Homilía Jornada de Oración por la Paz en Nicaragua

Homilía Jornada de Oración por la Paz en Nicaragua

Nos hemos congregado en esta Basílica porque estamos convencidos que cuando la paz ha sido resquebrajada, desde la fe solo es posible recuperarla con la oración. Quizá existan personas que piensan que con rezar no se consigue nada, lo que es totalmente falso. Sabemos por ejemplo, que a pesar de la distancia podemos seguir unidos al pueblo nicaragüense gracias a todas las oraciones de tantos otros cristianos y de gente de buena voluntad en todo el mundo.

Por ello hemos convocado a esta Jornada de Oración por la Paz en Nicaragua porque es una ayuda inmensa que va a reconfortar mucho al sufrido pueblo nicaragüense. Además somos fieles creyentes que el mal en el mundo solo se acabará con la oración. Jesús lo dijo a sus discípulos: “ese tipo de demonios solo sale con la oración”… toda división, odio, violencia, guerra y enemistad se acaban rezando. Solo en Cristo podemos reconfortarnos y sacar los males que nos aquejan para liberarnos de las cadenas que nos impiden conseguir la paz.

Hermanos y hermanos: la realidad que viven nuestros hermanos nicaragüenses y las reiteradas acusaciones que se hacen en contra de la Iglesia, solo por ser fiel al papel que han de ejercer sus obispos como pastores del pueblo, han pasado a niveles impensables de insensatez.

Lo sorprendente y contradictorio es que toda esa ira y violencia, la genera un gobierno que “lucho” por liberar a Nicaragua de un régimen dictatorial; y que ahora queda imitando las mismas prácticas del antiguo dictador.

¿Qué nos enseña la realidad que vive nuestro hermano pueblo de Nicaragua?:

Que debemos cultivar y renovar nuestro compromiso de servicio; que en el camino la distorsión del poder como servicio, lleva a querer perpetuarse en el poder y que tratará de mantenerse a través de la represión a aquellas voces que cuestionan sus decisiones y que piensan distinto. En Nicaragua incluso han reprimido a los obispos, que están tratando de ayudar en un diálogo por la paz y la justicia, que se ha visto frustrado por la violencia policiaca y por la obstinación.

El Papa Francisco, en un mensaje a católicos con responsabilidades políticas, insistió en opciones políticas y sociales que siempre se han de atender:

“¡Cuánta necesidad estamos teniendo de una «buena y noble política» y de sus protagonistas hoy en América Latina! ¿Acaso no hay que enfrentar problemas y desafíos de gran magnitud? Ante todo, la custodia del don de la vida en todas sus etapas y manifestaciones. América Latina tiene también necesidad de un crecimiento industrial, tecnológico, auto-sostenido y sustentable, junto con políticas que enfrenten el drama de la pobreza y que apunten a la equidad y a la inclusión, porque no es verdadero desarrollo el que deja a multitudes desamparadas y sigue alimentando una escandalosa desigualdad social. No se puede descuidar una educación integral, que comienza en la familia y se desarrolla en una escolarización para todos y de calidad. Hay que fortalecer el tejido familiar y social. Una cultura del encuentro —y no de los permanentes antagonismos— tiene que fortalecer los vínculos fundamentales de humanidad y sociabilidad y poner cimientos fuertes a una amistad social, que deje atrás las tenazas del individualismo y la masificación, la polarización y la manipulación. 

Tenemos que encaminarnos hacia democracias maduras, participativas, sin las lacras de la corrupción, o de las colonizaciones ideológicas, o las pretensiones autocráticas y las demagogias baratas. Cuidemos nuestra casa común y sus habitantes más vulnerables evitando todo tipo de indiferencias suicidas y de explotaciones salvajes. 

Levantemos nuevamente muy en alto y muy concretamente la exigencia de una integración económica, social, cultural y política de pueblos hermanos para ir construyendo nuestro continente, que será todavía más grande cuando incorpore «todas las sangres», completando su mestizaje, y sea paradigma de respeto de los derechos humanos, de paz, de justicia. No podemos resignarnos a la situación deteriorada en que con frecuencia hoy nos debatimos” (I-XII-2017).

Solidaridad con Nicaragua

La Iglesia en Panamá y en Latinoamericana son una misma, que en reiteradas ocasiones han dado muestras de su cercanía espiritual y su solidaridad con el pueblo nicaragüense, con los hermanos obispos, sacerdotes, religiosos, fieles laicos, ante las dolorosas noticias de agresiones y actos violentos que se han desatado en el país en los últimos días y que han cobrado la vida de numerosas personas.

Venimos a los pies del Señor para rogarle fervientemente que se detenga la violencia en el hermano país nicaragüense, que se respete el derecho a la vida de todos y que se garantice la protección tanto a las instituciones eclesiásticas como a las demás organizaciones sociales que, con la Iglesia católica, han trabajado en la búsqueda de soluciones a la crisis social y humanitaria existentes en este país.

Acompañamos y alentamos, así mismo, a los pastores de la Iglesia en Nicaragua para que, continúen siendo profetas de la esperanza; proclamando con valentía la dignidad de la persona humana y denunciando los atentados contra la misma.

Asumimos las palabras del Papa Francisco dirigidas a nuestros hermanos Obispos de Nicaragua y a la Comunidad internacional: Nicaragua necesita del diálogo, pero antes de todo necesita que las fuerzas represivas cesen de matar, especialmente a jóvenes. Esto es inaceptable. Nicaragua necesita paz. Paz: Tal como está consignada en la Carta de la Tierra, que reza:

“La paz es la plenitud que resulta de relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte’ (n.16 f). Es decir, la paz no existe en sí misma. La paz es la consecuencia de relaciones correctas en todas las instancias personales y sociales. Esta paz, fruto de tales relaciones, es lo que más deseamos al pueblo, al Gobierno y a toda Nicaragua.

Estamos convencidos de que nada se consigue con la guerra; de que la violencia solo genera más violencia; por eso ningún país tiene la legitimidad para erigirse por sí solo como juez, y una injusticia no se remedia cometiendo otra peor. Como lo ha dicho el Santo Padre, solo una cultura del encuentro, del diálogo, es el único camino hacia la paz.

Cristo nos enseñó a usar “las armas de la oración y el ayuno para arrojar al demonio, al homicida desde siempre y padre de la mentira. Usemos, pues, estos preciosos instrumentos para hacernos constructores de paz, la paz verdadera que es un don de Dios y que nace primeramente en el corazón de cada uno de nosotros; si tenemos paz, seremos dadores y constructores de paz, esa que tanto necesita el mundo y nuestra patria, esa que nace del amor y del perdón”.

Importancia de la oración

Por qué es importante esta jornada de oración: Porque la oración es la llave que abre nuestro corazón y nuestra alma al Espíritu Santo; es decir, a su acción transformadora en nosotros. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma -en nuestro entendimiento y nuestra voluntad- para ir adaptando nuestro ser a Su Divina Voluntad. (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica #2825-1827)

La oración nos va descubriendo el misterio de la Voluntad de Dios. (cfr. Ef.1, 9)  La oración va conformando nuestro ser a esa forma de ser y de pensar de Dios: nos va haciendo ver las cosas y los hechos como Dios los ve. Ver el mundo con los ojos de Dios.

La oración nos va haciendo cada vez más “imagen de Dios”,  nos va haciendo más semejantes a Cristo. Nos va haciendo conformar nuestra vida a los planes que Dios tiene para nuestra existencia.

Por eso hemos de orar para que sea Él el que se convierta en el auténtico y único protagonista de nuestra vida.

Orar para no caer en la tentación, para hacernos  fuerte en los momentos de debilidad, de sufrimiento y de aflicción.

Orar para alabar y agradecer a Dios por tantas gracias recibidas. Orar para ver cómo Dios se hace presente cada día en nuestra vida, para adivinar su presencia en los acontecimientos cotidianos que nos toca vivir.

Orar para sentir esa mirada de Dios en nuestro interior a pesar de nuestros pecados, limitaciones y fracasos.

Orar para traspasar nuestra mirada a los demás para hacerles sentir la fuerza extraordinaria de la cruz. Para dejarnos traspasar por la misericordia divina. Para no tener nunca miedo porque el amor y la misericordia de Dios son infinitas.

Renovar nuestra confianza

Los cristianos somos personas de fe y esa fe no nos permite perder la confianza en la humanidad, a pesar de las difíciles situaciones que aquejan al mundo. No podemos vivir desconfiando de todo o de todos. Esto no significa que debemos ser ingenuos. Se trata de no dejarnos encerrar por la cárcel del miedo.

Las tentaciones del mundo están siempre latentes. Y el poder es una tentación muy fuerte, que puede llegar a corromper al mejor intencionado. Estemos alerta, ayudemos a que la corrupción que es un cáncer, no corroa a la sociedad y a quienes les hemos otorgado el poder para servirnos. Seamos vigilantes y exijamos transparencia, y si advertimos alguna desviación, seamos capaces de denunciarla, de forma seria y respetuosa, utilizando los canales apropiados para hacérselo ver a la persona implicada.

La indiferencia nos hace cómplices y luego nos lamentaremos. No repitamos esa frase conformista que dice “eso nadie lo puede cambiar”. Debemos insistir buscando alternativas. Y si hace falta, hagamos la denuncia pública. No podemos quedarnos de brazos cruzados, como simples espectadores. Pidamos los dones del Espíritu Santo, para que nos de posibilidades de ser agentes transformadores para el cambio de la historia.

La Iglesia siempre con los que sufren

Como Iglesia siempre estamos dispuestos a estar con los que sufren, con los empobrecidos, tanto material como espiritualmente. Sin embargo, esta posición de la Iglesia algunos quieren darle otro sentidoUnos dicen: “los curas no se deben meter en política”, pero son los mismos que luego reclaman que “la Iglesia no dice ni hace nada”.

La postura de la Iglesia, no es política, su motivación está centrada en el ministerio de Jesús: amor y misericordia. Cristo es el modelo del Buen Pastor, por ello, debemos, como Él, ejercer nuestro pastoreo con vigor y firmeza; pero también con delicadeza y amor.

Decía san Agustín, santo, padre y doctor de la Iglesia católica, que aquellos que no cuidamos o velamos por nuestro rebaño guiándolo, corrigiéndolo, aconsejándolo, no somos pastores sino espantapájaros, unos guardianes de paja. Nuestra misión es distinta, es cuidar o apacentar al pueblo de Dios y hasta de ofrecer la propia vida a favor de aquellos que Dios nos ha encomendado.

Para apacentar o pastorear el rebaño debemos distinguir dos conceptos que en apariencia suenan familiares pero que no lo son: autoridad y autoritario.

Aquel que es autoridad habla, y sabe que hay momentos en los que es mejor escuchar, el que es autoritario grita. El que es autoridad pide, el autoritario exige. El que es autoridad convence, el autoritario impone. El que es autoridad ama, el que es autoritario  pide ser amado. El que es autoridad espera siempre a los que se le han confiado, el autoritario cierra la puerta esperando que timbren en la entrada para decidir sí acaso abre o no. Los obispos y sacerdotes debemos ejercer nuestra función de pastoreo con autoridad y no con autoritarismo.

Es en este contexto que comprendemos la posición del Cardenal Leopoldo Brenes, como pastor de una porción del pueblo de Nicaragua. Él ha hablado en reiteradas veces sobre la necesidad del diálogo y de la reconciliación en Nicaragua.

En su homilía, durante la misa celebrada en honor a la Virgen María en su advocación de la Señora de la Luz, le pidió a la Madre Santísima por la paz en el país y la tranquilidad de las familias.

Hoy que celebramos esta fiesta en honor a Nuestra Madre queremos pedirle incesantemente por todos nosotros los nicaragüenses, para que no perdamos la esperanza, si no que nos dejemos conducir de la mano de María, porque ella ama a este pueblo y su aparición en Cuapa fue un signo de amor en aquellos tiempos difíciles que estábamos viviendo y nos dijo: Yo estoy aquí tu Madre, y también a nosotros nos lo está diciendo, en esta situación de tensión en la que pensamos que la paz se pierde, pero no”,.

Hizo alusión a la participación de la Conferencia Episcopal Nicaragüense  en el Diálogo Nacional promovido por el Gobierno Sandinista, en el cual esperan reine el amor y la nobleza de los corazones, para que juntos logren alcanzar la estabilidad para la nación.

Hoy al celebrarla, le pedimos que interceda ante nosotros y nos ilumine, a la Conferencia Episcopal y su participación en el diálogo, que ilumine a aquellos hermanos que deban ser convocados a participar y que ilumine a todos los nicaragüenses para ir aportando lo mejor, a ser constructores de paz, que ilumine a cada uno de nosotros desde nuestro corazón, porque para que se dé un diálogo debe haber apertura de corazón. Danos señora un corazón grande para amarnos y que esas confrontaciones puedan desaparecer”, expresó.

Conocemos de la preocupación del Cardenal Leopoldo, quien siempre ha manifestado su compromiso en aportar a la construcción de la paz, cumpliendo a su vez con el mandato del Papa Francisco, fiel defensor y promotor de la paz.

Hoy le hemos pedido a la Madre Santísima para que desde el vocabulario que usemos siempre sea en cordura, que no ofenda, sino que ayude a que todos podamos fortalecer y consolidar la paz y la reconciliación en nuestro país. La paz hay que construirla y ese es un gran reto que tenemos ahora, toda Nicaragua está pidiendo el diálogo y el Papa Francisco nos ha pedido resolver los problemas por las vías correctas y el diálogo es el camino a la paz”.

No a la agresión

Reiteramos lo expresado por los obispos panameños en el comunicado del 9 de julio del 2018: Los obispos de la Iglesia Católica, en el lugar donde se encuentren, tienen la misión de estar con quien sufre. A esto están llamados, a acompañar en sus justas aspiraciones.

Y volvemos a pedir para que las autoridades nicaragüenses escuchen el clamor del pueblo, que demanda un país democrático, en el que pensar distinto al otro no sea causa de persecución y represión. Llamamos al cese la violencia y que prevalezca el diálogo, donde lo central sea el bien común de todos los nicaragüense.

Nicaragua no está solo, la Madre del Cielo lo acompaña en este momento crucial de su historia, por eso preguntamos: ¿Quién causa tanta alegría? LA CONCEPCIÓN DE MARIA.  Pidámosle a nuestra Madre que interceda ante Dios para que Nicaragua pueda encontrar los caminos de paz y reconciliación. AMEN.


Emotiva Jornada de Oración en Panamá por los hermanos de Nicaragua

En un ambiente de solidaridad y fervor religioso, en una abarrotada Basílica Don Bosco, se escuchó un solo clamor: “el cese de la violencia y la paz para los nicaragüenses”, porque duele lo que sucede en este hermano país centroamericano.

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Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. Nacido en Chitré, Panamá, el 24 de diciembre de 1956.Es el tercero de tres hermanos del matrimonio de Dagoberto Ulloa y Clodomira Mendieta. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1983 por el entonces Obispo de Chitré, Mons. José María Carrizo Villarreal, en la Catedral San Juan Bautista de Chitré.

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