dónde estamos convencidos de que, Cristo, ha resucitado y Él es la respuesta al absurdo de nuestra muerte? ¿Tanto nos cuesta penetrarnos de la grandeza más ilusionante de la Pascua?
Bien está que nos conmovamos ante la cruz pero, un cristiano ha de danzar ante este magno acontecimiento que es la mano triunfadora de Dios sobre la muerte: ¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado a su Hijo Jesús! ¡Nos ha resucitado, con Él, a todos! O dicho de otra manera; la vena de Cristo DIOS inyecta sangre de eternidad para todos los que somos mortales. ¿Condición? Creer que, por nuestras venas, corre la sangre redentora de Cristo ganada por su muerte en la cruz.
Por eso, cada año  la Pascua  surge como una llamada a revitalizar y transformar lo que se ha hecho indiferencia, rutina, cansancio, aburrimiento; en alegría, comprensión, respeto, diálogo, corresponsabilidad, pensamiento y acción. Y podemos preguntarnos: ¿cuál es la pascua o “paso” que personalmente, en comunidad, en el ámbito social, debemos dar este año? La Pascua nos exige interrogarnos no sólo por nuestras vivencias sino también por la marcha de la comunidad y de la Iglesia.

Con mi oración, ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

Les quiere,

†  JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.
ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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